Por fin una nación

La selección Colombia solamente ha clasificado a mundiales de fútbol durante gobiernos liberales: Chile 62 con Lleras Camargo, Italia 90 con Barco, Estados Unidos 94 con Gaviria y Francia 98 con Samper. Un día haré un paper econométrico al respecto y ganaré el bien merecido respeto.

De Pastrana no había que esperar nada, por supuesto. ¡Pero de Uribe! Uno de los grandes fracasos del gran líder ha sido no lograr que la selección —el único orgullo nacional además de las virreinas universales— clasifique una vez más a un mundial. Pero, como siempre hemos dicho aquí, Uribe nunca pierde.

Antes las celebraciones de la patria se daban cuando ganaba la selección. Aún quedan hoy secuelas de aquellos triunfos: feliz 5 de septiembre, feliz cinco a cero, feliz repetición del partido de marras con la entrecortada narración argentina. Los que cuestionan esta celebración dicen que son tiempos pasados, glorias insignificantes, leche derramada.

Ahora, sin embargo, el 20 de julio, lo que antes era un festivo más y, a lo sumo, una celebración marginal con desfile militar por la séptima (o su equivalente en cualquier rincón) y seguimiento del inicio de una legislatura, se convirtió desde el año pasado en un sonado evento respaldado por nuestra renovada masa crítica nacional que sale a las calles a la voz de los agitadores radiales (¿otrora Gaitán?). ¿Saben si antes la gente se deseaba «feliz veinte de julio» en esta fecha?

El Concierto Nacional, ese Live 8 patriotero (literalmente veintejuliero y socialbacano) o una fase superior del Show de las Estrellas, es otro gran triunfo de la patria refundada de Uribe. En esta fecha que evoca tiempos pasados, glorias insignificantes y leche derramada, se explota todo aquello que es «lo nuestro». En esa celebración de circuito nacional e internacional sí se usan bacana y chéveremente las cosas bacanas y chéveres de la constitución del 91: multiculturalidad, plurietnicidad, mochilas y plumas se unen a las tres cordilleras y los dos océanos para llenarnos de gloria. Borrar fronteras y diferencias, una sola voz, un solo clamor, etc., etc. Ese es, al fin y al cabo, uno de los significados, el original, de la palabra concierto. Todo eso le permite sobrevivir al Ministerio de Cultura en su pequeño papel de Ministerio de Propaganda.

La resignificación de las fechas patrias no tiene nada de malo. De hecho las fechas patrias son resignificaciones por naturaleza. El 20 de julio de 1810 no se inventaron a Colombia ni hablaron de independencia. Y justamente porque eso no importa, ahí tenemos el Concierto Nacional. O la marcha de la independencia del secuestro del año pasado.

¿Qué es lo malo (o lo que me raya) de las fechas patrias? Que se asumen irracionalmente, sin crítica alguna. No hablo justamente de que el 20 de julio no hayan fundado a Colombia, como sería la desmitificación típica del History Channel; hablo del significado posterior que se les da, de los deberes de las religiones civiles, de la anulación de la diferencia y tantas otras cosas. Como todos nos comemos el cuento de la patria al fin y al cabo, estas fechas me sirven para preguntarme una vez más —a diferencia de otros días en que solo pienso en el trabajo o en descansar— por qué asumo esa entelequia como parte de mi identidad. Es decir, por qué he aceptado ser vehículo de la entelequia para hacerla una realidad observable. Y, por ahí, por qué tanta gente hace lo mismo sin preguntarse nada.

Habiendo dicho esto, me despido con las palabras más cursis y pendejas que cualquiera pueda decir pero solo Miguel Antonio Caro se atrevió a escribir:

¡Patria! te adoro en mi silencio mudo,
y temo profanar tu nombre santo.
Por ti he gozado y padecido tanto
cuanto lengua mortal decir no pudo.

No te pido el amparo de tu escudo,
sino la dulce sombra de tu manto:
quiero en tu seno derramar mi llanto,
vivir, morir en ti pobre y desnudo.

Ni poder, ni esplendor, ni lozanía,
son razones de amar. Otro es el lazo
que nadie, nunca, desatar podría.
Amo yo por instinto tu regazo,
Madre eres tú de la familia mía;
¡Patria! de tus entrañas soy pedazo.

9 comentarios sobre “Por fin una nación”

  1. mariapaulal dijo:

    pues supere el raye, vuelva a la academia.

  2. Sergio Méndez dijo:

    Miguel:

    ¿Y no hay comentario para la cabalgata libertadora de nuestro príncipe reinante?

  3. juglar del zipa dijo:

    abuelazo:
    pensaba tocar el tema. pero ya ve que no.

  4. Link dijo:

    El problema acá es que el fenómeno Uribe y los furibistas consideran el fútbol COLOMBIANO (ojo al detalle) un pasatiempo bajo y pueblerino, ergo a Uribe no le gusta el fútbol (bueno, a veces creo que, si Uribe no sabe qué es un Lamborghini, no debe conocer de la existencia del fútbol)

    PD: La historia de Uribe y el Lamborghini la comentó Semana en http://www.semana.com/noticias-confidenciales/todos-dias-aprende/123584.aspx

  5. Juego tejo como el demonio. dijo:

    La verdad no se me hace nada raro en un pais , donde para el comun : “leer es para gente aburrida…” , afortunadamente la misma lectura y la vida en general , me enseñaron que : “Mi patria es el mundo, y mi familia la humanidad”.

  6. juglar del zipa dijo:

    mi patria es el mundo y mi pasaporte la billetera.

  7. dead user dijo:

    Si aún le quedan ganas de hablar de identidad revise el articulo hoy 28 de julio en ADN “BOGOTA DE LEE EN ESTILOS DE VIDA”, si aún le quedan ganas.

  8. juglar del zipa dijo:

    usuario muerto:
    pues sí, yo soy el hijo único, así tal cual, es como si me hubiera leído el horóscopo.

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