Hábitos de pensamiento

28 de Enero de 2011

Me llamaron a hacer parte del dolor que como parte de la comunidad (uniandina o colombiana) se supone que debo sentir por el asesinato de Mateo Matamala y Margarita Gómez en Córdoba. Asistí a la ceremonia en la que plantaron dos guayacanes en el patio de la Facultad de Ciencias. Hubo mucha gente y lágrimas. Yo mismo me sentí conmovido, identificado, como siempre me siento, con alguien al que se le acaba de morir alguien. O se le ha muerto: la muerte es un recuerdo.

Desde ese día, en las pantallas de información que hay en toda la Universidad, pasan un fondo negro con los nombres de los muertos y la consigna «mantendremos su memoria». Yo no sé cómo hacerme cargo de esa responsabilidad institucional. Y poco me interesa: mi simpatía realmente no llega hasta allá.

***

Anoche hicieron un segundo homenaje, digamos que más espectacular (coro, luces, proyección) y por lo tanto menos íntimo que el primero. Poco necesario, creo. No asistí.

No asistí pero sé que María Emma Wills, profesora y compañera de trabajo (o de dependencia), leyó un discurso para la ocasión. Acabo de leerlo y quedé con una sensación muy jarta por este pasaje:

Frente a las preguntas de por qué [mataron a] Mateo y Margarita, sólo resta reiterar que las víctimas no están en falta. No se merecían jamás lo que les ocurrió. No hicieron nada que ameritara sus muertes. Sus homicidios, injustos como los de tantos otros, no tienen más motivación que la insensatez de los armados, su enorme desprecio por la vida y la aún oprobiosa corrupción que les ofrece laa condiciones para prosperar. Si bien las muertes de Mateo y Margarita no tienen explicación razonable, como comunidad académica, sus asesinatos sí nos imponen un compromiso: la necesidad de comprender y descifrar, sin tapujos, un país que aún se deshace ante nuestros ojos.

La misma sensación jarta que tuve cuando oí al brigadier general Luis Pérez Albarán diciendo «básicamente todo apunta a que fue una equivocación porque estos jóvenes fueron asesinados sin mediar ningún otro hecho» o cuando vi en la portada de Semana el conciso y contundente titular: «Víctimas inocentes». Dejemos de lado la palabra víctima, que está suficientemente cargada con el mismo valor que tiene la palabra inocente (por oposición a culpable). Hablemos simplemente de muertos y preguntémonos: a la luz de nuestros valores supuestamente modernos y civilizados, y teniendo en cuenta que no existe la pena de muerte en este país, ¿cabe hablar de muertos justos?

Frente a esta pregunta mucha gente dirá que sí y señalará los cadáveres reventados de Reyes y Jojoy. Dirá, no necesariamente en este orden, que eran objetivo militar o que se merecían tal cosa por haberle causado tanto daño al país, incluyendo tantas muertes. En otras palabras, respectivamente, «murieron en su ley» o «la debían». Como cuestionar muertes de este estilo me convertiría en objetivo militar —justificaría mi muerte, sería una «explicación razonable»—, no diré nada más al respecto.

Pero hay que insistir en que, en otras circunstancias, otros señalarán los cadáveres de los rateros de los que eficientemente se deshacen ciertas iniciativas de seguridad privada (incluyendo a la guerrilla) en Bogotá y otros rincones inhóspitos del país. Pero es que un ratero la debe, un ratero es culpable, un ratero es mala persona. No es como nosotros, personas de bien. Y así se suele seguir: el tipo ese que se viste raro, el marica que usa arete, la vieja que se lo da a todo el mundo, el man que mete cosas raras, el barbudo que no va a misa y lee libros raros, el bobo que se metió con la hembrita del duro. Y así. Todos pueden terminar muertos por una causa justa, siempre y cuando alguien suponga que hay causas justas para matar a la gente. Sencillamente, cuando se habla de muertos inocentes, se acepta que puede haber o incluso debe haber muertos por culpables.

Tan natural como parece hablar de la merecida muerte de Reyes y Jojoy, este hábito de pensamiento se cuela en muchas afirmaciones cotidianas. A veces se presenta en forma de referendo para defender a nuestros niños, a veces salta convertido en «la gran permisividad de un sistema que cree que el crimen tiene horario». La gente no sabe a qué forma perversa de arbitrariedad le juega cuando comienza a decir las cosas de esa manera, pero justamente en esa forma de hablar se encuentra el germen de muchas muertes.

Tomarse a Bogotá

14 de Octubre de 2010

Ernesto Yamhure hace eco de Uribe —pleonasmo— y dice que hay que «recuperar a Bogotá». Esta es la primera llamada oficial de un proyecto uribista que llama a tomarse a Bogotá. Digo que la llamada es oficial porque hasta ahora, como nos tenía acostumbrados el uribismo, todo era simplemente un «sentir popular» que fue llegando cada vez más arriba, hasta ser escuchado. Lo cierto es que a Samuel Moreno —o al Polo— comenzaron a hacerle zancadilla desde antes de que fuera elegido, comenzando por el mismo Uribe, pero también participaron Mockus y, por supuesto, Peñalosa. Por eso mismo, inmediatamente, el resultado de las elecciones de 2007 fue leído en clave de «perdió Uribe» y «los bogotanos castigaron a Peñalosa». Desde entonces la gestión de Moreno, aparte de lo que pueda considerarse «cierto», ha sido saboteada sistemáticamente. Con siete millones de mentes debidamente imantadas, trucadas, la profecía se hizo fácilmente realidad.

Parte del problema es justamente lo que pueda considerarse «cierto». Es el típico caso del doble rasero; además ser del Polo es comenzar con desventaja. No pretendo defender a Moreno, como no buscaría atacarlo si no tuviera alguna base importante. Por cierto, no voté por él. Pero sí voy poner un manto de duda sobre su supuesta falta de gestión o el supuesto hecho de que la ciudad se está cayendo, que son los dos caballitos de batalla, tan bobos como poderosos. Pienso que, más allá de que en los contratos haya corrupción —eso que nunca, pero nunca se había visto—, las obras no se hacen de la noche a la mañana y una obra en dos vías principales, por donde además circula el 80% del transporte público, necesariamente va a traumatizar la ciudad. (Dirán, claro, que en kilómetros es sólo el 25% de lo que ya está construido.) Que no las hagan todas al tiempo, dicen. Entonces dirán que por qué no las hace al tiempo para agilizar. No hay escapatoria. Cuando las obras estén terminadas la gente se olvidará, así como bien le pasó a Peñalosa, otro al que en su momento amenazaron con firmas y revocatorias, pero no con cacerolazo, porque esa es una costumbre importada de Venezuela o Argentina hace poco tiempo. De la inseguridad, el tercer caballito de batalla, ni siquiera vale la pena hablar: es una tendencia nacional.

Bogotá es desde hace rato escenario de contienda política, desde que gobernarla se volvió sexy. Que el tal voto de opinión es maduro y solo atiende razones es pura mierda. Lo malo es que la leyenda negra cumplió su propósito principal de desprestigiar al Polo y, sobre todo, de presentarnos la alternativa natural: Uribe. No tiene que ser Uribe mismo, claro, aunque muchos hayan eyaculado de la emoción al oír hablar de esa posibilidad. Pero es que para eso hablan de doctrina y publican libros, para eso todos los posturibistas y metauribistas que estaban desmarcados de Uribe hoy trabajan en la presidencia, incluso de presidente. Lo de hoy es el microuribismo y los uribistas, una vez más, harán realidad el mito de que la alcaldía de Bogotá es el segundo cargo público del país e integrarán la ciudad al circuito ideológico y burocrático del uribismo con el sencillo argumento de que es lo contrario del Polo, que no solo es terrorista de civil (modo nacional de discurso), sino unos ineptos y corruptos administrando (modo local de discurso, alternativa a «ahí está la oposición en Bogotá, este no es un gobierno autoritario»).

De manera que no es, para ellos, recuperar la capital, sino consolidar un proceso de toma que comenzó desde hace tiempo y que pasó por acabar también con el Polo. Aunque dicen, claro, que se acabó solito. A los verdes —o sea Mockus y Peñalosa— les pasó también, como puede recordarse con el tema del caballo con muletas y los mimos antiterroristas. Así que Bogotá, incluida en el gran círculo burocrático e ideológico del uribismo, será gobernada desde 2012 por algún manzanillo inepto pero bien arrodillado, de los que compone el salpicón pegado con babas que es el Partido de la U. Un títere de similares características a las que iba a tener Juan Lozano cuando quiso hacer de Peñalosa en 2003. Pero esto es diferente porque Uribe es el camino, la verdad y la vida, un hacedor de milagros, un hombre cercano al pueblo que acaparó los medios en irregulares y nunca antes vistos ocho años consecutivos de gobierno, que multiplicaba panes y peces con el infinito poder de la televisión en sus consejos comunales. Podrá llenarse la ciudad de policías que llevarán a la cárcel a las personas que parezcan deprimidas o a las que tomen fotos. Podrá no volver a haber obras públicas, podrá no solucionarse ese gran problema que ahora llaman movilidad, exclusivo de Bogotá, erradicado del resto del mundo. Sobre todo, acabaráse definitivamente lo que Peñalosa llamaba megalomaniáticamente «nuestro proyecto de ciudad». Pero el alcalde será el vicario de Uribe en la tierra y así todos serán felices. Eso también es voto de opinión.

A lo mejor a Samuel Moreno le termina pasando como a Pastrana. ¡Ah! Pero Pastrana no gobernó una ciudad importante.

Eso sí, mis condolencias a David Luna. Tal vez lo premien por haber sido un excelente idiota útil moviendo «la opinión». O tal vez, como ahora dicen, sea el elegido.

Te compro tu trasgresión

13 de Octubre de 2010

Los Simpson son un asco desde hace como doce años. Bueno, no son un asco. Simplemente son otra cosa muy diferente, que por cierto me da asco y no me provoca ver ni por dos minutos. Estos Simpson de ahora tienen unos objetivos de «crítica» que no tenían antes. En algún momento a algún director de temporada se le debió ocurrir que en vez de historias corrientes la premisa de cada capítulo debía ser siempre meterse con algún producto, personaje o tendencia de «la vida real» para darle palo o tenerlo de invitado. Buena fórmula, al parecer, porque desde entonces Los Simpson son noticia: «Selma será lesbiana», «Bart se divorciará de su familia», «Los Simpson se meten con Facebook».

Entonces hace unos meses la noticia fue que cogieron una canción pendejísima y la usaron para musicalizar la tradicional entrada, además de modificar toda la historia de la entrada. Ahora salen con que Banksy, el trasgresor, hizo una entrada «muy fuerte» en que se «critica» a la Fox y sus prácticas de producción de merchandising, comenzando por la misma animación de la serie. Por cierto, de esto ya se habían burlado ahí mismo en el episodio de la película de Tomy y Dally, en esa época en que Los Simpson sí eran buenos.

Suponiendo que Banksy sea alguien —y que efectivamente tenga intenciones legítimas de emancipar a la sociedad contemporánea del consumismo y la represión estatal—, el personaje habrá dicho: «¿Me pidieron una entrada? Pues voy a hacer la entrada más brutal y radical, me voy a cagar en todo y voy a desenmascarar la naturaleza explotadora y esclavizante del mercadeo de Los Simpson y de Fox». Mientras tanto en Fox dicen «Banksy nos hizo el favor. Ya tenemos noticia». El efecto es así: la noticia no fue que hubo autocrítica de Fox (o de los productores de Los Simpson a Fox) sino que Banksy apareció en Los Simpson. Y es que cuando el criticado se apropia de la crítica, ésta se neutraliza y deja de doler. Eso en estos casos se llama cinismo.

Enfermedad

18 de Mayo de 2010

El año pasado estuve dos veces en urgencias y no pienso volver a pasar por la experiencia foucaultiana de pasar ocho horas retenido, examinado cada dos horas por un médico diferente, que me hace preguntas absurdas —aunque tengan mucho sentido para ellos— como qué tanto me duele «de uno a diez», para al final recibir un reporte que dice en griego lo que yo ya sabía que tenía, porque por eso mismo estaba ahí. En diciembre, por ejemplo, llegué por un intenso dolor de espalda que comenzó de repente y me dejó en el suelo. Ocho horas después salí del hospital apenas aliviado, con una receta de analgésicos y un reporte que simplemente decía «lumbalgia», es decir, dolor de espalda.

La semana pasada comencé a sentir un intenso dolor abdominal que incluso en la noche del jueves no me dejó dormir. Pronto me recomendaron tomar buscapina. Y que fuera al médico, que fuera pronto, que fuera a urgencias. Pero no voy a volver a urgencias. El dolor desapareció súbitamente el viernes por la noche. Y días después comenzaron otros dolores inconexos. Me sentía enfermo, mal. Pero he estado acostumbrado a muchos dolores diversos desde hace diez años.

Pedí una cita con un médico y acabo de volver, con el nombre de una enfermedad, un nombre absurdo, y una receta médica. Según el médico, un hombre agresivo y vehemente, la colección de síntomas inconexos e irregulares que he coleccionado durante los últimos diez años son típicos del «síndrome de causa desconocida». Y el tratamiento es una pequeña dosis diaria (12,5 mg) de un antidepresivo llamado Amitriptilina. Mientras tanto el médico parecía leyéndome el tarot, me revelaba toda mi experiencia con médicos como si la conociera: exámenes que dicen que estoy bien y mientras tanto los dolores, los síntomas, siguen.

Yo estaba maravillado y feliz. Era como si me revelaran un secreto que habían estado guardándome por años, como si me dijeran cuál era mi identidad y un plan de vida. Hoy me siento como cuando me dijeron que mi mamá tenía cáncer. El mundo da vueltas por un rato y de pronto se frena en un lugar donde todo tiene un significado nuevo y es imposible volver al estado anterior. Toda la vida pensaba que era una cosa tal y ahora no es así. Tengo un síndrome. O eso me dijo el médico.

Guardé las pepas en la mesa de noche. Buscaré otra opinión.

El cadáver de Uribe

26 de Febrero de 2010

Hipótesis sobre lo que viene

1.

Desde mucho antes habían estado hablando de revolución. El pueblo, el mismo que supuestamente —y hasta realmente— exige que Uribe siga gobernando a Colombia hasta su muerte, al no poder hacer oír su voz en las urnas, se levantaría sin organizarse, se convertiría en poder popular y cambiaría el rumbo de la historia. Un golpe civil y popular tendría lugar en el momento en que la Corte dijera que el referendo no va. Su violencia sería legítima, dicen algunos intérpretes, pues también es una manifestación de la voluntad popular. Entonces, por segunda vez en la historia se tomarían el Palacio de Justicia, obligarían a los magistrados a cambiar su voto o los ejecutarían sumariamente. «Todo el poder es suyo, Presidente», le diría a Uribe un personaje hasta entonces desconocido.

2.

La gente, como los opinadores y candidatos uribistas —o sus combinaciones—, hablaría de que la Corte no escuchó al pueblo porque se cree de mejor familia y se detiene en los pequeños detalles. El resultado sería una guerrilla como el M-19, que reivindica historias, que habla de politización de la rama judicial o de un sistema injusto mediado por instituciones ridículas como un Congreso de partidos, cuando debería ser corporativo. El grupo luchará por la institución de una nueva forma de gobierno. Sería muy popular.

3.

¿Quién estaba a la diestra de Uribe cuando murió? ¿Y quién más cerca? El líder nunca habló de alguien y nunca dio un nombre pues el Nombre era el Hombre y el Hombre era Él. Había algunos sucesores in pectore, de los que todos hablaban. Pero así no funciona el estado de opinión, en que el Hombre es el profeta y habla al mismo tiempo para el pueblo y en nombre del pueblo. Si el Hombre hubiera dicho quién… pero no fue así. Si el Hombre hubiera dejado alguna doctrina, alguna ideología… pero sólo quedaron algunas palabras sin mayor contenido. Entre los despojos, todos comenzaron a llamarse más dignos de Él que los demás. Todos eran más y mejor uribistas que los demás. Comenzaron a crearse facciones y entre éstas comenzaron a luchar. Muy pronto Colombia se convirtió en algo como Argentina y su peronismo.

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28 de Diciembre de 2009

El nombre Juglar del Zipa se originó en una situación casual y estúpida que tuve con mi amigo David Rojas mientras estábamos de viaje en España en junio de 2001. Caminábamos por alguna calle de Madrid y yo me puse a cantar pendejadas sobre nuestras vivencias hasta entonces, no recuerdo ya si era con alguna melodía en particular. David —que es una de las personas que más ha influido mi forma de ser y que era entonces un verdadero amargado— me pidió que me callara diciendo “¡cállese, juglar del rey!”. Entonces me pareció que era una alusión a The King’s Singers, el coro a capella de King’s College, a quienes había oído mentar por primera vez en boca de Guillermo Rodríguez, compañero del colegio, en 1991.

Yo reaccioné diciendo que por nuestro origen no era juglar del rey sino del Zipa.

***

Antes de ser Juglar del Zipa fui, hasta donde recuerdo, Papageno (que por cierto era el nombre de Opeth, mi gato, antes de que se volviera mi gato), Desmond Morris, ¿En qué sentido? e Invicto. Juglar del Zipa me pareció un buen nombre para volverlo una marca o nombre artístico o simplemente nick. Me gustó por ser sonoro o sugerir sonoridad y por aludir a Bogotá. Aunque mucha gente supone que tiene que ver con Zipaquirá: eso fue lo primero que me preguntó Patton cuando nos conocimos en una de tantas “primeras” fiestas de blogueros, la que organizó el desaparecido ***el nombre que originalmente se había publicado aquí se borró por solicitud de su titular por uso indebido de nombre propio, para evitarle quién sabe qué tipo de gravísimos problemas, porque el futuro laboral de más de 500 mil familias cafeteras de Colombia estaba en riesgo, porque al titular del nombre le iban a negar la visa gringa por aparecer aquí y porque el titular amenazó con traer a Jaime Lombana a colación*** en junio de 2005.

Entonces Juglar del Zipa iba a ser el nombre de las marcas de las cosas que hiciera, aunque no sabía realmente qué iba a hacer. Había pensado en hacer “consultoría histórica”, pero por supuesto no tenía idea de cómo vender algo así.

A finales de 2003 le pedí a Meme que desarrollara la identidad gráfica de la marca. Por diferentes motivos eso solo sucedió como un boceto de emergencia en enero de 2004. Le había ayudado a producir un par de “documentales” a mi amigo Felipe Suárez y sus socios del Politécnico. Estos se estrenaron en un ciclo que organizó el Museo de Bogotá. Esa fue la primera vez que Juglar del Zipa vio la luz en algún lado: era simplemente Juglar Ðl Zipa en una tipografía con serifa.

Algunos meses después conocí Natural Flow, donde fue la celebración del grado de Ana Díaz. Toda la noche bailé, algo que no había hecho nunca ni creo haber hecho hasta ahora. También me llamó mucho la atención la decoración del lugar y que usaran Cream Puff, una tipografía que le gustaba mucho a Meme. Curiosamente tenían la tarjeta del diseñador, David Torres, a quien contacté después.

David es el autor de la marca que se ha visto en este blog al menos desde abril de 2005, cuando me pasé a Wordpress. Le pedí —¿acaso como mal cliente?— que se inspirara en los dibujos de Guamán Poma en su Nueva corónica y buen gobierno. David los usó, en efecto, para crear un logotipo:

Hasta hoy nunca he usado el logotipo porque me gustó mucho más la marca gráfica. A esta marca se llegó después de muchos intentos.

***

En junio de 2004 comencé el primer blog que tuve, motivado por el que por esos días abrió Sergio Méndez, quien había sido compañero en la carrera. Lo usé como crónica del viaje que estaba haciendo. (Tengo entendido que esta fue la misma razón de Cavorite, a quien conocí en ese viaje, para comenzar su blog.) Este “Cantares del Juglar del Zipa” apenas duró hasta comienzos de julio.

Cuando regresé a Colombia comencé a oír La Silla Eléctrica y ahí usé el nombre Juglar del Zipa en el chat. En este chat conocí a varios que más adelante encontraría en la blogosfera (María Paula Lorgia, Diego Urbina, Paola Vargas, Álvaro Huertas, Nilson “Bangalter”, Edwin Sanabria y Germán Cabrejo) y también otros que por aquí no han pasado, hasta donde sé. La Silla fue el lugar donde comencé a mercadear esta marca y de donde llegaron los primeros lectores, cuando comencé el blog en diciembre de 2004, hace cinco años.

Este sitio no pretendía ser un blog. O no exclusivamente. Ya no estoy seguro de qué quería que fuera. Lo importante entonces era tener el dominio.

Y el resto está dicho. Feliz cumpleaños a mí.

Para sacudirse el sepia

5 de Noviembre de 2009

Julián Ortega encontró este video, un documental hecho en Estados Unidos probablemente de 1946:


A muchos este video les causará una sensación similar a la de haber «descubierto» el puente de la 19 con segunda, al frente de Las Aguas. El puente, encontrado en el 2000, no llevaba ni siquiera un siglo de construido y apenas llevaba 72 años enterrado y sin embargo fue una gran sorpresa. Pocos relacionaron la existencia del puente con el contexto en que se produjo su hallazgo: estaban desenterrando el río que hasta 1928 cruzaba a cielo abierto el centro de la ciudad, el río que era la causa de la existencia de ese misterioso puente.

Será para muchos una sorpresa encontrar en este video una ciudad soleada y colorida, muy diferente de la oscura y monocromática que hemos naturalizado por las mil y un fotos de Sady González (y libros de Ediciones Número para su mesa de centro, caballero), del difunto Manuel H. (un personaje que parecía detenido en el tiempo porque era blanco y negro) y las que, siempre en altísimo contraste, salían en los periódicos de entonces. Así se imaginan muchos que era Bogotá antes del Bogotazo, antes de que llegaran los calentanos. Así han terminanado por representarla en el cine (Confesión a Laura, El baúl rosado). Así, con toda seguridad, ha terminado por creer Álvaro Castaño Castillo que era Bogotá.

Será para muchos una sorpresa encontrarse con una ciudad vibrante y modestamente moderna (claro, es un video promocional), llena de edificios que todavía están ahí (San Bartolomé de la Merced, Biblioteca Nacional, una mansión del Parque Brasil en Teusaquillo) y unos pocos que no (el siempre llorado Hotel Regina). Aquí algunos datos:

  • 0:00: El video fue hecho por la Unión Panamericana, predecesora de la OEA. En 1948 tuvo lugar la Conferencia Panamericana, justamente en la fecha del Bogotazo.
  • 1:33: Desde el Parque Nacional, el edificio del fondo es el San Bartolomé de la Merced.
  • 1:55: El edificio de la Buchholz aún no está construido. Ahí está la estatua de Jiménez de Quesada que ahora está en la plazoleta del Rosario.
  • 2:18: El mono de la pila del mono, iglesia de San Ignacio y actualmente el Museo de arte colonial.
  • 3:00: Izada de Bandera en el Palacio de San Carlos, entonces palacio presidencial y hoy cancillería.
  • 3:30: La plaza de Bolívar con las fuentes y abierta al tráfico; el capitolio, abierto a la gente.
  • 4:49: La casa de campaña de Moreno de Caro en la 34 con 7ma.
  • 5:00: La nunciatura, que hoy está tapada por unos muros terribles.
  • 5:15: «Algunos hombres pueden usar una manta de lana llamada ruana. Pero esta pintoresca costumbre tiende a desaparecer».
  • 5:30: La carrera sexta con jiménez. El Café Pasaje se llamaba entonces Café Santa Fe. El tipo que sale hablando en el tal café es el que uno se encuentra en las fotos. El de al lado «parece sacado de esta década».
  • 6:17: Muestran a un pegotero poniendo carteles para mostrar a Colombia como un país democrático e interesado en la política. Manifiesto liberal un viernes 26. Probablemente el 26 de abril de 1946, a juzgar por el cartel que habla de elecciones generales. Y al lado un cartel que dice «5 heridos en Bogotá»…
  • 6:30: «Hay varios mercados al aire libre en esta ciudad de 500.000 habitantes».
  • 7:00: Venta de flores en el Cementerio Central. En el video hablan de tiendas.
  • 7:30: La plaza Santander sin el edificio del BCH, del Museo del Oro y, por supuesto, sin el Avianca.
  • 7:40: La parte trasera del Capitolio, cuando aún había casas en donde ahora es la plazoleta de Nariño que lo comunica con el Palacio de Nariño.
  • 8:15: Bailes típicos. Entonces el folclor de Colombia era el andino, no el caribeño; basta oír qué música ambienta el documental. También el culto civil a los próceres era el fundamento del nacionalismo. El video dice «en una escuela de maestros cercana». ¿Será el Instituto Pedagógico Nacional?
  • 8:30: La Biblioteca Nacional desde el Parque de la Independencia, entonces aún completo pues no le habían atravesado la 26.
  • 9:48: Casas de Teusaquillo.
  • 9:53: Una ciudad «con un futuro promisorio». Meses después llegaron la Conferencia Panamericana, el Bogotazo y sus mitos.