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Tener huevo y dar papaya

Friday, 26 de June de 2009

Ya he dicho que Uribe siempre cae de pie, que Uribe nunca pierde. El episodio con huevo de ayer no es la excepción:


No solo tuvo la oportunidad de dominar al pueblo pidiéndole clemencia con la pobre representante de tan heterodoxa oposición simbólica («como presidente [tengo que] procurar hacer pedagogía») sino que además el man resultó chistoso y hasta más chistoso y pendenciero que la niña del huevo: «voy a poner este huevo allí para no irlo a quebrar». Cuidado, lo ve por ahí algún fanático de la Seguridad Democrática (antiguamente conocido como paraco) y a ese sí no le da miedo «ir quebrando» algo.

Liliana (y el resto de Tienen Huevo) quedó como una mamerta que dice cosas sin sentido, hace gestos pendejos y vacíos y les da la razón a los que se burlan de la llamada lúdica de la resistencia. Va al frente, le echa un insulto de bajo calibre y poquísimos megatones al gran líder (y a Colombia, faltaba más), después echa unas cuantas consignas (sin el riguroso sustento de las cifras, porque no aprenden) y además le quita la mano al presidente cuando éste, amable y cortesmente, se la ofrece, en vez de hacer como Correa en la cumbre del Grupo de Río.

Lo que pasa a la historia no es la valiente confrontación de una «joven profesional» (¿qué hijueputas significa eso?). El Tiempo, sin complejos, lo llama sabotaje. Lo que pasa a la historia es el presidente que, como siempre, se defiende con gallardía de los ataques injustos de la oposición local y mundial. Y al final es como si le celebraran que mató una mosca que estaba por ahí zumbando. El man, una vez más, ganó porque le dieron la oportunidad.

Nada puede contra Uribe. Su existencia es su argumento más poderoso. Pero también es el único que tiene.

Un último comentario técnico: Liliana debió haberle dado el huevo y ya. Aparte de ser un gesto pacífico (porque es que ponerle un huevo en la cabeza a alguien debería pagarse con cárcel), prácticamente todo el mundo entiende. Y si no entienden, no pasa nada.

Te rasca el culo

Monday, 30 de June de 2008

Qué pereza la oclofobia que tanta gente demuestra cuando habla de los procesos en internet, especialmente cuando hablan de socialización. Qué platonismo insoportable. Se manifiesta en todo. Cuando la gente usa internet para hablar con otra gente, dicen, «no es real, es virtual». Ese es el centro del problema.

Esos adjetivos se presentan como antónimos, como condiciones mutuamente excluyentes, con naturalezas distintas. Nada «virtual» tiene respaldo «real» porque es falso. Todo lo virtual es siempre lo que queremos ser, lo que nos fue negado, nuestras frustraciones resueltas: los gordos son flacos, los feos son bonitos, los viejos son jóvenes, los fracasados son exitosos. La imagen siempre será un engaño, una composición meticulosa y estratégica. Pero posar de algo y que resulte creíble es un talento poco frecuente y difícil de desarrollar. En fin, cualquier persona que aparezca en internet tiene algún respaldo y generalmente será alguien «de verdad».

Mucha gente le tiene miedo a «la gente de internet» porque son desconocidos. ¿Cuándo alguien se vuelve por fin conocido? Esa gente no debería salir nunca de su casa. Qué miedo el busetero desconocido, el taxista desconocido, el man desconocido del carro de al lado, la señora de la panadería donde me cogió el aguacero, etc. Qué miedo la gente: «¿no le da miedo? Usted no es normal». Esa gente no debería enviar a sus niños al colegio, habiendo tanto niño y profesor desconocido, todos ellos violadores en potencia.

Pero más que el miedo a la gente me da pereza el miedo a la «información ilegítima». Este fin de semana salió en El Tiempo una entrevista con Pico Iyer, uno de esos espíritus cosmopolitas que tanto gustan en el inevitablemente arribista festival del Malpensante. El tipo se gana la vida escribiendo sobre sus viajes, explicando las ricas culturas de los países que visita, rompiendo la barrera cultural, etc.

Para justificar por qué no usa internet, el tamil no atigrado dice que no quiere «ver el mundo a través de una segunda mano … la gente se mete en su sentido de la certidumbre y cierran las puertas a los que piensan distinto. La tecnología te hace menos reflexivo y provinciano en el pensamiento». Igual que cuando se lee: qué porquería tantas ideas de segunda mano y tantas reflexiones prestadas —incluyendo las de este señor— cuando uno mismo puede coger su mochila e irse de viaje, ojalá ligero de equipaje, porque mis categorías a priori, que no pesan nada, bastan; porque la verdad es que la plata me la gasto precisamente viajando. Ah, mierda, otra cuenta para pagar.

La otra pieza la aporta Umberto Eco, santo de mi devoción, pero que desde hace rato tiene su discursillo de fobia por lo «virtual». Hace unos años en la Lerner pusieron en cada esquina un recuadrito con una foto de él sosteniendo un libro y abajo un texto que hablaba del crujir de las páginas y el olor y otras bellas razones para comprar más papel y… ¿menos pdf? En la columna de él que publicó El Espectador (originalmente aparecida en L’Espresso) habla, sin mencionarlo, del problema de la contaminación informativa o exceso de cosas que para qué.

Eco dice algo cierto, como observación, y es que «la cultura» es una colección de cosas que realmente interesan; no menciona, claro, a quiénes interesa ni por qué, como nunca lo hace en Apocalípticos e integrados. Entonces qué pereza, dice él, que en internet quede tanta cosa guardada, tanta cosa que no debería ser registrada. Y nos habla de Funes, el «búfalo de San Luis». No sé si Eco se imagina que cuando uno «se conecta» se pone a ver cada registro que exista, a asimilar y ordenar cada bit en la cabeza de cada uno. No sé si Eco, cuando va a una biblioteca, se lee todos los libros, acaso porque confía en que su existencia ahí es garantía de importancia. Supongo que es así y que el pobre está confundido. O nos está confundiendo. Él es así y le gusta. Malparido.

Souvenirs

Thursday, 28 de February de 2008

Luis Eladio dice que trae unos recuerditos de Íngrid. Pero qué puede uno mandar de allá donde solo hay bejucos, plumas, matafríos, pieles de animal montés y otras cosas que solo sirven para decorar apartamentos de antropólogos. En las Torres del Parque, preferiblemente.

También dice que la guerrilla no está desarticulada, que tiene una infraestructura mínima —sancocho de marrano— que les permite caminar grandes distancias —fluvial, peatonal, mular— y hasta irse a visitar el Centro del mundo y la Ópera de Manaos con todo pago —desodorantes y así—. «Eso se lo llevaron a Estocolmo», nos gritan por ahí, como siempre, porque nunca puede haber otra explicación geopolíticoesquizográfica.

Prurito de ininteligibilidad

Thursday, 28 de February de 2008

En Caracol llamaron al chamán asesino. Y entonces no era, para su sorpresa, el Indio Amazónico sino un señor inga de la vertiente amazónica que se hizo llamar médico. De paso le chamboniaron el apellido: Chamboy en vez de Chandoy.

Se hizo llamar médico y le preguntaron que si tenía ese título. Dijo que sí, que así era reconocido en su comunidad. Pero no, que si según «la legislación colombiana». O sea, según lo normal. A ver, ¿usted tiene título? ¿Se las va a dar de abuelita?

Y, para rematar, que si consumir yagé fuera de la selva, fuera del entorno natural donde la gente vive, vaya uno a saber cómo, sin títulos y sin televisión, no habrá sido la causa de la muerte. Cuidado, damas y caballeros, cuando se tomen sus aspirinas lejos de la civilización, cuando usen sus pastillas de cloro para purificar el agua malsana que el bicho salvaje contaminó.

No, venga, el remate de verdad, el colofón, fue poner al doctor, este sí doctor, Rojas, que habla de curación con cristales y otras babosadas, que son clínica y bioquímicamente inútiles hasta para sacarse una espinilla, pero que perfectamente tiene un espacio diario en la misma cadena, a explicar lo sucedido. Saberes expertos, uníos.

Mejía, el poscolonial/decolonial

Tuesday, 19 de February de 2008

Habría que volver a analizar las categorías con las que se designa y separa el mundo para apropiárselo. Problemas de Mignolo.

Pero esto es mejor. Hoy Iván Mejía formuló una nueva teoría que se opone a la popular, miope y eurocéntrica de Huntington. O tal vez la amplía. Según el importante comentarista podosférico y geoestratega, el fútbol es un deporte anglosajón en el que el empate se concibe. En cambio la concepción americana del deporte no lo permite. Y ese fue el origen del shootout.

Colombia sigue siendo un país mestizo, fragmentado o desgarrado que se debate entre el anglicismo del fútbol y el americanismo-caribeñismo del béisbol.

El siglo de oro y el Profesor Yarumo

Wednesday, 13 de February de 2008

Tío Rojo pensaba que la composición lírica No me mate, Marulanda era lo más peye. Pero no, cualquier cosa es coplerizable.

La marcha del 6 de marzo
se entiende por desagravio
del feroz Secretariado
y del matón encumbrado.

Que vayan los prebendados
fecodistas y sicarios,
los que siguen “trabajando”
cobrando los atentados.

Que vayan bien disfrazados
de víctimas y empleados,
a acompañar a los socios
de los mata-colombianos.

Pero los demás no iremos,
y que les quede bien claro,
“No más FARC” es nuestro grito,
“Libertad” nuestro reclamo.

No podrán manipularnos,
no somos ningún rebaño
queremos ver en sus casas
a todos los secuestrados.

Y a todos los guerrilleros
pronto desmovilizados.
No acompañamos a aquellos
que quieren justificarlos.

La fuente no se cita porque en juglar del zipa somos esencialmente rateros. La voz del sintetizador, sin embargo, nos hace pensar en una de las tantas hipótesis sobre la identidad del autor (cortesía del hiperimbécil).

Lo veníamos diciendo

Sunday, 10 de February de 2008

Me gusta tener razón. Me gusta predecir el futuro.

Escenarios de la violencia

Wednesday, 23 de January de 2008

Anoche en La luciérnaga hablaron del viejo que se mató en la biblioteca Virgilio Barco. Lo que preocupaba a Peláez y a Rincón era que el tipo hubiera metido un arma de fuego a aquel templo de la cultura escrita y de la arquitectura sin funcionalidad. Les preocupaba que solamente hubiera un detector de metales común y corriente y que no hubiera requisas a fondo, de esas que usan en el estadio para sacar objetos contudentes como las pilas del radio o el mismo radio.

Más adelante van a decir que si la gente «no va tanto a las bibliotecas como antes» es culpa de la violencia de los campos, que tristemente ha llegado a la ciudad y que es fruto de la intolerancia, que corre por las venas de este pueblo animal.