En Colombia no solo vivimos en la periferia de España sino en la periferia de los otros dos imperios culturales hispanoparlantes: Méjico y Argentina. No hace falta traer a colación cifras (que no tengo) para darse cuenta de que la influencia de los tres países es un hecho. En España, Méjico y Argentina se traducen los libros que leemos. En Méjico y Argentina se doblan o subtitulan las series y películas que vemos. Se oyen rancheras, tango y sevillanas en temporada de toros: el drama de los imperios es que siempre los caspean.
Esta es una corta reflexión, una pregunta, y cito parlamento de una obra muy popular:
—Dígame, licenciado.
—Licenciado.
—Gracias, muchas gracias.
—Noy hay de queso, no más de papa.
«No hay de qué», «no hay de queso», «no hay de queso, no más de papa», «no hay de queso, solamente de papa». Una alternativa gastronómica. Fácil, claro e ingenioso. O ingenuo como Chespirito.
¿Pero por qué si Chespirito es mejicano dice papa y no patata? ¿Por qué habla quechua suramericano y no náhuatl centroamericano? ¿Acaso porque América es una sola y siempre indígena y se resiste al robo lingüístico de los españoles? ¿En Méjico también dice papa?
Según el diccionario de la Real Academia, papa en Méjico es otra cosa:
f. coloq. Méx. mentira (‖ expresión contraria a lo que se sabe).
Y existe una tercera acepción (de donde viene la palabra papilla o lo que en Asturias entienden por papas):
(Del lat. pappa, comida de niños).
1. f. coloq. Tontería, vaciedad, paparrucha.
2. f. pl. Sopas muy blandas.
3. f. pl. Masa blanda de barro o de otra cosa.
4. f. pl. coloq. Cualquier especie de comida.
ni ~.
1. loc. pronom. nada. U. con neg. No sabe, no entiende ni papa.
Así que Chaparrón Bonaparte no ofrece nada a Lucas Tañeda (Lu Castañeda, etc.). Simplemente reconoce que es un pendejo. O le da mentiras. O le da avena con agua. Cosa horrible.
Adenda: hay más pendejos que quisieran reclamar el asunto como otro triunfo nacional.
Corrigenda: Invaliden parcialmente el post pues en Méjico la forma predominante es papa (aunque también digan patata) e incluso la FAO lo confirma. Ahora bien, según el Cocinero Fiel, en España también pasaron Chespirito alguna vez. ¿Qué habrán pensado? Patadas de ahogado, sí.
Hace como diez años decían en The Economist, anticipando la explosión de la burbuja, que la gente que pensaba hacer negocios basándose únicamente en tener el dominio de internet más básico (www.bikes.com para bicicletas, www.dogs.com para perros, etc.) estaba meando fuera del tiesto. Seguramente decían algo más complejo, pero esa era básicamente la idea.
De esa época recuerdo haber visitado el sitio www.internationalrelations.com. Esperaba encontrar algo relativo a la disciplina que por entonces cursaba (y por eso leía The Economist) pero me encontré con una página para encargar esposas ex soviéticas. Feísimas todas, no como Nicole Kidman en Birthday Girl. Hoy los nombres de los sitios son marcas que normalmente no dicen nada de lo que son (www.godaddy.com, hablando de dominios), que no están «bien escritas» y confunden a los no iniciados (www.flickr.com) o que dicen qué son pero que al final son más (www.facebook.com).
Pero hay que ser muy imbécil para pensar que un dominio así puede servir:
www.sinoesuribeesjuanmanuelsantos.com
Hay que ser un imbécil como Juan Manuel Santos y su tartamudeo de mongólico a la hora de dar respuestas para escoger un dominio tan intuitivo como ese. O tal vez el tipo quiere imponer una nueva forma de hacer las cosas, establecer un nuevo paradigma, diferenciarse.
Con esto en mente, ofrezco los siguientes ejemplos de dominios imbécilmente ingeniosos:
La selección Colombia solamente ha clasificado a mundiales de fútbol durante gobiernos liberales: Chile 62 con Lleras Camargo, Italia 90 con Barco, Estados Unidos 94 con Gaviria y Francia 98 con Samper. Un día haré un paper econométrico al respecto y ganaré el bien merecido respeto.
De Pastrana no había que esperar nada, por supuesto. ¡Pero de Uribe! Uno de los grandes fracasos del gran líder ha sido no lograr que la selección —el único orgullo nacional además de las virreinas universales— clasifique una vez más a un mundial. Pero, como siempre hemos dicho aquí, Uribe nunca pierde.
Antes las celebraciones de la patria se daban cuando ganaba la selección. Aún quedan hoy secuelas de aquellos triunfos: feliz 5 de septiembre, feliz cinco a cero, feliz repetición del partido de marras con la entrecortada narración argentina. Los que cuestionan esta celebración dicen que son tiempos pasados, glorias insignificantes, leche derramada.
Ahora, sin embargo, el 20 de julio, lo que antes era un festivo más y, a lo sumo, una celebración marginal con desfile militar por la séptima (o su equivalente en cualquier rincón) y seguimiento del inicio de una legislatura, se convirtió desde el año pasado en un sonado evento respaldado por nuestra renovada masa crítica nacional que sale a las calles a la voz de los agitadores radiales (¿otrora Gaitán?). ¿Saben si antes la gente se deseaba «feliz veinte de julio» en esta fecha?
El Concierto Nacional, ese Live 8 patriotero (literalmente veintejuliero y socialbacano) o una fase superior del Show de las Estrellas, es otro gran triunfo de la patria refundada de Uribe. En esta fecha que evoca tiempos pasados, glorias insignificantes y leche derramada, se explota todo aquello que es «lo nuestro». En esa celebración de circuito nacional e internacional sí se usan bacana y chéveremente las cosas bacanas y chéveres de la constitución del 91: multiculturalidad, plurietnicidad, mochilas y plumas se unen a las tres cordilleras y los dos océanos para llenarnos de gloria. Borrar fronteras y diferencias, una sola voz, un solo clamor, etc., etc. Ese es, al fin y al cabo, uno de los significados, el original, de la palabra concierto. Todo eso le permite sobrevivir al Ministerio de Cultura en su pequeño papel de Ministerio de Propaganda.
La resignificación de las fechas patrias no tiene nada de malo. De hecho las fechas patrias son resignificaciones por naturaleza. El 20 de julio de 1810 no se inventaron a Colombia ni hablaron de independencia. Y justamente porque eso no importa, ahí tenemos el Concierto Nacional. O la marcha de la independencia del secuestro del año pasado.
¿Qué es lo malo (o lo que me raya) de las fechas patrias? Que se asumen irracionalmente, sin crítica alguna. No hablo justamente de que el 20 de julio no hayan fundado a Colombia, como sería la desmitificación típica del History Channel; hablo del significado posterior que se les da, de los deberes de las religiones civiles, de la anulación de la diferencia y tantas otras cosas. Como todos nos comemos el cuento de la patria al fin y al cabo, estas fechas me sirven para preguntarme una vez más —a diferencia de otros días en que solo pienso en el trabajo o en descansar— por qué asumo esa entelequia como parte de mi identidad. Es decir, por qué he aceptado ser vehículo de la entelequia para hacerla una realidad observable. Y, por ahí, por qué tanta gente hace lo mismo sin preguntarse nada.
Habiendo dicho esto, me despido con las palabras más cursis y pendejas que cualquiera pueda decir pero solo Miguel Antonio Caro se atrevió a escribir:
¡Patria! te adoro en mi silencio mudo,
y temo profanar tu nombre santo.
Por ti he gozado y padecido tanto
cuanto lengua mortal decir no pudo.
No te pido el amparo de tu escudo,
sino la dulce sombra de tu manto:
quiero en tu seno derramar mi llanto,
vivir, morir en ti pobre y desnudo.
Ni poder, ni esplendor, ni lozanía,
son razones de amar. Otro es el lazo
que nadie, nunca, desatar podría.
Amo yo por instinto tu regazo,
Madre eres tú de la familia mía;
¡Patria! de tus entrañas soy pedazo.
Ya he dicho que Uribe siempre cae de pie, que Uribe nunca pierde. El episodio con huevo de ayer no es la excepción:
No solo tuvo la oportunidad de dominar al pueblo pidiéndole clemencia con la pobre representante de tan heterodoxa oposición simbólica («como presidente [tengo que] procurar hacer pedagogía») sino que además el man resultó chistoso y hasta más chistoso y pendenciero que la niña del huevo: «voy a poner este huevo allí para no irlo a quebrar». Cuidado, lo ve por ahí algún fanático de la Seguridad Democrática (antiguamente conocido como paraco) y a ese sí no le da miedo «ir quebrando» algo.
Liliana (y el resto de Tienen Huevo) quedó como una mamerta que dice cosas sin sentido, hace gestos pendejos y vacíos y les da la razón a los que se burlan de la llamada lúdica de la resistencia. Va al frente, le echa un insulto de bajo calibre y poquísimos megatones al gran líder (y a Colombia, faltaba más), después echa unas cuantas consignas (sin el riguroso sustento de las cifras, porque no aprenden) y además le quita la mano al presidente cuando éste, amable y cortesmente, se la ofrece, en vez de hacer como Correa en la cumbre del Grupo de Río.
Lo que pasa a la historia no es la valiente confrontación de una «joven profesional» (¿qué hijueputas significa eso?). El Tiempo, sin complejos, lo llama sabotaje. Lo que pasa a la historia es el presidente que, como siempre, se defiende con gallardía de los ataques injustos de la oposición local y mundial. Y al final es como si le celebraran que mató una mosca que estaba por ahí zumbando. El man, una vez más, ganó porque le dieron la oportunidad.
Nada puede contra Uribe. Su existencia es su argumento más poderoso. Pero también es el único que tiene.
Un último comentario técnico: Liliana debió haberle dado el huevo y ya. Aparte de ser un gesto pacífico (porque es que ponerle un huevo en la cabeza a alguien debería pagarse con cárcel), prácticamente todo el mundo entiende. Y si no entienden, no pasa nada.
Decía el matemático John Allen Paulos en 1991 (sepan disculpar el español españolete de la traducción):
Imagino que al popularizarse cada vez más los ordenadores de sobremesa podrían comparar sus respectivas bases de datos personales y también los de las personas conocidas. Quizás intercambiar bases de datos podría convertirse pronto en algo tan corriente como dejar la tarjeta de presentación. Tejiendo una red electrónica. Infernal.
Más allá de los números, 49.
Adenda: «ordenador de sobremesa» suena como a wedding planner.
Me llega de suzan.jeremand@yahoo.com a mi correo del trabajo:
Estimado un respetuoso,
Cordiales saludos a usted y su familia de buena fe. Soy consciente de que no se trata de un enfoque formal en el inicio de una relación, pero con el paso del tiempo, se dará cuenta de la necesidad de que mi enfoque. Mi e-mail a usted vendrá como una sorpresa ya que yo no te conozco en persona pero si este mensaje llega a usted fuera de su deseo, lo lamento mucho. Espero que usted lea este mensaje y comprender cómo las cosas pueden ser difíciles para que alguien en un determinado período en la vida, presentarle a usted mi auto con toda la fe, la confianza y esperamos que entiendan para que me ayude a no traicionar a mí en la final.
Mi nombre es Suzana Jeremand, i am 22 años ahora, yo era estudiante en la Universidad de Abidjan, Côte d’Ivoire (Costa de Marfil). Yo soy la única hija del difunto jefe de Christopher Jeremand, un rebelde de una parte del gobierno de nuestro municipio golpeó y mató a mis padres y mi único hermano, porque mi padre fue una de las oposiciones para el ex presidente de mi país Costa de Marfil ( Costa de Marfil). Y antes de su muerte que ha logrado ahorrar la suma de $ 7.5m. (Siete millones quinientos mil dólares de EE.UU..) Aquí, en Abidján, que soy el pariente más cercano.
Mi padre, ha previsto para la compra e importación de cacao de procesamiento de algunas máquinas y el desarrollo de otra fábrica, por desgracia no cumplir su objetivo antes de su prematura muerte.
Ahora, quiero transferir este dinero a su país con fines de inversión a través de su directiva. Sush como la fabricación y la gestión inmobiliaria en su país si hay una buena inversión de las empresas saben que pueden invertir el dinero esta es la razón más importante, mientras que me puse en contacto con usted para obtener ayuda.
Desde aquí la seguridad no puede ser garantizada, además de que he perdido mi familia y la empresa de mi padre fue incendiada en ese ataque de los rebeldes. Ahora estoy en una gran confusión. Por favor, estoy pidiendo limosna a hacerme un favor por mi condición de tutor y el receptor del dinero en mi nombre.
He sufrido mucho en el dolor desde que perdí mi familia, mi tío ha sido después de mi vida, porque de ese dinero pero no sabía exactamente dónde estaba el dinero depositado, por lo que han decidido viajar fuera del país e invertir en su país si va a aceptar ser mi tutor.
Por favor, permítame preguntarle algunas preguntas de este, puede honestamente me ayude como tu relaciones? ¿Cuántos porcentaje del total de dinero será bueno para usted después de la transferencia de dinero a su país? Por favor, considere esto y volver a me voy a estar esperando tu respuesta urgente lo antes posible. Gracias y Dios Todopoderoso le bendiga con un buen día espero oír de usted pronto
Atentamente
Srta.Suzana Jeremand
Lo que nos faltaba: pateros en Colombia. Hágame el favor.
Es pecado comer en Transmilenio. Es como tomar fotos. Pero ya se sabe bien que en Bogotá no se puede tomar fotos en ningún lugar. No solo la autoridad uniformada y armada lo prohíbe siguiendo quién sabe qué norma tácita. También a mucha gente común y corriente el hecho le parece una «conducta sospechosa», como pasar tres veces por el mismo lugar buscando una dirección, fijarse en algún detalle en la calle, hacerse con un grupo de gente en un parque de barrio o llevar cinturón a un concierto. Ya se sabe que en Bogotá no se pueden tomar fotos a menos que sea para algo útil, algo constructivo y edificante, con dividendos morales y golpes de pecho. Así nació Transmilente.
La lógica de este «concurso de fotografía» explica perfectamente lo que significa el registro de imágenes para estas autoridades y estos gobiernos y, por tanto, la justificación de sus prohibiciones. Para ellos la fotografía sirve para meterse en la vida de los demás, para rastrear, para hacer seguimientos, para recabar información que solamente puede tener como fin delinquir. Y por esta razón es de uso privativo de los policías. También por eso hay que convertirse en policía para poder tomar fotos en un lugar donde (¿por qué?) sí está abiertamente prohibido tomar fotos: Transmilenio. Un concurso semejante al de la construcción del ejército de informantes que nuestro distinguido patrón nacional convocó en sus primeros años de administración.
Es curioso que alguien que dice estar preocupado por la interiorización consciente (¿acaso racional?) de la norma, esté detrás de esto:
Supuestamente el gran logro de Mockus —su mito, su caballito de batalla— fue haber «educado en la norma» a una ciudad que no tenía ni dios ni ley por, según dicen, no tener patria: como a esta ciudad nadie la sentía como propia todos hacían lo que se les daba la gana, reza el lugar común. Supuestamente la gente se hizo ciudadana por medio de la pedagogía y el juego, de la adquisición consciente de las normas. Pero en realidad era una estrategia basada en la represión y la vergüenza. Represión y vergüenza de formas lúdicas y divertidas. Pero represión y vergüenza, al fin y al cabo: tarjeta roja en público, el mimo jarto que persigue por no haber cruzado la cebra, la culpa por abrir la llave del agua más de la cuenta. Al final, de la norma solo queda la costumbre y del contenido supuestamente pedagógico solo queda la justificación arbitraria, mano derecha del policía.
Transmilente es lo mismo. Pero, claro, es usar lo que era «malo» para hacer el bien, para hacer control social, para hacer de nuestra ciudad y su sistema de transporte algo mejor. Antes de meterme en una campaña de ese estilo, ridícula y con una muy frágil justificación, me gustaría que me convencieran de la inconveniencia de tomar fotografías en espacios públicos. O de comer empanada.
Transmifoto fue un flashmob para protestar en contra de la imbecilidad de la ley.
En Nueva York la gente se alzó en contra de la arbitrariedad de la ley. Claro, la noticia es delNew York Post (vía Andrés David).
Allá en Alemania (más exactamente en Múnich, lo que explica muchas cosas) una vez me detuvieron unos policías en la estación de tren para pedirme el pasaporte. Me dejaron, supongo, cuando vieron que no era «árabe».
Peor que la incorrectez política deliberada es la estupidez políticamente correcta.
Ejemplo de lo primero es el franquismo académico que practican ciertos sectores en cierta institución exclusivamente universitaria de larga tradición en este país ―e incluso antes de que fuera este país―. El cierto sector tiene por brújula investigativa rastrear las huellas de la hispanidad que han dado forma a nuestro país. La tal hispanidad se entiende como una línea continua que va de los enclaves fenicios en las orillas mediterraneas de Iberia, pasando por las gestas de don Pelayo, hasta el «ideal nacional» de Carlos V, que comprendía variadísimos territorios en tres continentes. Y bueno, todo eso llegó a Colombia, antes de que fuera Colombia. Como antes «todo» había llegado a España, antes de que existiera España, aunque para el franquista siempre ha existido. Y existirá, claro.
Lo segundo viene por cortesía de la socialbacanería lingüística. Como no aguanta tanto celebrar el idioma que aquí y en el resto del mundo llamamos español, que al fin y al cabo es lengua importada y de opresión, entonces celebremos las lenguas «nativas», entre ellas el palenquero, el raizal y el romaní, que son nativas en la medida en que esa palabra no significa «natural de un lugar» sino «diferente», «marginal» y otras cosas que les interesan a los socialbacanos pero que no son capaces de denominar como harían los franquistas: «salvajes», «dignos de desaparición» o, como las llama uno de los integrantes del cierto sector de la cierta universidad, «dialectos». Nativo como sí es el huitoto (et al.), pero no es, pues, el español hegemónico de estas tierras, aun si lleva más de cinco siglos, aun si ya no es propiedad de quienes «generosamente nos lo concedieron», aun si eso es lo que quieren.
Así que ambas partes terminan siendo igual de pendejas.
***
Hace un año escribí para Arcadia una reseña de Saber hablar, un libro que acababa de sacar el Instituto Cervantes. Al final no la publicaron porque se atravesó alguna pauta. Decía así:
Se dice que hablar es la forma de comunicación predominante en Colombia y ha definido su cultura. La radio siempre ha sido más exitosa, en detrimento de la expresión gráfica o audiovisual, sin mencionar la lectura. Las narraciones de fútbol expresan, literalmente, obviedades. Las películas padecen diálogos interminables; las que no, «no se entienden». El orador, sea elegante o de proverbio arriero, es aún la imagen del político.
Una guía para practicar mejor la cultura nacional no está de más. Como su antecesor Saber escribir (2006), este manual busca estar al alcance de todo el público hispanoparlante y hace parte de un plan para estandarizar la lengua en el mundo.
Bourdieu, entre otros, dijo que la cortesía lingüística —oral y escrita— nació bajo el signo de la burocracia y por eso mismo ha servido para dominar ya que margina lo diferente y da dirección específica al comportamiento. Otros, optimistas o pragmáticos, dicen que los protocolos aceitan los engranajes de la sociedad para que las cosas se den fácilmente pues salvan las posibles ambigüedades de lo que es particular.
Lo cierto es que los manuales siempre son moralistas: dicen qué es o qué no es correcto. O, lo mismo, estandarizan. En este manual el discurso exitoso es el que, como se dice ahora —¿ahora?—, vende. Haciendo uso de conceptos de disciplinas tan antiguas como la retórica y tan recientes como la sociolingüística, se tratan los cuatro aspectos que definen un buen discurso: su corrección léxica, gramatical y fónica, la formulación y organización de sus ideas, los elementos que le son externos y, por último, su género, definido por la circunstancia.
El texto está escrito desde España y, a pesar de lo que pretende, pensado por sus autores para un inmediato público español. El lector reflexivo encontrará lo suficiente para desarrollar estrategias según sus circunstancias. Quien busque recetas lo encontrará confuso o ridículo, y tendrá que esperar a que se publique una versión adaptada, en efecto, a nuestra idiosincrasia.
Mejor complemento de esta reseña es esto:
Cuando uno se detiene a ver el símbolo del Instituto Cervantes ve claramente que hay una ñ:
La virgulilla que da identidad a esa letra única, que además está en el mismo nombre del idioma, da identidad al instituto de la cultural española. ¿Para qué más? Eso mismo dice quien lo diseñó, el emblemático Enric Satué. Catalán, por cierto.
Pero una mirada más detenida da cuenta de su otra clara inspiración:
Columnas de Hércules, consigna «plus ultra» (en latín, más allá). El Instituto Cervantes no es únicamente la lengua sino el imperio:
El español de América es anticuado en palabras de Manuel Seco. Por suerte muchos por ahí celebran la resurrección del imperio usando a diario palabras como polla, coño, correrse, braguita y chupada.
Adenda: De acuerdo con Gregorio Salvador y Juan Lodares en su libro Historia de las letras (pp. 197-98), hay un signo tipográfico muy popular que provendría de simplificar el escudo de España: $.