Archivo de August de 2011

Amor: una declaración de principios

Monday, 8 de August de 2011

“When I use a word,” Humpty Dumpty said, in rather a scornful tone, “it means just what I choose it to mean — neither more nor less.”

Dijo Catalina Ruiz que el amor está hecho para la mujer que todo lo tiene. Que para tener hijos puede buscarse un especialista en fertilidad, que la independencia laboral le da para el sustento. El amor, le respondí, se lo puede dar un perro, porque el perro, aunque no está dando amor, parece estar dando amor. La búsqueda constante y la fidelidad de un perro por su amo son simplemente manifestaciones del instinto de una especie gregaria, condenada además por los humanos a vivir una infancia eterna, dócil y sometida. Y la ama (estamos hablando de mujeres que no necesitan nada más que eso) entiende bien que eso es amor o devoción. Porque, y esta es la raíz de todo, el amor de otra persona solo existe en uno, como una interpretación de algo que alguien más hace, probablemente sin intención. Si usted se siente amado, se siente amado. Y si no, no. Nunca es responsabilidad de uno hacer sentir al otro que lo están amando porque eso es simplemente imposible.

Pero he dicho todo esto sin problematizar el contenido de la palabra amor. Pero es que es una palabra tan común y tan caspeada como cualquiera del vocabulario de las ciencias sociales (discurso, poder, estructura…), una de esas palabras que todo el mundo usa sin preguntarse qué entiende por ella ni qué le van a entender cuando la use. Pero además es una palabra tabú, que designa algo supuestamente puro, inconmensurable, indescriptible y, sobre todo, sagrado, cuya existencia es incuestionable y que solo se siente cuando se siente. A nadie le gusta que le digan que es, por ejemplo, una reacción química en el cerebro o una construcción social. En el colegio, Castro me dijo una vez que debería haber una máquina que le dijera a uno si está enamorado o no.

Y sin embargo, de nuevo, el amor es fundamental. Quién sabe qué amor, qué idea de amor, pero es fundamental. La gente no vive feliz sin amor, sin amar ni que la amen. ¿Pero qué carajos es eso? ¿Qué carajos quieren decir con todo eso? Algo, desde luego, alguna noción existe, pero no es nada que puedan describir, definir, concretar y a veces ni siquiera señalar. Está en su esencia práctica el no aceptar limitación semántica alguna (referente, significado, significante, excepto la palabra misma), ni siquiera por el bien de nada. Se daña, dicen. Pero entonces sucede algo más interesante y con frecuencia aberrante: si no es declarado, no existe. Así de paradójico y así de complicado.

Cuando a mí me dicen «te amo» yo honestamente no sé qué hacer y me pongo nervioso. Solamente entiendo que ha de ser algo muy importante, que no es algo que se le dice a cualquiera o en cualquier circunstancia, que debería estar orgulloso u honrado y que debería coger esas palabras con pinzas y dejarlas en un lugar seguro. Y por eso yo difícilmente digo eso. Una vez para una clase leí un cuento cubano que se llama «No le digas que la quieres» o algo así. La idea era leerlo críticamente, leerlo a la luz de los hábitos de pensamiento sobre el amor o el cariño. Se lo di a leer a Diana después de nuestra primera vez. A ella le gustó y probablemente se enamoró más. El cuento dice que todos los amigos le dicen a otro amigo, que va a perder la virginidad con la novia, que no se le ocurra nunca decirle que la quiere; o que la ama. Pero el tipo al final lo hace porque «es inevitable».

En mi caso decirlo no es inevitable, es algo que hay que pensar y meditar, que es fruto de la voluntad propia, más allá de que en el fondo se pueda sentir un dolor —por cierto, pasajero— en el estómago. Y porque aún no sé qué es con certeza, pero sigo creyendo que es sagrado y no merece ser usado en vano. ¡Pero sobre todo es algo que siento y hago, maldita sea! Y si usted no entiende que la amo por las cosas que hago, pues nunca lo va a entender. Si no lo vio en la mirada o en el gesto o en la caricia, nunca lo va a ver. Y si decidió que no lo quiere ver ni en mí ni en nadie, pues mucho menos. No me culpe por no querer sentirse amada como yo la amo. No me diga que estoy atrofiado, que tengo una forma enferma de amar. No me juzgue si no saqué todas mis ideas sobre el contenido de esa palabra de una emisora de canciones hechas para vender, sino de un papá y una mamá que, según todo indica, se quisieron desde que ya estaban viejos hasta que ella se murió. Si no es capaz de sentir o entender que la aman es su problema, no el mío.

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Adenda:

El 7 de marzo escribí esto: «ser una cosa que fracasó en su intento de comunicar algo muy sencillo que no sentía hace rato».