El peatón radical

En la casa nunca hubo carro. En la casa nunca hubo un montón de cosas que sí había en otras casas «normales», es decir, las de mis compañeros del colegio o mis familiares, que vendrían siendo mis pares de clase socioeconómica. Mientras otras cosas fueron llegando, conforme las leyes del mercado y el progreso económico lo permitían, el carro nunca llegó. Nunca hubo carro y mucho menos voluntad de tenerlo. Tampoco hubo horno microondas.

Después de la primera revascularización que le hicieron a mi papá (1984), el cardiólogo le dijo que ahora sí debía comprarse un carro «para hijueputiar» y liberar todo ese estrés que mágicamente se le había convertido en ateromas. Por mucho tiempo, con ese argumento, intenté convencer a mi papá de que «compráramos» un carro. Es que no tenerlo se volvía otra razón para configurarme como el tipo más raro del curso: papá anciano, no le gustaba el fútbol y sí la música clásica, no estaba bautizado… ¡y no tenía carro! Pero nunca pasó.

***

Cuando mi papá volvió a tener muy serios problemas coronarios (1994), las órdenes del nuevo cardiólogo fueron dos: comer sin grasa y limitando las harinas, y caminar al menos una hora diaria. En los primeros días acompañé a mi papá a dar vueltas lenta y monótonamente en un parque al lado de la iglesia del barrio. Durábamos una hora exactamente.

En poco tiempo las caminatas se volvieron nuestra forma principal de desplazamiento, como cuando íbamos juntos a mi academia de música en El Polo. Una vez nos fuimos a pie desde nuestra casa en Los Alcázares hasta Unicentro a buscar discos. Para mi eso era una distancia extraordinaria. En el camino nos encontramos al esposo de una prima, que iba en carro, en un trancón en la 9; ya entonces había trancones en Bogotá, curiosamente. Lo recuerdo ahí, viéndonos con esa combinación de desprecio, envidia y admiración con la que tantas veces he visto que juzgan a mi papá al contemplar su austeridad.

Era la austeridad de quien camina para desplazarse.

Han pasado veinte años desde entonces y mi papá no ha dejado de caminar un día. Aunque cada vez más lento, sigue haciéndolo erguido, solitario, como es él.

***

Solo podemos desplazarnos si desplazamos nuestro cuerpo. Nuestra primera forma de independencia es cuando podemos desplazarnos torpemente por medio de nuestro propio cuerpo, nuestro frágil cuerpo, el accidente que nos hace individuos. y por eso todos somos peatones, a todos nos iguala serlo. El mundo, sin embargo, parece estar armado para privilegiar una forma específica de desplazamiento: el motorizado.

No se trata solamente de que puedan faltar andenes o que no sean suficientemente anchos. Algunos dirán que faltan puentes peatonales para cruzar las amplias autopistas. La realidad es otra: es que lleguemos a pensar eso mismo, que lo que falta son unas construcciones que demandan que la gente que va a pie deba esforzarse físicamente para que los que van en carro se ahorren uno o dos minutos de trayecto.

La realidad es que la gente cruza la calle con miedo porque sabe que quienes van en carro muy difícilmente disminuirán la velocidad pues ante todo usan la máquina con la que se desplazan como una amenaza para disuadir el paso de la gente, un espantador de «bestias». Y dirán que esa gente es imprudente, atravesada, y que si los cogieron fue por eso. «Por eso los matan», me gritó una vez una conductora energúmena a la que «me le atravesé». A mí me sonó a «por eso las violan». «¿Quieres morir?», gritaba una exnovia desde su carro a los peatones que pasaban frente a ella.

El peatón y su fragilidad no son prioridad y muchos peatones terminan actuando en consecuencia, alienados, para que el río siga su curso.

***

Algunos dirán que una ciudad bien planeada exige segregación para carros y personas. Sin necesidad de decir que eso es algo que está muy lejos de suceder realmente en Bogotá, yo simplemente quiero ir más lejos, tan lejos como pueda, porque quiero ser radical.

El hombre del tanque se enfrentó con la fragilidad de su cuerpo a una fila de auténticas máquinas para matar.

Frente a la arrogante violencia de estas máquinas que matan, hagamos lo mismo. Quedémonos quietos frente a ellas, retándolas, retando a quienes las manejan. Caminemos despacio para reivindicar la velocidad con la que también somos capaces de llegar a cualquier lado. Busquemos esa mirada de quienes desprecian la austeridad de nuestro propio cuerpo. Dejémoslos desnudos, como estamos nosotros, los que no nos desplazamos con esa coraza asesina.

10 comentarios sobre “El peatón radical”

  1. sergio dijo:

    Muy bueno. El carro particular es una desgracia.

  2. Laura Sofía dijo:

    Solidaridad de otra peatona radical, que nunca ha tenido carro ni horno microondas.

  3. Felipe Perea dijo:

    Me encanta caminar, más en Bogotá, a mi parecer tiene el clima perfecto para hacerlo por muy largas distancias sin sufrir de insolación. Me han atropellado 4 veces, ninguna de gravedad, los accidentes más graves han sido en en cicla y en carro. Creía completamente que los carros eran una coraza asesina cuando sus conductores sentían esa invisible superioridad sobre todos los demás. Más que nada los de carros grandes.
    Pero un día los japoneses se inventaron el honda n one, la máquina más perfecta de la entera creación, descendiente del mini y el topolino, elevaron al carro a la expresión más perfecta de desplazamiento, transporte y de acuerdo con usted independencia. Me encanta caminar pero es que ver a ese hamster con ruedas, a ese pokemon motorizado me convierte en el enemigo. Me recuerda las palabras del borracho:
    “Some people will tell you that slow is good – but I’m here to tell you that fast is better. I’ve always believed this, in spite of the trouble it’s caused me. Being shot out of a cannon will always be better than being squeezed out of a tube. That is why God made f̶a̶s̶t̶ ̶m̶o̶t̶o̶r̶c̶y̶c̶l̶e̶s̶ honda n one, Bubba…”

    Claro que siendo realistas esa belleza solo la venden allá, y de rápido no tiene nada, creo que una buena bici lo deja botado fácil. Así que mientras mando traerme uno o me voy para allá. (Porque después de él todos los demás carros me parecen excrementos impresionantes, no quiero ningún otro) Me uno a la radicalidad del que camina.

  4. Aleyda dijo:

    Su papá y el mío se parecen mucho, guardadas diferencias entre la vida académica de su papá y la simple vida de carpintero del mío. Mi papá tampoco tuvo un carro jamás, tampoco me bautizó, ya los dos están canosos y el mío también va a todo lado caminando o en bus y entiendo la mirada condescendiente del resto del mundo hacia quienes no tienen un carro, pues en este país tener carro es el primer símbolo de estatus social, el primer logro de cualquier pelafo es “haberse comprado un carro”. Usted sabe que soy gallina en la ciudad, pero cada día más me he radicalizado y trato de pasar las calles haciendo entender a los señores y señoras de los carros que las calles no les pertenecen y que hagan el favor de bajar la velocidad. A diario tengo dos cruces difíciles: 67 x 9 y 63 x 9 y como no hay semáforos (hace unos días pusieron unos en la 67 pero no funcionan aún) entonces paso despacito, haciendo seña a los carros de que paren o disminuyan la velocidad. Ayer una señora se negó a bajar la velocidad y ni corta ni perezosa me echó el carro encima.
    Me gusta su propuesta y su post. Escriba más seguido.

  5. Irene dijo:

    Yo me estoy convirtiendo en tu papá. Solo me falta el hijo para no bautizarlo y las canas, que con suerte de peatona radical, irán llegando antes de que un salvaje al volante decida que no.

    Creo firmemente en las consignas de esta logia, ni carro, ni microondas, (ni televisor). Ra ra ra!

  6. Santiago Re dijo:

    Para que la bailes Miguel y hagamos una coreografia en las calles: https://www.youtube.com/watch?v=YEv9FO9SHjo

  7. fabr dijo:

    A mi me gusta manejar, pero eso si procuro que el peatón tenga el paso primero; lo he aprendido de ver como manejan en otros países. Eso si toca aguantarme la pitadera de los de atrás pero vale la pena.
    Los Colombianos en general vivimos muy afanados y creo se nota muchísimo en estos escenarios. si nos relajáramos un poco todo sería mejor.

  8. music dijo:

    Write more, thats all I have to say. Literally, it sseems as though you relied on the video to make your point.

    You obviouly know what youre talking about, why waste
    your intelligence on just posting videos
    to your site when you could be giving us something informative to read?

  9. maria del mar dijo:

    me podrias dar tu email para una base de datos?

Deje un comentario