Archivo de October de 2007

Dama de hierro

Wednesday, 31 de October de 2007

—Marica, viene Maiden.
—Ah, eso dicen siempre.
—Confirmado: el 29 de febrero en el Simón.
—Claro, hueva, qué buena pega. Fijo el próximo año no es bisiesto.
—¡Está en la página!
—A ver… huy. Huy, huy, huy. Pues bueno, es el 28, pero es.
—¿Sí ve?
—Mierda, sí… va a estar tan caro como lo de Pavarotti.
—Toca ahorrar.
—Jm… no va a alcanzar. Va a ser un mierdero muy grande, va a venir mucha gente, va a estar tetiado como con Metallica.
—¿Adónde más van?
—Pues se van de aquí a Brasil.
—Se va a llenar de venecos y de ecuatorianos y de peruanos…
—Ja… la inmigración es una consecuencia del progreso.

Brasil 2014

Wednesday, 31 de October de 2007

Este… ¿celebración? ¿Realmente temían que le fueran a dar el Mundial a Colombia? Otra vez, claro.

Del otro mundo

Monday, 29 de October de 2007

Hoy José Obdulio me entregó este volante:

Adenda: Hoy me llamó otra vez José Obdulio y me dijo que el señor que vino de otro mundo no hablaba de política sino de moral, que lo primero es de muy mal gusto. Y pues además que el señor del IQ de 220 en realidad estaba preocupado por la ciudad en que lamentablemente le tocó vivir por otros cuatro años más porque así era la voluntad popular.

Invitado especial

Monday, 29 de October de 2007

El siguiente escrito llegó a mi correo hace poco. El remitente era una reconocida figura de la política cuyo nombre a mí me basta leer para saber que era él mismísimo en persona quien me pedía que algo le publicara en este espacio de periodismo siempre serio y responsable a la hora de encontrar la chiva.

Queridos lectores de juglardelzipa.com:

Como desde mayo del año pasado me quedé virtualmente sin trabajo, tengo que dedicarme a ser ya no un viejito dicharachero, canoso, simpático y querido sino un mañoso cantaletero, energúmeno, gritón y jarto, de manera que no tengo más oficio que ponerme a escribir artículos para cuanto medio impreso y digital de poca monta encuentre por ahí. Esta vez lo hago en esta simpática e ignota página de quien, como yo, es defensor a ultranza de la legitimidad de la lucha armada, Miguel Olaya.

Así como he hecho en otros lugares, consignaré unos cuantos principios básicos de mi doctrina sobre la organización de esta bella tierra que es Colombia:

  • Para mantener mi imagen de viejito inofensivo, todos los días uso shampoo Klorane de reflejos plateados. De este modo evito que mis cabellos tomen ese tono amarillo que haría pensar a la gente que quiero más al partido que la paz. Solo busco disuadirlos de pensar que está mal desteñido el cabello, no el partido.
  • Todos los días, después de ir a comprar discos de música clásica en Tango Discos de la 15 y las novelas completas de Borges en la Lerner de la 92, visito un centro de lenocinio que queda en la calle 127, arriba de la autopista. Es sumamente caro, pero por fortuna solo representa una fracción de mi escandalosa pensión. En fin, en ese lugar, como cuando leo poesía y escucho a mis compositores favoritos, hago libre desarrollo de la poca personalidad que a mi edad todavía me queda.
  • Como parte de mi pacto de inmortalidad con Satanás, cada primer viernes de mes me como uno o dos fetos humanos, a veces fruto de abortos, que mi servidumbre esclavizada prepara siguiendo al pie de la letra alguna de las recetas del Necronomicón. Más tarde, en la noche, me masturbo con papel de lija especialmente estampado con imágenes de la Virgen del Carmen y obligo a doce doncellas vírgenes —que en realidad no son más que estudiantes de derecho que tienen que pasar alguna materia— a que me chupen con gozo la sangre que me sale de lo que aún me queda de mi personalidad libremente desarrollada.
  • Cada quince días me divorcio de alguien y después me tiro un pedo. Ya no controlo mis esfínteres y, como soy racional, libertario y ateo, no creo en las goticas homeopáticas en las que sí creen los demócratas; yo solo creo en gases explosivos.
  • Bien. Eso es todo. Hasta pronto, mis queridos amigos colombianos.

    Carlos Gaviria Díaz
    Guerrillero senil y travesti

    El látigo de la indeferencia, el azote del culo, la navaja desafilada

    Monday, 29 de October de 2007

    Me dan mucha mamera los titulares tipo «Por qué castigaron a Enrique si era tan buen muchacho». Artículos que «analizan» dizque en frío y con toda seriedad: que la carta astral, que la lluvia, que el número del chance, que la ubicación en el tarjetón, que si con barba o sin barba, que si compraron más de cincuenta votos, que la gente es muy boba y qué más vamos a pedir, carajo… Nadie dice que Peñalosa perdió porque ganó el otro.

    Primero, eso es demasiado sencillo para ser llamado análisis, demasiado rápido para que sea un verdadero y gratificante pajazo mental. Segundo, hay que darse el derecho de usar palabras como castigo y fórmulas que subrayen el hecho de que el pueblo es ingrato y jarto.

    Dice la leyenda que una vez le preguntaron al primo de William Vinasco, el empresario, entonces futbolista, Freddy Rincón, por qué habían empatado. El man dice «porque primero hicimos nosotros un gol y después ellos hicieron otro». ¿Se necesita otra explicación? ¡Es fútbol! ¡Una forma sublimada de política!

    Uribe invictus

    Monday, 29 de October de 2007

    Uribe nunca pierde. Hoy no iba a ser la excepción. Eso de que el mesías hablara en contra del Polo mentando al coco de la guerrilla hizo ganar a Moreno es tremenda exageración. Probablemente las encuestas lo demuestren, pa que de algo sirvan. El año pasado la campaña de Uribe fue decir eso a diestra y siniestra y ahí está. ¿O acaso no? No, claro que sí.

    Antes, como he dicho hace un rato y hace unos años, Uribe —o los uribistas, que no sé si es lo mismo, pero supongo, ya verán, que no es así— puede beneficiarse del hecho de que la alcaldía de Bogotá esté en manos de la supuesta oposición porque así muestra, demuestra y convence a una cantidad de gente de que aquí en Colombia sí hay garantías para, como dice él, «practicar la democracia». Si algún día matan a algún sindicalista, si amenazan o desaparecen gente por andar jodiendo por ahí, pues vale verga porque, primero, eso siempre ha valido verga pues suele ser por allá lejos donde hay, no sé, petróleo o vacas; segundo, nunca será tan escandaloso como eso de matar Jaimes Pardos o Bernardos Jaramillos, quienes además se lo merecían igual por terroristas entonces todo bien; y, tercero, se me olvidó. Pero seguro hay más de tres razones. El caso es que si usted es alcalde de Bogotá y su partido es el Polo, únicamente debe temer por su vida si su retraso mental lo tiene siempre a punto de accidentarse: usted es una carta más que el metódico tahúr usará cuando haga falta.

    Y si hubiera ganado Peñalosa… pues suma un poco más. O tal vez nada. Es como que gane el Polo: no pasa nada. Tal vez le sirva para decir «aquí está el poder popular», pero no es nada que haya hecho hasta ahora, solo con su elección. Porque eso le basta. Entonces Uribe no hizo ganar a Peñalosa pero no importa porque tampoco es una derrota para el primero pues no está perdiendo nada que hubiera tenido antes. La gente que esté o deje de estar con él importa tres décimas de centavo de lira turca. Uribe puede gatillear a quien le dé la gana y eso está haciendo todo el tiempo porque es una marrana rechoncha que alimenta una cantidad increíble de parásitos. De vez en cuando hay que purgarse y seguir comiendo. O no, porque tampoco importa. Esos personajillos que de vez en cuando hacen enverracar a nuestro santo salvador son los mismos sindicalistas insignificantes que amenazan, matan o desaparecen por allá lejos. Cualquier distancia desde Uribe es lejos. Nadie que esté aparentemente cerca de Uribe debería sentirse seguro, nadie debería confiar en la lealtad que le tengan. Todos son lagartos a su lado y, más que parásitos, son un cáncer autoinmune. Acaben colonias de colonias, que eso les pasa por querer mamar de la gran teta, hijos de nadie, copias cada vez más imperfectas de Vargas Lleras.

    El bosque, los árboles

    Sunday, 28 de October de 2007

    ¿Cuántos votos de Moreno habrán sido para él? ¿Cuántos para el Polo? ¿Quién ganó hoy? ¿Moreno o el Polo? ¿Ambos? ¿Por lo mismo?

    Dentro de cuatro años, ¿a quién habrá que pedir cuentas, crucificar o felicitar? Entonces sabremos la respuesta a esta pregunta: ¿habrá perdido el Polo?

    Los jugadores van y vienen pero la hinchada sigue. Bogotá es un sentimiento que no se puede parar.

    ***

    Nosotros igual ya ganamos porque volveremos a ver con qué pataleta sale Peñalosa en esta, su cuarta derrota: que nuestro proyecto de ciudad, que pueblo ingrato y desmemoriado que rechaza el progreso y la felicidad de niños y ancianos, que ya verán lo que les va a pasar por pendejos, etc. lo divertido es que a pesar de que sabemos que todo eso puede ser cierto, tampoco era razón suficiente para que él ganara y mucho menos tuviera que ganar.

    Y también, a pesar de lo que dicen, ganó Uribe, como siempre.

    Adenda: Y cómo se me va a olvidar: también un triunfo claro de las FARC (gracias O-lu).

    ***

    ¿De qué manera el afrodescendiente William Calimenio Vinasco Mosquera Valencia Asprilla Mena Carabalí Zapata-Olivella capitalizará esos nada despreciables trescientos mil voticos? ¿Qué pensarán los asquerosos paisas racistas ahora que tienen un alcalde indígena?

    ***

    Como siempre, una abstención la hijueputa y nadie habla de eso. Será porque la democracia es una fiesta. ¡Aj! ¡Es que uno le da a la gente el derecho ese de participar y no lo usan! ¡Aj! ¡Que no jodan después esos putos amargados! Es que ni a la lluvia le echan la culpa.

    Mamita rica y apretadita

    Wednesday, 24 de October de 2007

    Bogotá era algo como el patito feo, acaso en virtud de su chicharroneidad, acaso porque su valor intrínseco era tres pelos del culo. Atrás habían quedado los días en que gobernarla era trampolín a la presidencia, si acaso hay que creer en ese lugar común apenas demostrado por el hecho de que los antiguos alcaldes Barco (designado) y Pastrana se hubieran candidatizado después a la presidencia; y más o menos por Gaitán.

    Recuerdo entonces que la campaña en que se enfrentaron Peñalosa y Mockus (1994) tenía poco de espectacular y más bien era gracioso ver la disputa de, por un lado, el muchacho de acento gomelo que se subía a los buses a repartir volantes —y que ya llevaba una derrota a cuestas— y, por otro, el loquito de quien habíamos visto las bálticas posaderas y las lágrimas de amor por su mamá, pero que ya tenía un grueso prontuario de excentricidades. Gana Mockus y la sensación es, a un mismo tiempo, «a ver qué hace este man del que no tenemos ni puta idea» y «Bogotá es el voto de opinión». Después a Mockus le pareció que lo del trampolín no tenía por qué ser un mito. Más bien probablemente (y paradójicamente) gracias a él se creó el mito.

    Y de ahí en adelante ya sabemos: Moreno de Caro, que fue la vencida de la tercera vez de Peñalosa. De nuevo fue una elección en la que, aparentemente, solo se involucraban ciudadanos bienintencionados e independientes, porque de qué otra manera se entendía que estuvieran tan tercamente interesados en la fea con la que nadie quería bailar. Después Mockus gana de nuevo gracias a su gestión anterior —ya no hacía falta sacar el culo o acaso el equivalente en ridículo fue su renuncia, candidatización y nueva renuncia— y termina su periodo sin apresurarse mucho a seguir en «la política», o al menos disimulándolo.

    La otra leyenda dice que gracias a Mockus y Peñalosa Bogotá se volvió bonita y agradable. Al menos está claro que propios y extraños se habían convencido de que así iba la vaina. Pero por eso mismo Bogotá se convertía —¿una vez más?— en perfecto botín político.

    Para entonces ya se sabía que Peñalosa quería estar de presidente pero se le atravesó nuestro señor Jesucristo en el camino. Además, a diferencia de Mockus, no quería abandonar la ciudad, sea porque era un administrador amoroso y bienintencionado, sea porque ahí estaba su fortín electoral, su fuente de poder. No es descabellado pensar que si Peñalosa se hubiera lanzado a la Alcaldía en 2003, en vez de poner a un títere equivalente en ridiculez enigmática a Vinasco, habría ganado y «todos felices», menos el Polo. Porque el Polo —o Lucho solito— se aprovechó. Si Peñalosa se hubiera lanzado, si hubiera aparentado que estaba comprometido con el nebuloso «proyecto de ciudad», tal vez no habría quedado la desazón de que ahora como Betty se puso buena entonces sí aguanta y no por quien realmente era, por sus sentimientos, por su intelecto, en fin, lo que todo el mundo sabe que es verdaderamente digno de ser apreciado.

    Y hoy estamos sufriendo las consecuencias en esta campaña de mierda, que es de mierda porque en cualquier circunstancia ganaran esos personajes que parecen buitres asquerosos. Y no me trates no, no me trates de engañar. Sé que tú tienes a otra y a mí me tienes para mmmmm…

    Mi ingenua sensación es que el gobierno de Bogotá es como uno de esos bares, cafés o restaurantes, o bandas musicales, artistas plásticos o autores literarios, que saltan del underground al mainstream y comienzan a provocar asco. Que el chuzo este ya está muy rascapared, que es que ahora-todos-escuchan-a-no-sé-quiénes-y-eso-
    que-yo-los-oía-cuando-apenas-tocaban-cosas-no-comerciales-y-no-eran-
    unos-putos-vendidos-a-ese-sistema-de-mierda, que ya no aguanta volver allá porque vive lleno. ¿Y acaso qué diablos quiere uno? Es la pura sipatía cool por los perdedores, por los renegados, por los que por eso mismo, cuando ganan, se perratean. Es la paradoja de quien quiere ganar perdiendo —que no Maturana—, que no comprende que a quien entra a competir no le sirve y no quiere otra cosa más que ganar, inmediatamente o en algún otro momento. Es la gana idiota de querer ser único, loco y trasgresor.

    Varias de estas ingenuas personas, como yo, votaremos por Juan Carlos Flórez, para pensar que el tal voto de «opinión» existe y no gana y así es como debe ser. Además de ser un peñalosista traicionado y un mockusiano más o menos divergente, es el único que parece un pretendiente honesto, bienintencionado, que no quiere más que amar a esta mujer por lo que es y no por su herencia —que en realidad no es nada: que lo diga Mockus, que lo diga Peñalosa—. Y parece perfecto porque no va a ganar ni por las curvas, porque ni siquiera le alcanzará para ser sorpresa, porque absolutamente nadie sabe quién es, porque los medios no hablan de él y ni lo invitan a los debates, porque, después de ejercer el sagrado derecho que nos concede la figura de participación más reciente de la democracia más antigua de América, quedará el fresco de que los buenos nunca ganan porque los buenos que ganan inevitablemente se vuelven malos.

    Irrefutable

    Monday, 22 de October de 2007

    Anoche quedó claro que Mockus no es más que un asqueroso uribista fascista paramilitar que quiere cerrarle el camino a la izquierda democrática con atentados rastreros, alevosas zancadillas y pestilentes artificios retóricos.


    Y eso le va a costar el Polo más de cincuenta votos.

    Adenda: Ya ahora sí sin joder, hoy El Tiempo sí decidió pelar bien el cobre. Y a la olla de Moreno se le terminará de pelar el teflón, si acaso tenía.

    Apriorístico y especulativo

    Saturday, 20 de October de 2007

    Voy a suponer que estas niñas se inspiraron en una composición que se publicó aquí hace ya casi dos años y me sentiré muy chévere, muy chévere.

    Otra pieza musical de etnografía ocasional cortesía de Luz Marina y Katherine.

    La puta verdad

    Saturday, 20 de October de 2007

    Volví a encontrarme con la noticia del señor que se había ganado el Nobel y había dicho que estaba demostrado que los negros eran menos inteligentes. O, más exactamente (o no, porque es lo que dice El Tiempo y ya sabemos cómo es eso), «todas las pruebas dicen que eso [la inteligencia de los negros es la misma que la de los blancos] no es así realmente». Su nombre, James Watson.

    Está claro que cualquier cosa puede demostrarse si uno se aproxima de la manera correcta, esa que se parece más a la manera de pensar del público al que uno se dirige para que esté lo suficientemente de acuerdo antes de que comience la demostración. Así que incluso el hecho de que alguien diga «está científicamente demostrado que los negros son inferiores» puede ser igualmente válido para quien crea que una afirmación con el apellido «científica» es suficiente o para quien siempre ha creído y hasta demostrado empíricamente que los negros son inferiores.

    Cuando oí la noticia en primer lugar estaba medio dormido y entendí que habían logrado demostrarlo científicamente, algo que me pareció muy interesante. Me gustaría saber cómo son las pruebas a las que se refiere este señor (probablemente esta), para saber con qué valores han sido construidas, queriendo buscar qué tipo de inteligencia, descartando qué variables, modelando quién sabe cuántas más y habiendo recogido tantas muestras a lo largo de tantos años. O sea, un trabajo pretendidamente científico —llevado a cabo con algo muy parecido a eso que se entiende por «buena fe»— que demostrara lo que siempre ha sido calificado como prejuicio, como afirmaciones infundadas. O sea, lo mismo que los colegas de Watson dijeron sobre él instantáneamente. Y finalmente lo declararon loco, suspendieron su investigación y ya que en esas estamos pues también lo echaron del trabajo.

    Ahora presentan las cosas como que Watson se retracta. Pero no se retracta: aclara. Dice que sus palabras han sido malinterpretadas, que no afirmó que la causa del hecho sea genética, que la raza está condenada porque así la hizo el creador. Yo voy a creer que Watson está siendo sincero, pero está claro que como el tipo es biólogo y genetista había que suponer que hablaba en esos términos, había que inventarse una polémica. Aparte el tipo está viejo y ya está hablando mucha bobada, perdió el control del esfínter verbal y eso tiene claras consecuencias estratégicas porque la academia y las ciencias son políticas aunque no les guste.

    Los hechos son una cachetada. Y más dolorosas pueden ser las interpretaciones. Aceptemos que la verdad y los hechos son construcciones, instituciones que manifiestan valores. Pero aceptemos que existen. Y los hechos nos dicen —hagamos las excepciones del caso acerca del hecho de que las razas existan y sean una categoría cultural o biológicamente válida— que los blancos han sometido a los negros, a los indígenas, y al resto de razas que se inventan. O al menos ese es el estado actual de las cosas, una vez que hemos dejado de interesarnos por los indígenas que dominaban indígenas —pero que entonces no se llamaban indígenas— y los negros que capturaban a otros negros para dárselos a sus socios blancos. Y claro, de los blancos que todavía dominan blancos.

    Lo que es realmente molesto de esta pequeña polémica es que se basa en otro prejuicio. En esta circunstancia no le llaman prejuicio sino principio, porque es bueno, está aceptado, debería ser seguido por todos. Ese principio es que no debe tolerarse ninguna insinuación de que hay diferencias entre las razas —aparte, aceptando la existencia de razas, sin saber nunca en qué términos—, entre la gente, entre los individuos de esta sociedad de iguales. Y es una actitud tan reprobable como la del racismo porque, de la misma manera, casi nadie está dispuesta a cuestionársela, siempre se enuncia en los mismos términos esencialistas.

    Cara al sol

    Monday, 15 de October de 2007

    Nos lo propone la última campaña de TV del Polo.

    Pailísima.

    Adenda: «la hepatitis es amarilla, la orina es amarilla». Parece que no consideraron las parodias gratuitas que se pueden hacer con esta burrada.

    Resplandor

    Monday, 15 de October de 2007

    Anoche —no podía ser a otra hora del día— me enteré de que después de muerta mi mamá se ha aparecido dos veces.

    Una vez no fue tanto una aparición como un avistamiento, de una persona desde su carro, cuando miraba hacia la casa. Vio a mi papá estar acompañado por «una persona parecida a su mamá». Pero finalmente no era así. Y tampoco podía ser mi mamá, porque ya estaba muerta, claro.

    La segunda vez le sucedió al mismo amigo que ya tiene historias con fastasmas. Estando en la ciclovía, en la séptima con 116, mi mamá lo tomó del brazo, le dijo «hola» y me «recomendó».

    Yo no creo en fantasmas. O no creo de esa manera. Es decir, siempre me causan curiosidad estas historias porque se parecen entre sí, como las de desdoblamiento, como los mitos urbanos. Me interesan desde el punto de vista de mi deformación profesional.

    A quien me contó las historias —que ya habían sido comentadas hace mucho tiempo a otras personas— le dije «pues mi mamá es muy rata por aparecérseles a ellos y nunca nosotros».