Lineamientos para hablar sobre la gente
Lunes, 12 de Noviembre de 2007Pequeño homenaje a Marvin Harris, antropólogo carnívoro y vulgar.
No se puede querer ser de izquierda si uno está bien de salud y mucho menos si se está repuestico. Son condiciones mutuamente excluyentes que conducen a un triste estado de ilegitimidad, análogo a tener una copia del Libro rojo en una casa de Bosque Izquierdo o de El Castillo, aunque técnicamente es «montañas de Colombia», Barbarie dixit. Al respecto anota Rafael Nieto Loaiza:
…Iván Márquez, a quien por cierto se le veía gordito y rozagante y sin trazas de estar sufriendo los rigores del conflicto, acaso porque vive en territorio vedado para la Fuerza Pública colombiana… [resaltado mío].
Hay otra tendencia que acusa a las «dietas de los pobres», excesivamente ricas en carbohidratos y grasas —generalmente más baratas que las siempre idolatradas proteínas—, de ser las culpables de la plaga de obsesidad entre la gente de escasos recursos, esos que son los únicos que pueden hacer la revolución con la bendición de dios. Y es que lo de la bandeja trifásica no es un fenómeno local. Eso es solo un accidente de nuestra diversidad y falta de prejuicios europeizantes contra la yuca, el plátano y el arroz: en Argentina le echan la culpa a la pasta y en Estados Unidos al maíz.
Ahora sabemos que lo que hay detrás de Super size me y King corn no es un llamamiento al cuidado de nuestros miocardios sino denunciar que la especulación con el precio de la proteína es otra estrategia para, por medio de las vías leguleyas vulgares, cerrarle el camino a la multitud. ¡Cuidado, compañeros! ¡El arma retórica es poderosa!
Aparte se confirma, como tanto oenegero loco ha querido decirnos en su lenguaje enrevesado, que cuando la patria fumiga algo más que coca y le pegan a un margen despreciable de sembrados de pancoger —y eso es carbohidratos, con seguridad, porque los marranos y las gallinas se los tumbaron las mismas fuerzas hace rato y por eso estamos como estamos—, es para matar de hambre a los campesinos advenedizos, guerrilleros de ruana y alpargata, que no saben cuidar la figura y la salud, aunque, como se vio, son inversamente proporcionales a la legitimidad de sus reivinidaciones políticas.
De manera que si uno está libre de esos exitosos ataques errados, se le juega más a la muerte por infarto, diverticulosis o, si es el caso, complicaciones de diabetes. Pero para el auténtico che Guevara la única alternativa es la desnutrición. La anorexia no porque es muy cool.
Adenda:
En colaboración con el Instituto Doble Machete para la Creación de Índices e Indicadores Inútilmente Veraces y Contraintuitivos y la Fundación Tecnólatra Alejandro Gaviria para la Seriedad en la Blogosfera y el Abiertizamiento de la Sociedad —el IESJS no quiso participar porque todos sus funcionarios migraron definitivamente a España—, estamos trabajando en una tabla que relacione el índice NBI, el IDH y, desde luego, el IMC para llegar a una conclusión definitiva que rompa todos los paradigmas y deje callados a tantos opinadores mal informados. Mientras tanto deléitense con este descubrimiento contraintutivísimo —y después indígnense con el racismo y eso.




