Archivo de la categoría "«Actualidad»"

Amuletos

Jueves, 17 de Julio de 2008

Uribe dice que el man sacó aquel chaleco o parche o trapo o trusa porque le dio miedo. Es que el man, dándoselas de danés imbécil, estaba esperando que los guerrilleros en vez de fusiles llevaran ramos de flores o bebés revolucionarios de nombre Camillo Ernesto. Su mamá esa mañana le había empacado en una talega de papel un sánduche de queso de cabeza y el aparato ese blanco «por si acaso, por si le da miedo, mijo». Se le habían acabado las goticas de valeriana (Vulturno dixit) o sencillamente no creía en esos embelecos. Porque hay que verlo desde una perspectiva más racional, más de este mundo, más de un soldado de la patria: cualquiera sabe bien que para defenderse de las balas no hay mejor cosa que un pedazo de tela blanca con una cruz roja y unas letras ahí estampadas. Además, como está comprobado, evita secuestros.

Pruebas

Domingo, 25 de Mayo de 2008

Ahora lo verdaderamente importante es que Dios nos demuestre que no existe.

Un mensaje para nuestro gobierno:

¡LA PRÓXIMA VEZ QUEREMOS VER SANGRE DE NUEVO!

Turismo

Martes, 13 de Mayo de 2008

Lo que tienen que hacer esas víctimas lloronas es dedicarse a algo productivo como el narcotráfico para, por la razón que sea, puedan viajar a juzgar y ser juzgados.

Marijuana kills

Martes, 26 de Febrero de 2008

La semana pasada un muchacho fue sodomizado por un epistemólogo de origen austriaco. Su ano hizo tantas contracciones que al final explotó.

Antier una señora murió cuando tuvo alucinaciones vívidas con el hermano cherokee de Freddy Krueger en el patio de una casa en Normandía.

Las drogas están de moda porque las drogas matan.


The phantom limb syndrome

Jueves, 7 de Febrero de 2008

Una marcha contra las AUC no tiene sentido: a los paramilitares los acabó el doctor Uribe hace años. ¿Por qué hijueputas les sigue doliendo? Vayan a que les hagan terapia de choque para que dejen de joder.

Adenda:

Además el man del video lo dijo muy claramente: «si el gobierno (sic) ha desaparecido personas no creo que haya sido porque sí».

La marcha, cierto

Jueves, 31 de Enero de 2008

Le decía a O-Lu que no escribía nada sobre la marcha —jo, jo— porque ya todo estaba dicho. Y para quienes leen este blog —¿me leen aún?— no resultará sorprendente saber que no iré a esta. O, mejor, no participaré, pues probablemente iré a ver y a tomar fotos. Al fin y al cabo no hay nada qué hacer ese día ni el que sigue ni el que sigue…

Y no voy —o no participo— más o menos por las mismas razones que han dado por ahí, especialmente porque para mí está claro que la marcha está politizada desde el comienzo y sin necesidad de la CIA. Y aquí politizado no quiere decir alineado con un partido, como han querido hacerlo entender, sino que corresponde a alguna idea de lo que se debe hacer frente a algo. La marcha tiene un objetivo claro y el tal clamor popular —«¡No más FARC!»— es cuento viejo. Tan viejo es que precisamente las motivaciones y justificaciones coinciden con la cosmovisión que soporta el regimen de Uribe —y con otros fenómenos como el tropipop, según he dicho ya— y está claro que estas no son necesariamente «partidistas».

No participo porque el problema no son las FARC. Ver las cosas así es muy bobo y punto. Tal vez iría, participaría, si la marcha fuera en contra del cinismo de las FARC —la parte del lema que dice «no más secuestros, no más mentiras, no más muertes»—. Probablemente marcharía en contra de cualquier cinismo de ese estilo —el de las FARC, los paras, el Ejército y sucesivos gobiernos nacionales— como en contra del cinismo de cada día, el cinismo que nos amarga la maldita vida daria, el famoso «poresoledigo».

Cuando se dice «no más FARC» deja de hablarse de transformación, se aboga por acabar con el otro —ese otro es gente, al fin y al cabo— a cualquier precio, se pide sometimiento total, etc.; además está claro que ese «otro» para muchos no es únicamente las FARC sino cualquier «alternativa de izquierda». Eso por una parte es ingenuo —ah sí, esa es la otra razón por la que nunca participo en marchas, porque no sirven para absolutamente nada y aquí en Colombia además las marchas son increiblemente aburridas— porque a las FARC les vale verga lo que tú y yo pensemos, querido amigo o amiga lectora o lectora, ciudadanos del común, y siempre ha sido así y esa es la razón por la que hay marcha y por lo que se justifica de esa manera. Por otra parte, sencillamente no estoy de acuerdo. Sí, hablo de la negociación —por cierto, no de intercambio, aunque esto ya tiene lugar fijo en cualquier intento de negociación—, de ceder, de que cada uno ceda. Y pensar eso también es soberbia ingenuidad porque nadie quiere negociar, porque ambos son cínicos y, sobre todo, poderosos.

En fin, la marcha es, en sus orígenes, seguirle apostando a la lógica del ganador y el derrotado. Pues bien, en la mayoría del mundo sacar pañuelos blancos es señal de rendición. Esa será una linda imagen para el exterior que tanto ha preocupado a sus organizadores (gracias a Paola por el dato).

Psicogeopolítica del secuestro

Miércoles, 16 de Enero de 2008

Con ideas de Don Tomate y María Paula

Es el lugar más allá de la frontera. Es el bosque, espejo del mar o del desierto; en fin, el laberinto que condena inevitablemente a la muerte. Es húmeda, caliente, malsana y todo es igual. Terreno liso, solo rugoso en cuanto a textura. Allá la gente ha dejado de ser gente porque se atrasa, tiene que vivir día a día comiendo bejucos y bichos raros. Es la selva, el lugar donde «se están pudriendo».

Eso, finalmente, es lo único que dicen. Es la imagen que remite a un pan húmedo que se guarda en un lugar oscuro para que le salgan hongos.

Me pregunto qué dirían —qué tendrían que decir— si estuvieran secuestrados en otro lugar de Colombia en donde no se pensara tradicionalmente que es el peor lugar, que eso para qué ir allá, que eso es para tumbarlo y echarle harta vaca y harta palma africana. O coca. O café. O eucaliptos.

O para apreciarlo desde afuera, como monumento ecológico, como el Quindío virgen, como el Chocó indómito donde otra vez secuestran gente, como el Putumayo adonde Christian Schmalbach nos lleva a abrazar los árboles que nos hablan con sus voces ancestrales, donde nos estafan los taitas.

La gente no se pudre en las ciudades ni en las veredas. Allá los miembros arrancados no son alimento de moscas. Las heridas no se gangrenan al lado de la iglesia de San Francisco.

Alegrémonos por nuestra suerte, porque el agua que corre por las paredes de los edificios en que vivimos, porque la caca y el orín se van directamente al río, porque hay almuerzo casero o ejecutivo o del día, porque estamos dentro del «Triángulo de oro». Todos los demás son mártires dignos de elogios en un domingo en el Veinte de julio. Y es así porque están allá lejos, lejísimos, donde solo saben llegar Chávez, Drummond y BP.