Archivo de November de 2007

Para salir de la mala

Friday, 30 de November de 2007

En sintonía con el mundo incluyente por el que tantos luchamos, y que solo es posible si lo soñamos y somos chavistas, y en vista de que esta página ya no es lo que solía ser y está perdiendo dramáticamente participación en el mercado, dejando de comer de la gran torta, hemos decidido atacar dos segmentos de mercado muy difíciles en este negocio: los perezosos y los ciegos. Son segmentos disímiles, pero se solucionan de la misma manera.

De ahora en adelante los lectores invidentes, incapacitados de por vida por nuestro creador o por contacto casual con objeto cortopunzante o material abrasivo, o los visitantes perezosos que no gustan de leer chorreros, podrán encontrar al final de cada post un reproductor que, con contundente voz y acento al mismo tiempo pausado y atropellado, primos de los que se escuchan en Transmilenio, leerán de una manera bastante decente los posts. Basta escucharlo para darse cuenta:

Resemantizar el espacio

Wednesday, 21 de November de 2007

Con la victoria sobre Argentina y la conservación del invicto, la clasificación para el mundial, faltando solo catorce fechas, y el levantamiento de la Copa Mundo en julio de 2010 en Johannesburgo son hechos inminentes. Lamentablemente, Bogotá no cuenta aún con un lugar lo suficientemente significativo para albergar una celebración de las dimensiones de una copa del mundo o un triunfo contra la selección de Argentina. Aparte, la total ausencia de títulos por parte de los equipos bogotanos no ha ayudado a que en el imaginario del rolo de a pie aparezcan estos cuestionamientos sicogeográficos en términos prospectivos.

Muchos dirán que el parque de la 93 es el sitio ideal pues desde los años del ruido la gente iba allá a celebrar las decapitaciones y escarmientos de los virreyes tiranos y por eso es hoy el lugar para ir a ver y ser visto. Otros podrán afirmar que lo mejor es ascender hasta los 3.200 metros sobre el nivel del mar del cerro de Monserrate, símbolo edenista de esa líquida identidad que es la nacionalidad bogotana. Pero está comprobado científicamente que tal vez sea un volcán y se conoce la fecha exacta en que probablemente haga erupción.

Proponemos entonces que el lugar donde se celebren los triunfos que se nos vienen pierna arriba sea el olvidado y muy venido a menos baño público y atracódromo conocido como Monumento a los Héroes, ubicado al lado de la homónima estación de Transmilenio. De fácil acceso desde todos los rincones de la ciudad —los cinturones de miseria de Usme y Cazucá, la apestosa desembocadura del Juan Amarillo en el río Bogotá, el cabildo indígena seudomuisca de Cota— dicho espacio representa mejor que muchos otros las proezas de la raza valiente que habita los límites de esta tierra linda con la que nuestro señor nos premió para vivir y sirve para recordarles a todos los vecinos sudamericanos los nombres de quienes les dieron la libertad, papá.

La explanada servirá para que las gentes se emborrachen felices y, sin darse pata, puño o verga, se puedan echar tranquilos a los carros que cruzan la autopista mientras agitan las banderas y gritan, apelando al más castizo lenguaje bogotano «¡argentino cabrón, argentino cabrón! ¡Sos un hijo de puta la puta madre que te parió!» (y esto es un hecho real, acaban de mostrarlo en la televisión). Por esta misma línea de argumentación, ofrezco una última razón, la más importante: se parece al obelisco de la Barcelona de los pobres. Al menos tiene la misma altura y está en una avenida ancha.

Etnografías

Monday, 19 de November de 2007

—Che, ¿y no jugamos recién con los bolivianos el sábado?
—Y sí, boludo, pero los de mañana son los negros de mierda de Palermo. Los otros son los indios grasientos de Liniers.
—Ah, mirá vos

Un paseo por las tierras lisas

Monday, 19 de November de 2007

No sé de qué manera en los comentarios del post anterior se terminó hablando del Vichada y las palmas antropófagas. Los caminos del señor son misteriosos y la creatividad humana es apofánica.

El lema de la Gobernación del Vichada es «Tierra de hombres para hombres sin tierra».

Ayer Dauchoma me contaba que en los años cincuenta Pereira se promocionaba como buen lugar para llegar, señor desplazado. Entonces no era «trasnochadora, querendona y morena» sino «ciudad sin puertas» y hacían publicidad en la radio: «¡movilícese ya!».

Lineamientos para hablar sobre la gente

Monday, 12 de November de 2007

Pequeño homenaje a Marvin Harris, antropólogo carnívoro y vulgar.

No se puede querer ser de izquierda si uno está bien de salud y mucho menos si se está repuestico. Son condiciones mutuamente excluyentes que conducen a un triste estado de ilegitimidad, análogo a tener una copia del Libro rojo en una casa de Bosque Izquierdo o de El Castillo, aunque técnicamente es «montañas de Colombia», Barbarie dixit. Al respecto anota Rafael Nieto Loaiza:

…Iván Márquez, a quien por cierto se le veía gordito y rozagante y sin trazas de estar sufriendo los rigores del conflicto, acaso porque vive en territorio vedado para la Fuerza Pública colombiana… [resaltado mío].

Hay otra tendencia que acusa a las «dietas de los pobres», excesivamente ricas en carbohidratos y grasas —generalmente más baratas que las siempre idolatradas proteínas—, de ser las culpables de la plaga de obsesidad entre la gente de escasos recursos, esos que son los únicos que pueden hacer la revolución con la bendición de dios. Y es que lo de la bandeja trifásica no es un fenómeno local. Eso es solo un accidente de nuestra diversidad y falta de prejuicios europeizantes contra la yuca, el plátano y el arroz: en Argentina le echan la culpa a la pasta y en Estados Unidos al maíz.

Ahora sabemos que lo que hay detrás de Super size me y King corn no es un llamamiento al cuidado de nuestros miocardios sino denunciar que la especulación con el precio de la proteína es otra estrategia para, por medio de las vías leguleyas vulgares, cerrarle el camino a la multitud. ¡Cuidado, compañeros! ¡El arma retórica es poderosa!

Aparte se confirma, como tanto oenegero loco ha querido decirnos en su lenguaje enrevesado, que cuando la patria fumiga algo más que coca y le pegan a un margen despreciable de sembrados de pancoger —y eso es carbohidratos, con seguridad, porque los marranos y las gallinas se los tumbaron las mismas fuerzas hace rato y por eso estamos como estamos—, es para matar de hambre a los campesinos advenedizos, guerrilleros de ruana y alpargata, que no saben cuidar la figura y la salud, aunque, como se vio, son inversamente proporcionales a la legitimidad de sus reivinidaciones políticas.

De manera que si uno está libre de esos exitosos ataques errados, se le juega más a la muerte por infarto, diverticulosis o, si es el caso, complicaciones de diabetes. Pero para el auténtico che Guevara la única alternativa es la desnutrición. La anorexia no porque es muy cool.

Adenda:

En colaboración con el Instituto Doble Machete para la Creación de Índices e Indicadores Inútilmente Veraces y Contraintuitivos y la Fundación Tecnólatra Alejandro Gaviria para la Seriedad en la Blogosfera y el Abiertizamiento de la Sociedad —el IESJS no quiso participar porque todos sus funcionarios migraron definitivamente a España—, estamos trabajando en una tabla que relacione el índice NBI, el IDH y, desde luego, el IMC para llegar a una conclusión definitiva que rompa todos los paradigmas y deje callados a tantos opinadores mal informados. Mientras tanto deléitense con este descubrimiento contraintutivísimo —y después indígnense con el racismo y eso.

El vecino (y 2)

Thursday, 8 de November de 2007

—Caipirinha y una cerveza.
—Ya no hay cocteles. Se acabaron los cocteles.
—Como este bar, hijueputa.
—Sí, como este bar.
—Entonces deme una cerveza.
—Pero está al clima.

***

—El man debe de estar borracho y empeloto llorando en un baño.
—Ah, pero igual sale y no dice nada sino «¡blues!».

***

—A ver cuándo subastan todas estas maricadas…

El vecino

Wednesday, 7 de November de 2007

Desde mañana no podré decir más que vivo al lado de Crab’s. Desde mañana será al lado de donde era.

Suena la banda que ensaya, como sonaban las otras noches de miércoles que al principio no me dejaban dormir. El sonido monótono de los arpegios (?) de blues que subían y hacían vibrar el edificio. Vibró sobre todo una noche de Beatles en que la gente, no tengo idea de por qué, saltó mucho. Y eso poco después del falso positivo de temblor.

A Crab’s me llevó Roberto, quien entonces vivía aquí, donde mañana será solo un lugar al lado del bar. Fue seguramente en marzo de 2002 y lo recuerdo así porque mi mamá acababa de ser diagnosticada con cáncer y no pude dejar de decirle que el nombre del bar me parecía muy apropiado para la circunstancia.

Volví varias veces después de esa porque era un lugar que llegaba a ser agradable de alguna manera. De hecho, era el único bar que podía decir que frecuentaba, a pesar de que pusieran casi siempre la misma música y que esta fuera cada vez fue menos de mi gusto. Me gustaba la sensación de que alguien estuviera compartiendo algo conmigo con esa música, con esos afiches sucios y esa decoración no planeada. Además de que no cobraban cover y uno no estaba obligado a consumir nada. Con ese ideal romántico nació este bar y no hace falta leer su historia para saberlo.

Con el mismo romanticismo pachuco, desgarrador, lacrimal e invendible, se cierra el bar. Según datos de primera mano, el valor del canon de arriendo fue triplicado, lo que da lugar a especulaciones sobre construcción de propiedad horizontal. De no ser así es un episodio más para replantearse la existencia del sujeto racional. Y es que quien sea el dueño está matando a la gallina de los huevos de oro pues dudo mucho de que alguien quiera pagar un arriendo tan caro por una «casucha» en medio de la nada.

Esa apartente soledad precisamente hacía parte del sabor de tonta exclusividad, de secta secreta y de ritos de iniciación y peregrinación que solo tienen los lugares como Crab’s, que ni rajan ni prestan el hacha, que no imponen lógicas urbanísticas ni obedecen a ellas y un día, por pura dignidad —o eso queremos creer, porque había presenciado con horror cómo le estaban soltando el chuzo a Radioactiva los martes—, se van para no volver, para que todo el mundo los extrañe o tenga motivo para escribir bobadas de este estilo.

El auténtico megalómano

Monday, 5 de November de 2007

Hoy murió Jaime Duque, un hombre que dejó de ser persona para convertirse en nombre, en marca, en «múltiples significados». Ese nombre puede tenerlo cualquier persona, pero para un sector de la sociedad colombiana hace pensar en «el parque», es decir, «el Jaime Duque». Ese nombre, a su vez, significa grandeza o, más exactamente, dimensiones inusitadas, desproporcionadas, innecesarias, desconcertantes, sorprendentes, aterradoras, ridículas.

El pasado viernes, Posada Carbó estaba llorando en su tribuna de El Tiempo porque aquí supuestamente, a diferencia de Inglaterra, no se practica la necrología —pero sí la democracia—. Bien, a manera de homenaje ridiculizante a la persona que se tomó la tarea nunca pedida de hacer los monumentos por cuya ausencia tantas personas se rasgan las vestiduras —Posada Carbó, con toda seguridad—, reproduzco, sin autorización expresa de nadie, algo que escribí para Conexión Colombia —para hacer también homenaje a mi condición de «colombiano de bien»— por allá en marzo del 2006.

Para variar, no me encuentro muy a gusto con el texto, pero otra versión complementaria —y de la que en un tiempo no me sentiré a gusto— está en Equinoxio. Esta versión que publico, además, esta está disminuida pues lamentablemente no están las fotos, que sí me gustaban bastante y eran parte importante de este remedo de informe especial.

El parque de los colombianos

En Briceño, en medio del verde paisaje de la sabana de Bogotá, tan salpicado de vacas, aparece la inmensa mano de Dios que sostiene una esfera. Sabrá Él si alguna vez ese orbe terrestre o celeste se movió -como nos preguntábamos de niños- o si siempre, durante los veintidós años que lleva ahí, ha permanecido inmóvil. La gigantesca estructura metálica se llama Monumento a Dios y es única en Colombia, como es único el parque del que es símbolo, el Parque Jaime Duque.

Duque -nacido en Villamaría, Caldas, en 1917- es uno de los pioneros de la aviación en Colombia. Estudió aeronáutica por correspondencia y después ingresó a la Escuela Militar de Aviación, aunque no como piloto sino como técnico. Luego trabajó en la Sociedad Colombo Alemana de Transporte Aéreo, que dio origen a Avianca. En 1944 consiguió estudiar aviación civil en Estados Unidos, país que terminaría amando profundamente. Cuando nació Avianca, fue el primer jefe de pilotos, el primer capitán de un avión Constellation y el primer piloto que llevó a Europa un avión con bandera colombiana.

Finalmente, en 1952, se retiró para dedicarse a negocios de finca raíz y a su fundación: ha sido un hombre generoso y humilde en el correcto sentido de la palabra. Hace poco dijo lo siguiente a la Revista de la Policía Nacional: “No es que yo sea buena persona sino que es natural, ley universal, designio de Dios, que el que tenga con qué lo reparta entre los que están sufriendo”. En su vida no ha repartido su riqueza solo entre quienes sufre; se la ha dado a varios sectores de la sociedad que representan de alguna manera sus afectos. Donó la biblioteca de las Fuerzas Militares, interesado en la difusión de la ciencia y la tecnología. La fundación ayuda a mantener colegios en Caldas y un hospital en Sopó y para esto dedica todas las ganancias del Parque.

El Parque comenzó a construirse a finales de los setenta y abrió sus puertas a comienzos de los ochenta. La atracción más importante fue el mapa gigante de Colombia que busca hacer sentir al visitante lo mismo que Jaime Duque sintió cuando voló a pocos metros sobre las montañas, cuando volar era un acto heroico. Antes de poder ver el mapa, el visitante encuentra un reto: “En la cúspide de túnel puedes admirar el mapa de Colombia. Al contemplarlo medita unos instantes y pregúntate: ¿Soy útil a mi patria? ¿Qué estoy haciendo por ella?”

Todo en el parque es una invitación al visitante para que se sienta orgulloso de ser colombiano, a que reconozca como propio un pasado glorioso, representado por los héroes de la Independencia y a sus herederos actuales, los militares y policías. Nicolás Velásquez, historiador militar, reflexiona al respecto: “El patriotismo de Duque se me hace parecido al de López Pumarejo. Hay que hacer a Colombia grande, porque hasta ahora ha sido una nación ausente del concierto internacional. No es veintejulierismo sino más bien un sentimiento de responsabilidad con la tierra que lo vio a uno nacer”.

Tanta monumentalidad, comenzando por la increíble mano de Dios, es la forma como el parque quiere hacer emocionar al visitante, haciéndolo sentir pequeño. Tanta monumentalidad, además, llega fácilmente a la cursilería, a lo kitsch, como lo anota Natalia Marín, profesora de estética en la Universidad Javeriana: “todo tiene que llamar mucho la atención, ser muy grande, nada puede ser sutil porque tiene que impactar, aturdir, ser muy contundente. Este parque es villa kitsch.” Pero poco a poco los monumentos parecen demostrar una cierta decadencia. Mientras que la mano de Dios es de bronce y el monumento a la nacionalidad es de piedra, la réplica recientemente construida del Taj Mahal está hecha con bloque y pañete y en otros edificios se quiere dar la impresión de que está hecho con piedra imitando su apariencia con cemento y pintura.

Nacionalismo y cursilería son las dos razones de ser del parque, cada una en función de la otra. De este tono será la visita al parque, que además de incluir una casa de espejos, un museo del vestido en el mundo, dos recorridos en lanchas -uno de ellos de terror-, una pequeña ciudad de hierro, dos restaurantes un tren acuático y otro terrestre, dedica buena parte de su espacio a rendir homenaje a Colombia y a la cultura occidental de la misma manera que lo hacían los antiguos libros de historia con los monumentos y atracciones.