Cansancio
Martes, 28 de Noviembre de 2006Cuando no hay nada más para hacer, en juglar del zipa no nos queda más remedio que gastar pólvora en gallinazos y en gallinaza leyendo entre las líneas de la pequeña escribiente florentina.
Quiero creer que el mundo se está empezando a cansar con ese ejercicio casi exclusivamente masculino de la política que nos acerca peligrosamente a un apocalipsis anunciado.
¿El mundo se cansa del ejercicio de la política en general o de su ejercicio casi exclusivamente masculino?
Tenemos que reconocer también que salvar vidas no parece ser una prioridad en los despachos del poder masculino y que hoy día los agentes activos políticamente son en su gran mayoría hombres.
¿Hoy en día? De ninguna manera. Siempre ha sido así. Entonces reconozcamos de paso que los negros son por naturaleza unos salvajes ignorantes y analfabetas que solo sirven para correr y hacer música estrafalaria o que la gente que desafortunadamente ha nacido en tierra caliente —o, en general, en latitudes equinocciales— es más inocente, incivilizada, sabrosa y deliciosamente espontánea que la comedida, razonable y meticulosa gente de las tierras con estaciones donde curiosamente están todos los países que han sido o son llamados desarrollados. La evidencia está ahí y tenemos que reconocerla.
…si la política … es «amor y cuidado del bien común y el arte de estar juntos», entonces tal vez las mujeres, por su particular historia, estén hoy más preparadas para conducir los destinos de la humanidad. Y esto tampoco significa que Ángela (Merkel), Helen (Clark), Michelle (Bachelet), Ellen (Johnson), Hillary (Clinton) o Ségolène (Royal) lograrán cambiar el panorama mundial, pues la hidra patriarcal y demencial ha crecido de tal manera que se necesitarán algunas generaciones para cambiar el curso de los acontecimientos.
Y quién sabe cuántos años tendrán que pasar. Por ejemplo, en quince años que llevamos de mundiales femeninos, el juego entre las delicadas, amorosas y débiles mujercitas sigue dominado por esa hidra patriarcal y demencial que las obliga a ser rudas, coordinadas, musculosas y, lo que es peor, a ganar partidos. Ese horrible deporte las aliena, las enajena, les hace negar su natural esencia y, señores —señoras también—, el mundo se está empezando a cansar…
Atigrando y lesbianando gracias a Castpost





