Archivo de October de 2008

Pasado en presente

Thursday, 30 de October de 2008

Conocí a Nicolás, el rolo fantoche, en Argentina. Él me contó, cuando volví, que el mejor lugar para comprar menaje de cocina al mejor precio era el almacén El Cóndor, en lo que sicogeográficamente es aún Chapinero pero de hecho es la localidad de Teusaquillo. El lugar está en medio de un sauna, una wiskería que se llama JR (una foto de esta wiskería aparecerá en el libro Buscando a Jaime Ruiz, de próxima publicación), varios moteles y una pandería que pronto van a cerrar.

Recuerdo haber estado allí por primera vez en 1996 cuando fui con mi papá a comprar un pelapapas, herramienta fundamental. Era sábado y había una niña muy bonita atendiendo. Al menos me parecía bonita, muy bonita.

Hoy la niña ya no está. No importa.

Ahora atienden unos señores de bigote que están ahí desde hace décadas. Incluso uno de ellos, que se llama Gentil, trabaja para El Cóndor desde antes de que quedara en este local de la calle 60.

Frente a la estantería donde está la loza hay un arrume de periódicos que usan para envolver —y manchar— las piezas. Viendo detenidamente había detalles en la tipografía que me hicieron saber que esos papeles viejos eran realmente viejos, ejemplares de El Tiempo de hace más de catorce años.

Sin mayor curaduría de por medio, estas son algunas de las noticias del 5 de febrero de 1994 que aparecieron en los aleatorios envoltorios de mi nueva vajilla:

  • «“Hicimos lo que teníamos que hacer”, dice Chávez: dos años después de la primera intentona golpista en Venezuela».
  • «E.U. se cierra el cinturón: rígido presupuesto».
  • «Estados Unidos elevó tasas de interés: se desplomó Dow Jones y subió el dólar».
  • «Villas de Aranjuez. Una generosa casa de 111m² en conjunto cerrado con sabor de hogar!», de la organización Luis Carlos Sarmiento Angulo, «la solución a todo problema de vivienda».
  • «Invierno a todo tren en Bogotá: lluvia y granizo por montones cayeron ayer en la tarde sobre el oriente de Bogotá».
  • «Fujimori nos visitará».
  • «Mockus, ¿rector de Bogotá?: Petro candidatiza a la Alcaldía al ex funcionario».
  • «Logrado acuerdo con CRS sobre reinserción: seguridad y vivienda para ex guerrilleros».
  • Y Jurassic Park (tres estrellas) la pasaban en el teatro Lux, carrera 8 con 19, y costaba $800.

    Las cuentas del gatillero

    Wednesday, 29 de October de 2008

    Esta mañana estaban que no podían de la dicha en Caracol oyendo al Gran Líder cuando destituía a todos esos milicos. «Gesto valeroso del Gobierno», decía Arizmendi, a quien le queda materialmente imposible dejar de ser lambón. También dijeron que era una decisión sin precedentes que pondrá a hablar a la prensa internacional. Y si no lo dijeron seguro lo pensaron o lo dijeron con otras palabras.

    No me voy a lamentar por los descabezados de hoy por razones de activo, y últimamente exacerbado, prejuicio de principio. Ni siquiera me preocupa si aquí están pagando justos por pecadores. Mejor dicho, no me importa si son falsos positivos. Después de todo, los milicos si no son imbécilmente abusivos, orgullosos funcionarios de la poresoledigocracia, practican activa y racionalmente lo de costreñir la libertad a cualquier precio a favor de los supremos intereses de nuestra comunidad imaginada. Así que seguramente en el fondo están de acuerdo con ese tipo de prácticas, por más estricto adoctrinamiento en derechos humanos, derechos de los animales, leyes talmúdicas y sharia que reciban.

    Me preocupa que este cuarto de hecatombe que sucedió hoy tenga el resultado que produjo en la febril alma Arizmendi, que es el mismo que produce presentar montañas de supuestos muertos del enemigo. Ahí están para contarlos. ¿Hace falta algo más? Dos es mejor que uno. Tres es mejor que dos. Etc. Ese es todo el resultado que podemos dar, deja entender Uribe, unos niños díscolos, un puñado de casos aislados, de manzanas podridas. Lo que hayan hecho, por qué o cómo no importa. Es más sencillo: ni siquiera importa tener la certeza de saber si lo hicieron o no.

    Y cuando se sepa algo nadie lo sabrá realmente. No habrá rueda de prensa. No habrá comunicado de la Presidencia. No habrá discurso sobre las acciones ejemplares del Gobierno. La forma como funcionan las industrias criminales no pueden mostrarse como paquetes de cocaína, como cadáveres apilados en una cancha en un colegio o como los costalados de prepucios que a los israelíes les gustaba presentar.

    ***

    Ando pensando en hacer una maestría en Demografía. A algunos les preocupa que me interese porque la cuantificación, como decía antes, no dice mucho. No dice mucho si no se sabe que puede ser solamente un recurso para representar las cosas o, a menudo, solo parte de las cosas. Pero cualquier lenguaje tiene sus limitaciones así como sus ventajas. Lo malo es no saberlo y terminar idealizando el lenguaje por la razón que sea.

    De la demografía me interesan las dos partes de la palabra. La primera habla del objeto de estudio, de la humanidad, de la sociedad. La segunda es la representación, más exactamente el dibujo. Las posibilidades estéticas del segundo aspecto es lo que más me llaman la atención.

    Por cierto, siempre me han gustado los mapas y nunca he esperado que sean modelos 1:1.

    El nuevo paradigma: sexo, drogas ≠ rock

    Monday, 27 de October de 2008

    A propósito de los horribles disturbios que protagonizaron todos esos personajes de Hip Hop al Parque —que son peores que negros porque se creen negros sin serlo—, mucha gente anda defendiendo a Rock al Parque de los señalamientos que se hicieron inmediata y naturalmente en su contra. Cada vez queda más claro para la respetable ciudadanía de este pueblo esencialmente mockusiano, pro zanahorio, que todos los que escuchan cualquier música alejada de las maracas, los bongoes y el acordeón sabanero son unos desadaptados necesariamente violentos y borrachos.

    Las cosas, en realidad, comienzan por casa. El festival, como sus defensores, se ha encargado de mostrar como algo completamente diferente a esa imagen que la inmensa mayoría se hace. Pero haciendo eso termina metiéndose en el mismo juego. Si la gente cree que el rock es odio y patadas irracionales entonces el lema del festival es un cursísimo «días de extrema convivencia» o «vida, máximo respeto». Si la gente cree que los que oímos eso que llaman rock somos borrachos y mariguaneros —y, más exactamente, que por eso mismo somos unos irracionales belicosos—, se prohíbe el consumo de alcohol. Lo de las drogas es otra historia.

    La otra defensa es decir que los asistentes que la embarran son unos pocos, que así no es la inmensa mayoría. Eso puede ser perfectamente cierto. Pero entonces hay gente que comienza a echarle la culpa al trago como si efectivamente fuera un brebaje lleno de demonios, como solía creerse cuando se inventaron el término «bebidas espirituosas». Nadie critica los bares de cualquier tipo, que son lugares para emborracharse y escuchar música. En los bares el 90% de la gente está borracha o prenda y oyendo música porque a eso van. Y mucha gente, Virgen Santísima, suele tener la iniciativa de consumir sustancias prohibidas.

    En los festivales de rock en que he estado (South Side en Alemania y Quilmes Rock en Argentina) se vende cerveza sin problemas. Toca, en primer lugar, porque son patrocinadores. En segundo lugar, al parecer, sencillamente es posible porque la gente no tiene síndrome de posesión. Y probablemente las autoridades no tienen síndrome de exorcista. Claro que hay gente que jode, pero la controlan, como harían en cualquier bar con el que se lo quiera poner de ruana (a veces, como hemos visto, con consecuencias bastante trágicas).

    El punto es que prohibir el consumo de alcohol en Rock al Parque es una actitud paternalista y prohibicionista de la Alcaldía y de las autoridades competentes, que se declaran abiertamente así. Pero también es una forma de señalar a los asistentes como gente esencialmente irresponsable porque escuchan un determinado tipo de música. Eso es lo más grave. No es para nada descabellado decir que sí hay gente que realmente cree que el rock es música del demonio y que escucharlo aliena el alma más allá del Purgatorio. Y quienes dicen eso probablemente jamás han escuchado doom, death, thrash o black metal sino a los mariconazos de Def Leppard. O vivían por el lado del Campín en diciembre de 1992, cuando recuerdo muy bien que todos los noticieros mostraban alguna nota sobre lo satánicos que eran los Guns ‘n Roses.

    Los policías y las autoridades competentes no tienen la empresa de acabar con Rock al Parque o con el fútbol, como ya acabaron con la rumba más allá de las dos de la mañana, porque haya unos cuantos desadaptados. El fondo de todo esto es una actitud conservadora —que por aún tener cabida hoy es retrógrada— y homogenizante debidamente cobijada por el imbécil prejuicio, compartido por la inmensa mayoría de ciudadanos de esta ciudad de mierda, de que todo tiene que ser «para toda la familia». Andrés López sí cuenta chistes sanos —clasistas pero sanos—, en cambio Gonzalo Valderrama es un señor muy grosero. En los estadios antes no se oía ni una grosería y la gente se está putiando. En las obras del Festival de Teatro salen niñas empelotas y no hay payasos para mis pequeños. El cine nacional es pura violencia y no hay lindas historias en que Colombia sea pasión. Largo etc.

    Por eso quiero cerrar esto con dos frases del más puro odio de Odio a Botero, grupo que fue censurado alguna vez en la también siempre muy bienpensante Medellín de tiempos de Fajardo porque cómo así que alguien odiaba a ese egregio precursor de Shakira y Juanes:

    En la calle o el colegio
    siempre te encuentras con algunos ineptos,
    con soldados, policías
    o algunos sapos que se creen de la CIA.
    Y con ellos debemos acabar.
    Mátalos y reclama un celular.

    Las vicisitudes del rey Alberto

    Monday, 20 de October de 2008

    Bélgica es un país que tiene una hermosa capital donde no funcionan los teléfonos públicos y en su lugar la gente usa las cabinas para cagar después de haber comido lo que en español se conoce como gofre, platillo nacional al lado de los mejillones con crema. Cerca de dicha capital también hay un horrible monumento al átomo y un parque temático donde hay miniaturas de otros monumentos de otras partes de Europa. Básicamente por eso la gente sabe que existe ese país porque los Pitufos y Tintín son o gringos los unos o francés el otro.

    Bélgica es un país cuyo símbolo nacional es un niño que orina. También es un país con un sistema de transportes incomprensible pero limpio y eficiente porque es un país muy pequeñito.

    Aun así, Bélgica es un país dividido en dos facciones «étnicas», aunque étnico es un adjetivo que se usa para la gente salvaje, incivilizada, es decir, la que vive lejos de Europa. Entonces, Bélgica es un país dividido en dos facciones lingüísticas y más o menos religiosas, pero ambas igual de fascistas.

    Se supone que lo único que une a los belgas, lo único que los hace belgas, y no valones o flamencos, es un rey gordo, con gafas y viejo que se llama Alberto.

    El Reino de Bélgica tiene una embajada en Bogotá, en aquel reducto de intelectuales progresistas conocido por eso mismo como Bosque Izquierdo. En el mismo barrio, el señor representante de los intereses del rey Alberto en esta hermosa tierra enclavada en los andes, Joris Couvreur según la información de la página de la embajada, tiene una modesta residencia al frente de un parque abierto y al lado de un parquecito enrejado.

    Este último parquecito, abierto al público, es un extraordinario mirador donde hay una banquita de piedra para sentarse y ver pasar los carros que van por la carrera quinta, el parque de la Independencia o la torre Colpatria. Pero también desde ahí pueden verse, tan bellos como son, los cerros tutelares de Bogotá. Qué bellos planos. Qué ganas dan de registrarlos con la cámara fotográfica, herramienta constructora de relatos en estos días dospuntocerescos.

    Pero Joris, como si fuera un colombiano más y no un súbdito de su majestad don Alberto, le tiene miedo a la cámara, la cree un elemento de terrorismo, una amenaza y tal vez una prueba de que pronto habrá algún interesado en atentar contra su vida.

    Al lado de la casita del embajador hay una caseta ocupada por unos señores agentes cuya tarea es velar por el buen sueño del señor embajador y eso implica amedrentar a todos los antisociales que por ahí se acerquen y se atrevan a tomar foticos para vendérselas al mejor postor terrorista. O a una revista de chismes, o al blog más visto de Colombia, porque a todos nos interesa saber qué es de la vida de Joris. Es más, todos sabemos que ahí vive ese señor.

    Como era de esperarse, al increpar a la ley hecha carne sobre las razones por las que había que borrar las fotos y firmar, con cédula, una minuta, solamente pudieron apelar a las cosas más imbéciles como «usted no me trate como alguien de su casa» (yo en mi casa suelo razonar con la gente, por cierto, pero está claro que eso no se puede hacer con esta casta del poder), «yo puedo tenerlo aquí 36 horas si quiero porque ya después hay habeas corpus» (si no estaba cometiendo ninguna contravención eso es mentira, punto) y «usted no me puede hablar así porque tengo un uniforme y estoy armado» (el argumento más paraco de todos).

    Pero entre tanta imbécil muestra de autoridad y poder, claro está, señalaron la dignidad del residente de la casa, que no solamente era embajador sino sobre todo… ¡extranjero! Es la misma razón pendeja por injusta, ilegítima y maldeveredosa que aducía el policía cualquiera en Séptimo Día cuando le preguntaban por qué no encanaban a los turistas que disfrutaban las bellezas narcóticas y venéreas de Colombia en el siempre abierto de piernas barrio de La Candelaria o la siempre presta a ser sodomizada ciudad de Cartagena: «a los extranjeros no hay que molestarlos».

    En vez de hacer pendejadas como ir a darse almohadazos a un parque propongo que hagamos un flashmob en ese parque, una vez consideradas las posbilidades y subterfugios legales. Imagino una montonera de gente que llega ahí y toma fotos de Monserrate y de Guadalupe y de la Litografía y de Andigraf sin tocar la casa de este llorón que está que se orina del susto por ver una puta cámara, artículo que en Bélgica aún no deben conocer porque están sumidos aún en la irracionalidad de las etnias (se parecen a sus ex súbditos de Ruanda) y en el retrógrado sistema de gobierno conocido como monarquía.

    Vaya a llorarle al rey, embajadorcito.