Ayudantes

Los transportadores colombianos parecen ser todos criados en la misma familia, vengan de donde vengan. Cuando se viaja en flota se suma al irresponsable talento del chofer la oscura figura del ayudante.

El señor ayudante siempre está de afán por lo que nunca sabe qué decir. Miente con facilidad. Sus cálculos horarios no parecen basarse en su experiencia de días y días de hacer el mismo maldito viaje sino en un deseo de llegar rapidito. Es el mismo deseo que manifiesta el chofer al ir a toda mierda por carreteras llenas de curvas, de las que dan la cara a los precipicios.

Al ayudante le hace falta el látigo de los capataces para poder sentirse completo. Él es la autoridad en el bus. Él ordena dónde acomodarse; acomoda a los que ya no podrían ir en una silla; saca cojines y bolsas para el vómito; restringe las idas al baño o el comprar algo para picar o almorzar; amenaza con que no van a esperar a nadie pero se toma su tiempo para charlar con los amigos del terminal o comerse su buen tamalito en algún estadero.

De ida nos fuimos con la empresa huilense Coomotor. El ayudante, opita, tenía la misma cara de preocupación de Giovanni Hernández y era difícil saber si cuando hablaba lo hacía con timidez o arrogancia. Estando en Neiva, donde había dicho que íbamos a almorzar, nos ordenó no permanecer más de quince minutos porque se iba sin nosotros. Habían pasado cinco horas de viaje y faltaban otras cinco, aunque en sus palabras iban a ser solo tres hasta Pitalito. A lo largo del viaje, incluso cuando ya era oscuro, este ayudante pasó unas veinte veces de la parte de los pasajeros a la cabina del chofer por la parte de afuera: era un colectivo.

Para regresar usamos los servicios de Taxis Verdes, empresa del occidente cundinamarqués. Esta vez el capo era un tipo calvo, pequeño, arrugado y sudado, como el que siempre ponen de capataz en los libros de Astérix. Iba sentado en un cojín redondo en el único espacio que había en todo el colectivo. Miraba atentamente cada vez que entrábamos a algún pueblo, como un cazador, viendo a cuántos podía convencer de entrar al bus. Cuando así sucedía, cogía la maleta y la ponía en el baúl de cualquier manera. Si los nuevos pasajeros aún no se acomodaban, él los arriaba, literalmente, con regaños, gritos y disculpas. Para el almuerzo fue igual. El bus paró en Castilla, Tolima, y nos amenazó a todos: «¡Aquí paramos por última vez hasta Bogotá! ¡Si van a comer o a ir al baño lo hacen ya! ¡Después no jodan!» El bus paró después, por supuesto, para recoger más gente y, antes de llegar a Silvania, para arreglar el resorte del acelerador. Lo último me pareció paradójico.

7 comentarios sobre “Ayudantes”

  1. juglar del zipa » Archivo del weblog » San Agustín: Índice general dijo:

    […] Ayudantes: sobre la forma como los ayudantes de las flotas se comportan. […]

  2. Maria Paula dijo:

    Eso si cuando se encuentran un par de señoritas en el camino cambia la cosa, y mas si las viejas se meten a la parte delantera, ahi si el ayudante no jode pero el bus se estrella o se demora en el peor de los casos.

  3. Sentido Común dijo:

    ‘Esta vez el capo era un tipo calvo, pequeño, arrugado y sudado, como el que siempre ponen de capataz en los libros de Astérix’ Le recomiendo volver a releer Axterix porque nunca aparece un capataz así. Estará confundiéndolo con Abrelatix o con Sacadelaneveratix? A lo mejor será Ayudantedebuxix

  4. Felipe dijo:

    Ademas no solo tienen el fenotipo de maladrin. tambien se comportan como vendedor “joven y avispao” de san andresito que lo deja a uno sin querer dormir durante el viaje temiendo lo peor.
    Se acurda del ayudante del bus de medellín a Stafe de Antioquia? que susto el tipo…pero tambien estan los ayudantes de chofer del ejecutivo…esos no pueden quedar por fuera por dios!. El mejor amigo del Jason, el que lo acompaña a hacer el recorrido de la buseta el domingo mientras ponen trance y toman aguardiente y que luego que el Jason se cansa (o se emborracha) coge el timon para hacer sus primeros pinitos en el transporte público. De donde sale esa gente?

  5. juglar del zipa dijo:

    Sentido:
    Normalmente los capataces salen con nombres como aqueductus, rigormortis, habeascorpus, etc. “Astérix gladiador” o “La sorpresa del César” serviría para ilustrar mi ejemplo.

  6. Sentido Común dijo:

    Vale, los leeré nuevamente…me encanta

Deje un comentario