Archivo de May de 2010

Enfermedad

Tuesday, 18 de May de 2010

El año pasado estuve dos veces en urgencias y no pienso volver a pasar por la experiencia foucaultiana de pasar ocho horas retenido, examinado cada dos horas por un médico diferente, que me hace preguntas absurdas —aunque tengan mucho sentido para ellos— como qué tanto me duele «de uno a diez», para al final recibir un reporte que dice en griego lo que yo ya sabía que tenía, porque por eso mismo estaba ahí. En diciembre, por ejemplo, llegué por un intenso dolor de espalda que comenzó de repente y me dejó en el suelo. Ocho horas después salí del hospital apenas aliviado, con una receta de analgésicos y un reporte que simplemente decía «lumbalgia», es decir, dolor de espalda.

La semana pasada comencé a sentir un intenso dolor abdominal que incluso en la noche del jueves no me dejó dormir. Pronto me recomendaron tomar buscapina. Y que fuera al médico, que fuera pronto, que fuera a urgencias. Pero no voy a volver a urgencias. El dolor desapareció súbitamente el viernes por la noche. Y días después comenzaron otros dolores inconexos. Me sentía enfermo, mal. Pero he estado acostumbrado a muchos dolores diversos desde hace diez años.

Pedí una cita con un médico y acabo de volver, con el nombre de una enfermedad, un nombre absurdo, y una receta médica. Según el médico, un hombre agresivo y vehemente, la colección de síntomas inconexos e irregulares que he coleccionado durante los últimos diez años son típicos del «síndrome de causa desconocida». Y el tratamiento es una pequeña dosis diaria (12,5 mg) de un antidepresivo llamado Amitriptilina. Mientras tanto el médico parecía leyéndome el tarot, me revelaba toda mi experiencia con médicos como si la conociera: exámenes que dicen que estoy bien y mientras tanto los dolores, los síntomas, siguen.

Yo estaba maravillado y feliz. Era como si me revelaran un secreto que habían estado guardándome por años, como si me dijeran cuál era mi identidad y un plan de vida. Hoy me siento como cuando me dijeron que mi mamá tenía cáncer. El mundo da vueltas por un rato y de pronto se frena en un lugar donde todo tiene un significado nuevo y es imposible volver al estado anterior. Toda la vida pensaba que era una cosa tal y ahora no es así. Tengo un síndrome. O eso me dijo el médico.

Guardé las pepas en la mesa de noche. Buscaré otra opinión.