Archivo de December de 2004

La extradición como destierro

Friday, 31 de December de 2004

Hoy fue extraditado a Estados Unidos «Simón Trinidad», un importante comandante de las FARC. Cepeda Ulloa, en una entrevista que dio a CityTV explicó que la razón del traslado era «el tráfico de drogas y la retención forzosa y de ninguna manera el ser insurgente». Su aclaración no está de más.

Es probable que algunos, tal vez muchos, colombianos, a juzgar por lo que he leído en cartas a medios impresos, crean que la extradición es una suerte de destierro, es decir, que la sola extradición es el castigo y que, como tal, sería uno de los más fuertes. En ese sentido, tales compatriotas

—entre los que no dudo en incluir al benemérito presidente— pensarían que «Trinidad» se va a Estados Unidos porque es un terrorista y Colombia no quiere esa gente mala en su territorio. Y de esto se sigue que Estados Unidos sería un amable prestador de servicios carcelarios. Tal vez otros, de manera menos ingenua, no piensen que se trata de un destierro, sino que en Estados Unidos sí les va a tocar duro y no van a poder seguir haciendo sus fechorías.

Pero volviendo a la ingenuidad, supongo que muchos estarán diciendo «¡Eso! ¡Y que los extraditen a todos por hijueputas y antipatriotas!» así como, cuando pasa algo, dicen «¡Aj! ¡Deberían extraditarlos a todos por hijueputas y antipatriotas!».

Feliz año nuevo.

P.D. Las embajadas de la India y de Indonesia en Bogotá están recibiendo colaboraciones para los afectados del tsunami.

El Cid y los niños

Thursday, 30 de December de 2004

Simpático centro comercial el que se llama Plaza San Rafael. Está justo al frente de la hacienda del mismo nombre, que se niega a desaparecer (i. e. está engordando su valor), en la calle 138 o avenida Iberia. Desde el tercer piso hay un mirador que da a la hacienda y había gente tomando fotos. Lo mejor del centro comercial son las goteras, que acaso son una forma de decorar el lugar con naturales fuentes de agua que ya tienen un poco acabados los techos, como puede verse en el moho de los cines.

Cine. Hace un año quería ver La leyenda del Cid en España pero no se pudo. Hubo que ver Río místico y ahí descubrí que no es en el Tercer Mundo donde la gente no ha aprendido que lo que pasa en la película es una representación, que no está pasando. «¡Que te quiere matar, tío!» o algo semejante le gritaba algún espectador a Sean Penn o alguno de esos otros de esa película. Y también le echaban maíz pira a la pantalla. Un divertido espectáculo.

La leyenda del Cid es una película para niños. Esta sí, a diferencia de Los Increíbles. En el cine no había sino diez personas, creí que iba a tener la fortuna de verla solo. (Lo que pude ver solo fue un corto que se llama Cuenta, hecho por un man que se llama Camilo Matiz. Bonito, aparentemente hubo billete. Historia sencilla, divertida. Con música chévere, con créditos muy bien hechos. El corto lo dan diez minutos antes de que comiencen las películas en los Cinemark.) Eran papás con sus hijos chiquitos. Al final las pequeñas criaturas estarían dando vueltas por el cine sin prestar mayor atención a la historia de aquel redentor de la hispanidad.

Yo creía que iba a ser película franquista o alguna pendejada así bien burgalesa para adoctrinar a las nuevas generaciones. Pero no. Comienza con que «los reinos de la península —no hablan de “España”— eran tierras de tolerancia y paz» y todas esas vainas que dicen ahora sobre España en la Edad Media y que tampoco es que sean completamente ciertas. Entonces hay árabes buenos (Al-Mutamid, que es simple secuaz del Cid) y árabes malos (Ben Yusuf, ¡que es malísimo!) y cristianos buenos y cristianos malos. Y también sale un animalejo simpático. Naturalmente quien quiera ver la historia del Cid de a lo bien está en el lugar equivocado. Hasta quien quiera ver fieles recreaciones de escenarios está equivocado. Castilla, que se distingue por ser un horrible peladero, es aquí tierra de verdes bosques. En fin.

Lo mejor de la película son los paréntesis históricos y no porque los haya, sino por la animación, que se basa en ilustraciones medievales (e. g. tapiz de la batalla de Hastings, que no recuerdo cómo se llama). Muy bonitas. La del resto de la película es bien Disney y la historia se puede resumir como «Las aventuras del Cid adolescente». Eso está bien pa’ los niños, aunque terminen corriendo por el cine, lo que me hizo saber, de particular manera, cómo les estaba pareciendo la película.

Pues eso, una estafa

Wednesday, 29 de December de 2004

Todo se resuelve cuando Julia Roberts hace de Tess haciendo de Julia Roberts. En ese momento miré al techo del teatro porque justamente entonces uno se entera de que la película era el equivalente del resto de las secuelas de Matrix —en el caso de Matrix: Recargada, la escena en la que todos bailan y Neo y Trinity follan porque van a venir los malos a volverlos nada—. Me refiero al «secuelar» por «secuelar», hacer de la película y el reparto una franquicia y echar el barco a ver qué pesca. Y claro, siempre pescan mucho, de otro modo no lo harían. Meten la mano en el bolsillo del espectador, sacan un billetico y se lo guardan ellos.

Con Ocean’s Twelve uno se ríe a ratos pero no hay emoción. Ya ni el gran poder adquisitivo del ricachón puede convencernos de las maravillas tecnológicas que se usan en la película y que esta vez parecen ser muchas. Ya ni la narración tipo Snatch es emocionante porque al final hay abrazos y besos entre padre e hija. Y lo anterior ni siquiera es dañar la película porque es algo que uno ya sabe desde el comienzo, desde que sale el escudo de la Warner Brothers.

Lo bueno es que Catherine Zeta Jones es muy bonita. Y no sé si el señor Pitt sea aliciente. Calviado no me parece tan pinta… Y bueno está Clooney. Pero no, ¡no! ¡Ojos ciegos! ¡No se dejen estafar! Gracias.

¿Por qué Dago García?

Tuesday, 28 de December de 2004

Noche de sábado de Navidad. Fui a ver «La esquina», la «nueva película colombiana». Aunque este fue un año de varias «películas colombianas» (una de ellas, El «Rey», muy buena; otra, Colombianos, acto de fe, malísima), parece que el título de «nueva película colombiana» sólo se les da a las que, estrenadas en diciembre, han sido escritas y producidas por Dago García, ese gran sujeto, ese monumento. Y esta vez no estaba solo. La segunda mano la puso el señor Enrique Carriazo, a quien llaman talentoso actor y de quien García dice que es un buen compañero porque «no tiene vanidades y no es terco».

Aborrezco la obra cinematográfica y televisiva de Dago García. En ese sentido, La esquina no me decepcionó. Por eso me salí del cine después de una irritante hora de película en la que aún no pasaba nada o pasaba lo mismo una y otra y otra vez. Aún no es claro el asunto.

El guion es en verdad terrible, a diferencia de la producción, que es sorprendentemente buena, es decir, las cosas se ven bonitas. Además hay que agregar que se rodó en seis semanas, lo que significa que las cosas van más rápido que antes, de lo que se sigue que probablemente hay billete, aunque el mismo García se queje.

Pero una buena producción en función de un guion tan pailas no sirve de mucho. O sólo sirve si de todos modos se va a recuperar la plata para hacer más películas. ¿Más películas malas? Porque eso es lo que ha hecho Dago García desde 1997 y por eso lo llaman ilustre cineasta nacional, por hacer muchas películas en relativamente poco tiempo. Pero películas malas, que no pasarán a la historia.

¿Qué pasaría si Dago García renunciara a su vanidad y se dedicara sencillamente a la producción, a lo que al parecer hace bien? ¿Qué pasaría si un día se dedicara a buscar guiones realmente buenos, que debe haberlos, en vez de inventarse historias con villanos de uñas largas con secuaces disfrazados (como en efecto sucede en La esquina)? Como dudo de que eso pase, auguro más películas malas para hacer las delicias y desgracias de grandes y chicos en las navidades colombianas.