Hace poco comenzó a verse en televisión la propaganda —o comercial o anuncio o cuña, no sé la diferencia entre todo eso— bastante pachuca en la que salen connotados representantes de la pantalla chica y empujan entre todos el TLC para sacarlo de nuestro margen de visión. Al menos ya no son solo Dago y Navas los que hablan, pero pues están diciendo lo mismo, o sea el cuentico de la identidad cultural.
Ayer en El Tiempo salió una entrevista con Dago —simpática la foto en la que sale con pinta interesante— en la que dice que la televisión es importante porque es «…parte de la cultura … no hay un medio que genere tantos íconos de identificación como la televisión por una razón muy simple: en cada hogar hay un aparato de televisión. Por eso consideramos que se debería manejar como reserva cultural.» La afirmación es bastante exagerada: ¿un televisor en cada hogar? Tal vez Dago se estaba dando una licencia poética. Pero lo dudo mucho, porque todos los argumentos que este sujeto mostró en la entrevista son igual de absurdos:
¿A qué identidad se refiere? La programación no muestra la identidad nacional.
Por el lado de Caracol, la única telenovela extranjera es La tormenta. De resto todo es nuestro.
Al sujeto le interesa Caracol, no la televisión, porque Dago y Caracol son lo mismo. Y Caracol y telenovelas —telenovelas gringas— son lo mismo, cosa muy interesante, porque lo que se entiende de esto es que cuando a Dago le dicen televisión piensa inmediatamente en telenovelas y nada más. Otro punto, que más adelante queda más claro, es que a Dago le basta que la producción sea colombiana para que esto sea sinónimo de identidad. Bastante fácil.
Usted habla del horario estelar. Pero en el resto…
En la tarde está pasando algo históricamente importante: se están emitiendo telenovelas con ingredientes colombianos como La mujer en el espejo o Anita no te rajes en las que hay participación de actores colombianos.
Volvemos a que todo es telenovelas. Pero con esta afirmación queda más claro que no es tanto culpa de Dago como de quienes hagan la parrilla de Caracol. En fin. Es histórico que haya «participación de actores colombianos». Así que ya saben, películas como Proof of Life o las mil y un películas en que ha estado Sofía Vergara son colombianas y representan «nuestra identidad» porque han participado actores colombianos. Y pues ingredientes colombianos hay en Dos bribones tras la esmeralda perdida y Peligro inminente, etc. Eso es lo mismo que estaba pasando por la cabeza del entrevistador cuando preguntó esto:
¿Que haya nacionales las convierte en colombianas?
Quién los entiende. Si hay participación de actores extranjeros en telenovelas colombianas decimos que nos están invadiendo y que vamos a perder nuestra identidad. Pero si hay actores colombianos en las extranjeras entonces no creemos que nosotros estemos poniendo una buena cuota. Tampoco podemos ser tan chovinistas y cerrarnos al mundo y no permitir nada extranjero.
Eso es lo que se percibe que ustedes pretenden…
Eso es lo que quieren hacer creer los enemigos del tema.
¿Quiénes son los enemigos del tema? ¿A quién le conviene que se negocie, por ejemplo, la cuota de pantalla?
Esto no favorece a nadie. Pero uno percibe resentimientos e incomprensiones que parte de cierta clase intelectual ‘artistoide’, que todavía entiende el concepto de cultura como la ilustración o la llamada alta cultura. Para ellos obviamente la TV no es cultura, como no lo son los vallenatos o el ‘chucuchucu’. Pero el hecho de que esto no esté avalado por los intelectuales mediocres, como lo son el 80 por ciento de ellos y de los intelectuales que escriben columnas, no significa que la TV no lo sea.
Esto es lo mismo que dijo Navas precisamente en una columna que ya había mencionado hace muy poco, aunque este no parece que esté diciendo, como sí decía el otro, que nuestra identidad es ser mediocres o pachucos o algo así. Igual hizo bien el entrevistador al decirle esto a Dago:
Pero gente del común también dice que lo que está en la pantalla nada tiene que ver con nosotros…
Estoy convencido de que el éxito mundial de Pasión de gavilanes no se está dando porque tenga a tres tipos extranjeros. Ahí está el sello de Julio Jiménez. El éxito es por la historia que cuenta, independientemente de los actores o la producción.
Pero se debe reconocer que no se trata de las telenovelas que le abrieron las puertas a Colombia afuera.
Los últimos grandes éxitos en América Latina, si bien no son las colombianas, sí son inspiradas en nuestro estilo. Mi gorda bella, claramente está basada en Betty la fea; los creadores de Los Roldán (aquí son Los Reyes) reconocen que se inspiraron en nuestra manera de hacer telenovelas.
El tipo es muy bueno saliéndose por la tangente. Pero finalmente el entrevistador hizo que Dago se ahogara en su propio chorro de babas:
¿Cuál es el temor de que se modifique la cuota de pantalla, si actualmente ni siquiera hay un uno por ciento de producción extranjera en el ‘prime’?
Es que simplemente no podemos dar papaya. Hoy en día tenemos condiciones de mercado muy favorables para hacer telenovelas y recibir beneficios. Si mañana a algún canal que no hace telenovelas (que cuestan cerca de 30 mil dólares por capítulo) le da por meter películas (de 8 mil dólares) no necesita tener altos puntos de rating para recuperar su inversión. Y si viene un tiempo de crisis y los canales privados les da por incluir sólo películas o las telenovelas de Telemundo o Univisión no habrá legislación que se los prohíba. Hoy los canales están en posición de hacer producción nacional, pero en este tipo de escenarios, como el TLC, debemos ponernos en el peor de los casos.
Bien dicho. La papaya que se da es que les dejen de dar trabajo a guionistas como él y a los actores que salen en la propaganda o comercial o cuña o pauta o lo que sea que sale en televisión. Hace mucho dejó de mencionarse la palabra «cultura» y nunca pudo demostrar cuál es la tal identidad cultural de la que tanto habla.
Pero para seguir con esta caricatura, tal vez los que defienden el campo deberían dejar de hablar de que se van a quebrar los campesinos sino de que vamos a perder patrimonios materiales como la papa sabanera, la gallina campesina radioactiva, el peto y el postre de natas de leche de vacas colombianas. Y de paso el patrimonio inmaterial que implica consumirlos. Sonaría igual de ridículo.
Mientras tanto podrán seguirse escudando en argumentos tan pendejos como que lo nuestro tiene que ser de mala calidad porque así es como somos. Seguramente también piensan que cualquier cosa diferente al formato telenovela está por fuera del campo del entendimiento del colombiano y cualquier otra cosa es ajena a nuestra identidad. ¿Cuál? Ni idea. Entonces no hay que pensar en hacer series, miniseries, películas para televisión, magazines o tantas otras cosas —que curiosamente se hacían antes de los canales privados— porque lo nuestro es la telenovela y no existe vida fuera de ella.