Archivo de February de 2011

Contar los muertos

Tuesday, 15 de February de 2011

Lo intertextual: la relación implícita o explícita entre los textos —entendiendo texto en su concepto universal— en el espacio y el tiempo. Quiero relacionar tres columnas distantes entre sí que aparecieron en El Espectador. En su orden, «¿Indecente? Solo si se hace bien», de Catalina Ruiz y publicada el 10 de septiembre de 2010, «Escalafones», de Francisco Gutiérrez y publicada el 11 de noviembre de 2010, y «173 kilómetros de cadáveres», de Alfredo Molano y publicada el pasado domingo 13 de febrero.

La columna de Catalina trata el tema de los actos terroristas como obras de arte. Mejor dicho, como composiciones que buscan crear efectos, crear imágenes imborrables, aunque desagradables y dolorosas, por supuesto. Esta es una idea difícil de comprender, asimilar o compartir para quienes piensan que el arte debe transmitir lo bello mostrando lo bueno y lo verdadero. En suma, los atentados del 11 de septiembre de 2001 eran una obra de arte por su composición, porque «había sido pensado visualmente»: con imágenes —visuales o narrativas— se crean los acontecimientos, las historias que se cuentan.

Gutiérrez llama la atención sobre la toma del Palacio de Justicia en noviembre de 1985 como el acontecimiento que encabeza la lista de lo que «los colombianos» consideran las peores tragedias de la historia. Y ahí está, de nuevo, una imagen: la luz de un edificio en llamas, que contrasta con el negro del cielo nocturno, simboliza toda una historia de insensatez y crueldad, el acontecimiento. Pero Gutiérrez, sin minimizar la tragedia del Palacio, habla de tragedias más horribles, considerando otros criterios. Finalmente llega a la conclusión de que la peor tragedia del país es el desplazamiento. ¿Pero qué imagen hay de esto? Gente que mendiga en la calle, una caricatura de Antonio Caballero, una idealización de la vida en el campo: ¿dónde están los millones de desplazados? ¿Es posible imaginarse tal cosa?

Finalmente Molano nos invita a construir una imagen que voy a amplificar: un viaje por carretera, de Bogotá a Tunja (o de Cali a Popayán, o de Medellín a Honda), con una fila de cadáveres, uno detrás del otro al lado. Esa sería la imagen de las personas asesinadas por los paramilitares «si se fusilaran de uno en uno»: una fila de 135.000 cadáveres. Molano imagina más: un pueblo grande como Yarumal, Zarzal o Guaduas. Creo que solo he visto una imagen remotamente parecida a eso en la película Hotel Ruanda:

Pensando en eso construí un mapa en el que uso el Parque Tercer Milenio como referencia para un cementerio de 135.000 cadáveres en tumbas de 1,7 por 3,2 metros, un cementerio de 733 mil metros cuadrados. A su lado, para que nos hagamos una idea, para que amplifiquemos la imagen, las áreas de la Universidad Nacional, de los parques Nacional y Simón Bolívar, del Country Club y el cementerio Jardines del Recuerdo.


Ver 173 kilómetros de cadáveres en un mapa más grande

Alguna vez vi en la séptima una imagen parecida a la que propone Molano. Era un monumento temporal a víctimas de la izquierda, una fila de ladrillos blancos que partía de la Plaza de Bolívar e iba mucho más allá. Cada ladrillo tenía el nombre de una persona muerta. En Colombia, como dice Posada Carbó, no hay monumentos.