Archivo de December de 2007

Midnight hustlers

Friday, 28 de December de 2007

Midnight cowboy es una película muy rara.

Feliz cumpleaños a mí.

Discusión en el barrio

Monday, 10 de December de 2007

Apuntes para una discusión a la que no fui invitado

El análisis DOFA es la reflexión existencialista de las empresas.
Nariz coreana

Hay una discusión en el barrio. Es una de tantas discusiones, de esas que se forman cuando aparece algo desconocido y hay que ponerlo —momentánea o definitivamente— en algún lugar previamente establecido, cerca de otras cosas que a primera vista no resultan tan parecidas. Son los costos aburridos de tomarse en serio, con el ceño fruncido y la mano en el mentón, lo que uno había estado queriendo hacer a la loca, sin estar tan consciente de las implicaciones, los resultados y las posibilidades.

Hablo —nuevamente, nuevamente— de los blogs, esos espacios desde los cuales se ha transformado de manera radical nuestra manera de ver el mundo pues miles de personas ahora pueden aportar información y puntos de vista valiosísimos en esta época en que todos estamos irremediablemente conectados. Todo eso, claro, es pura mierda. Pero qué bonito es pensar que esto es así ya, o que algún día lo será, para hacer de este un mundo mejor o, por qué no, si siempre ha sido así, dominarlo bajo un solo cetro, bajo una única ideología. O sencillamente para obtener alguna plata de algún lado que nunca está muy claro dónde está.

La discusión en el barrio se ha dado porque algunos blogueros que voy a llamar raizales —pues llevaban ya algún tiempo escribiendo y, por tanto, llegaron a hacer parte de todas esas bobadas como romances, amenazas, tomatas, almuerzos, torneos de fútbol, gravísimos grupos de discusión, proyectos editoriales o premios de los que nadie, al final, sabe nada— se han regalado al gran capital, a las grandes corporaciones locales, a los medios hegemónicos de la oligarquía.

Unos, los críticos, dicen que con esto se está sentando el precedente para caspiar una oportunidad de negocio por el que pasa la «profesionalización» del muy noble arte de bloguear. Básicamente han dicho que bloguear, cuando se hace para alguien más, constituye un trabajo y en consecuencia debe ser remunerado. Si aparecen unos incautos que, con un bajo sentido de la oportunidad y el amor por la camiseta bloguera —y aquí habría que volver a un cuento sobre las diferencias supuestamente esenciales entre ser bloguero y ser escritor o periodista, las mismas que preocuparon hace más de dos años a Guillermo Santos, a Felipe Restrepo y Juan Manuel Santos—, lo hacen sin cobrar, a otros blogueros se les cerrarán las puertas de un oficio remunerado «haciendo lo que les gusta».

Otros, los optimistas, que desde luego son quienes han vendido su alma y su tiempo al gran Satán, presentan la situación como una oportunidad. Primero, parten de que no están recibiendo ningún dinero porque el gran capital o las manos invisibles del mercado sencillamente no ofrecerían ningún dinero y más vale pájaro en mano que ciento volando. Las hipótesis y la experiencia terminan demostrando esto. En cambio, el hecho de participar gratuitamente en un grande y prestigioso medio terminará reportando incontables beneficios que un buen día se traducirán en dinero, incluso mucho más del que, ilusamente, claro, habría podido soñar que les pagaría una pobre viejecita como alguna —de las dos que hay— gran casa editorial colombiana.

Por último me presento a mí, el escéptico. Mi escepticismo se basa en la pura experiencia y, para más señas, la pura experiencia con el Lucifer editorial que tentó a los antes libres blogueros, uno de los favoritos de este chuzo: Publicaciones Semana.

(Ante todo, ni más faltaba, el principal objetivo de Publicaciones Semana es producir hartísimo cachimoni para su dueño, Felipe López: publicidad por montones en las revistas, organización de y participación en eventos y alianzas estratégicas por todo lado, un departamento de marketing que es tan grande como las redacciones de sus tres principales publicaciones, etc. Después está producir formas más blandas de poder y eso es lo que hace de Publicaciones Semana, después de Caracol y RCN, el gran proyecto nacional de relaciones públicas. Por allá llegando al final está el cuento de la información, que muchos asumen con seriedad y orgullo bien porque, como los blogueros vendidos, consideran a Semana una gran vitrina, bien porque sencillamente aman el trabajo del periodismo. Pero al mismo tiempo saben que, así como no hay libro de estilo, cualquier cosa que produzcan será filtrada por los intereses de López. Y por último, muy al final, está el tema de la tecnología y los nuevos medios, ese temita que pone en la vanguardia a quien sencillamente diga «estamos interesados en tecnología y nuevos medios» pero que aquí se traduce en una directora que no sabe nada del tema y que está ahí porque es «de la familia» y en una cantidad de desarrollos que se hacen a la loca, según va el viaje, según se les ocurre, sin basarse en información sobre los usuarios y sus necesidades y sin considerar las posibilidades de aprovecharse después de ellas. Ni hablar de que el trabajo legal al respecto siempre brilla por su ausencia.)

Yo participé en Semana como pasante durante el segundo semestre de 2005. Con el tiempo, dilemas morales aparte, supe que no iba a ser fácil hacer parte de esa organización porque, muy en detrimento de mi vida laboral, carezco completamente de talento para la hipocresía en las relaciones interpersonales —a eso le dicen «falta de inteligencia afectiva»— y porque definitivamente no amo el periodismo. En esos seis meses regalé literalmente mi trabajo porque no cobré nunca el salario mínimo que tenía derecho a cobrar. Igual, tampoco iba mucho «a trabajar»: me daba mucha pereza. Eso cambió después cuando comencé a recibir un salario que consideré justo o suficiente.

Pero esto es diferente: en julio publicaron un artículo mío en SoHo, un artículo que no cobré. Dejé de hacerlo porque entendí, por cosas que me dijeron amigos, que no era una práctica corriente y porque pensé, como los optimistas, que algo así iba a servir de vitrina. Nada más lejos de los hechos pues no me han llamado ni de SoHo ni de ninguna parte por lo del artículo. Al respecto puede decirse que sencillamente no fue algo lo suficientemente llamativo como para que alguien me llamara. Por autoestima compartiría un comentario tal. Pero también hay que decir que aquí esas vitrinas no sirven de nada si uno mismo no se encarga de su trabajo de relaciones públicas, con todo lo que eso significa: la vitrina, en realidad, no existe.

Podría suponerse que la única vitrina que existe en Semana es la portada de SoHo. Las viejas que aparecen ahí normalmente nunca cobran. Quién sabe qué tanto dinero, qué tantos contratos de modelaje, qué tantos correos electrónicos lascivos de Julito o qué tantos pagos en efectivo por días enteros con traquetos han sacado estas mujeres gracias a SoHo. Desde mi punto de vista, SoHo se aprovecha de las mujeres. Y no porque las trate como objetos —eso es decisión de ellas—, sino porque están usufructuando su fama, que es algo que ellas ya tienen. Es sencillo: SoHo no le ha dado la fama a nadie ni ha hecho especialmente más famosa a ninguna vieja. Pero esa fama que las viejas regalan sí hace famosa a SoHo y esta fama, precisamente, se traduce en páginas y páginas de publicidad (que se cobran por mucha plata: SoHo es la publicación de Semana que más dinero contante y sonante le entrega a Felipe López por pauta) y en ventas, al mismo tiempo que es la revista en que menos tienen que invertir, pues solo lo hace en producción de fotos y ciertos artículos.

No creo que pueda hacerse una comparación semejante con la página de Dinero, donde están publicando los blogueros Alejandro Peláez —amigo de esta casa— y Jerome Sutter —desconocido por mí hasta hoy—. Este último es el que sostiene que está seguro de que lo que hace le reportará grandes beneficios en el futuro. Quiero creer que el optimismo de Sutter es falso y es solo una respuesta al hecho de que le hayan picado la lengua en Se nos cayó el sistema que porque realmente crea que las cosas vayan a ser así. Yo me permito hacer mi propia hipótesis: a la vitrina de Dinero podrían llegarle con una oferta de una vitrina en Portafolio y allá, con una de América Economía, y allá con una de… y así sucesivamente hasta llegar a The Economist. Y en cada oportunidad, que implicaría cada vez más responsabilidades, el tipo podría estar convencido de que un día le van a llegar con una gran oferta, la definitiva, esta vez sí en billete. Pero, sin ir tan lejos, no sé qué decisión racional tomarían si un día Peláez y Sutter encontraran que sus blogs son lo único que mantiene a la página de Dinero o, para no exagerar tanto, si fuera la décima razón de su sostenibilidad. En cualquier caso, nunca podrían disponer de esta información.

Y aquí introduzco otro motivo que tengo para ser escéptico: en Semana no se toman en serio el tema de los blogueros. Y no porque no lo paguen —eso tampoco dice mucho al final— sino porque solamente lo ven como una moda. Y lo de los blogueros es una moda, claro, pero ¿por qué y para quién? La decisión de poner blogs se tomó en Semana únicamente porque el asunto, por lo visto, estaba de moda. Antes de que alguien influyente cayera en cuenta de ese detalle, los blogueros —por no decir los que comentaban las notas— eran tildados de «cavernícolas». Ahora, en cambio, se nos vendió la idea de la participación como un derecho, como un regalo, como un favor y hasta hubo concurso de bloguero nacional y se hicieron sonar las campanas de la participación, la libertad y la democracia.

Pero la plataforma de los blogs en Semana no corresponde ni a los primeros bocetos de Blogspot. Carecen absolutamente de las posibilidades de creación, administración y distribución de contenido de la web 2.0. Se crearon desde la más absoluta ignorancia, a la carrera y sin basarse en las expectativas de los usuarios, sin pensar en los nichos comerciales, en negocios, en más ganancias.

Por eso mismo Sutter afirma que puede promocionar sus intereses particulares en el blog de Dinero, esperando que estos se rentabilicen alguna vez. Nadie sabe, al final, cuánto pone ni cuánto saca. Por eso mismo también es difícil sostener que una actividad como escribir «en formato blog» o «como bloguero» pueda ser avaluada o valorada alguna vez, al menos aquí en este lugar donde el capitalismo, en realidad, no se asoma aún.

Proponer

Monday, 3 de December de 2007

Este año ha sido una verdadera mierda para el cine, pensando en términos de lo que han pasado en los cines. La última película que vi fue Superbad o la película esta bien paila sobre los japoneses que van al Valle del Cauca, de la que me salí a los quince o veinte minutos. Anoche, como porque no había más que hacer, fui a ver Leones por corderos.

Quien diga que es la película es «una crítica directa a la guerra en Afganistán» probablemente ni tenga razón porque todo lo que se diga tiene que ver con un episodio mínimo, sin ir mucho más allá en cuanto a eso. El tema es más bien esa disyuntiva entre los que consideran que debe hacerse algo y lo hacen y los que no hacen nada porque son críticos, apáticos, escépticos o perezosos. ¿Quién, haciendo, hace más? ¿Quién desde dónde? ¿Quién buscando qué? Y el que critica, ¿realmente no está haciendo nada? O, ¿desde dónde tiene que hacerlo para que sirva?

Con todo, es más bien aburrida. Pero Redford sí que es muy buen actor.

Camino

Saturday, 1 de December de 2007

Habíamos visto juntos Big Fish hace más de tres años. Lloré con el final, porque nadie escribe su propia muerte y porque ese día mis papás habrían cumplido 24 años de casados. Y lloramos juntos, porque es una persona sensible. Por eso lloramos juntos el día en que, digamos, el camino quedó abierto. Hoy, cuando se unió, no.