Archivo de la categoría "Cotidiano"

Haciendo amigos

Tuesday, 10 de February de 2009

Ahí tienen. El primer resultado de la celebrada y ridícula medida del toque de queda etario-zonal estilo Los Simpson son dos niños quemados por cuatro pedazos de hijueputa debidamente uniformados y armados, bien «empoderados», con el paraco a flor de piel. Así de repugnante como esa burda tela verde oliva que los viste es su puta actitud frente a cualquier ciudadano. Los he oído burlarse de la gente que se llama a sí misma, y legitimamente así: ciudadano.

Historias de abuso policial he oído de amigos que fueron chúcaros. Forrados de verde oliva gozaban cogiendo a pata a los indigentes que se les atravesaban, si se les daba la gana. O empelotaban gente y la amarraban al poste del CAI por cogerla orinándose en la calle. Yo quejándome porque no dejan tomar fotos. Siempre supe que pudo haber sido peor.

Pero es la misma mierda. La misma arbitrariedad por la que nadie responde.

También conozco la historia de una reunión de estudiantes de la Pedagógica con el Secretario de Gobierno de Garzón. Que si acaso los del ESMAD podían coger a bate todo lo que se les atravesara aunque no estuvieran haciendo nada, aunque no tuvieran tubérculos explosivos o capuchas «I’m with terrorist». El funcionario dijo que la próxima vez se hicieran a un ladito para esquivar el golpe.

Ante este tipo de historia, de queja, oigo siempre la voz del calvo lascivo (y su séquito) que dice que la guerrilla usa pipetas de gas y se comporta como unos blockbusterbusters. Todos están haciendo amigos: entre los comentarios de El Tiempo no falta el que dice que se lo merecían porque son «unos hamponcitos».

Pasado en presente

Thursday, 30 de October de 2008

Conocí a Nicolás, el rolo fantoche, en Argentina. Él me contó, cuando volví, que el mejor lugar para comprar menaje de cocina al mejor precio era el almacén El Cóndor, en lo que sicogeográficamente es aún Chapinero pero de hecho es la localidad de Teusaquillo. El lugar está en medio de un sauna, una wiskería que se llama JR (una foto de esta wiskería aparecerá en el libro Buscando a Jaime Ruiz, de próxima publicación), varios moteles y una pandería que pronto van a cerrar.

Recuerdo haber estado allí por primera vez en 1996 cuando fui con mi papá a comprar un pelapapas, herramienta fundamental. Era sábado y había una niña muy bonita atendiendo. Al menos me parecía bonita, muy bonita.

Hoy la niña ya no está. No importa.

Ahora atienden unos señores de bigote que están ahí desde hace décadas. Incluso uno de ellos, que se llama Gentil, trabaja para El Cóndor desde antes de que quedara en este local de la calle 60.

Frente a la estantería donde está la loza hay un arrume de periódicos que usan para envolver —y manchar— las piezas. Viendo detenidamente había detalles en la tipografía que me hicieron saber que esos papeles viejos eran realmente viejos, ejemplares de El Tiempo de hace más de catorce años.

Sin mayor curaduría de por medio, estas son algunas de las noticias del 5 de febrero de 1994 que aparecieron en los aleatorios envoltorios de mi nueva vajilla:

  • «“Hicimos lo que teníamos que hacer”, dice Chávez: dos años después de la primera intentona golpista en Venezuela».
  • «E.U. se cierra el cinturón: rígido presupuesto».
  • «Estados Unidos elevó tasas de interés: se desplomó Dow Jones y subió el dólar».
  • «Villas de Aranjuez. Una generosa casa de 111m² en conjunto cerrado con sabor de hogar!», de la organización Luis Carlos Sarmiento Angulo, «la solución a todo problema de vivienda».
  • «Invierno a todo tren en Bogotá: lluvia y granizo por montones cayeron ayer en la tarde sobre el oriente de Bogotá».
  • «Fujimori nos visitará».
  • «Mockus, ¿rector de Bogotá?: Petro candidatiza a la Alcaldía al ex funcionario».
  • «Logrado acuerdo con CRS sobre reinserción: seguridad y vivienda para ex guerrilleros».
  • Y Jurassic Park (tres estrellas) la pasaban en el teatro Lux, carrera 8 con 19, y costaba $800.

    Las vicisitudes del rey Alberto

    Monday, 20 de October de 2008

    Bélgica es un país que tiene una hermosa capital donde no funcionan los teléfonos públicos y en su lugar la gente usa las cabinas para cagar después de haber comido lo que en español se conoce como gofre, platillo nacional al lado de los mejillones con crema. Cerca de dicha capital también hay un horrible monumento al átomo y un parque temático donde hay miniaturas de otros monumentos de otras partes de Europa. Básicamente por eso la gente sabe que existe ese país porque los Pitufos y Tintín son o gringos los unos o francés el otro.

    Bélgica es un país cuyo símbolo nacional es un niño que orina. También es un país con un sistema de transportes incomprensible pero limpio y eficiente porque es un país muy pequeñito.

    Aun así, Bélgica es un país dividido en dos facciones «étnicas», aunque étnico es un adjetivo que se usa para la gente salvaje, incivilizada, es decir, la que vive lejos de Europa. Entonces, Bélgica es un país dividido en dos facciones lingüísticas y más o menos religiosas, pero ambas igual de fascistas.

    Se supone que lo único que une a los belgas, lo único que los hace belgas, y no valones o flamencos, es un rey gordo, con gafas y viejo que se llama Alberto.

    El Reino de Bélgica tiene una embajada en Bogotá, en aquel reducto de intelectuales progresistas conocido por eso mismo como Bosque Izquierdo. En el mismo barrio, el señor representante de los intereses del rey Alberto en esta hermosa tierra enclavada en los andes, Joris Couvreur según la información de la página de la embajada, tiene una modesta residencia al frente de un parque abierto y al lado de un parquecito enrejado.

    Este último parquecito, abierto al público, es un extraordinario mirador donde hay una banquita de piedra para sentarse y ver pasar los carros que van por la carrera quinta, el parque de la Independencia o la torre Colpatria. Pero también desde ahí pueden verse, tan bellos como son, los cerros tutelares de Bogotá. Qué bellos planos. Qué ganas dan de registrarlos con la cámara fotográfica, herramienta constructora de relatos en estos días dospuntocerescos.

    Pero Joris, como si fuera un colombiano más y no un súbdito de su majestad don Alberto, le tiene miedo a la cámara, la cree un elemento de terrorismo, una amenaza y tal vez una prueba de que pronto habrá algún interesado en atentar contra su vida.

    Al lado de la casita del embajador hay una caseta ocupada por unos señores agentes cuya tarea es velar por el buen sueño del señor embajador y eso implica amedrentar a todos los antisociales que por ahí se acerquen y se atrevan a tomar foticos para vendérselas al mejor postor terrorista. O a una revista de chismes, o al blog más visto de Colombia, porque a todos nos interesa saber qué es de la vida de Joris. Es más, todos sabemos que ahí vive ese señor.

    Como era de esperarse, al increpar a la ley hecha carne sobre las razones por las que había que borrar las fotos y firmar, con cédula, una minuta, solamente pudieron apelar a las cosas más imbéciles como «usted no me trate como alguien de su casa» (yo en mi casa suelo razonar con la gente, por cierto, pero está claro que eso no se puede hacer con esta casta del poder), «yo puedo tenerlo aquí 36 horas si quiero porque ya después hay habeas corpus» (si no estaba cometiendo ninguna contravención eso es mentira, punto) y «usted no me puede hablar así porque tengo un uniforme y estoy armado» (el argumento más paraco de todos).

    Pero entre tanta imbécil muestra de autoridad y poder, claro está, señalaron la dignidad del residente de la casa, que no solamente era embajador sino sobre todo… ¡extranjero! Es la misma razón pendeja por injusta, ilegítima y maldeveredosa que aducía el policía cualquiera en Séptimo Día cuando le preguntaban por qué no encanaban a los turistas que disfrutaban las bellezas narcóticas y venéreas de Colombia en el siempre abierto de piernas barrio de La Candelaria o la siempre presta a ser sodomizada ciudad de Cartagena: «a los extranjeros no hay que molestarlos».

    En vez de hacer pendejadas como ir a darse almohadazos a un parque propongo que hagamos un flashmob en ese parque, una vez consideradas las posbilidades y subterfugios legales. Imagino una montonera de gente que llega ahí y toma fotos de Monserrate y de Guadalupe y de la Litografía y de Andigraf sin tocar la casa de este llorón que está que se orina del susto por ver una puta cámara, artículo que en Bélgica aún no deben conocer porque están sumidos aún en la irracionalidad de las etnias (se parecen a sus ex súbditos de Ruanda) y en el retrógrado sistema de gobierno conocido como monarquía.

    Vaya a llorarle al rey, embajadorcito.

    Revaluando el sujeto racional 3: ají y empanadas

    Wednesday, 23 de April de 2008

    Compro una docena de empanadas para llevar y pido que me regalen medio vaso (6 onzas) de ají. Me dicen que no pueden darme un vaso porque me llevaría mucho ají y el dueño las regañaría, así que lo único que me pueden dar son unas cajitas como de muestra coprológica. Les digo que pido un vaso para poder llevarme fácilmente la cantidad de ají suficiente para doce empanadas. Me dicen que yo no puedo darles órdenes porque ahí mandan ellas. Les digo que podría demostrarles, por medio de una báscula o probeta, que la cantidad de ají que podría pedirles en cajitas superaría la cantidad que les pido en un vaso, que se ahorran cajitas y me ayudan a llevarlo más fácilmente. Me dicen que vaya a darle órdenes a la empleada de mi casa. Me compro un vaso en la tienda de al lado, les pido ocho cajas y me las dan sin problema, aunque antes preguntan si voy a llevarme las empanadas, no sea que por nuestras diferencias técnicas haya decidido encapricharme y dejar de hacer una transacción comercial común y corriente. Lleno las ocho cajas con ají hasta el borde y echo todo su contenido en el vaso, que queda lleno hasta más de la mitad (9 onzas). Se lo muestro a la vendedora, pero ella no me dice nada.

    Ojo que todo lo ve

    Tuesday, 1 de April de 2008

    1

    Cafetería de la Luis Ángel. Quiero ir a leer a la terraza, a ver las montañas. Llevo una botella de agua y unas fotocopias. Las terrazas están cerradas, así que regreso a la entrada y me siento. Es hora de almuerzo. Una celadora se me acerca y me dice que solo puedo estudiar ahí a partir de las dos de la tarde. Le digo que voy a tomar agua, que prometo no leer ni una letra.

    2

    Cafetería La Florida. Estoy echado en la silla, derramado en la silla, y paso así cerca de dos horas antes de que un mesero me pida que deje de poner los pies sobre la silla. Los quito, pero sigo derramado. Minutos más tarde pasa un celador y me dice que me siente bien. Habría sido más chistoso cuando aún tenía el pelo largo («¿quiere que me corte el pelo también?»), pero no. Nos fuimos inmediatamente.

    3

    Hace ya unos días estábamos en el Cementerio Central. Sacamos una cámara y en ese instante salió de la nada un celador y dijo que había que pedir permiso para tomar fotos. Sí, ya sabíamos que hay que ejerecer ese trámite ridículo. Pero no contento con eso el celador agregó que allí «hay que pedir permiso para todo». Yo le pedí permiso para hablar, pero me dijo que me callara porque le estaba hablando ahí al señor de la cámara. Por cierto, si uno pide el permiso, advierten que se pueden tomar fotos, pero no a las lápidas.

    Es que es diferente…

    Thursday, 7 de February de 2008

    El lunes fue un día de amor, de paz, de armonía. Era un día Crepes & Waffles. Todos unidos, una sola bandera, un solo propósito, tirando para el mismo lado y lo demás no existía o había que hacerlo dejar de existir. Y bueno, ¡hay tantas formas de hacerlo!

    El día de la marcha fuimos felices durante unas cuantas horas y los viejos y los jóvenes, los niños y los muertos, todos unidos cantaron con orgullo y agitaron la bandera. Muy bonito.

    Solo en días como esos uno puede tomarles fotos a los policías o grabarlos en video. Solo en días como esos cuando la gente que sale es buena, es bienintencionada y quiere lo mejor para todos y sencillamente desea legítimamente que todos los otros que quepan en el costal de los otros no estén más. Que se vayan todos aunque no sepamos adónde.

    En otros días, en cambio, la Policía avanzaría hacia ti y tomaría la cámara y la volvería mierda. Un primero de mayo, por ejemplo, para que no quede registro ni de lo bueno ni de lo malo que hayan hecho. O tomaría el casete y lo volvería mierda, como sucede al lado del Palacio de Nariño o en cualquier puente peatonal o en la 82. En el mejor de los casos, en un día cualquiera, el amable servidor del ciudadano te preguntaría qué diablos haces. Pero la pregunta no busca encontrar lo obvio sino introducirte a tu destino. Y después te diría que no puedes hacerlo, que poresoledigo, y optaría por alguno de los dos escenarios descritos. Tal vez cuentes con algún carné de periodista, tal vez pida información sobre tu cédula vía radio, tal vez haya tenido un mal día. Son instantes emocionantes, de suspenso.

    Pero entonces es diferente. Porque solo el lunes es predecible y los policías son chéveres, son patria, bandera, son víctimas y un millón de buenos deseos, como la gente que se tomó esas calles. El resto de los días hay que protegerla de esa otra gente para nada chévere y que es más o menos cualquier persona porque, ya sabes, son cuestiones de seguridad y así estamos mejor. Y pues, qué más da, siempre hay que sacrificar inocentes.

    ***

    Un video al respecto de todo esto.

    Para quienes gustan de las teorías conspirativas que se hacen realidad, cortesía del papá argentino que estas tierras vuelve a visitar.

    El vecino (y 2)

    Thursday, 8 de November de 2007

    —Caipirinha y una cerveza.
    —Ya no hay cocteles. Se acabaron los cocteles.
    —Como este bar, hijueputa.
    —Sí, como este bar.
    —Entonces deme una cerveza.
    —Pero está al clima.

    ***

    —El man debe de estar borracho y empeloto llorando en un baño.
    —Ah, pero igual sale y no dice nada sino «¡blues!».

    ***

    —A ver cuándo subastan todas estas maricadas…