Archivo de Mayo de 2006

Domingo de mayo

Domingo, 14 de Mayo de 2006

Feliz día sin madre.

¡Nos plagian!

Viernes, 12 de Mayo de 2006

En estos tiempos en que el Espíritu Santo anda por todas partes, en que la gente es auténtica o sencillamente la creatividad de los grandes medios está constantemente a prueba, resulta que navegando por el blog de Felipe Zuleta —columnista de El Espectador, que tiene vínculo en esta página— me encontré con esta original idea. En resumen, el man publicó unos letreros hechos con las letras del partido de la U —conocido en este blog como partido panafricano— con palabras insultantes y jartas para el régimen del gran líder. ¡Buenísima idea! ¡Bien hecho Felipe! ¿Qué vas a hacer después? ¿Mandarlos imprimir, ponerlos en la calle y dárselos a la gente? En Carteles Olympia de la carrera cuarta, en el centro, ya tienen las planchas hechas y te sale más barato.

Por cierto, la idea original no es ni siquiera mía sino del General Belgrano y la inmensa mayoría de las ideas de las palabras son de algunos de ustedes, lectores de esta página; ah, sí, Felipe también «plagió» la idea de que los lectores participaran. ¿Se las va a robar después también? ¿El man sabe usar Corel? ¿Sabe qué es Corel? En fin, gracias a Julián por la sapeada.

Adenda: Finalmente puso el crédito el sábado por la mañana.

El Tiempo roba

Miércoles, 10 de Mayo de 2006

Hace poco hicieron un programa especial en Radio City, de CityTV, sobre esa cosa tan interesante y novedosa que es el fenómeno de los blogs. Aparecieron el laureado Gatocpardo y Juan Carlos Flórez, uno de esos opinadores a los que El Tiempo, generosamente, les regaló un blog en sus páginas. Dijeron todos los clichés del caso, que la reportería ciudadana, que ojalá todo el territorio nacional tuviera internet inalámbrico para que en menos de un segundo el bloguero-ciudadano de a pie trasmitiera al mundo su visión de la realidad permitiendo perspectivas de un mismo hecho, etc.

Ese mismo periódico tan amigo de la verdad, de la ética del periodismo y que aparentemente tanto promueve —y hasta quiere imponer— el súper periodismo independiente de los blogueros, se robó una foto de un blog para ilustrar un artículo propio. Una cosa es que la publique sin más, otra que la publique y diga de dónde la sacó. Pero no: El Tiempo se la robó: en el pie de foto dice que tiene copyright.

¿Se habrán puesto en contacto con el autor de la foto, con el ciudadano de a pie que «armado con su cámara digital» —lugar común de Guillermo Franco y el resto de los trendies blogueros de El Tiempo— captó el momento en que Uribe era rodeado por estudiantes de la Javeriana que lo madreaban? ¿Le habrán pagado un buen billete porque gracias a tan valiente acción del bloguero independiente pudieron ilustrar su articulito zalamero? Sé, por fuente directa, que no fue así. Pero imagino que no podrán revirar, teniendo en cuenta que además es un blog anónimo.

¿Qué opina y qué sabe Carolina Botero al respecto?

P.D. En el mismo programa de CityTV, el señor Flórez hablaba de un proyecto que se iba a llamar Blogotá. ¿Robo? Lo dudo, a pesar de mi estimado Sentido Común. Más bien otro episodio, este sí real, de cuando los pajaritos vuelan de rama en rama.

Adenda 1: Ya pusieron «archivo particular», pero sigue el copyright.

Adenda 2: Sigue el copyright pero pusieron por fin la dirección del blog. Obviamente quedo «Deja tu huella.blogspot.com». Curioso porque es la gente de los «nuevos medios», que deberían saber que así no son las direcciones.

Spam

Lunes, 8 de Mayo de 2006

Este es el tipo de correos electrónicos que llegan cuando uno está en la lista de la Oficina de Prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia:

De: PRENSA [mailto:prensa@minrelext.gov.co]
Enviado el: lunes, 08 de mayo de 2006 15:31
Para: ACCION SOCIAL
Asunto: MRE. Informe de Prensa sobre Vuelta Ciclística El Salvador
Apreciados colegas:
Por considerar de interés público el triunfo obtenido por el colombiano Gregorio Ladino, del equipo Colombia es Pasión, quien obtuvo el título de campeón de la XXV Vuelta Ciclista Masculina a El Salvador, nos permitimos reenviar la noticia publicada por el diario La Prensa de ese país.

EQNX Media Corp.

Lunes, 8 de Mayo de 2006

48 días después, más bien cerca del solsticio, vuelve el EquinoXio para quedarse.

Opinión

Sábado, 6 de Mayo de 2006

Los elefantes
y los camellos
le sientan bien.
¿Quién es?

Unos, otros

Viernes, 5 de Mayo de 2006

Ni Jaime Ruiz habría podido definir mejor el miedo del antaño ochenta —hoy setenta— por ciento del país como lo hizo hoy nuestro gran líder. Tan calculadas frases en boca de tan importante personaje deberían servirle a más de uno para abrir los ojos, para salir de la caverna, para trepar el árbol más alto de la selva y darse cuenta de que sencillamente este man está hablando mucha mierda con su patadas de ahogado. Pero ya lo dice sabiamente el chiste, que colombiano que sea buena gente e inteligente no puede ser uribista. Y abrir los ojos, salir de cavernas y trepar árboles son todos actos sumamente inteligentes.

Teman, con todo, porque el líder dijo también que lo que crea polarización no es llamar a alguien o a algunos comunistas travestis —sí, los fantasmas dan miedo, mucho miedo—, fascistas paracos o abstencionistas pecuecudos sino tener ciertos profesores. O sencillamente meternos con gente crítica o cansona en las universidades, en cualquier chuzo. O usar el micrófono para decir dos o tres babosadas. O cosas muy serias con numeritos y vainas.

En cambio lo que no polariza es amenazar con que la disensión es polarización. O callar a la gente que estorba el agradable arrullo de los aplausos subiendo un poquito la voz. O pegándole un balazo. Sin olvidar que hay que dejar de preguntar el nombre porque tal vez crean que podría terminar muerto, cuando basta con averiguar decentemente quién le ha llenado el cerebro de mierda para fulminarlo.

Ben on Bogotá o los enigmas de la cultura

Viernes, 5 de Mayo de 2006

Desde el martes, Ben se queda en el apartamento. Tiene sesenta años, es de Brooklyn y quiere quedarse a vivir aquí. Dice lo siguiente:

  • No entiende por qué no hay lavanderías de moneditas o en los bajos de los edificios. Es más: no entiende cómo se puede vivir en un lugar así. Se divirtió, se lo concedo, al conocer el servicio de lavadora que llevan a la casa en moto.
  • No entiende por qué no hay calefacción en las casas.
  • No entiende por qué la gente no compra libros en inglés ni de segunda.
  • No entiende por qué los carros aceleran cuando uno va a pasar la calle y lo mismo se pregunta de la gente en los andenes.
  • No entiende por qué la gente anda sin sombrilla y sin botas pantaneras si llueve tanto.
  • Le sorprende que vendan bagels. Le pareció que eso hacía de Bogotá un lugar «civilizado».
  • Afirma que Bogotá es como Nueva York en los sesenta. Le dije que eso a muchos, incluyéndome, les parecería un elogio. Él respondió que claro, porque ahora Nueva York es muy feo. También dijo que Bogotá, por el clima, se parecía a Seattle y me preguntó si sabía dónde quedaba.
  • Me estoy aburriendo de pasar el rato con un niño de seis años que, a pesar de haber estado en Puerto Rico, Fiji, Brasil y Venezuela y haber leído a, por ejemplo, Chomsky, se hace estas preguntas de esta manera.

    Por cierto, leí al tal Burroughs y creo que me habría aburrido también —más— con alguien así. ¡Ah! ¡La tolerancia!

    Del punto A al B

    Lunes, 1 de Mayo de 2006

    Desde que vivo solo —cosa de un mes— uso diariamente Transmilenio. Antes sencillamente no me servía o las busetas resultaban más eficientes. Ahora vivo al lado de dos estaciones y llego en quince minutos a un lugar donde puedo caminar tranquilamente, entre arbolitos y funerarias, hasta el trabajo. En resumen, el nuevo sistema infográfico del «orgullo capital» me afecta ahora directamente.

    El primer defecto de este sistema es ser nuevo. Es claro que eso no es realmente un defecto, pero es de las primeras cosas que así señalan. Resulta común que la gente diga que los encargados hacen los cambios por joder, caprichosamente —«qué bonito con colores y letras»—, sin motivo o, lo que es más absurdo, con incontenibles ganas de perjudicar a los usuarios. Pero el sistema que hasta ahora se usaba un día iba a dejar de servir porque, tal como estaba concebido, no iba a aguantar toda la información que venía y mucho menos la que está por venir. Ese es el problema que había que solucionar: información. Ahora bien, el cambio de un paradigma a otro es traumático, pero no es sinónimo de que el nuevo sea malo, solo que los que lo pensaron en un principio eran malos diseñadores o no lograron abarcar la totalidad del problema.

    Usar este sistema es más sencillo. Uno está en una zona —lo de que tenga letras, colores o animales es solo una forma de identificar la zona y no algo para que se vea más bonito y confundir a la gente— y va a otra. En ese sentido no hay mayor diferencia con el método de antes. Yo estoy en la zona A, por ejemplo, pero quiero ir, como hice hoy, a la zona J, a la Avenida Jiménez, que ahora, por cambios de paradigma, hay que llamar «Eje ambiental».

    Ahora en cada estación los módulos sirven para saber a cuál de las diferentes zonas del sistema van los buses que ahí puedo coger, es decir, proporcionan la mitad de la información que se necesita. Como sé que voy a la zona J, busco el módulo donde está la J: a diferencia del sistema anterior, sé a dónde voy con ver una letra o identificar un color y no hay un enigmático «Calle 80 – Usme».

    Como la zona J queda necesariamente al sur de donde estoy y entre por el norte, cojo el bus del lado derecho. De esto también se sigue que el módulo de la estación donde me baje corresponderá necesariamente a la J. Allí sé por los avisos que pasan dos buses que me sirven para llegar a la zona J. ¿Por qué? Porque tienen la letra J y el color rosado. Cuando llega el bus hay, en efecto, una J. Inevitablemente voy a llegar a la zona J, a donde quería ir desde un principio. Si me paso de estación, como solía suceder antes, podré tomar un bus de regreso.

    Claro, la zona J solo tiene dos estaciones. Pero digamos que me sucede lo mismo en la zona de Suba, donde hay 14 estaciones. Pues es igual y, como antes, puedo regresar a la estación que necesitaba cogiendo un bus en alguna de las dos únicas direcciones que hay dentro de la zona, porque esta apenas tiene una dimensión y dos sentidos, como siempre ha sido y que tenga colores y letras no le quita ni le pone. Estando allí, lo más inteligente es coger un bus con un número entre el 1 y el 9, sencillamente porque son los corrientes que paran en todo lado.

    Hasta aquí el sistema fácil, que implicó tomar dos referentes generales —la zona A y la zona J— entre los que me desplazo. Una vez en uno de esos lugares, escojo una nueva ruta para llegar al punto particular. Es un ejercicio básico de programación.

    El sistema avanzado implica tomar una decisión más exacta desde el comienzo del trayecto y aquí es donde entra a jugar la sábana de información que entregan —o no entregan— en las estaciones pero que se puede bajar en un horrible pdf en la página de Transmilenio. Hay un índice de 27 rutas que cubren prácticamente todas las posibilidades del sistema en este momento y sugieren lo mismo que en el sistema fácil, en el sistema viejo y en cualquier sistema que implique desplazamiento: ir de un punto al otro.

    Si voy de una estación que queda en la Autopista a otra que queda en la zona del Tunal las únicas rutas que sirven están en los numerales 3 y 24. El 3 sirve para días normales mientras que el 24 es para domingos y festivos. Hoy era festivo así que tendría que buscar solo en el numeral 24, que contiene solamente la ruta 93, que tiene paradas en tales y cuales estaciones. Que me sirvan o no es otro problema, pero eso es algo que también sucedía en el sistema anterior.

    En fin, esto es muchísimo más fácil de consultar que el mapa anterior en el que una avalancha de números muy pegaditos entre sí tenían que ser descartados uno por uno, con grandes posibilidades de embarrarla y perderme. Finalmente, como en el caso de cualquier persona, la gente hará un proceso mecánico en el que cogerá el bus número tal en tal módulo y, tras bajarse en tal módulo, irá a tal otro para hacer un trasbordo.

    El segundo defecto no es del sistema sino de los encargados de hacerlo conocer. En el mes que llevo usando Transmilenio no vi nunca un aviso, una advertencia o impactante campaña de expectativa. Por eso se presencian espectáculos como la gente gritándoles desesperados a los guías, a los de las taquillas y a los chúcaros; por eso hoy vi gente llamando como loca por celular para decir que andaba perdida.

    Por ahora, ante la evidente —y también legendaria— ineptitud de los guías de Transmilenio, el gran riesgo de este sistema es que no es intuitivo, lo que podría tomarse como sinónimo de que no es fácil. Pero no es así. Lo que hace difícil al sistema —o más exactamente lo que lo complica— es el asunto de los expresos, porque implica tener que detallar más y más información. Pero esa información es prescindible, como ya vimos, pues los expresos precisamente están diseñados para que la gente los haga parte de su rutina. O eso pienso yo.

    La solución fácil y rápida sería instalar unos calculadores de rutas en las estaciones. Claro, como los que hay en Alemania, por ejemplo, donde, por cierto, es muy fácil perderse en su complicado sistema de transportes que no es de nivel local, ni regional sino estatal.

    * * * * *

    Transmilenio es un sistema mal hecho. Primero, es pretencioso —y en consecuencia estúpido— como buen hijo de Peñalosa: las puerticas de vidrio que hacen pfssss combinadas con el metal barato son el mejor ejemplo. Segundo, es un pésimo negocio del Distrito hecho con plata de nosotros los ciudadanos a favor de los mismos dueños de buses que una vez acabaron con su mafia el tranvía y que joden y joden para que el absurdo sistema de la guerra del centavo continúe. No olvidemos, además, lo de las lozas.

    Pero aparte de eso, el sistema funciona porque es, como decía, el mismo problema de siempre: ir del punto A al B. Desde que comenzó, el mejor análisis de todo el problema se encontraba en una página que desapareció y hablaba de lo bueno (Transmilenio), lo malo (Transmilento) y lo feo (Transilvenio). Paz en su tumba. Uno de los problemas en el sistema que señalaba esta página —aparte de los enunciados—era la forma como la gente se comporta y es que ahí sí que hizo falta que le echaran más Mockus a la vaina. ¿A quién no le emputa que al bajarse de uno de esos buses los que están esperando lo empujen y hagan el menor campo posible?

    También han hablado:

  • La ex colega, con su optimismo que hasta yo envidio, ya estaba comparando el sistema con los números y las letras de los ejecutivos.
  • A Víctor Buitrago le pareció que la situación fue caótica y habla del problema de los ciudadanos.
  • Este tipo le echa la culpa a Lucho… ah no. Pero no le gustó tampoco.
  • Este otro los putea porque le organizaron mal un expreso. Mucho ojo con eso.