Divisas

Este es un país de lindas y extrañas costumbres. La más famosa es chupar desesperadamente una infusión de una yerba de sabor amargo que no aporta absolutamente nada. Otra muy famosa es no hablar español y pensar y decir que, en efecto, no lo hacen.

Anoche me encontré con una nueva y linda costumbre. En Argentina, o al menos en Buenos Aires, apenas circulan monedas aunque se necesiten para pagar el bus, algo que solo puede hacerse por medio de una máquina. Nadie tiene monedas en sus bolsillos ni en sus cajas registradoras. La gente lo sabe bien.

En una estación de servicio, tras pagar 1.40 con un billete de 10, me pidieron cuarenta centavos. Pero no tenía más que una moneda de cincuenta. El de la caja dijo que no importaba y revisó las existencias de líquido:

«No tengo monedas. ¿Podés llevarte un caramelo?»

Pero el «podés» no quería decir eso sino «tenés que»: me lo entregó en la mano. «¿Y esto?», dije. «Un caramelo, che, un palito de la selva», respondió.

Y la máquina del bus no acepta caramelos.

Pasa en todas partes, me dijeron los Recuperadores de cometas.

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