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Documenta mundi

Wednesday, 9 de January de 2008

Paola Castaño —the name, the myth, the legend— me dio un gran regalo de navidad: el DVD del documental titulado Helvetica, por la fuente de la que se copiaron para hacer Arial. Un «documental más sobre un fuente» —como dijo Cabanzo que había dicho alguien— pero que es el primero que conozco.

Helvetica está en muchos lugares del «mundo civilizado» para anunciar cualquier cosa —«empuje», «el perro no entra»— o servir de identidad corporativa —American Airlines, Toyota, Volkswagen—. Es una letra familiar, estándar, versátil, obediente, fácil, normativa y elegante. O es plana, gris, cuadriculada, estéril, barata, vulgar y hasta fascista. Ambos puntos de vista quedan registrados en el documental en las voces de algunos diseñadores tipográficos y editoriales de ese mismo mundo civilizado en el que Helvetica es pan de cada día.

Pero el documental no es únicamente sobre una fuente. Precisamente en esos testimonios es inevitable hablar sobre el papel de la tipografía en el mundo contemporáneo, sobre lo que supuestamente se puede expresar a través de ella, sobre las decisiones que se toman cuando se crea un nuevo sistema, previendo las consecuencias.

Y, desde luego, hay que hablar de la función de los diseñadores: ¿son diagramadores o decoradores? ¿Son gente súper loca que hace lo que les canta el culo o que investigan con cuidado y responsabilidad antes de emprender cualquier proyecto?. También de sus posibilidades para trabajar según las exigencias de la sociedad, para innovar, para comunicar o, así sin más, imponer su gusto. Y comúnmente son genios incomprendidos que han terminado por encontrar su lugar en el mundo, siempre tan rodeado de fealdad, de mal gusto y de gente sin plata.


***

«25 años de resistencia» dice el subtítulo del dizque documental producido por Caracol y Semana que están pasando estas noches. ¿Qué resistían? ¿A qué se resistían? ¿Quieren posar de valientes? ¡Qué basura! ¡Qué edición tan paila! ¡Qué falta de narración! ¡Qué falta de todo!

Es increíble que, contando con tanto material, lo único que vean que se puede hacer sea una colcha de retazos con música dramática y la voz de Julito, infinitamente cruzada por anuncios de las mil y un nuevas novelas del canal. No se compromenten con nada, no organizan los temas, no buscan las continuidades, no arman ninguna historia. Actúan como el periodista colombiano paradigmático, que es esclavo del instante y de la moda y alérgico a la paciencia.

Esa serie no es más que una autopromoción de Semana, segunda época, confeccionada según los mismos criterios periodísticos y estéticos, y el mismo afán, con que siempre sale la revista de papel.

Pero peor es nada y al menos alguien está haciendo algo por rescatar la memoria de este país. Claro, claro. Claro…

Perspectivas

Saturday, 6 de October de 2007

No me gusta la arquitectura de Salmona porque es exclusivamente estética. Los espacios que creaba tenían como único propósito verse bonitos. Pero detrás de todos esos caracoles de ladrillo albino, asqueroso y veteado concreto vaciado y espejos de agua puerca y suspendida, quedaban solo formas incómodas, recorridos panorámicos entre puntos marginales, escaleras infinitas que no llevaban a ninguna parte, precipicios que no se anunciaban y una ausencia de vacíos, de luz, de diálogo con el entorno, que ensombrecía todo.

Por ejemplo, en el Archivo General de la Nación, hay que recorrer todo el edificio, siguiendo una interminable línea curva, antes de llegar al baño, diminuto, nunca ventilado y siempre humeante de caca y orines, la marca registrada que también reprodujo en la biblioteca Virgilio Barco y el edificio de posgrados de la Nacional.

Esos cursos de agua que puso en todos lados eran más parecidos a los wadis que a las fuentes alhámbricas que pretendía evocar. La loable epopeya peñalosista de recuperar el río San Francisco dizque con caracter «ambiental», esa que en un comienzo llegó a arrullar a los paseantes con el crepitar del agua, se vio opacada rápidamente por las deficiencias prácticas de la obra, hoy pintada de verde limo y amarillo papa frita.

Pero Salmona tenía que estar en todas partes como la buena vaca sagrada que era, acaso porque construyó el monumento al tesoro vivo de la cultura colombiana, las tres torres del hato sagrado, esas que si un día tumban con un avión al mando de un guerrero de Alá, borrará de un tajo el legado de todo lo que es realmente importante y vale la pena en Bogotá, o sea en Colombia. Y habrá muchas lágrimas y más palabras tristes, como ahora.

El ajiaco elegante

Wednesday, 24 de January de 2007

Manifiesto para un esbozo de incertidumbre

Me preguntaron recientemente qué es lo que sé hacer tan bien. Yo nunca he dicho aquí, al menos en serio, que sepa hacer algo bien y mucho menos he dicho que sepa hacer algo extraordinariamente bien. Pero sí hay algo que sé hacer extraordinariamente bien: ajiaco. Puedo decir, redundantemente, con toda la pedantería del caso y sin falsas modestias, que mi ajiaco es excelente. Mi ajiaco ha sorprendido y enamorado cualquier paladar que se lo ha encontrado, ha recibido elogios de muchas personas de todas las procedencias sociales y geográficas —en una vereda del municipio caldense de San José se me conoce como «ajiaco», por antonomasia—, ha sido solicitado en al menos tres ciudades de Colombia y ha sido extrañado, añorado y mediocremente imitado por colombianos y extranjeros que viven allende sus fronteras.

Muchos de los visitantes de este chuzo, beneficiarios frecuentes de mi ajiaco, podrían dar justo testimonio de la verdad de todas estas palabras y quitar de ellas cualquier apariencia del usual barniz de la exageración. Pero suplico que cualquier elogio respectivo sea reservado para la conversación personal, como siempre ha sido. Cualquiera que dude podrá comprobarlo: bastará probarlo.

Pero esta no es la motivación. Escribo en esta oportunidad porque quiero compartir con ustedes la verdad científica a la que he llegado después de más de diez años de práctica constante; porque además es verdad que la práctica hace al maestro. Y mi primera y única maestra en esta aventura fue mi madre.

Podría hacer más poético el momento en que ella me enseñó las técnicas básicas. Tengo recuerdos borrosos de ir a la tienda cercana a comprar las papas y demás ingredientes en la tarde del viernes porque me había dado un antojo. Pero no tengo recuerdos de esa primera clase, porque acaso nunca la hubo. Como digo, mi madre nunca me dio recetas sino técnicas, esas que son fruto del conocimiento empírico de quién sabe cuántas generaciones y que se codifican a manera de proverbios. Mi madre, por ejemplo, nunca me dijo qué cantidad de cada papa tenía que usar. Me dio, sí, una cantidad de referencias, de relaciones de causas y consecuencias que casi parecen supersticiones. Y esta asociación de hechos aislados me permite pensar que el ajiaco es ciencia, ciencia seria y aplicada, con fundamentos.

Les trasmito uno, sencillo, pero fundamental. Su consigna es

«las papas tienen su lado»

Con esto mi madre —o, como decía ella que decía «Mamá tía»— quería decir que las papas debían ser tajadas siguiendo su natural morfología.

La papa es un rizoma. Todos sabemos que si se deja una papa en un lugar húmedo comienzan a brotar pies desde cualquier comisura. Pero hay una comisura que para el caso es fundamental y muy fácil de identificar. No es gratuito que los franceses hayan llamado a la papa —aparte de «trufa de los pobres»— «manzana de tierra» pues la papa tiene una continuidad entre el rizoma —la papa misma— y el arbusto: un tronco, un centro, un eje. No es un eje imaginario como el de la Tierra; este lo podemos ver. La técnica dicta que un corte ortodoxo debe practicarse de manera perpendicular a dicho eje y no de otra manera: «la papa tiene su lado». Ampliaré esto más adelante.

Ahora nos enfrentamos a un problema de aproximación al objeto. Por todos es sabido que un ajiaco santafereño ortodoxo contiene como mínimo tres tipos de papa que, según la denominación usada en la ciudad donde se originó esta receta, son pastusa, sabanera y criolla.

La papa pastusa

En el ajiaco, otorga parte de su consistencia espesa y, en ocasiones, los trozos enteros. No solo por tratarse de la más común la papa pastusa sirve para crear este modelo ideal. Su forma corriente hace más fácil entender este principio: es aplastada y el tallo va del lado delgado, como un ombligo poco profundo. Una vez pelada es fácil identificar la dirección del eje pues la papa se pone sobre la mesa de corte del lado plano y ancho. Como se dijo, los cortes deben ejecutarse de manera perpendicular a la línea que describe el eje que parte del ombligo hacia el otro extremo. Recomiendo además hacerlo en esta dirección siempre pues se facilita la asimilación del principio.

La papa sabanera

Por ser de consistencia fuerte, la papa sabanera se usa para crear los pedazos de papa que dan más gracia al ajiaco y lo hacen parecer más que una simple sopa o crema. Muchos la usan en cubos, pero cualquier ser racional sabe que tal cosa, más que ser heterodoxa, raya en la locura. Esta papa tiene una tendencia morfológica a la esferidad, por lo que la dirección del corte puede resultar más difícil. Invito al lector a no caer en la tentación de partir en mitades la papa para facilitar el corte sobre la mesa. Asiente mejor el lado curvo de la papa sobre su dedo anular mientras la sostiene con el pulgar, el índice y el medio. En la papa sabanera el ombligo es casi siempre profundo, cosa que presenta dificultad cuando se pela; además, se pierde la referencia umbilical cuando la papa ha sido desprovista de piel y bultos. Solo la práctica, que nos familiarizará con el objeto, nos llevará al camino de la verdad.

Una forma sencilla de comprobar que el corte se ha ejecutado de una manera correcta es mirar la tajada a contraluz. Normalmente deberíamos observar una figura similar a una ameba que, transparente, se extiende a lo largo y ancho de la elipse. Rodea a la ameba una segunda capa menos traslúcida que colinda con lo que sería una capa exterior que forma claramente un anillo.

Estas tajadas de papa pastusa y sabanera, según se ha comprobado en ambiente controlado, se descomponen de afuera hacia adentro, conservan su forma más o menos elíptica —siempre agradable a la vista— y liberan los almidones lentamente, espesándolo, pero sin convertirlo en un engrudo. Si se tajan de otra manera, como puede apreciarse en Sopas de mamá y postres de la abuela, el resultado será una sopa muy clara, más similar a un caldo con papas que a un verdadero ajiaco. Las papas tienen su lado.

La papa criolla

Por su constitución, esta papa no responde a la misma lógica. Si bien podríamos aplicar el principio —con mucha dificultad pues el ombligo de esta especie se confunde con cualquier brote—, la constitución de la papa criolla permite que hagamos las tajadas sin preocuparnos por seguir el eje ya que se deshace casi instantáneamente, liberando el color amarillo, fuerte y brillante, que identifica a cualquier buen ajiaco. La papa criolla es el rizoma por excelencia, esa estructura anárquica que explica por qué Deleuze y Guattari la han usado como metáfora de las estructuras no jerárquicas. A diferencia de la tendencia arborescente y «lógica» de las especies pastusa y sabanera, la papa criolla parece comenzar y acabar en un mismo punto y, en el ajiaco, permea cada intersticio. Es al mismo tiempo imperceptible y fundamental. En mi ajiaco, la protagonista, la responsable.

Y así es mi madre: la papa criolla del ajiaco de mi vida, su olvidado Espíritu Santo.

Esencia

Sunday, 19 de November de 2006

Hay que buscar ese caldo primigenio con el que se crean todos los fondos del universo.

Solo debería importarnos la tortilla primigenia, el concepto que pertenece a todos o no pertenece a nadie. Lo demás son recetas.

Lamentamos, además, la falta de edición no lineal en la cocina.

Chéver@

Saturday, 9 de September de 2006

Para Meme, en su día.

A menudo la revista Proyecto Diseño hace concursos —o, más exactamente, convocatorias chocochéveres parecidas a las que ha hecho este chuzo— para replantear el diseño de objetos relativos a esa cosa nebulosa que es la identidad nacional. Sé, por ejemplo, que han hecho muestras de billetes y hace cosa de un año, mediando cierta envidia pendeja, propusieron diseñar una «marca Colombia» alternativa. El sen sei dice de esos concursos-convocatorias que no sirven para nada más que autocomplacerse porque no dan pie a críticas ni nada, solo elogios. Bueno… pildoritas.

Escribo esto pensando en que a algún diseñador tipográfico debería ocurrírsele solucionar un problema específico de este nuestro tiempo políticamente correcto. En español casi siempre, no sé desde cuándo, se ha usado la fórmula -/a o o/a en los casos en que hay que optar por una forma masculina o femenina en el género de una palabra: abogado/a, doctor/a, etc. Ahora optan por usar la arroba por tratarse de un signo que parece ser al mismo tiempo o y a: «queridos amig@s».

La verdad es que ambas formas tienen el problema sutil de que siguen privilegiando una cosa sobre la otra, o sea, siguen haciendo, al fin y al cabo, lo que tanto critican los luchadores de la igualdad de derechos y oportunidades entre sexos, géneros y otras huestes del diablo. En el primer caso, por ejemplo, se pone el masculino primero que el femenino, de tal manera que abogado/a se lee «abogado o abogada». De hecho esta es la fórmula más común en cualquier situación cuando se habla. «Pongamos entonces las damas primero.» ¿Por qué? ¡Eso también es discriminación!

El segundo caso es aún más patético y es finalmente la razón de ser de todo esto. La @ no es una simple y aséptica combinación tipográfica de a y o. No, la @ es evidentemente una a minúscula dentro de una O mayúscula, una frágil hembra gramatical contenida, consumida, por una gigantesca, voraz, hegemónica y obviamente falocéntrica vocal abierta. ¿Y dónde están cuando se les necesita para discutir esto es@s defensor@s —que obviamente se lee «defensoros y defensoras»— del lenguaje equilibrado que también califican de machista la obvia apariencia fálica de las flechas, las espadas y los misiles?

Frente a este imperio estúpido de la arroba como signo de correctez política, los diseñadores tipográficos hispanoparlantes deben proponer soluciones viables. Yo propongo una nueva letra que no tenga ningún referente anterior, un nuevo significante que equilibre los poderes, que haga más justa nuestra sociedad, que transforme desde el lenguaje las condiciones materiales y culturales de siglos y siglos de iniquidad y garantice, por ejemplo, que en nuestro Congreso haya como mínimo una tercera parte de honorablas senadoras y representantas.

El nombre de dios

Sunday, 13 de August de 2006

Nadie ganó el concurso y nadie ganó almuerzo: el nombre de dios es Unilever.

La joda del post sobre el rostro de dios tenía dos dimensiones. En primer lugar, demostrar que el logo de la marca se construyó a partir de un absurdo pues precisamente pretendía englobar con una cantidad de ilustraciones todas las mil y un vocaciones de la empresa que se unen para formar la gran inicial. ¿Pero qué es lo que uno ve realmente? Una U hecha con muchos punticos o formas irregulares. Es necesario acercarse y detallar para encontrarse además con ese espectáculo absurdo en el que salen pescados, sacos y tarros. Naturalmente la gente se queda con la marca de la que es dueña Unilever: Fruco, Knorr, Pantene, Ades, etc. A eso me refería con lo de advocaciones.

La segunda parte de la joda es el mismo cuento de Unilever, una empresa que compra y compra fábricas de todo lo que haya y comercializa marcas. La gente no sabe que le compra a Unilever sino que compra una marca, con todo lo que eso implica: la marca es un activo importante en cualquier empresa, pero en este caso no es la marca Unilever porque no hay nada que sea Unilever. Más allá de eso están las historias de «comportamiento corporativo» non sancto que el documental The Corporation tan bien describe.

Mejor suerte la próxima vez.

El rostro de dios

Sunday, 6 de August de 2006

Los científicos aún se preguntan por la religión que practicaron quienes usaron todos los objetos marcados por la señal —exageradamente sofisticada y, con seguridad, difícil de reproducir cuando el objeto era pequeño— que presentan casi todos los vestigios, siempre tan perfectamente conservados, de los siglos XX y XXI. Algunas hipótesis afirman que existía un único dios. Pero conocer su nombre habría sido solo derecho de uno pocos, por lo que la gente habría tenido la costumbre de referirse a él por medio de las más diversas advocaciones. Por la misma razón se cree también que no habrían podido reconocer al mismo dios en dos de sus advocaciones. El símbolo, de claro carácter figurativo y retórico, era un homenaje al absoluto poder que se le reconocía sobre varios objetos de la naturaleza y aspectos de la cultura humana. La efigie englobaba los conceptos que a continuación se reproducen:

1
2
3
4
5
A
B
C
D
E

Filosofía y ética

A1 puede reconocerse como símbolo del eterno retorno. Nótese la coherencia que ofrece A2, probablemente una representación del polvo del que se dice que viene la humanidad y adonde va a parar después de morir. Estas personas sin duda creyeron en la pervivencia de la esencia humana aunque tal vez no por medio del alma sino mediante conservantes (ver lo relativo a la cotidianidad, más adelante).

Elementos de la naturaleza y fenómenos naturales

A3 evidentemente representa la luz; en definitiva, ninguna religión escapa de reconocer un papel importante al sol, incluso cuando lo convierten en metáfora (e.g.:«el sol de la verdad» de Santo Tomás). A4 es el viento, el aire, mientras A5 es el agua. B1 es una representación muy sofisticada de la nieve, si bien puede ser simplemente una aún más sofisticada estrella, lo que explicaría que B2 es sin duda un evento estelar del tipo super nova o el choque de un cometa en la superficie de algún cuerpo celeste.

La vida

B3 es una elegantísima representación de lo que el eminente científico Jeremy Narby ha dado a conocer como serpiente cósmica, una representación primitiva del ácido desoxirribonucleico, fundamento de la vida. Como explica Narby, solo consumiendo sustancias alucinógenas puede llegarse a vislumbrar la estructura de doble hélice de la molécula, lo que nos daría mucho para hablar de la forma como los participantes de esta religión tenían contacto con el mundo que los rodeaba.

De B4 a C3 tenemos representaciones del reino vegetal: B4 es una flor; B5, una planta genérica; C1, una palmera que representa un árbol; C2, una zanahoria que representa las verduras. C3 es una suerte de hoja de parra pero también ha sido interpretada como un clavo de olor.

Es de extrañar que se haya dado más importancia a las representaciones del reino vegetal (q.v.) que al animal: comúnmente los animales son más tenidos en cuenta como representación de los valores humanos por lo que terminan siendo materializados como tótems. C4 representa a los insectos por medio de una abeja, acaso como signo de laboriosidad. C5 es un pez genérico. La presencia del pez ha puesto sobre el tapete la discusión sobre si existió o no algún tipo de asimilación del cristianismo. Puesto que este animal dejó de ser símbolo de la otrora religión hegemónica desde que se estableció, quienes afirman una cosa semejante solo pueden ser calificados como imbéciles. De la misma manera, algunos han querido ver en D1 a una paloma, símbolo de la paz.

El ser humano

Tal vez lo símbolos más difíciles de interpretar sean los relativos a la humanidad. A lo largo de la historia, las partes del cuerpo humano han dejado de representar exclusivamente su función orgánica para relacionarse con valores y propósitos conferidos a la especie. Así, D2, el corazón, es símbolo de vitalidad, alma, emociones —siendo el amor la más común— e incluso enfermedad. D3, la mano, es el espíritu industrial y transformador, el arte, la cultura, el fuego de Prometeo, «lo cocido por oposición a lo crudo», como afirmaba un popular articulista. La boca de D4 es una representación del lenguaje y su doble articulación.

Un segundo grupo de objetos también habla del ser humano desde el punto de vista de la cotidianidad y nos acerca más a la forma como vivían estas personas. D5, E1 y E2 representan actividades básicas de supervivencia como comer y beber. E3, imagen bastante abstracta, ha sido relacionada con rollos de canela o con cerveza argentina de mala calidad. Tal vez convendría ubicarla junto a los símbolos de los fenómenos celestes, como una representación de la vía láctea. E4 fue relacionada durante mucho tiempo con la lengua, como D4, pero después se encontró que era la representación del vestido, particularmente de un saco. Por último E5 nos hace saber que quienes participaban en esta religión creían firmemente que todo podía meterse en frascos.

Quien sepa decir el nombre de dios o alguna de sus advocaciones se gana un almuerzo donde quiera. (No es válido para quienes hayan estado conmigo el viernes en la noche y el sábado en la madrugada.)