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Documenta mundi

Wednesday, 9 de January de 2008

Paola Castaño —the name, the myth, the legend— me dio un gran regalo de navidad: el DVD del documental titulado Helvetica, por la fuente de la que se copiaron para hacer Arial. Un «documental más sobre un fuente» —como dijo Cabanzo que había dicho alguien— pero que es el primero que conozco.

Helvetica está en muchos lugares del «mundo civilizado» para anunciar cualquier cosa —«empuje», «el perro no entra»— o servir de identidad corporativa —American Airlines, Toyota, Volkswagen—. Es una letra familiar, estándar, versátil, obediente, fácil, normativa y elegante. O es plana, gris, cuadriculada, estéril, barata, vulgar y hasta fascista. Ambos puntos de vista quedan registrados en el documental en las voces de algunos diseñadores tipográficos y editoriales de ese mismo mundo civilizado en el que Helvetica es pan de cada día.

Pero el documental no es únicamente sobre una fuente. Precisamente en esos testimonios es inevitable hablar sobre el papel de la tipografía en el mundo contemporáneo, sobre lo que supuestamente se puede expresar a través de ella, sobre las decisiones que se toman cuando se crea un nuevo sistema, previendo las consecuencias.

Y, desde luego, hay que hablar de la función de los diseñadores: ¿son diagramadores o decoradores? ¿Son gente súper loca que hace lo que les canta el culo o que investigan con cuidado y responsabilidad antes de emprender cualquier proyecto?. También de sus posibilidades para trabajar según las exigencias de la sociedad, para innovar, para comunicar o, así sin más, imponer su gusto. Y comúnmente son genios incomprendidos que han terminado por encontrar su lugar en el mundo, siempre tan rodeado de fealdad, de mal gusto y de gente sin plata.


***

«25 años de resistencia» dice el subtítulo del dizque documental producido por Caracol y Semana que están pasando estas noches. ¿Qué resistían? ¿A qué se resistían? ¿Quieren posar de valientes? ¡Qué basura! ¡Qué edición tan paila! ¡Qué falta de narración! ¡Qué falta de todo!

Es increíble que, contando con tanto material, lo único que vean que se puede hacer sea una colcha de retazos con música dramática y la voz de Julito, infinitamente cruzada por anuncios de las mil y un nuevas novelas del canal. No se compromenten con nada, no organizan los temas, no buscan las continuidades, no arman ninguna historia. Actúan como el periodista colombiano paradigmático, que es esclavo del instante y de la moda y alérgico a la paciencia.

Esa serie no es más que una autopromoción de Semana, segunda época, confeccionada según los mismos criterios periodísticos y estéticos, y el mismo afán, con que siempre sale la revista de papel.

Pero peor es nada y al menos alguien está haciendo algo por rescatar la memoria de este país. Claro, claro. Claro…

Discusión en el barrio

Monday, 10 de December de 2007

Apuntes para una discusión a la que no fui invitado

El análisis DOFA es la reflexión existencialista de las empresas.
Nariz coreana

Hay una discusión en el barrio. Es una de tantas discusiones, de esas que se forman cuando aparece algo desconocido y hay que ponerlo —momentánea o definitivamente— en algún lugar previamente establecido, cerca de otras cosas que a primera vista no resultan tan parecidas. Son los costos aburridos de tomarse en serio, con el ceño fruncido y la mano en el mentón, lo que uno había estado queriendo hacer a la loca, sin estar tan consciente de las implicaciones, los resultados y las posibilidades.

Hablo —nuevamente, nuevamente— de los blogs, esos espacios desde los cuales se ha transformado de manera radical nuestra manera de ver el mundo pues miles de personas ahora pueden aportar información y puntos de vista valiosísimos en esta época en que todos estamos irremediablemente conectados. Todo eso, claro, es pura mierda. Pero qué bonito es pensar que esto es así ya, o que algún día lo será, para hacer de este un mundo mejor o, por qué no, si siempre ha sido así, dominarlo bajo un solo cetro, bajo una única ideología. O sencillamente para obtener alguna plata de algún lado que nunca está muy claro dónde está.

La discusión en el barrio se ha dado porque algunos blogueros que voy a llamar raizales —pues llevaban ya algún tiempo escribiendo y, por tanto, llegaron a hacer parte de todas esas bobadas como romances, amenazas, tomatas, almuerzos, torneos de fútbol, gravísimos grupos de discusión, proyectos editoriales o premios de los que nadie, al final, sabe nada— se han regalado al gran capital, a las grandes corporaciones locales, a los medios hegemónicos de la oligarquía.

Unos, los críticos, dicen que con esto se está sentando el precedente para caspiar una oportunidad de negocio por el que pasa la «profesionalización» del muy noble arte de bloguear. Básicamente han dicho que bloguear, cuando se hace para alguien más, constituye un trabajo y en consecuencia debe ser remunerado. Si aparecen unos incautos que, con un bajo sentido de la oportunidad y el amor por la camiseta bloguera —y aquí habría que volver a un cuento sobre las diferencias supuestamente esenciales entre ser bloguero y ser escritor o periodista, las mismas que preocuparon hace más de dos años a Guillermo Santos, a Felipe Restrepo y Juan Manuel Santos—, lo hacen sin cobrar, a otros blogueros se les cerrarán las puertas de un oficio remunerado «haciendo lo que les gusta».

Otros, los optimistas, que desde luego son quienes han vendido su alma y su tiempo al gran Satán, presentan la situación como una oportunidad. Primero, parten de que no están recibiendo ningún dinero porque el gran capital o las manos invisibles del mercado sencillamente no ofrecerían ningún dinero y más vale pájaro en mano que ciento volando. Las hipótesis y la experiencia terminan demostrando esto. En cambio, el hecho de participar gratuitamente en un grande y prestigioso medio terminará reportando incontables beneficios que un buen día se traducirán en dinero, incluso mucho más del que, ilusamente, claro, habría podido soñar que les pagaría una pobre viejecita como alguna —de las dos que hay— gran casa editorial colombiana.

Por último me presento a mí, el escéptico. Mi escepticismo se basa en la pura experiencia y, para más señas, la pura experiencia con el Lucifer editorial que tentó a los antes libres blogueros, uno de los favoritos de este chuzo: Publicaciones Semana.

(Ante todo, ni más faltaba, el principal objetivo de Publicaciones Semana es producir hartísimo cachimoni para su dueño, Felipe López: publicidad por montones en las revistas, organización de y participación en eventos y alianzas estratégicas por todo lado, un departamento de marketing que es tan grande como las redacciones de sus tres principales publicaciones, etc. Después está producir formas más blandas de poder y eso es lo que hace de Publicaciones Semana, después de Caracol y RCN, el gran proyecto nacional de relaciones públicas. Por allá llegando al final está el cuento de la información, que muchos asumen con seriedad y orgullo bien porque, como los blogueros vendidos, consideran a Semana una gran vitrina, bien porque sencillamente aman el trabajo del periodismo. Pero al mismo tiempo saben que, así como no hay libro de estilo, cualquier cosa que produzcan será filtrada por los intereses de López. Y por último, muy al final, está el tema de la tecnología y los nuevos medios, ese temita que pone en la vanguardia a quien sencillamente diga «estamos interesados en tecnología y nuevos medios» pero que aquí se traduce en una directora que no sabe nada del tema y que está ahí porque es «de la familia» y en una cantidad de desarrollos que se hacen a la loca, según va el viaje, según se les ocurre, sin basarse en información sobre los usuarios y sus necesidades y sin considerar las posibilidades de aprovecharse después de ellas. Ni hablar de que el trabajo legal al respecto siempre brilla por su ausencia.)

Yo participé en Semana como pasante durante el segundo semestre de 2005. Con el tiempo, dilemas morales aparte, supe que no iba a ser fácil hacer parte de esa organización porque, muy en detrimento de mi vida laboral, carezco completamente de talento para la hipocresía en las relaciones interpersonales —a eso le dicen «falta de inteligencia afectiva»— y porque definitivamente no amo el periodismo. En esos seis meses regalé literalmente mi trabajo porque no cobré nunca el salario mínimo que tenía derecho a cobrar. Igual, tampoco iba mucho «a trabajar»: me daba mucha pereza. Eso cambió después cuando comencé a recibir un salario que consideré justo o suficiente.

Pero esto es diferente: en julio publicaron un artículo mío en SoHo, un artículo que no cobré. Dejé de hacerlo porque entendí, por cosas que me dijeron amigos, que no era una práctica corriente y porque pensé, como los optimistas, que algo así iba a servir de vitrina. Nada más lejos de los hechos pues no me han llamado ni de SoHo ni de ninguna parte por lo del artículo. Al respecto puede decirse que sencillamente no fue algo lo suficientemente llamativo como para que alguien me llamara. Por autoestima compartiría un comentario tal. Pero también hay que decir que aquí esas vitrinas no sirven de nada si uno mismo no se encarga de su trabajo de relaciones públicas, con todo lo que eso significa: la vitrina, en realidad, no existe.

Podría suponerse que la única vitrina que existe en Semana es la portada de SoHo. Las viejas que aparecen ahí normalmente nunca cobran. Quién sabe qué tanto dinero, qué tantos contratos de modelaje, qué tantos correos electrónicos lascivos de Julito o qué tantos pagos en efectivo por días enteros con traquetos han sacado estas mujeres gracias a SoHo. Desde mi punto de vista, SoHo se aprovecha de las mujeres. Y no porque las trate como objetos —eso es decisión de ellas—, sino porque están usufructuando su fama, que es algo que ellas ya tienen. Es sencillo: SoHo no le ha dado la fama a nadie ni ha hecho especialmente más famosa a ninguna vieja. Pero esa fama que las viejas regalan sí hace famosa a SoHo y esta fama, precisamente, se traduce en páginas y páginas de publicidad (que se cobran por mucha plata: SoHo es la publicación de Semana que más dinero contante y sonante le entrega a Felipe López por pauta) y en ventas, al mismo tiempo que es la revista en que menos tienen que invertir, pues solo lo hace en producción de fotos y ciertos artículos.

No creo que pueda hacerse una comparación semejante con la página de Dinero, donde están publicando los blogueros Alejandro Peláez —amigo de esta casa— y Jerome Sutter —desconocido por mí hasta hoy—. Este último es el que sostiene que está seguro de que lo que hace le reportará grandes beneficios en el futuro. Quiero creer que el optimismo de Sutter es falso y es solo una respuesta al hecho de que le hayan picado la lengua en Se nos cayó el sistema que porque realmente crea que las cosas vayan a ser así. Yo me permito hacer mi propia hipótesis: a la vitrina de Dinero podrían llegarle con una oferta de una vitrina en Portafolio y allá, con una de América Economía, y allá con una de… y así sucesivamente hasta llegar a The Economist. Y en cada oportunidad, que implicaría cada vez más responsabilidades, el tipo podría estar convencido de que un día le van a llegar con una gran oferta, la definitiva, esta vez sí en billete. Pero, sin ir tan lejos, no sé qué decisión racional tomarían si un día Peláez y Sutter encontraran que sus blogs son lo único que mantiene a la página de Dinero o, para no exagerar tanto, si fuera la décima razón de su sostenibilidad. En cualquier caso, nunca podrían disponer de esta información.

Y aquí introduzco otro motivo que tengo para ser escéptico: en Semana no se toman en serio el tema de los blogueros. Y no porque no lo paguen —eso tampoco dice mucho al final— sino porque solamente lo ven como una moda. Y lo de los blogueros es una moda, claro, pero ¿por qué y para quién? La decisión de poner blogs se tomó en Semana únicamente porque el asunto, por lo visto, estaba de moda. Antes de que alguien influyente cayera en cuenta de ese detalle, los blogueros —por no decir los que comentaban las notas— eran tildados de «cavernícolas». Ahora, en cambio, se nos vendió la idea de la participación como un derecho, como un regalo, como un favor y hasta hubo concurso de bloguero nacional y se hicieron sonar las campanas de la participación, la libertad y la democracia.

Pero la plataforma de los blogs en Semana no corresponde ni a los primeros bocetos de Blogspot. Carecen absolutamente de las posibilidades de creación, administración y distribución de contenido de la web 2.0. Se crearon desde la más absoluta ignorancia, a la carrera y sin basarse en las expectativas de los usuarios, sin pensar en los nichos comerciales, en negocios, en más ganancias.

Por eso mismo Sutter afirma que puede promocionar sus intereses particulares en el blog de Dinero, esperando que estos se rentabilicen alguna vez. Nadie sabe, al final, cuánto pone ni cuánto saca. Por eso mismo también es difícil sostener que una actividad como escribir «en formato blog» o «como bloguero» pueda ser avaluada o valorada alguna vez, al menos aquí en este lugar donde el capitalismo, en realidad, no se asoma aún.

Lejano oriente

Tuesday, 2 de October de 2007

Hoy no fue Arizmendi sino esta otra mujer que hace parte del programa matutino y dijo algo como «y si uno puede ver que en un lugar allá tan lejano como Corea se reúnen los presidentes de dos países separados por tanto tiempo por qué aquí no va a poder suceder algo parecido».

Claro, por qué no, si aquí es tan cerca. Por qué no, si aquí es igual de lejos de allá, donde sí, que de acá, donde no.

Porque Corea no tiene dos océanos.

¿Y por qué allá que es tan lejos sí pudieron hacer mundial y aquí que es tan cerca no?

Porque Corea sí es un país fragmentado.


Se pasa de inteligente

Thursday, 20 de September de 2007

…la publicidad *del diario planetario.

Se lee la noticia y se sale a comprar lo de la semana porque hay que aprovechar el descuento.

Pero es verdad que si de carne sabe El Tiempo, sobre todo sabe de su resurrección. ¿Curiosidad? ¡Ellos tienen el teléfono!

Venga, en serio, ¿Cermeño el menor está haciendo arterrorismo allá? Porque hasta ahora está buenísimo todo.

El mundo según El Tiempo

Thursday, 13 de September de 2007

El Pacífico es un mar, por ejemplo.

Descanso

Thursday, 13 de September de 2007

No sé cuánta gente que sueña nuevos proyectos de nación mientras empuña un fusil ve los partidos de fútbol de tu selección, mi selección, nuestra selección (v. Locademia de guerrilleros, de Sergio Cabrera). Pero no hay evento televisivo-deportivo en el que no envíen ese llamado idiota de «¡demovilícese ya!». Me pregunto ingenuamente si los publicistas que contratan las Fuerzas Armadas han hecho el respectivo estudio de público o si la campaña existe solamente para hacerle saber a la gente que lo están intentando pero es que esa gente de verdad no se entera de que el muro ya se cayó.

Hoy, en todo caso, el argumento dejó de ser chistoso por idiota a ser auténticamente chistoso:

El pueblo está cansado. ¡Desmovilícese ya!

Y si no entendieron pues paila.

Dicho y hecho

Saturday, 20 de January de 2007

Esta mañana Arizmendi estaba feliz porque otra vez, como hace un año, un niño había muerto de una manera horrorosa, chupado por la bomba de una piscina en Cartagena. Así que se divirtió cantidades averiguando todos los ángulos de la noticia con los testimonios de quienes habían intentado salvar al niño.

Estoy completamente convencido de que la habría pasado mejor si hubiera podido entrevistarlo. «Usted perdió sus piernas y la parte inferior de su abdomen. Mejor dicho, ahora está partido en dos como Bishop, el de Alien. ¿Qué sintió entonces? ¿Cómo se siente ahora?»

Pero el niño murió.

Así que recordé un cuento de Chuck Palahniuk —autor del Club de la pelea— llamado «Tripas». Dicen que la gente vomitaba o de desmayaba cuando el tipo lo leía. Disfrútenlo, como Arizmendi habría disfrutado el testimonio del pequeño:

Tripas

Tomen aire.

Tomen tanto aire como puedan. Esta historia debería durar el tiempo que logren retener el aliento, y después un poco más. Así que escuchen tan rápido como les sea posible.

Cuando tenía trece años, un amigo mío escuchó hablar del «pegging». Esto es cuando a un tipo le meten un pito por el culo. Si se estimula la próstata lo suficientemente fuerte, el rumor dice que se logran explosivos orgasmos sin manos. A esa edad, este amigo es un pequeño maníaco sexual. Siempre está buscando una manera mejor de estar al palo. Se va a comprar una zanahoria y un poco de jalea para llevar a cabo una pequeña investigación personal. Después se imagina cómo se va a ver la situación en la caja del supermercado, la zanahoria solitaria y la jalea moviéndose sobre la cinta de goma. Todos los empleados en fila, observando. Todos viendo la gran noche que ha planeado.

Entonces mi amigo compra leche y huevos y azúcar y una zanahoria, todos los ingredientes para una tarta de zanahorias. Y vaselina.

Como si se fuera a casa a meterse una tarta de zanahorias por el culo.

En casa, talla la zanahoria hasta convertirla en una contundente herramienta. La unta con grasa y se la mete en el culo. Entonces, nada. Ningún orgasmo. Nada pasa, salvo que duele.

Entonces la madre del chico grita que es hora de la cena. Le dice que baje inmediatamente.

El se saca la zanahoria y entierra esa cosa resbaladiza y mugrienta entre la ropa sucia debajo de su cama.

Después de la cena va a buscar la zanahoria, pero ya no está allí. Mientras cenaba, su madre juntó toda la ropa sucia para lavarla. De ninguna manera podía encontrar la zanahoria, cuidadosamente tallada con un cuchillo de su cocina, todavía brillante de lubricante y apestosa.

Mi amigo espera meses bajo una nube oscura, esperando que sus padres lo confronten. Y nunca lo hacen. Nunca. Incluso ahora, que ha crecido, esa zanahoria invisible cuelga sobre cada cena de Navidad, cada fiesta de cumpleaños. Cada búsqueda de huevos de Pascua con sus hijos, los nietos de sus padres, esa zanahoria fantasma se cierne sobre ellos. Ese algo demasiado espantoso para ser nombrado.

Los franceses tienen una frase: «ingenio de escalera». En francés, esprit de l’escalier. Se refiere a ese momento en que uno encuentra la respuesta, pero es demasiado tarde. Digamos que usted está en una fiesta y alguien lo insulta. Bajo presión, con todos mirando, usted dice algo tonto. Pero cuando se va de la fiesta, cuando baja la escalera, entonces, la magia. A usted se le ocurre la frase perfecta que debería haber dicho. La perfecta réplica humillante. Ese es el espíritu de la escalera.

El problema es que los franceses no tienen una definición para las cosas estúpidas que uno realmente dice cuando está bajo presión. Esas cosas estúpidas y desesperadas que uno en verdad piensa o hace.

Algunas bajezas no tienen nombre. De algunas bajezas ni siquiera se puede hablar.

Mirando atrás, muchos psiquiatras expertos en jóvenes y psicopedagogos ahora dicen que el último pico en la ola de suicidios adolescentes era de chicos que trataban de asfixiarse mientras se masturbaban. Sus padres los encontraban, una toalla alrededor del cuello, atada al ropero de la habitación, el chico muerto. Esperma por todas partes. Por supuesto, los padres limpiaban todo. Le ponían pantalones al chico. Hacían que se viera… mejor. Intencional, al menos. Un típico triste suicidio adolescente.

Otro amigo mío, un chico de la escuela con su hermano mayor en la Marina, contaba que los tipos en Medio Oriente se masturban distinto a como lo hacemos nosotros. Su hermano estaba estacionado en un país de camellos donde los mercados públicos venden lo que podrían ser elegantes cortapapeles. Cada herramienta es una delgada vara de plata lustrada o latón, quizá tan larga como una mano, con una gran punta, a veces una gran bola de metal o el tipo de mango refinado que se puede encontrar en una espada. Este hermano en la Marina decía que los árabes se ponen al palo y después se insertan esta vara de metal dentro de todo el largo de su erección. Y se masturban con la vara adentro, y eso hace que masturbarse sea mucho mejor. Más intenso.

Es el tipo de hermano mayor que viaja por el mundo y manda a casa dichos franceses, dichos rusos, útiles sugerencias para masturbarse. Después de esto, un día el hermano menor falta a la escuela. Esa noche llama para pedirme que le lleve los deberes de las próximas semanas. Porque está en el hospital.

Tiene que compartir la habitación con viejos que se atienden por sus tripas. Dice que todos tienen que compartir la misma televisión. Su única privacidad es una cortina. Sus padres no lo visitan. Por teléfono, dice que sus padres ahora mismo podrían matar al hermano mayor que está en la Marina.

También dice que el día anterior estaba un poco drogado. En casa, en su habitación, estaba tirado en la cama, con una vela encendida y hojeando revistas porno, preparado para masturbarse. Todo esto después de escuchar la historia del hermano en la Marina. Esa referencia útil acerca de cómo se masturban los árabes. El chico mira alrededor para encontrar algo que podría ayudarlo. Un bolígrafo es demasiado grande. Un lápiz, demasiado grande y duro. Pero cuando la punta de la vela gotea, se logra una delgada y suave arista de cera. La frota y la moldea entre las palmas de sus manos. Larga y suave y delgada.

Drogado y caliente, se la introduce dentro, más y más profundo en la uretra. Con un gran resto de cera todavía asomándose, se pone a trabajar.

Aun ahora, dice que los árabes son muy astutos. Que reinventaron por completo la masturbación. Acostado en la cama, la cosa se pone tan buena que el chico no puede controlar el camino de la cera. Está a punto de lograrlo cuando la cera ya no se asoma fuera de su erección.

La delgada vara de cera se ha quedado dentro. Por completo. Tan adentro que no puede sentir su presencia en la uretra.

Desde abajo, su madre grita que es hora de la cena. Dice que tiene que bajar de inmediato. El chico de la cera y el chico de la zanahoria son personas diferentes, pero tienen vidas muy parecidas.

Después de la cena, al chico le empiezan a doler las tripas. Es cera, así que se imagina que se derretirá adentro y la meará. Ahora le duele la espalda. Los riñones. No puede pararse derecho.

El chico está hablando por teléfono desde su cama de hospital, y de fondo se pueden escuchar campanadas y gente gritando. Programas de juegos en televisión.

Las radiografías muestran la verdad, algo largo y delgado, doblado dentro de su vejiga. Esta larga y delgada V dentro suyo está almacenando todos los minerales de su orina. Se está poniendo más grande y dura, cubierta con cristales de calcio, golpea y desgarra las suaves paredes de su vejiga, obturando la salida de su orina. Sus riñones están trabados. Lo poco que gotea de su pene está rojo de sangre.

El chico y sus padres, toda la familia mirando las radiografías con el médico y las enfermeras parados allí, la gran V de cera brillando para que todos la vean: tiene que decir la verdad. La forma en que se masturban los árabes. Lo que le escribió su hermano en la Marina. En el teléfono, ahora, se pone a llorar.

Pagaron la operación de vejiga con el dinero ahorrado para la universidad. Un error estúpido, y ahora jamás será abogado. Meterse cosas adentro. Meterse dentro de cosas. Una vela en la pija o la cabeza en una horca, sabíamos que serían problemas grandes.

A lo que me metió en problemas a mí lo llamo «Bucear por perlas». Esto significaba masturbarse bajo el agua, sentado en el fondo de la profunda piscina de mis padres. Respiraba hondo, con una patada me iba al fondo y me deshacía de mis shorts. Me quedaba sentado en el fondo dos, tres, cuatro minutos.

Sólo por masturbarme tenía una gran capacidad pulmonar. Si hubiera tenido una casa para mí solo, lo habría hecho durante tardes enteras.

Cuando finalmente terminaba de bombear, el esperma colgaba sobre mí en grandes gordos globos lechosos.

Después había más buceo, para recolectarla y limpiar cada resto con una toalla. Por eso se llamaba «bucear por perlas». Aun con el cloro, me preocupaba mi hermana. O, por Dios, mi madre.

Ese solía ser mi mayor miedo en el mundo: que mi hermana adolescente virgen pensara que estaba engordando y diera a luz a un bebé de dos cabezas retardado. Las dos cabezas me mirarían a mí. A mí, el padre y el tío. Pero al final, lo que te preocupa nunca es lo que te atrapa.

La mejor parte de bucear por perlas era el tubo para el filtro de la pileta y la bomba de circulación. La mejor parte era desnudarse y sentarse allí.

Como dicen los franceses, ¿a quién no le gusta que le chupen el culo? De todos modos, en un minuto se pasa de ser un chico masturbándose a un chico que nunca será abogado.

En un minuto estoy acomodado en el fondo de la piscina, y el cielo ondula, celeste, através de un metro y medio de agua sobre mi cabeza. El mundo está silencioso salvo por el latido del corazón en mis oídos. Los shorts amarillos están alrededor de mi cuello por seguridad, por si aparece un amigo, un vecino o cualquiera preguntando por qué falté al entrenamiento de fútbol. Siento la continua chupada del tubo de la pileta, y estoy meneando mi culo blanco y flaco sobre esa sensación. Tengo aire suficiente y la pija en la mano. Mis padres se fueron a trabajar y mi hermana tiene clase de ballet. Se supone que no habrá nadie en casa durante horas.

Mi mano me lleva casi al punto de acabar, y paro. Nado hacia la superficie para tomar aire. Vuelvo a bajar y me siento en el fondo. Hago esto una y otra vez.

Debe ser por esto que las chicas quieren sentarse sobre tu cara. La succión es como una descarga que nunca se detiene. Con la pija dura, mientras me chupan el culo, no necesito aire. El corazón late en los oídos, me quedo abajo hasta que brillantes estrellas de luz se deslizan alrededor de mis ojos. Mis piernas estiradas, la parte de atrás de las rodillas rozando fuerte el fondo de concreto. Los dedos de los pies se vuelven azules, los dedos de los pies y las manos arrugados por estar tanto tiempo en el agua.

Y después dejo que suceda. Los grandes globos blancos se sueltan. Las perlas. Entonces necesito aire. Pero cuando intento dar una patada para elevarme, no puedo. No puedo sacar los pies. Mi culo está atrapado.

Los paramédicos de emergencias dirán que cada año cerca de 150 personas se quedan atascadas de este modo, chupadas por la bomba de circulación. Queda atrapado el pelo largo, o el culo, y se ahoga. Cada año, cantidad de gente se ahoga. La mayoría en Florida.

Sólo que la gente no habla del tema. Ni siquiera los franceses hablan acerca de todo. Con una rodilla arriba y un pie debajo de mi cuerpo, logro medio incorporarme cuando siento el tirón en mi culo. Con el pie pateo el fondo. Me estoy liberando pero al no tocar el concreto tampoco llego al aire. Todavía pateando bajo el agua, revoleando los brazos, estoy a medio camino de la superficie pero no llego más arriba. Los latidos en mi cabeza son fuertes y rápidos.

Con chispas de luz brillante cruzando ante mis ojos me doy vuelta para mirar… pero no tiene sentido. Esta soga gruesa, una especie de serpiente azul blancuzca trenzada con venas, ha salido del desagüe y está agarrada a mi culo. Algunas de las venas gotean rojo, sangre roja que parece negra bajo el agua y se desprende de pequeños rasguños en la pálida piel de la serpiente. La sangre se disemina, desaparece en el agua, y bajo la piel delgada azul blancuzca de la serpiente se pueden ver restos de una comida a medio digerir.

Esa es la única forma en que tiene sentido. Algún horrible monstruo marino, una serpiente del mar, algo que nunca vio la luz del día, se ha estado escondido en el oscuro fondo del desagüe de la pileta, y quiere comerme.

Así que la pateo, pateo su piel resbalosa y gomosa y llena de venas, pero cada vez sale más del desagüe. Ahora quizá sea tan larga como mi pierna, pero aún me retiene el culo. Con otra patada estoy a unos dos centímetros de lograr tomar aire. Todavía sintiendo que la serpiente tira de mi culo, estoy a un centímetro de escapar.

Dentro de la serpiente se pueden ver granos de maíz y maníes. Se puede ver una brillante bola anaranjada. Es la vitamina para caballos que mi padre me hace tomar para que gane peso. Para que consiga una beca gracias al fútbol. Con hierro extra y ácidos grasos omega tres. Ver esa pastilla me salva la vida.

No es una serpiente. Es mi largo intestino, mi colon, arrancado de mi cuerpo. Lo que los doctores llaman prolapso. Mis tripas chupadas por el desagüe.

Los paramédicos dirán que una bomba de agua de piscina larga 360 litros de agua por minuto. Eso son unos 200 kilos de presión. El gran problema es que por dentro estamos interconectados. Nuestro culo es sólo la parte final de nuestra boca. Si me suelto, la bomba sigue trabajando, desenredando mis entrañas hasta llegar a mi boca. Imaginen cagar 200 kilos de mierda y podrán apreciar cómo eso puede destrozarte.

Lo que puedo decir es que las entrañas no sienten mucho dolor. No de la misma manera que duele la piel. Los doctores llaman materia fecal a lo que uno digiere. Más arriba es chyme, bolsones de una mugre delgada y corrediza decorada con maíz, maníes y arvejas.

Eso es la sopa de sangre y maíz, mierda y esperma y maníes que flota a mi alrededor. Aún con mis tripas saliendo del culo, conmigo sosteniendo lo que queda, aún entonces mi prioridad era volver a ponerme el short. Dios no permita que mis padres me vean la pija.

Una de mis manos está apretada en un puño alrededor de mi culo, la otra arranca el short amarillo del cuello. Pero ponérmelos es imposible.

Si quieren saber cómo se sienten los intestinos, compren uno de esos condones de piel de cabra. Saquen y desenrrollen uno. Llénenlo con mantequilla de maní, cúbranlo con lubricante y sosténganlo bajo el agua. Después traten de rasgarlo. Traten de abrirlo en dos. Es demasiado duro y gomoso. Es tan resbaladizo que no se puede sostener. Un condón de piel de cabra, eso es un intestino común.

Ven contra lo que estoy luchando.

Si me dejo ir por un segundo, me destripo.

Si nado hacia la superficie para buscar una bocanada de aire, me destripo.

Si no nado, me ahogo.

Es una decisión entre morir ya mismo o dentro de un minuto. Lo que mis padres encontrarán cuando vuelvan del trabajo es un gran feto desnudo, acurrucado sobre sí mismo. Flotando en el agua sucia de la piscina del patio. Sostenido por atrás por una gruesa cuerda de venas y tripas retorcidas. El opuesto de un adolescente que se ahorca cuando se masturba. Este es el bebé que trajeron del hospital trece años atrás. Este es el chico para el que deseaban una beca deportiva y un título universitario. El que los cuidaría cuando fueran viejos. Aquí está el que encarnaba todas sus esperanzas y sueños. Flotando, desnudo y muerto. Todo alrededor, grandes lechosas perlas de esperma desperdiciada.

Eso, o mis padres me encontrarán envuelto en una toalla ensangrentada, desmayado a medio camino entre la piscina y el teléfono de la cocina, mis desgarradas entrañas todavía colgando de la pierna de mis shorts amarillos. Algo de lo que ni los franceses hablarían.

Ese hermano mayor en la Marina nos enseñó otra buena frase. Rusa. Cuando nosotros decimos: «Necesito eso como necesito un agujero en la cabeza», los rusos dicen: «Necesito eso como necesito un diente en el culo». Mne eto nado kak zuby v zadnitse. Esas historias sobre cómo los animales capturados por una trampa se mastican su propia pierna; cualquier coyote puede decir que un par de mordiscos son mucho mejores que morir.

Mierda… aunque seas ruso, algún día podrías querer esos dientes. De otra manera, lo que tenés que hacer es retorcerte, dar vueltas. Enganchar un codo detrás de la rodilla y tirar de esa pierna hasta la cara. Morder tu propio culo. Uno se queda sin aire y mordería cualquier cosa con tal de volver a respirar.

No es algo que te gustaría contarle a una chica en la primera cita. No si querés besarla antes de ir a dormir. Si les cuento qué gusto tenía, nunca nunca volverían a comer calamares.

Es difícil decir qué les disgustó más a mis padres: cómo me metí en el problema o cómo me salvé. Después del hospital, mi madre dijo: «No sabías lo que hacías, amor. Estabas en shock». Y aprendió a cocinar huevos pasados por agua.

Toda esa gente asqueada o que me tiene lástima… la necesito como necesito dientes en el culo.

Hoy en día, la gente me dice que soy demasiado delgado. En las cenas, la gente se queda silenciosa o se enoja cuando no como la carne asada que prepararon. La carne asada me mata. El jamón cocido. Todo lo que se queda en mis entrañas durante más de un par de horas sale siendo todavía comida. Chauchas o atún en lata, me levanto y me los encuentro allí en el inodoro.

Después de sufrir una disección radical de los intestinos, la carne no se digiere muy bien. La mayoría de la gente tiene un metro y medio de intestino grueso. Yo tengo la suerte de conservar mis quince centímetros. Así que nunca obtuve una beca deportiva, ni un título. Mis dos amigos, el chico de la cera y el de la zanahoria, crecieron, se pusieron grandotes, pero yo nunca llegué a pesar un kilo más de lo que pesaba cuando tenía trece años. Otro gran problema es que mis padres pagaron un montón de dinero por esa piscina. Al final mi padre le dijo al tipo de la piscina que fue el perro. El perro de la familia se cayó al agua y se ahogó. El cuerpo muerto quedó atrapado en el desagüe. Aun cuando el tipo que vino a arreglar la piscina abrío el filtro y sacó un tubo gomoso, un aguachento resto de intestino con una gran píldora naranja de vitaminas aún dentro, mi padre sólo dijo: «Ese maldito perro estaba loco». Desde la ventana de mi pieza en el primer piso podía escuchar a mi papá decir: «No se podía confiar un segundo en ese perro…».

Después mi hermana tuvo un atraso en su período menstrual.

Aun cuando cambiaron el agua de la pileta, aun después de que vendieron la casa y nos mudamos a otro estado, aun después del aborto de mi hermana, ni siquiera entonces mis padres volvieron a mencionarlo.

Esa es nuestra zanahoria invisible.

Ustedes, tomen aire ahora.

Yo todavía no lo hice.

Cosas que se leen y no sorprenden

Friday, 29 de December de 2006

Será por no ser (tan) católico:

…en este microcosmos que es el mundo del periodismo, las tensiones son muy fuertes entre quienes desearían defender los valores de la autonomía, de la libertad respecto de las exigencias de la publicidad, de las presiones, de los jefes, etcétera, y quienes se someten a esas exigencias y son pagados por ello en justa compensación… Estas tensiones apenas pueden expresarse … porque las condiciones no son muy favorables: pienso, por ejemplo, en la oposición entre las grandes estrellas que cobran fortunas, particularmente visibles y particularmente recompensadas, pero también particularmente sumisas, y los destajistas invisibles de la información, de los reportajes, que cada vez se vuelven más críticos porque, a pesar de que cada vez están mejor formados debido a la lógica del mercado del empleo, son utilizados para tareas cada vez más pedestres e insignificantes… la tensión entre lo que pide la profesión y las aspiraciones que quienes se dedican a ella adquieren en las escuelas de periodismo o en las facultades es cada vez mayor, aunque también hay quienes se adaptan muy pronto y muy bien, sobre todo si tienen ansias de trepar… El periodismo es una de las profesiones en las que hay más personas inquietas, insatisfechas, indignadas o cínicamente resignadas, y en la que es muy común la expresión … de la ira, la náusea o el desánimo ante la realidad de una profesión que se sigue viviendo o reivindicando como «distinta de las demás». Pero estamos lejos de una situación en la que estos despechos y rechazos pudieran convertirse en una auténtica resistencia, individual y, sobre todo, colectiva.

Bourdieu, Sobre la televisión, pp. 51-52.

O más bien porque para cualquiera eso ya «es evidente» (p. 35).