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Economía política

Miércoles, 12 de Marzo de 2008

No, no, pero es que esa vaina es únicamente para traer riqueza y prosperidad a los pueblos de esta tierra. Nada de dominación, nada de discurso, nada de ideologías chimbas sino plata contante y sonante, calles pavimentadas con oro y panzas regordetas. Nada más, nada, absolutamente nada, más. Bueno, paz, claro. Eso siempre se entiende que viene por ahí.

Ante vosotros, hermanos

Viernes, 7 de Marzo de 2008

No extraña que El Tiempo diga que la marcha de ayer «por momentos pareció más una protesta política». No extraña, pero extrañaría que alguien dijera «por momentos mi perro parece más un animal». Queda en el aire la pregunta de qué sería eso a lo que menos se parecía o a qué se pareció cuando no atravesábamos esos «momentos». En otras palabras, ¿qué putas es una marcha?

El señor de las alcantarillas ya plagió muy bien al ex general para explicarnos cómo se crea esa sensación de sentido común que hace ver solamente a ciertas manifestaciones como naturales, nacidas de la mente virgen e impoluta del ciudadano de a pie, que va por ahí hablando del mundo con sus categorías cognitivas preistaladas en la fábrica taiwanesa de donde lo trajeron. (Después los políticos, que son negociantes de la palabra, capitalizan, rentabilizan y se caspean todo eso que era auténtico, como han hecho con nuestro sombrero vueltiao, nuestras mochilas y nuestros indios. Qué malparidos.)

Esas marchas naturales son más chéveres porque nos unen en nuestra condición universal de tener dos ojitos, una boca, una nariz, tirarnos pedos y decirles «te quiero» a nuestras madres. Es biología y no se puede negar. Es como dios, que está en todas partes e inspira las marchas —procesiones, procesiones— de Semana Santa alrededor de la plaza de Bolívar. Nuestra especie no es política. Además Aristóteles ha sido muy mal interpretado porque le caspiaron el sentido de político que quería darle a su famoso zoon politikon. Actualmente la gente es muy ignorante y no sabe griego, como el estagirita.

Ser mujer, ser indígena o ser pariente de desaparecido son posiciones políticas y antinaturales. Si usted señala su identidad, si lleva su medalla, es porque algún día quiere ser senador o presidente. Mucho hijueputa. Una chimba mostrar el pasaporte en el mismo Senado o hablar a grito herido de amar la tierra en que naciste porque es una y nada más. Es normal pensar que Venezuela y Ecuador siempre estarán al lado de Colombia. Ese lugar no me lo negocie, gonorrea, qué le pasa.

Adenda: Uribe acaba de decir «Yo no nací para la politica. Eso tiene mucho de farsa». Más administración, menos política: la ilusión tecnólatra.

Resemantizar el espacio

Miércoles, 21 de Noviembre de 2007

Con la victoria sobre Argentina y la conservación del invicto, la clasificación para el mundial, faltando solo catorce fechas, y el levantamiento de la Copa Mundo en julio de 2010 en Johannesburgo son hechos inminentes. Lamentablemente, Bogotá no cuenta aún con un lugar lo suficientemente significativo para albergar una celebración de las dimensiones de una copa del mundo o un triunfo contra la selección de Argentina. Aparte, la total ausencia de títulos por parte de los equipos bogotanos no ha ayudado a que en el imaginario del rolo de a pie aparezcan estos cuestionamientos sicogeográficos en términos prospectivos.

Muchos dirán que el parque de la 93 es el sitio ideal pues desde los años del ruido la gente iba allá a celebrar las decapitaciones y escarmientos de los virreyes tiranos y por eso es hoy el lugar para ir a ver y ser visto. Otros podrán afirmar que lo mejor es ascender hasta los 3.200 metros sobre el nivel del mar del cerro de Monserrate, símbolo edenista de esa líquida identidad que es la nacionalidad bogotana. Pero está comprobado científicamente que tal vez sea un volcán y se conoce la fecha exacta en que probablemente haga erupción.

Proponemos entonces que el lugar donde se celebren los triunfos que se nos vienen pierna arriba sea el olvidado y muy venido a menos baño público y atracódromo conocido como Monumento a los Héroes, ubicado al lado de la homónima estación de Transmilenio. De fácil acceso desde todos los rincones de la ciudad —los cinturones de miseria de Usme y Cazucá, la apestosa desembocadura del Juan Amarillo en el río Bogotá, el cabildo indígena seudomuisca de Cota— dicho espacio representa mejor que muchos otros las proezas de la raza valiente que habita los límites de esta tierra linda con la que nuestro señor nos premió para vivir y sirve para recordarles a todos los vecinos sudamericanos los nombres de quienes les dieron la libertad, papá.

La explanada servirá para que las gentes se emborrachen felices y, sin darse pata, puño o verga, se puedan echar tranquilos a los carros que cruzan la autopista mientras agitan las banderas y gritan, apelando al más castizo lenguaje bogotano «¡argentino cabrón, argentino cabrón! ¡Sos un hijo de puta la puta madre que te parió!» (y esto es un hecho real, acaban de mostrarlo en la televisión). Por esta misma línea de argumentación, ofrezco una última razón, la más importante: se parece al obelisco de la Barcelona de los pobres. Al menos tiene la misma altura y está en una avenida ancha.

El auténtico megalómano

Lunes, 5 de Noviembre de 2007

Hoy murió Jaime Duque, un hombre que dejó de ser persona para convertirse en nombre, en marca, en «múltiples significados». Ese nombre puede tenerlo cualquier persona, pero para un sector de la sociedad colombiana hace pensar en «el parque», es decir, «el Jaime Duque». Ese nombre, a su vez, significa grandeza o, más exactamente, dimensiones inusitadas, desproporcionadas, innecesarias, desconcertantes, sorprendentes, aterradoras, ridículas.

El pasado viernes, Posada Carbó estaba llorando en su tribuna de El Tiempo porque aquí supuestamente, a diferencia de Inglaterra, no se practica la necrología —pero sí la democracia—. Bien, a manera de homenaje ridiculizante a la persona que se tomó la tarea nunca pedida de hacer los monumentos por cuya ausencia tantas personas se rasgan las vestiduras —Posada Carbó, con toda seguridad—, reproduzco, sin autorización expresa de nadie, algo que escribí para Conexión Colombia —para hacer también homenaje a mi condición de «colombiano de bien»— por allá en marzo del 2006.

Para variar, no me encuentro muy a gusto con el texto, pero otra versión complementaria —y de la que en un tiempo no me sentiré a gusto— está en Equinoxio. Esta versión que publico, además, esta está disminuida pues lamentablemente no están las fotos, que sí me gustaban bastante y eran parte importante de este remedo de informe especial.

El parque de los colombianos

En Briceño, en medio del verde paisaje de la sabana de Bogotá, tan salpicado de vacas, aparece la inmensa mano de Dios que sostiene una esfera. Sabrá Él si alguna vez ese orbe terrestre o celeste se movió -como nos preguntábamos de niños- o si siempre, durante los veintidós años que lleva ahí, ha permanecido inmóvil. La gigantesca estructura metálica se llama Monumento a Dios y es única en Colombia, como es único el parque del que es símbolo, el Parque Jaime Duque.

Duque -nacido en Villamaría, Caldas, en 1917- es uno de los pioneros de la aviación en Colombia. Estudió aeronáutica por correspondencia y después ingresó a la Escuela Militar de Aviación, aunque no como piloto sino como técnico. Luego trabajó en la Sociedad Colombo Alemana de Transporte Aéreo, que dio origen a Avianca. En 1944 consiguió estudiar aviación civil en Estados Unidos, país que terminaría amando profundamente. Cuando nació Avianca, fue el primer jefe de pilotos, el primer capitán de un avión Constellation y el primer piloto que llevó a Europa un avión con bandera colombiana.

Finalmente, en 1952, se retiró para dedicarse a negocios de finca raíz y a su fundación: ha sido un hombre generoso y humilde en el correcto sentido de la palabra. Hace poco dijo lo siguiente a la Revista de la Policía Nacional: “No es que yo sea buena persona sino que es natural, ley universal, designio de Dios, que el que tenga con qué lo reparta entre los que están sufriendo”. En su vida no ha repartido su riqueza solo entre quienes sufre; se la ha dado a varios sectores de la sociedad que representan de alguna manera sus afectos. Donó la biblioteca de las Fuerzas Militares, interesado en la difusión de la ciencia y la tecnología. La fundación ayuda a mantener colegios en Caldas y un hospital en Sopó y para esto dedica todas las ganancias del Parque.

El Parque comenzó a construirse a finales de los setenta y abrió sus puertas a comienzos de los ochenta. La atracción más importante fue el mapa gigante de Colombia que busca hacer sentir al visitante lo mismo que Jaime Duque sintió cuando voló a pocos metros sobre las montañas, cuando volar era un acto heroico. Antes de poder ver el mapa, el visitante encuentra un reto: “En la cúspide de túnel puedes admirar el mapa de Colombia. Al contemplarlo medita unos instantes y pregúntate: ¿Soy útil a mi patria? ¿Qué estoy haciendo por ella?”

Todo en el parque es una invitación al visitante para que se sienta orgulloso de ser colombiano, a que reconozca como propio un pasado glorioso, representado por los héroes de la Independencia y a sus herederos actuales, los militares y policías. Nicolás Velásquez, historiador militar, reflexiona al respecto: “El patriotismo de Duque se me hace parecido al de López Pumarejo. Hay que hacer a Colombia grande, porque hasta ahora ha sido una nación ausente del concierto internacional. No es veintejulierismo sino más bien un sentimiento de responsabilidad con la tierra que lo vio a uno nacer”.

Tanta monumentalidad, comenzando por la increíble mano de Dios, es la forma como el parque quiere hacer emocionar al visitante, haciéndolo sentir pequeño. Tanta monumentalidad, además, llega fácilmente a la cursilería, a lo kitsch, como lo anota Natalia Marín, profesora de estética en la Universidad Javeriana: “todo tiene que llamar mucho la atención, ser muy grande, nada puede ser sutil porque tiene que impactar, aturdir, ser muy contundente. Este parque es villa kitsch.” Pero poco a poco los monumentos parecen demostrar una cierta decadencia. Mientras que la mano de Dios es de bronce y el monumento a la nacionalidad es de piedra, la réplica recientemente construida del Taj Mahal está hecha con bloque y pañete y en otros edificios se quiere dar la impresión de que está hecho con piedra imitando su apariencia con cemento y pintura.

Nacionalismo y cursilería son las dos razones de ser del parque, cada una en función de la otra. De este tono será la visita al parque, que además de incluir una casa de espejos, un museo del vestido en el mundo, dos recorridos en lanchas -uno de ellos de terror-, una pequeña ciudad de hierro, dos restaurantes un tren acuático y otro terrestre, dedica buena parte de su espacio a rendir homenaje a Colombia y a la cultura occidental de la misma manera que lo hacían los antiguos libros de historia con los monumentos y atracciones.

Precisión conceptual

Martes, 18 de Septiembre de 2007

Decía el periódico más internacional del país que Uribe estaría atacando al Polo ahora que ha puesto de moda —y es que lo vintage siempre estará de moda— el uso de términos de la familia socialbacán.

¿A lo bien? ¿Al Polo? Claro, a esos que en otros lados denominan con una palabra menos amable. Cobramasacres, por ejemplo. O, por extensión, profesores universitarios.

Aquí en juglar del zipa, su lugar de encuentro, diálogo y discusión, el concepto socialbacán y sus derivados hacen referencia a fenómenos menos complejos como los hippies. Socialbacanes, por ejemplo, son… mejor dejemos que Cartman nos explique:


Pero tal vez sea hora de revaluar nuestro frágil aparato conceptual. Y es que cuando las palabras no están en el diccionario realmente tenemos problemas.

Entonces un socialbacán también podría verse representado, por ejemplo, por un Juanes. Pero tal vez mucho más socialbacán sea Fonseca y toda la tropa morcillonera que se viste con las artesanías de Salvarte y que son epítome contemporáneo de… usemos las palabras del señor mandatario:

…esa manera frívola como algunos sectores abrazaron el apoyo al terrorismo, la indulgencia frente al terrorismo, por frivolidad … Simplemente … porque se creía que eso daba estatus social. Entonces, apoyar el terrorismo era como la posición in.

Hoy, en vez de terrorismo —y aquí vale la pena señalar que esa sí es una palabra que es signo de estos tiempos—, podríamos decir «fascismo blando», «fascismo incauto» o «fascismo ingenuo». O terrorismo. Por qué no. Es ese mismo espíritu socialbacano que nos anima por la radio, la televisión y la prensa a cantar en nombre de «nuestra tierra», «nuestro café», «nuestras mujeres», «nuestras orquídeas», «nuestros campesinos», «nuestros soldados», «nuestros indios», «nuestros negros» —sus «nuestras artesanías»— y por ahí también «nuestros mestizos».

Descanso

Jueves, 13 de Septiembre de 2007

No sé cuánta gente que sueña nuevos proyectos de nación mientras empuña un fusil ve los partidos de fútbol de tu selección, mi selección, nuestra selección (v. Locademia de guerrilleros, de Sergio Cabrera). Pero no hay evento televisivo-deportivo en el que no envíen ese llamado idiota de «¡demovilícese ya!». Me pregunto ingenuamente si los publicistas que contratan las Fuerzas Armadas han hecho el respectivo estudio de público o si la campaña existe solamente para hacerle saber a la gente que lo están intentando pero es que esa gente de verdad no se entera de que el muro ya se cayó.

Hoy, en todo caso, el argumento dejó de ser chistoso por idiota a ser auténticamente chistoso:

El pueblo está cansado. ¡Desmovilícese ya!

Y si no entendieron pues paila.

Amar a el «Otro»

Domingo, 9 de Septiembre de 2007

Ya que venimos hablando de la sabrosa gente de color, por qué no citar esta joya de la correctez política de nuestro agobiado pueblo —en este caso con un ejemplo que enorgullecería a una de sus campeonas, Florence Thomas—, enunciada en uno de los comentario de Semana a propósito de la holandesa que se pasó de socialbacana:

Lo que pasa es que en ciertos países de Europa, tanta calma y sosiego cansa a ciertos seres. Por eso hacen cosas para nosotros raras, como irse a Taganga o casarse con chocoanas(os). Pero todo eso es poesía, simplemente tienen que saber que como en el país de origen hay reglas que se harán cumplir o terminan en una misma jaula como de donde vienen. Sencillamente en todo el mundo debe regir el dicho inglés para los que la quieren hacer, han de saber que algo les costará: If u wanna do the crime, u gotta take the time.

Y los(as) chocoanos(as) que se casan entre ellos(as), por ejemplo, ¿también están haciendo «cosas raras»? Digo, ¿o definitivamente son «el otro» del «nosotros»? ¿Son todavía más raros los «nosotros» que se casan con esos «otros»?

Además, no nos digamos mentiras, los señores que el Doctor Barbarie llama «americanos» no se casan con los chocoanos(as). Solo vienen a tirar y ya. (Y además suelen ser negras(os), y más exactamente negritas(os), de Cartagena, no del Chocó.) Sería bueno saber cuántos(as) terminan tan decepcionados(as) como esta vieja con las(os) FARC.

***

Y la verdad es que si uno lee las selecciones del Reader’s Digest del diario de esta nueva Ana Frank lo único que uno puede pensar es que está tan aburrida con la monotonía y arbitrariedad castrense —y, claro, hambrienta de sexo— como los «soldaditos colombianos» de cualquier batallón.

Una vez caminaba por la carrilera por Puente Aranda y un par de chinos del distrito 51 me llamaron desde una garita y me preguntaron qué hacía ahí. Después de intercambiar algunos datos sobre nuestras vidas, ambos coincidieron en decir que estaban aburridos de hacer guardia, ejercicio y recibir órdenes bobas todos los santos días: querían estar en el monte cargando kilos de equipo y echando bala. Es exactamente lo mismo, no me jodan.

También hace un mes estuve cocinando en el batallón Simón Bolívar de Tunja y en la cocina no tenían botiquín. Todavía más grave: todos los días les sirven el mismo arroz, la misma papa, la misma verdura hervida y la misma carne o pollo con guiso. Yo, como burgués que soy, me aburro resto con eso. Pero como ellos son pobres, están acostumbrados a vivir resignados.

Es igual. Cuando alguien exige un poquito, pues paila. Cuenta mi papá que cuando era capellán en el Cantón Norte, un soldado terminó muerto después haberle estado pidiendo a su superior permiso para ir al médico unas cuantas veces. Claro que puede suponerse que esas son cosas que pasan, hombre, que no jodan. Como cuando salieron a la luz los casos aislados de torturas en el mismísimo glorioso ejército de la patria.

Dirán que pretendo argumentar a favor de la guerrilla, pero más bien es un argumento a favor de los que se alienan combatiendo en cualquier hijueputa bando.