Vuelve el burro al trigo

Ir a la Feria del libro es como ver los nuevos capítulos del Los Simpson. Definitivamente uno sabe que son malísimos, que de ninguna manera son como los de antes, pero de todos modos uno los sigue viendo en espera de que vuelvan a ser así.

Tal vez la Feria del libro siempre ha sido mala, es decir, siempre ha sido como las de hoy. Pero cuando uno es niño, las cosas parecen más grandes, más imponentes. Lo mejor sería hablar de un índice de captación de atención representado en productos adquiridos. Entonces la calidad de una Feria del libro se mediría en la cantidad de libros que habría llevado a mi casa después de la canónica visita de los sábados junto con mis papás —lo que antes era maravilloso y hoy es terrible, en ambos casos porque la feria en sábado es un mierdero.

No puedo decir realmente cuántos libros eran antes, pero sí que eran más que los que hoy suelo terminar comprando. Claro, hoy uno va solo y no hay plata o la plata que hay se cuida más y no anda uno comprando cuanto lo provoca. Pero ahí está la gran diferencia: ya no hay tanto que provoque. Los libros y revistas son los mismos que hay en la Lerner y los tales «precios de feria» son los mismos que se obtienen pagando con carné de socio de la librería o de estudiante. Y siempre está la compra de libros sin impuestos o directamente del distribuidor en el Pasaje Cultural del Libro en la calle 14 con carrera novena. Conclusión: en la feria el único extraordinario objeto de diferenciación respecto al comercio de libros del diario serían las impulsadoras de Planeta, que además son antipáticas y nunca atienden.

Otro aspecto que llamaba mucho la atención del Juglar del Zipa en sus años de infancia era la sección de diseño gráfico y el pabellón de la Fundación Rafael Pombo (aunque tal vez es mejor ver aquí). El pabellón de diseño hoy en día es, principalmente, una serie de mostradores con gente que imita manga, que escribe el nombre de uno en japonés y vende cómics viejos. O sea que ese pabellón ayuda a reproducir el mito de que el diseñador gráfico es siempre solamente un dibujante. Y bueno, ¿acaso antes era diferente? Para juzgar el pabellón del Rafael Pombo tendría que volver a ser niño y ver las cosas con ojos de niño. Y lo intento. Y es imposible. Así que sin ninguna herramienta de juicio voy a decir que eso tampoco era como antes. Antes había una cantidad increíble de libros. ¿Será que también antes los libros eran mejores?

Por último está el invitado internacional. No sé desde cuándo ese asunto dejó de tomarse en serio, si fue por parte de los organizadores de la feria o por parte del país invitado. Antes, cuando todo era aparentemente mejor, había libros en el pabellón del invitado. Eso ya es una diferencia radical con los pabellones de hoy. En el de este año sencillamente no hay libros chinos. Al menos no diferentes de los que podrían encontrase antes en la esquinita del segundo piso del pabellón internacional de la feria, entre las que solía haber un par de copias viejas o en español del Libro rojo de Mao publicado por Ediciones en Lenguas Extranjeras. El gran pabellón chino nos entretiene con una serie de fotos —impresionantes, es verdad— de aquel gran país y dos mostradores de gente que hace viajes «turísticos y/o de negocios» a China. La otra mitad está ocupada por la «Sección de lengua inglesa» que por alguna razón es cada vez más grandes y en la que quieren a uno embutirle la Encyclopedia Britannica y los cursos del Ipler.

La Feria del libro cada vez más revela que es un evento organizado por un gremio para vender. Eso mismo que uno no sabía de niño, cuando la feria era «tan buena», ahora es clarísimo y el engaño queda en evidencia. No quieren hacernos más cultos ni entretenernos. Entre más se reproducen y más grandes son las secciones de la Panamericana, peor parece la feria. Ese podría ser otro índice.

9 comentarios sobre “Vuelve el burro al trigo”

  1. andres dijo:

    es ud acaso el dr barbarie, el que comenta en el blog de un colombiano mas?

  2. Juglar del Zipa dijo:

    No, no soy yo. Yo soy Juglar del Zipa pero conozco y doy fe de la existencia del Dr. Barbarie.

  3. Dr. Barbarie dijo:

    Si, definitivamente no lo es. A mi igual me parecio deslucida la feria. Pero para seguir con el tono. Algo que si definitivamente no ha cambiado en la feria es la gente que va. Lllevó 13 años visitandola y siempre se encuentra uno con el mismo tipo de gente. Mujeres feas con cara de feminista reprimida y con muchos arranques de identidad (pelos de colores, novios mugrientos con pinta de filosofo de medio pelo…. o mejor, filosofo con mucho pelo). Y por supuesto, las celebridades que puteamos en algún momento con el día a día (ex-general Gilibert, Fernando Toledo y hasta uno que otro congresista morboseandose a las mismas anfitrionas de planeta).

    Lastima por los pabellones de musica (pobrisimo) y el stand de la libreria francesa (cada vez más pobre y con más comics y juegos de rol para gente enferma que se creen Gargamel en busca de pitufina.

  4. don tomate (para que no se pongan bravos y le cambien el nombre) dijo:

    eran bellos los otros días al parecer. cuando uno era mas pequeño no le ponía mucho cuidado a lo que ahora es evidente. y lo pgo en estos términos: la idea de cultura que promueve la feria del libro es la idea de la cultura que promueven en caracol margarita ortega y esa otra vieja, hasta adriana tono si quieren. Pero el problema no es solo que sea así, sino que nos sorprendamos porque es así. evidentemente la pretensiuón siempre es la misma, siempre ha sido la misma. Como eso es una ronda de consumo, lo que realmente interesa es vender, vender harto y vender bien. Como el euquilibrio entre vender y hacer algo decente que permita constuir lo que se supone que la feria quiere promover (que la gente lea, y lea bien) ya no está muy claro, pues el disfraz de “lee un libro para ser mas inteligente” no importa tanto. y esto porque ya no es necesario esconder el objetivo principal bajo el slogan de “lee que te sirve”, porque bien sabemos que leer no sirve para nada, a menos que sean las didacticas columnas de maria isabel rueda. por lo tanto no hay que extrañarse, como se extraña la gente cuando ponen en la selección un jugador para venderlo (quien dijo que el futbol tiene otra función distinta a la de vender?). y pues claro, nos extrañamos pero en realidad no somos capaces de reconocer que nos gusta todo esto y por eso vamos a relegir a uribe al tiempo que permitimos que el señor Santos escriba sus columinitas donde nos vende (el tambien vende) la idea de que el mercado es lo unico que funciona y por lo tanto todo debe ser bien vendido (como ven, yo tambien ya estoy vendiendo).

  5. José Patrocinio Jimenez dijo:

    Querido Miguel

    Las ferias muestran, tu caminas. Que tu andar no sea razón para ignorar el brillo de los glaciares.

    Tu amigo patro

  6. El Equeco dijo:

    Es muy cierto, esta feria está más mala que las anteriores. Antes me gustaba ir, así corriera el riesgo de encontrarme con mis excondiscípulos literatos a los que el ego no les cabe en su anatomía bohemia de lo cultos y erúditos que se creen, porque en el stand de norma siempre había muy buenas promociones de cátedra. Incluso yo iba a la feria sólo por comprar los chisgononones de alla,( también me asomaba por alfaguara a comprar novelas pasadas de moda ) pero este año si nuuu, los precios están ridiculamente caros, pore ejemplo, Las cantigas de Alfonso x que el año pasado compré en 3.500 esta vez están a 35.000, obviamente al ver ese absurdo me quejé ante una dependienta por la subida tan descarada de los precios, a lo que ella muy amablemente me respondio ” Ajá ….y? ” … sin palabras .

    Cada vez son menos los locales de libros clásicos , que muchos son eternamente edificantes , por eso, por clásicos, y cada vez hay más editoriales wanna be con el ultimo lanzamiento de sai babá o de algún gringo que se hizo rico a punta de energia positiva.

    Ah, y esa feria cada vez más parece un San Andresito, primero las viejas de lectura rapida que lo acosan a uno para que les lea algo “sin compromiso” y el malparido del micrófono de panamericana que parece un payaso anunciando almuerzo a 2.500. No tengo nada contra la profesión respetable del payaso, sólo que si los de panamericana creen que poniendo a un crétino con voz de locutor de bazar venden más pues están jodidos.

    Se me olvidaba, también me emputan esos enjambres de chinos de colegio de saco azul y camisa blanca cuello sport con eterno mal aliento que se siente a metros de distancia y que parecen las mismísimas tambochas sacadas de la vorágine . Ese cuento de que los llevan para que tengan contacto con la cultura es una farsa, nosotros nacimos brutos y bárbaros y así moriremos, van es a sólo capar clase ,.

    Por último, hay más cosas chinas en los locales de Galerias que en el pabellón de China.

    A todas estas invitaron a algún escritor famoso o algo así?

  7. Dell Lavick dijo:

    No hay muchas formas de hacer una feria del libro. Corferias, editoriales y libros. Las ferias siempre han sido iguales. Pero, claro, todo tiempo pasado fue mejor y hoy en día nadie respeta nada y los valores van en decadencia y todo esta más caro y el cielo es más chiquito. Frases dignas de buseta.com.

    El problema ni siquiera es la niñez perdida. Es el hecho de que cada vez tenemos más cosas disponibles, lo que significa que cada vez todo es menos sorprendentes.

    Me explico con un par de ejemplos:

    Antes, cuando uno tenía un libro en mente y no lo conseguia en una libreria cercana o el los entonces muy mal abastecidos ‘agachese’, no quedaba sino esperar un evento como la feria, donde o se conseguia el libro, o se convencia uno de que no lo iba a conseguir nunca. Ahora, si el libro no está en la libreria se lo pueden pedir por encargo a una internacional y tenerselo en un par de semanas, o incluso puede usted entrar a lugares como Amazon para libros actuales, o como Broli para libros raros. Y ante eso la feria se ve pequeña, y no encontrar lo que está buscando en ella parece ofensivo.

    El pabellon de diseño gráfico. Donde siempre se han hecho caricaturas, imitado manga, vendido los dos primeros números de un cómic colombiano (nunca pasan del numero 3), modelado dragones y gárgolas y escrito su nombre en japonés. Pero antes, cuando el único animé que se podia ver en televisión era Jose Miel, y cuando los cómics eran items raros que solo vendian por precios estramboticos en la Libreria Francesa, ese pabellon era algo único, lleno de maravillas. Hoy en día el Manga se consigue en drogerias y el animé en todos los canales, el comic en ediciones españolas y mexicanas tiene precios razonables por todos lados y empezamos a saturarnos de la cultura japonesa. Por eso ahora ese pabellon nos parece una copia mal hecha de nuestros recuerdos sobre él.

  8. Diana dijo:

    gracias por lo de ir sólo.

    Adiós.

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