Archivo de September de 2008

Bestiarismo (II)

Wednesday, 17 de September de 2008

Esta tarde entré a la Lerner interesado en un libro que vi en la vitrina (narrativas de identidad en América latina o alguna vaina así). Di algunas vueltas buscándolo entre las primeras estanterías, donde suelen estar los libros exhibidos. Pero nada.

Entonces oí que alguien preguntó «¿tiene el libro del Bestiario del balón?». La pregunta me llamó la atención porque no buscaba un libro llamado Bestiario del balón sino el libro del Bestiario. Da para suponer que el cliente era ante todo un lector del blog y no alguien que hubiera oído hablar del libro por separado.

Parece que se está vendiendo bien. Me alegra.

Zoología y confusión

Monday, 8 de September de 2008

El Cole es un papagayo.


Me pregunto si los paracos se ríen así tan maléficamente cuando usan sus motosierras.

Bestiarismo

Wednesday, 3 de September de 2008

Las bestialidades son ajenas al Bestiario. Por eso me pregunto qué tanto hay de él, no en el libro sino en las arandelas, que son lo que organizan para que se venda «solo».

No recuerdo bien las palabras pero eran, desde luego, mentirosas. Decían algo así como que, con la publicación de este libro, Aguilar les abría la puerta a los nuevos medios… o a los jóvenes talentos… o a los nuevos talentos. Los lanzamientos de libros son como los lanzamientos de campaña, las activaciones de marca, las inauguraciones, las presentaciones en sociedad de quinceañeras o los grados con lluvia de sobres. Todos son la misma mierda mentirosa «pero necesaria».

Aquí la mentira radica en que Aguilar no se fijó en el Bestiario del balón. Creo que nadie en ninguna parte cuenta con buscatalentos y, si los tiene, el último lugar adonde llegarán es el que ellos mismos denominan galpón de cloacas y letrinas o manada de cavernícolas inadaptados. Los del Bestiario, sabiendo que tenían con qué, fueron a tocar las puertas con la certeza de que tampoco eran unos indios peinados, unos patirrajados, unos aparecidos.

Estas últimas condiciones matan cualquier talento que se sepa propio, aun si lo confirman un puñado de amigos y cien incondicionales y enfermos seguidores. Pregúntenle a Tío Rojo o a Fetishit si no es así (porque el Bestiario no es el único blog con hinchada organizada y combatiente). Dirán que ellos viven muy lejos o que no se ponen las pilas.

Pero es que eso no significa solamente ir a golpear puertas sino tener a alguien que hable por uno, un padrino, un auspiciante, alguien que ya esté ahí. (O estar ahí, aunque eso en nuestro medio es factor disuasivo a la hora de abrir y mantener un blog.) Es la figura que hace falta cuando no hay cazatalentos. A veces es el vendehúmos que tantas veces denuncian en el Bestiario y que en «el mundo literario» se llama… no sé cómo se llamará el agente de Santiago Gamboa.

No sé quién intercedió por el Bestiario para que lograra su ascenso a la división de honor de la industria cultural con el paradójico descenso de la experiencia 2.0 a la 0.0—. La editorial, por su cuenta, puso de prologuista a una de esas personas que, ahora semana tras semana, nos muestra que no tiene ningún talento especial aparte de haber inspirado a un personaje conocido como Ramoncito en una serie de carácter seudoautobiográfico escrita por su padre homónimo.

Este prólogo es una babosada pero, como ya se dijo, es tristemente imprescindible. Como probablemente el padrino no alcanzaba a ser alguien y los autores muy seguramente eran apenas un poco más que nadie, el ritual de calzar las zapatillas está a cargo de alguien cuya función es dar su bendición para la presentación en sociedad: la sociedad legítima y en papel, claro. No importa si este alguien en general ha demostrado ser un cretino con falsa conciencia. Lo que importa es que sí es alguien por haber inspirado a Ramoncito, es decir, por ser hijo de su padre. No importa si sale con un chorro de babas compuesto por elogiosas pero innecesariamente zalameras y arribistas comparaciones y por historias que no son del caso y que únicamente buscan ponerse a la altura de un libro cuyo contenido, estilo e historia no llegó a comprender. Lo que importa es que sí es alguien.

Y en su calidad de alguien suelta perlas (p. 21), dignas de los invitados del Festival Malpensante, como «[cosas] tan decorosas y meritorias como un libro», «ganarse un espacio de expresión ortodoxo» y, a manera de decorosísima (está en un libro) conclusión, «era necesario sacar de las ondas virtuales sus genialidades para dejarlas en el papel: para darles una forma perdurable y permanente».

Fuera de concurso queda la frase que dice «[el mundo de los blogs es un] fenómeno que produce más pajas que agujas». La frase podrá ser cierta, pero está escrita con el más riguroso prejuicio, que es lo que precisamente demuestra que todo este cuento del ascenso es una patraña. Además las pocas agujas entre la mucha paja son con seguridad más que las que salen en los medios decorosos, perdurables y permanentes. ¿Pero quién se pone a buscar eso? ¿Quién se pone a colocar bien a todos esos muchachos en la puerta de Aguilar, una editorial que les tiene lista la alfombra roja?

Un prólogo de Hernán Peláez —quien además fue mucho mejor interlocutor que Eduardo Arias en el panel que se organizó el día del lanzamiento— hubiera sido perfecto. Y es que Peláez, además de ser alguien, es alguien para esto. Dijo, más o menos, que eran las historias del fútbol, no el juego del fútbol, lo que era realmente valioso.

La misma secular ignorancia del tema que tienen los organizadores y que impuso a Daniel Samper se transmitió en la materialidad del coctel del lanzamiento. Después de la charla y los chistes internos nos ofrecieron palitos de queso y cerveza «como en el estadio». Pero cualquiera que haya ido alguna vez al estadio sabe que allá solo hay cerveza en las vallas y en las camisetas porque lo que se bebe es gaseosa caliente y sin gas o azúcar con tinto. Cualquiera que haya ido alguna vez al estadio sabe que los palitos de queso no son delicados hojaldres con parmesano gratinado sino unas esponjas grasientas, casi siempre frías y rellenas de algo que se parece más a la cuajada.

Pero bueno, así pueden ser de ridículos los ascensos de categoría.

***

La sensación que me queda con la publicación del Bestiario en ortodoxo, decoroso, perdurable y permanente papel es agridulce.

Comenzaré con palabras de padrino borracho en fiesta de grado o de mejor amigo —también borracho— en matrimonio.

Hace cinco años, cuando conocí en la universidad a Federico —quien, como todo el mundo sabe, es el gestor del noventa y nueve por ciento de esto—, supe que estaba para grandes cosas. O al menos para este tipo de cosas. Sabía leer y cuestionar muy bien lo que pasaba y podía pasar en términos auténticamente sociológicos y por eso era talentoso y versátil con el humor reflexivo, tan bien expuesto en su primer blog. Era el líder de un grupo variado de gente más o menos inadaptada al que por fortuna fui introducido por él mismo. Y por ahí, más adelante, al «mundo de los blogs».

Por eso mismo, hace tres años, dije aquí que Federico era el único que iba a lograr el sueño del ochenta por ciento de la blogosfera nacional de ser el sucesor de Eduardo Arias. El libro del Bestiario es precisamente lo que imaginaba que iba a suceder, de la misma manera que Chapinero ascendió del fanzine a las librerías. Y es que Federico no solo es talentoso sino que, como Arias, ha sabido hacer la vuelta, o sea, ha sabido rentabilizar su capital social, ha sabido meterse con quienes debe y probablemente ha sabido dejar a quienes no le convenían. En fin, Federico no es ajeno a los reflectores.

Admiro, como siempre, a Federico y me alegra que haya llegado a su destino. Su futuro como cincuentón cascarrabias y sombrero en espacios cerrados está asegurado.

Pero me amarga pensar que, aun así, hay que pagar piso. Y uno puede creer que es cosa de un día, de la primera vez. Pero no, así será siempre. Se seguirá dependiendo de los caprichos, la imbecilidad y la ausencia del mínimo de sensibilidad de los dueños de la producción de los medios o de la buena fe, el pragmatismo o el culiprontismo de quienes quieran estar a toda costa. Por suerte ninguno de esos, en virtud de sus cómodos prejuicios, se pasa por las zonas grises de los blogs, como la niña gomela que jamás pondrá un pie en «el sur». Esperará que le digan en SoHo, seguramente en los términos en que esperaba encontrarlo, cómo es.

***

Es de papel, sí, pero les faltó bastante trabajo. Y esto no es responsabilidad exclusiva de los autores. Cuando se prepara un libro el texto es solo una parte del proceso y aquí varios de los errores que aparecen en la versión relajada de las «ondas virtuales» —como me emputa ese calificativo— pasan frescos, como si nadie en la editorial hubiera tenido el mínimo cuidado.

También se echa de menos una propuesta que, en términos de formato, haya sido más fiel a lo que el Bestiario es originalmente. Tal vez fue miedo de los autores, pacatería del editor o exceso de costos, pero el libro perdió mucho sin las fotos. Sí, está la sección de Postales de nuestro fútbol, pero es una moneda de veinte pesos al lado del Baloto que han publicado en la página. El Bestiario bien pudo haber sido un libro de fotografías.

Lo bueno es que, a pesar de lo que crea el Ramoncito rubio, los contenidos de la página estarán ahí para los cavernícolas inadaptados y vaciados que van a gorrear cerveza, palos de queso y contenidos. Ese, y no tanto el que han presentado las veinte notas de prensa al respecto, es el Bestiario de verdad y todos lo sabemos.