Archivo de Septiembre de 2006

Chéver@

Sábado, 9 de Septiembre de 2006

Para Meme, en su día.

A menudo la revista Proyecto Diseño hace concursos —o, más exactamente, convocatorias chocochéveres parecidas a las que ha hecho este chuzo— para replantear el diseño de objetos relativos a esa cosa nebulosa que es la identidad nacional. Sé, por ejemplo, que han hecho muestras de billetes y hace cosa de un año, mediando cierta envidia pendeja, propusieron diseñar una «marca Colombia» alternativa. El sen sei dice de esos concursos-convocatorias que no sirven para nada más que autocomplacerse porque no dan pie a críticas ni nada, solo elogios. Bueno… pildoritas.

Escribo esto pensando en que a algún diseñador tipográfico debería ocurrírsele solucionar un problema específico de este nuestro tiempo políticamente correcto. En español casi siempre, no sé desde cuándo, se ha usado la fórmula -/a o o/a en los casos en que hay que optar por una forma masculina o femenina en el género de una palabra: abogado/a, doctor/a, etc. Ahora optan por usar la arroba por tratarse de un signo que parece ser al mismo tiempo o y a: «queridos amig@s».

La verdad es que ambas formas tienen el problema sutil de que siguen privilegiando una cosa sobre la otra, o sea, siguen haciendo, al fin y al cabo, lo que tanto critican los luchadores de la igualdad de derechos y oportunidades entre sexos, géneros y otras huestes del diablo. En el primer caso, por ejemplo, se pone el masculino primero que el femenino, de tal manera que abogado/a se lee «abogado o abogada». De hecho esta es la fórmula más común en cualquier situación cuando se habla. «Pongamos entonces las damas primero.» ¿Por qué? ¡Eso también es discriminación!

El segundo caso es aún más patético y es finalmente la razón de ser de todo esto. La @ no es una simple y aséptica combinación tipográfica de a y o. No, la @ es evidentemente una a minúscula dentro de una O mayúscula, una frágil hembra gramatical contenida, consumida, por una gigantesca, voraz, hegemónica y obviamente falocéntrica vocal abierta. ¿Y dónde están cuando se les necesita para discutir esto es@s defensor@s —que obviamente se lee «defensoros y defensoras»— del lenguaje equilibrado que también califican de machista la obvia apariencia fálica de las flechas, las espadas y los misiles?

Frente a este imperio estúpido de la arroba como signo de correctez política, los diseñadores tipográficos hispanoparlantes deben proponer soluciones viables. Yo propongo una nueva letra que no tenga ningún referente anterior, un nuevo significante que equilibre los poderes, que haga más justa nuestra sociedad, que transforme desde el lenguaje las condiciones materiales y culturales de siglos y siglos de iniquidad y garantice, por ejemplo, que en nuestro Congreso haya como mínimo una tercera parte de honorablas senadoras y representantas.

«Gracias, señor tombo»

Viernes, 8 de Septiembre de 2006

Danke sehr, Christian.

Santanderismo: un ejemplo

Viernes, 8 de Septiembre de 2006

El bus iba bastante lleno, como siempre van los que van a o vienen de Las Aguas. Estaba espichado contra las puertas. Al llegar a la 39 ya había podido hacerme al lado de unas sillas, las azules para ser más exactos, frente a una vieja vestida de rojo.

Antes de parar en la 19 se levantó una vieja de una de esas sillas azules; quería llegar a la puerta. Me pidió permiso y yo le dije que me sería más fácil si la señora de rojo se sentara en la silla azul que había quedado libre. La de rojo dijo que no podía sentarse ahí porque era azul y estaban reservadas para ancianos. Le dije que era cuestión de sentido común porque para mí estaba muy claro que no podía moverme a ningún lugar por más voluntad que tuviera de darle permiso a la señora.

Entonces la de rojo volvió a decir que estaba mal sentarse ahí, por lo que dije en voz alta «¿hay algún anciano o mujer embarazada que quiera sentarse en una silla azul para evitarle a esta señora un ataque de moral de cinco segundos?». Algunos se rieron. Mientras yo aprovechaba el espacio para irme hacia el lado del chofer, la mujer de rojo me dijo que yo era grosero y más adelante comentó con alguien: «¿qué tal?».

En la estación de San Victorino, después de que se abrieran las puertas, alguien gritó «¡una silla azul! ¡Una silla azul para este señor!». Y la de rojo dijo «¿si ve?». De nuevo, algunos se rieron. Pero cuando me bajé, en el Museo del Oro, la vieja de rojo seguía sentada tranquilamente en su silla azul. ¿Y el viejo?

La estupidez legalista de la gente decreta que:

En las sillas azules nunca podremos sentarnos porque son exclusivas para ancianos, embarazadas, personas con niños de brazos y discapacitados. (Sí, exclusivas y no con prioridad para estas personas.) Se sigue de esto que ningún anciano, embarazada, persona con niño de brazos o discapacitado puede sentarse en una silla roja y, lo que es más importante, por no estar escrito, nadie debería sentir que tiene el deber de cederle su silla a una persona así. Comuníquese y cúmplase.

Este post también es válido para lo del sujeto racional.

Hipérbole

Miércoles, 6 de Septiembre de 2006

Un ejemplo.

La desaparición forzada (o el secuestro) contada a los niños

Miércoles, 6 de Septiembre de 2006

En el último comercial de Froot Loops, un monstruo verde —bastante parecido a un pulpo— entra sin avisar a la alegre casita arbórea de Sam el Tucán y se lo lleva sin motivo aparente y sin pedirle permiso para «obtener su secreto». Los pequeños tucancitos que son sus sobrinos ven desde la ventana, muy preocupados, lo que ocurre. No es claro qué es lo que le va a hacer el monstruo verde a Sam el Tucán para sacarle el secreto, pero para resolver el misterio y liberar al amazónico pájaro hay que comprar mucho Froot Loops. Al final dan premio.