Archivo de Noviembre de 2007

Consomé homeopático

Sábado, 3 de Noviembre de 2007

Un delicioso platillo para reconstituir energías, curar guayabos y sentirse como en casa en cualquier ocasión. Rinde por siglos y le gusta mucho al presidente.

Ingredientes:

  • 1.000 centímetros cúbicos de agua. Se necesitará más agua según la concentración que se busque*.
  • 700 gramos de carne y huesos de pollo, de res, de cerdo, de pescado o de todos.
  • 300 gramos de mirepoix.
  • Bouquet garni muy pequeño.
  • Sal y pimienta.
  • Procedimiento:

  • Dore los huesos en el horno a 250º C. Pasados veinte minutos puede agregar el mirepoix y dejarlo todo por otros veinte minutos o media hora.
  • Ponga los huesos y el mirepoix dorados junto con el agua y el bouquet garni en una olla a presión (también puede agregar otras cosas que guste o le vengan a la cabeza como tomates, papas, etc.) y póngala a fuego muy bajo por unas seis horas, controlando que no llegue a pitar mucho.
  • Deje enfriar el caldo para sacarle la grasa y relizar una clarificación con claras de huevo. También puede fíltrarlo usando sedazo, papel de cafetera o un filtro de vidrio poroso adaptado a un sistema de vacío. En ambos casos deberá obtener un litro de caldo translúcido, en absoluto turbio, pero muy aromático.
  • Sale la preparación.
  • Tome diez centímetros cúbicos de la preparación anterior y disuélvalos en 990 centímetros cúbicos de agua esterilizada. Llévelo a ebullición en la olla a presión por unas dos horas. Enfríelo.
  • Tome diez centímetros cúbicos de la preparación anterior y disuélvalos en 990 centímetros cúbicos de agua esterilizada. Llévelo a ebullición en la olla a presión por unas dos horas. Enfríelo.
  • Tome diez centímetros cúbicos de la preparación anterior y disuélvalos en 990 centímetros cúbicos de agua esterilizada. Llévelo a ebullición en la olla a presión por unas dos horas. Enfríelo.
  • Tome diez centímetros cúbicos de la preparación anterior y disuélvalos en 990 centímetros cúbicos de agua esterilizada. Llévelo a ebullición en la olla a presión por unas dos horas. Enfríelo.
  • Tome diez centímetros cúbicos de la preparación anterior y disuélvalos en 990 centímetros cúbicos de agua esterilizada. Llévelo a ebullición en la olla a presión por unas dos horas. Enfríelo.
  • Tome diez centímetros cúbicos de la preparación anterior y disuélvalos en 990 centímetros cúbicos de agua esterilizada. Llévelo a ebullición en la olla a presión por unas dos horas. Enfríelo.
  • Tome diez centímetros cúbicos de la preparación anterior y disuélvalos en 990 centímetros cúbicos de agua esterilizada. Llévelo a ebullición en la olla a presión por unas dos horas. Enfríelo.
  • Tome diez centímetros cúbicos de la preparación anterior y disuélvalos en 990 centímetros cúbicos de agua esterilizada. Llévelo a ebullición en la olla a presión por unas dos horas. Enfríelo.
  • Tome diez centímetros cúbicos de la preparación anterior y disuélvalos en 990 centímetros cúbicos de agua esterilizada. Llévelo a ebullición en la olla a presión por unas dos horas. Enfríelo.
  • Tome diez centímetros cúbicos de la preparación anterior y disuélvalos en 990 centímetros cúbicos de agua esterilizada. Llévelo a ebullición en la olla a presión por unas dos horas. Enfríelo.
  • Tome diez centímetros cúbicos de la preparación anterior y disuélvalos en 990 centímetros cúbicos de agua esterilizada. Llévelo a ebullición en la olla a presión por unas dos horas. Enfríelo.
  • Tome diez centímetros cúbicos de la preparación anterior y disuélvalos en 990 centímetros cúbicos de agua esterilizada. Llévelo a ebullición en la olla a presión por unas dos horas. Enfríelo.
  • Tome diez centímetros cúbicos de la preparación anterior y disuélvalos en 990 centímetros cúbicos de agua esterilizada. Llévelo a ebullición en la olla a presión por unas dos horas. Enfríelo.
  • Tome diez centímetros cúbicos de la preparación anterior y disuélvalos en 990 centímetros cúbicos de agua esterilizada. Llévelo a ebullición en la olla a presión por unas dos horas. Enfríelo.
  • * Puede seguir diluyéndolo cuanto quiera. Lo importante es que cuanto más diluido esté, más poderoso es. De manera que si el guayabo es muy hijueputa puede usar una solución de una parte en un trillón de trillones.

    Los papistas y el apocalipsis contrafactual

    Sábado, 3 de Noviembre de 2007

    Ando leyendo un libro llamado La idea de América latina —y me dijo Patricia al saberlo «¡Tu leyendo a Mignolo?», pero es que precisamente yo no leo autores sino libros… jo, jo, jo—, una crítica «de-colonial» —¡ay! esa vorágine guionesca que me aburre y que hace de este comentario una doble paradoja autorreferenciada— sobre la construcción del nombre y el apellido esos. De momento no hablaré sobre el libro y seguramente jamás lo haré.

    Solo quería pasar a decir que hay una cosa que me molesta muchísimo cada vez que leo este tipo de textos, un comentario que se les escapa casi indefectiblemente a los poscoloniales o decoloniales o anticoloniales o como gusten llamarse. Se trata de decir, por ejemplo como hace este man Mignolo, «[los] indios y los criollos descendientes de africanos no fueron invitados al diálogo» (p. 29). Este diálogo es el supuesto debate supuestamente público sobre la construcción de América que habría podido hacerse en cualquier momento entre 1492 y hace cincuenta años, es decir, precisamente cuando resultó, por la razón que sea —incluso porque se impuso—, que había que invitar a esos pueblos hasta entonces marginados, olvidados, escondidos en las tristes alcantarillas de la historia que escriben los vencedores.

    Y es precisamente esa falta de, no sé… llamarlo «tolerancia histórica» sería demasiado chévere, porque en realidad parece el reflejo de una soberbia ingenuidad o estupidez o falta de honradez. En realidad solo pienso en lo último y me pregunto a qué tipo de yo-no-fui pretenden jugar estos críticos cuando «desde el hoy» les exigen a los adelantados y a los encomenderos, que están «en el ayer», que piensen, por ejemplo, en términos de diálogo, de democracia, de inclusión, de diversidad, de tolerancia, de constitución del 91. «Pero por qué no se inventaron la máquina de escribir en el siglo XVIII si era tan fácil, si estaba ahí la imprenta y era facilito», «pero por qué Herón no se inventó la revolución industrial en vez de hacer cantar pájaros metálicos».

    Desde luego, las consecuencias criticables de que no haya sido así en ese entonces solo pueden encontrarse hoy, precisamente porque solo hoy se piensa en los términos que permiten la crítica, los términos que hacen razonable o legítima la objeción, el desacuerdo, el desagrado y las infinitas reivindicaciones. Pero así parece un juicio, una acusación, equivalente en simplismo y utilidad política a seguir justificando la marginalización de indios y negros con «a estos pueblos los sometieron por ser débiles y adorar al demonio» o «se lo merecían por no conocer ni la rueda ni la escritura». O lo contrario: «el imperio incaico era naturalmente socialista». ¡Qué va! ¡Si es que era la utopía socialista! Hasta con la moderna bandera de la paz, esa que todo el mundo cree que es la bandera del orgullo gay.

    Pero todo, como siempre, es pura mierda, es el grito herido de alguien que quiere ser patrón o ayudarle a alguien, de buena fe o por ambición, a serlo. Y la gracia de ser patrón, claro, es ser el único patrón.

    Y me pregunto entonces, ¿cada cuánto deberían caducar la justicia, el rencor y la venganza? ¿Cuántos testamentos se han dejado firmados en la historia? ¿Cuántos cheques en blanco?

    P.S. En vez de «el apocalipsis» podría leerse también «la hecatombe»: este post lo escribí hace más de una semana pero se vio pospuesto por la avalancha de eventos que siempre se viene cuando la gente quiere ser o seguir siendo patrón.

    Vegetarianismo activo

    Jueves, 1 de Noviembre de 2007

    Hay que prepararse para la inminente masacre de cien cabezas de ganado —con seguridad cordobés o sucreño— que sucederá algún día entre hoy y mayo del 2010.







    No, ya en serio, en realidad es un mensaje de esperanza del presidente. Todo va a estar bien.

    Emociones

    Jueves, 1 de Noviembre de 2007

    Piedad Córdoba tiene que explicarle a la opinión pública por qué sale tan sonriente con el señor Palmera en esa foto. Falta de vergüenza.