Archivo de April de 2009

Imperio

Friday, 24 de April de 2009

Peor que la incorrectez política deliberada es la estupidez políticamente correcta.

Ejemplo de lo primero es el franquismo académico que practican ciertos sectores en cierta institución exclusivamente universitaria de larga tradición en este país ―e incluso antes de que fuera este país―. El cierto sector tiene por brújula investigativa rastrear las huellas de la hispanidad que han dado forma a nuestro país. La tal hispanidad se entiende como una línea continua que va de los enclaves fenicios en las orillas mediterraneas de Iberia, pasando por las gestas de don Pelayo, hasta el «ideal nacional» de Carlos V, que comprendía variadísimos territorios en tres continentes. Y bueno, todo eso llegó a Colombia, antes de que fuera Colombia. Como antes «todo» había llegado a España, antes de que existiera España, aunque para el franquista siempre ha existido. Y existirá, claro.


Lo segundo viene por cortesía de la socialbacanería lingüística. Como no aguanta tanto celebrar el idioma que aquí y en el resto del mundo llamamos español, que al fin y al cabo es lengua importada y de opresión, entonces celebremos las lenguas «nativas», entre ellas el palenquero, el raizal y el romaní, que son nativas en la medida en que esa palabra no significa «natural de un lugar» sino «diferente», «marginal» y otras cosas que les interesan a los socialbacanos pero que no son capaces de denominar como harían los franquistas: «salvajes», «dignos de desaparición» o, como las llama uno de los integrantes del cierto sector de la cierta universidad, «dialectos». Nativo como sí es el huitoto (et al.), pero no es, pues, el español hegemónico de estas tierras, aun si lleva más de cinco siglos, aun si ya no es propiedad de quienes «generosamente nos lo concedieron», aun si eso es lo que quieren que pensemos.

Así que ambas partes terminan siendo igual de pendejas.

***

Hace un año escribí para Arcadia una reseña de Saber hablar, un libro que acababa de sacar el Instituto Cervantes. Al final no la publicaron porque se atravesó alguna pauta. Decía así:

Se dice que hablar es la forma de comunicación predominante en Colombia y ha definido su cultura. La radio siempre ha sido más exitosa, en detrimento de la expresión gráfica o audiovisual, sin mencionar la lectura. Las narraciones de fútbol expresan, literalmente, obviedades. Las películas padecen diálogos interminables; las que no, «no se entienden». El orador, sea elegante o de proverbio arriero, es aún la imagen del político.

Una guía para practicar mejor la cultura nacional no está de más. Como su antecesor Saber escribir (2006), este manual busca estar al alcance de todo el público hispanoparlante y hace parte de un plan para estandarizar la lengua en el mundo.

Bourdieu, entre otros, dijo que la cortesía lingüística —oral y escrita— nació bajo el signo de la burocracia y por eso mismo ha servido para dominar ya que margina lo diferente y da dirección específica al comportamiento. Otros, optimistas o pragmáticos, dicen que los protocolos aceitan los engranajes de la sociedad para que las cosas se den fácilmente pues salvan las posibles ambigüedades de lo que es particular.

Lo cierto es que los manuales siempre son moralistas: dicen qué es o qué no es correcto. O, lo mismo, estandarizan. En este manual el discurso exitoso es el que, como se dice ahora —¿ahora?—, vende. Haciendo uso de conceptos de disciplinas tan antiguas como la retórica y tan recientes como la sociolingüística, se tratan los cuatro aspectos que definen un buen discurso: su corrección léxica, gramatical y fónica, la formulación y organización de sus ideas, los elementos que le son externos y, por último, su género, definido por la circunstancia.

El texto está escrito desde España y, a pesar de lo que pretende, pensado por sus autores para un inmediato público español. El lector reflexivo encontrará lo suficiente para desarrollar estrategias según sus circunstancias. Quien busque recetas lo encontrará confuso o ridículo, y tendrá que esperar a que se publique una versión adaptada, en efecto, a nuestra idiosincrasia.

Mejor complemento de esta reseña es esto:


Cuando uno se detiene a ver el símbolo del Instituto Cervantes ve claramente que hay una ñ:

La virgulilla que da identidad a esa letra única, que además está en el mismo nombre del idioma, da identidad al instituto de la cultural española. ¿Para qué más? Eso mismo dice quien lo diseñó, el emblemático Enric Satué. Catalán, por cierto.

Pero una mirada más detenida da cuenta de su otra clara inspiración:

Columnas de Hércules, consigna «plus ultra» (en latín, más allá). El Instituto Cervantes no es únicamente la lengua sino el imperio:

El español de América es anticuado en palabras de Manuel Seco. Por suerte muchos por ahí celebran la resurrección del imperio usando a diario palabras como polla, coño, correrse, braguita y chupada.

Adenda: De acuerdo con Gregorio Salvador y Juan Lodares en su libro Historia de las letras (pp. 197-98), hay un signo tipográfico muy popular que provendría de simplificar el escudo de España: $.

El derecho a la parodia

Friday, 3 de April de 2009

Miren tan bonito lo que encontré en interné:

Ay, ya no está… Debe de ser porque en este país de delicados idiotas un chiste idiota es una afrenta contra quién sabe qué, comparable con mancillar el buen nombre de quién sabe qué.

Señores de la Federación Nacional de Cafeteros:

Este juego idiota no tiene el terrorista fin de aniquilar una marca que es bien conocida en todo el mundo. Tiene el modesto fin de cualquier juego idiota: divertir un ratico.

Este juego idiota es un homenaje igualmente pendejo a dos referentes de lo que llaman «cultura popular»: Juan Valdez, figura idealizada (e inexistente) de un caficultor colombiano, y Ramón Valdez, deudor moroso vitalicio de origen mexicano. Curiosamente para muchos vendehumos expertos en mercadeo hacerse a un lugar en la «cultura popular», como muestran estos juegos idiotas, es una prioridad.

Este juego idiota es practicado por gente que con seguridad sale de ver videos de El Chavo en YouTube para irse a tomar café premium 100% colombiano con nombres 100% colombianos como «latte», preparados en máquinas 100% colombianas marca Bunn y camisetas hechas en China.

Este juego idiota es más idiota que esto, que sí es visto en todo el mundo (o por lo menos por los gringos, que es lo que a ustedes les importa):


Atención a 1:10. Música de Dethklok

Lo de ustedes es una pataleta, una leguleyada estúpida fundamentada en un temor que cualquiera sabe que no tienen:

…tanto las marcas como la imagen del personaje Juan Valdez y de la Federación se están viendo perjudicadas, por cuanto dicho uso, además de afectar la función distintiva y el valor comercial de la marca y de la imagen de Juan Valdez, como quiera [aborrecible abogadismo] que estas alteraciones tienden a confundir al público haciendo que en un periodo de tiempo olviden el verdadero origen empresarial de los servicios.

Y, no olvidemos, los pobres campesinos:

…la utilización referida afecta los intereses de más de 500.000 productores de café en Colombia que con su esfuerzo y dedicación han creado estas marcas…

Faltaron los niños, las mujeres, los ancianos y «nuestras» minorías.

Un boicot mundial de café de Colombia, por la razón que sea («el café colombiano usa sangre de vaca», dice el mito urbano), debería timbrarlos de verdad. Pero nunca va a pasar. ¿De qué se preocupan? Los empresarios tristes, inseguros y bienpensantes como ustedes son los que tienen a este país de mierda condenado a tener mil años de cuentahuesos en Sábados Felices, Píteralbeiros, pesonajes clichesudos en telenovelas y películas de Dago García, imitaciones y trova paisa tipo La Luciérnaga o refritos que ya no saben a nada, como Larrivista.

Dejen la huevonada y más bien ofrézcanle a Nicolás (y a los del Cartoon Network) un viaje a la zona cafetera para que aprenda que allá no hay mexicanos.

Adenda: en el post original de Diario Nocturno dice, además, «Asociación de Cafeteros». O sea, como decían en Café con aroma de mujer. Pero es que ahí sí se ennoblecía el cuento este tan bien narrado por el novelista Marco Palacios.

Adenda: igual supongo que la cagó proponiendo lo de las camisetas.

Adenda: y supongo que a esta gente no la van a chimbiar:


Adenda: me siguen mostrando ejemplos internacionales:


También una tarde de domingo, andando por la costanera sur, en Buenos Aires, tuve a bien oír esta «cumbia» o cumbia, como se prefiera:

Probablemente es (¡sí!) mexicana. En su letra dice que Juan Valdez no tiene dinero. Con razón.

Adenda: Tampoco hay que olvidar el capítulo de Futurama llamado The Birdbot of Ice Catraz en que el carguero de «rica materia oscura colombiana» Juan Valdez (que se llama así porque a su vez está parodiando el Exxon Valdez) sufre un accidente.