Archivo de la categoría "La academia"

Fama e importancia

Sunday, 7 de December de 2008

Acaba de decirme una amiga que oyó que alguien dijo que Diana Uribe era «la historiadora más importante de América latina». Es una frase toda llena de exageraciones patrioteras y parroquialismo barato porque todo el mundo sabe que el historiador más importante de este continente es Felipe Pigna.

Hasta ahora Diana Uribe no ha hecho programas para revaluar nuestra mentalidad histórica con, por ejemplo, Pirry:


Y es que Felipe Pigna, en cambio, es trasgresor y crítico y así encarna de cabo a rabo lo que debe ser un auténtico hijo de Clío.

La muerte de Orlando Fals Borda

Tuesday, 12 de August de 2008

Otro triunfo de la Seguridad Democrática.

Un obituario que Posada Carbó no escribirá.

La ciencia idiota

Thursday, 3 de April de 2008

Es decir, la ciencia cuando es idiota. La «ciencia». Y la cuestión no es que hagan estudios aparentemente irrelevantes, porque esas son cosas muy poderosas que uno, ciudadano de a pie, no está en disposición de entender. Tampoco es asunto de la extendida creencia «correlation is explanation» que tan bien aplican desde el último piso del edificio Fonade. Aquí la cuestión es que un estudio muy parecido a uno de mercadeo se vuelve verdad científica porque lo llevan a cabo personas que pueden hacerse llamar científicos.

Y lo que dice el estudio, pues muy divertido. Hagan una encuesta semejante en el norte de Camerún o entre la gente del Opus Dei y concluirán que el concepto de pichar no existe, que el tiempo justo es el que haga falta para que se haga la voluntad de nuestro señor y que cualquier segundo de más es pecado.

Economía política

Wednesday, 12 de March de 2008

No, no, pero es que esa vaina es únicamente para traer riqueza y prosperidad a los pueblos de esta tierra. Nada de dominación, nada de discurso, nada de ideologías chimbas sino plata contante y sonante, calles pavimentadas con oro y panzas regordetas. Nada más, nada, absolutamente nada, más. Bueno, paz, claro. Eso siempre se entiende que viene por ahí.

Los papistas y el apocalipsis contrafactual

Saturday, 3 de November de 2007

Ando leyendo un libro llamado La idea de América latina —y me dijo Patricia al saberlo «¡Tu leyendo a Mignolo?», pero es que precisamente yo no leo autores sino libros… jo, jo, jo—, una crítica «de-colonial» —¡ay! esa vorágine guionesca que me aburre y que hace de este comentario una doble paradoja autorreferenciada— sobre la construcción del nombre y el apellido esos. De momento no hablaré sobre el libro y seguramente jamás lo haré.

Solo quería pasar a decir que hay una cosa que me molesta muchísimo cada vez que leo este tipo de textos, un comentario que se les escapa casi indefectiblemente a los poscoloniales o decoloniales o anticoloniales o como gusten llamarse. Se trata de decir, por ejemplo como hace este man Mignolo, «[los] indios y los criollos descendientes de africanos no fueron invitados al diálogo» (p. 29). Este diálogo es el supuesto debate supuestamente público sobre la construcción de América que habría podido hacerse en cualquier momento entre 1492 y hace cincuenta años, es decir, precisamente cuando resultó, por la razón que sea —incluso porque se impuso—, que había que invitar a esos pueblos hasta entonces marginados, olvidados, escondidos en las tristes alcantarillas de la historia que escriben los vencedores.

Y es precisamente esa falta de, no sé… llamarlo «tolerancia histórica» sería demasiado chévere, porque en realidad parece el reflejo de una soberbia ingenuidad o estupidez o falta de honradez. En realidad solo pienso en lo último y me pregunto a qué tipo de yo-no-fui pretenden jugar estos críticos cuando «desde el hoy» les exigen a los adelantados y a los encomenderos, que están «en el ayer», que piensen, por ejemplo, en términos de diálogo, de democracia, de inclusión, de diversidad, de tolerancia, de constitución del 91. «Pero por qué no se inventaron la máquina de escribir en el siglo XVIII si era tan fácil, si estaba ahí la imprenta y era facilito», «pero por qué Herón no se inventó la revolución industrial en vez de hacer cantar pájaros metálicos».

Desde luego, las consecuencias criticables de que no haya sido así en ese entonces solo pueden encontrarse hoy, precisamente porque solo hoy se piensa en los términos que permiten la crítica, los términos que hacen razonable o legítima la objeción, el desacuerdo, el desagrado y las infinitas reivindicaciones. Pero así parece un juicio, una acusación, equivalente en simplismo y utilidad política a seguir justificando la marginalización de indios y negros con «a estos pueblos los sometieron por ser débiles y adorar al demonio» o «se lo merecían por no conocer ni la rueda ni la escritura». O lo contrario: «el imperio incaico era naturalmente socialista». ¡Qué va! ¡Si es que era la utopía socialista! Hasta con la moderna bandera de la paz, esa que todo el mundo cree que es la bandera del orgullo gay.

Pero todo, como siempre, es pura mierda, es el grito herido de alguien que quiere ser patrón o ayudarle a alguien, de buena fe o por ambición, a serlo. Y la gracia de ser patrón, claro, es ser el único patrón.

Y me pregunto entonces, ¿cada cuánto deberían caducar la justicia, el rencor y la venganza? ¿Cuántos testamentos se han dejado firmados en la historia? ¿Cuántos cheques en blanco?

P.S. En vez de «el apocalipsis» podría leerse también «la hecatombe»: este post lo escribí hace más de una semana pero se vio pospuesto por la avalancha de eventos que siempre se viene cuando la gente quiere ser o seguir siendo patrón.

Obras

Thursday, 9 de November de 2006

Cuando estaba en seminario de tesis, Diana Bonnett me decía, con su manera cariñosa de regañar, que las fuentes son lo más importante en un trabajo de historia. No creo que sean en realidad lo más importante, pero nadie duda de que son definitivamente importantes: precisamente por no haber tenido un acervo documental definido en el momento de hacer mi proyecto, este quedó cojo.

Vale la pena preguntarse, sin embargo, si las fuentes tienen que ser el trabajo mismo. A veces algunos títulos de obras de historia dan la impresión de que solamente se centraron en las fuentes. A veces el título es sencillamente el tipo fuente. Entonces terminan teniendo un tufillo más bien jarto que a veces parece positivista y a veces crítica textual sin más. Me refiero a esas obras que seguramente escribiré cuando sea grande y serio, cuando logre reunir un vasto conjunto de documentos. Por ejemplo, Javeriana, amplio, ubicadísimo, recibo vehículo, venpermuto: Los avisos clasificados de finca raíz en Chapinero en El Tiempo, 1983-2002.