Archivo de February de 2006

The Real Guri-Guri Experience

Friday, 24 de February de 2006

Había oído la promesa y la esperé. Llegué a la oficina y ahí estaba, mal escondido como una vergüenza familiar. Quedé paralizado, intentando recordar si en mi infancia este era el momento soñado. Aún conservo el casete de beta en el que él por fin se revela al mundo, sale del baúl y con su voz ronca pero aguda amenaza al niño que lo acaba de encontrar.

Ahora está ante mí, desmembrado, un cuerpo inerte y pequeño, tan pequeño como el enano que decían que se metía ahí dentro. Pero yo, queriendo volver a ser niño, reté los ácaros ya fosilizados y exhumé el cadaver para hacerme uno con él.

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Semaino

Tuesday, 21 de February de 2006

rojo, ja.
(Del lat. russus).
1. adj. De color encarnado muy vivo, que corresponde a la sensación producida por el estímulo de longitudes de onda de alrededor de 640 nm o mayores. U. t. c. s. m. Es el primer color del espectro solar.
2. adj. rubio (ǁ de color parecido al del oro).
3. adj. Dicho del pelo: De un rubio muy vivo, casi colorado.
4. adj. En política, radical, revolucionario. U. m. c. s.
5. m. Colorante o pigmento utilizado para producir el color rojo.
6. m. Señal de tráfico de color rojo que, en los semáforos, exige detenerse. Al ver el rojo, paró inmediatamente.

amor.
(Del lat. amor, -ōris).
1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.
4. m. Tendencia a la unión sexual.
5. m. Blandura, suavidad. Cuidar el jardín con amor.
6. m. Persona amada. U. t. en pl. con el mismo significado que en sing. Para llevarle un don a sus amores.
7. m. Esmero con que se trabaja una obra deleitándose en ella.
8. m. p. us. Apetito sexual de los animales.
9. m. ant. Voluntad, consentimiento.
10. m. ant. Convenio o ajuste.
11. m. pl. Relaciones amorosas.
12. m. pl. Objeto de cariño especial para alguien.
13. m. pl. Expresiones de amor, caricias, requiebros.
14. m. pl. cadillo (ǁ planta umbelífera).

belleza.
(De bello).
1. f. Propiedad de las cosas que hace amarlas, infundiendo en nosotros deleite espiritual. Esta propiedad existe en la naturaleza y en las obras literarias y artísticas.
2. f. Mujer notable por su hermosura.

aquí.
(Del lat. eccum hic).
1. adv. l. En este lugar.
2. adv. l. A este lugar.
3. adv. l. En esto, en eso; esto, eso. Aquí (en esto) está la dificultad. De aquí (de esto) tuvo origen su desgracia. Por aquí (por esto) puede conocerse de quién fue la culpa.
4. adv. l. U. en correlación con allí, para designar sitio o paraje indeterminado. Por dondequiera se veían hermosas flores; aquí, rosas y dalias; allí, jacintos y claveles.
5. adv. l. vulg. U. para presentar personas cercanas a quien habla. Aquí Pepe, mi compañero de oficina.
6. adv. t. Ahora, en el tiempo presente. Lo cual queda probado con lo que se ha dicho hasta aquí (hasta ahora). De aquí (desde este momento) a tres días.
7. adv. t. Entonces, en tal ocasión. Aquí no se pudo contener don Quijote sin responder.
8. adv. t. p. us. U. para invocar auxilio. Por analogía se usa también en frases en que metafóricamente se invoca el auxilio de una cosa no material.

raba.
(De or. inc.; cf. fr. raves y rabes, al. Rogen, huevas).
1. f. Cebo de pesca hecho de huevas de bacalao.
2. f. Cantb. y P. Vasco. Trozo de calamar rebozado y frito. U. m. en pl.

¿Quién es ustedes?

Monday, 20 de February de 2006

Así se conoce hoy la gente. Un día me contacta una vieja en el Hi5, nos metemos mutuamente al Messenger. *Pasa* un par de semanas y, por supuesto, la vieja no es nada interesante y yo no soy nada interesante para ella pero me dice sorprendida un día «¿tú conoces a Fulano?» —sin el De Tal—. Fulanos conozco muchos. «Fulano De Tal». Sí, lo conozco. ¿O lo conocía? Pasan por mi mente imágenes de hace ocho años, acaso cuatro cuando lo vi apenas por un par de minutos.

Hoy, aunque sospecho que desde entonces, la vieja y Fulano De Tal son novios. Y me doy cuenta por su apodo en el Messenger. Y la foto. «¡Jueputa, esta muy viejo Fulano! ¿Me veré así de viejo?». La molesto un rato y ella se achanta. Y finalmente hoy me pregunta qué tal me cae De Tal. Dilema.

A Fulano lo conocí a los cinco, o sea hace casi veinte años. Y estuve a su lado por doce años en una relación amistosa, que no amistad verdadera. Desde transición fue igual: un solapado, como este. Pinta el niño, de rostro tierno, además muy inteligente, se volvió «el preferido» y lo siguió siendo siempre. Un profesor le cogía los cachetes y decía en público que él era su «manzanita de la felicidad».

Pero el maldito esclavizaba a sus amigos, los ponía a cargarle la maleta en los recreos, se hacía en grupos y otros terminaban haciendo el trabajo. A veces él se sacaba la E y los demás del grupo B. Y en el bachillerato fue igual, entonces pelando el cobre, volándose del colegio, llegando borracho, incluso incurriendo en vandalismo; diciendo cosas como que su modelo era el matón del colegio, que quería tener un expediente en la Fiscalía como él… porque así lo decía la leyenda. ¿Y yo qué podía pensar de este man? ¿Cómo me podía caer? Me repugnaba y la relación era cada vez más lejana, menos amistosa y sumamente hipócrita.

Así que le respondí a la vieja de la manera más sincera: hace ocho años que no sé de él: si me preguntas me voy a remitir a lo que vi cuando éramos niños, adolescentes. No tenía sentido. Y ella insistió. Insistió. Le dije que era así y así. «Pero le doy el beneficio de la duda, porque no lo conozco.» La vieja se molestó, me gritó con mayúsculas «¡ESO! ¡NO LO CONOCES!» y se puso ausente.

Y hace dos meses mi ex de la vida me manda un mensaje de texto «¿A ti te decían Omar en el colegio?». ¿Para qué negar los hechos?

La nostalgia de Moravia

Monday, 20 de February de 2006

Hace muchos años, cuando era tan joven que iba al colegio, en lo que era antes Señal Colombia y entonces se llamaba *Cadena 3* —y también, recuerdo, en la llamada «Franja maldita»—, pasaban animaciones de países de más allá de la Cortina de Hierro, de esas que tuvo que poner Krusty cuando Tomy y Dally se pasaron al programa de Gabo. Recuerdo que me daban mucho miedo. Eran una mezcla de sin sentido, un idioma y unas situaciones para nada familiares y sobre todo una estética difícil de entender, ajena. Creo que producía más temor por su exagerada belleza. Ganas de llorar de emoción.

De las mismas tierras, el estudio Amanita, de Brno, República Checa —antigua Checueslovaquia para los comentaristas de fútbol—, nos trae el jueguito llamado Samorost en su dos versiones y además animaciones tan apabullantes y sorprendentes como Plantage. He renovado las puras emociones de cuando tenía siete años y mi mamá me ayudaba con las tareas.

Andrés Rábago, El Roto

Monday, 20 de February de 2006

Todos los días sale su viñeta en El País. Un grande en su estética y su sarcasmo más que inteligente.

Entre sus maestros cuenta a Goya. Su crítica —tan divertida como amarga: se siente uno mal al reírse— se orienta principalmente en contra del capitalismo y sus —perjudiciales— efectos en la ecología. Admirable El Roto, antes reseñado aquí hace casi un año.

La crítica

Friday, 17 de February de 2006

¡Ay, la crítica! Que va y que viene. Mejora también con el tiempo. El perro tricéfalo me declaró objetivo de su Cruzada y por fin ladró. Ladró bien, por fin. Es decir, se inventó algo mejor que los insulticos fenotípicos, dignos de bebé que comienza a hablar, con que se ha manifestado aquí o su pose de adolescente que acaba de leerse El mundo de Sofía y tiene que andar mentando a algún Fulano para decir cualquier cosa. Por fin nos hace saber que él puede argumentar, señalar. ¿La única pifia? Lo de «golem mongólico», que me parece una redundancia pues el Golem es esencialmente torpe; tanto así que eso es lo que significa esa palabra. Veamos:

Se autoproclama “periodista”: ¡qué cosa más estúpida, estrafalaria y corrupta conlleva esa afirmación! Este apasionado lector -de diccionario- supo atraer la atención de un público poco explorado y poco interesante: los bloggers. Es como el golem mongólico que se ha construido en el imaginario de los blogs para representar el colombiano chévere, de bien, con voz crítica y escritura linda: su caricatura en el DILTV es el tótem más respetado de esta pseudocultura de semialfabetas. Para no faltar a la verdad, nadie se encarga más de su idolatría que él mismo. Algunas secciones vienen con el rótulo de fan stuffs. Él mismo se encarga de crear su propio hall de la fama en su misma página. Encontramos el famoso poema de la chica chonqueta, poema inspirado por la chicha y el guayabo de una mala calentura; otros textos más que Miguel no quiere que olvidemos, todos escritos en un lenguaje triunfal y arcaico que se desarrollan en una extraña dinámica de demencia prematura y lugares comunes de la vida política diaria. Este majadero no reconoce las críticas ni su incompetencia en la vida. ¡Me orino en la gran boca de este burro montuno!

Mejor reconocimiento para la crítica no puede haber. Arrodillado ante su contundencia, tendré que seguir bebiéndome todas sus micciones. Quiera dios que Luis Cermeño no mee nunca fuera del tiesto.

Oferta laboral

Wednesday, 15 de February de 2006

Dedicado con cariño, admiración y respeto al esquizofrénico de internés: Sentido Común.

Amigo lector: ¿Quiere ganarse 125 dólares por hora? Aprenda a usar Photoshop como este man.

Gente relacionada con la revista SoHo podría enseñarle las técnicas, que al fin y al cabo las aplican mes a mes. Pero no sé si les pagan tan chévere…

La prueba del bolígrafo

Monday, 13 de February de 2006

Lo del plagio de Jerónimo Uribe se sabía desde hace rato en los corrillos uniandinos a manera de chisme. Se supone, lógicamente, que la prensa también tenía conocimiento de estos asuntos. Pero todo tuvo siempre el típico tufillo de teoría de la conspiración: «no van a hacer nada porque Uribe ya los amenazó», «Echeverry —el decano de Economía— no va a dejar que sancionen al chino porque después se queda sin sombrilla», «la rectoría puso un abogado de la Universidad para defender a Jerry», etc.

Cuando estuvo a punto de saberse públicamente, también sonó el chisme como muchos lo querían oír: que al muchacho lo habían echado. Pero de acuerdo con los criterios con los que el Comité de Asuntos Estudiantiles de la Universidad de Los Andes decide las sanciones, para que alguien sea expulsado tienen que concurrir varias faltas en una misma situación o haber reincidencia. Esto último fue lo que La Nota Económica —el primer medio que se refirió al respecto— dijo que había pasado —y que una secretaria había mandado mal un email y otras pendejadas—. Aquí comienza lo chistoso.

Tal como sucedió una vez que me referí a Uribito y sus guardaespaldas en La Silla Eléctrica —cuando salió una nota en El Espectador—, apareció una carta de Jerónimo en la edición siguiente de La Nota —que seguramente él lee todos los días, tal como debe de escuchar sin falta La Silla—. Ahí decía que se había sometido al polígrafo para demostrar que no había reincidido. Me sorprende saber que Los Andes tiene polígrafo, pero parece una herramienta muy importante en una institución donde los casos de fraude han aumentado notablemente en los últimos cinco años. Tanto que han tenido que recurrir a la ayuda de superhéroes para atacar el problema.

Lo que sí pasó, de acuerdo con las actas del Consejo de la Facultad de Economía (18 de noviembre de 2005 y 6 de diciembre de 2005), fue que Jerónimo usó bolígrafo para tachar el nombre de otro compañero y poner el suyo en un trabajo que presentó en alguna clase. Lo del bolígrafo así no más parece escandaloso y podríamos hacer muchísimas hipótesis. Pero como este blog ya se graduó supuestamente en eso de arruinar vidas y sobre todo cualquier cosa la pueden tomar como calumnia, mejor que nuestras curtidas y retorcidas mentes universitarias o ex universitarias nos den ideas sobre qué fue lo que pudo haber pasado.

Lo que quedó a los ojos del Consejo fue que Uribe y el otro sujeto presentaron, cada uno de manera individual, un trabajo que habían hecho en grupo, con párrafos, tablas y datos similares entre sí. Y el tachón, claro. Jaime Lombana, el abogado que se encargó de Uribe, mantuvo la posición de que nunca hubo intención de cometer fraude como uno puede tener intención de, por ejemplo, matar a alguien. Pero aquí bastaba omitir algo: no decir que lo «habían hecho en grupo» —ah sí, esa es mi hipótesis—. Se supone que esa es la gran diferencia entre el derecho penal y el disciplinario, algo que en las actas Lombana no parece entender y tampoco Uribito en su carta a La Nota. Tal vez, confundido terriblemente por esto, se sometió al polígrafo. Además en el derecho penal normalmente la gente va a la cárcel y nadie quiere que lo manden allá por haber hecho un manchón con un esfero.

A partir de diciembre hay un vacío documental pues el caso pasó a la última instancia (el Consejo de Asuntos Estudiantiles), que aún no ha publicado las actas correspondientes. ¿Razón para sospechar? Es igual. La sanción se hizo pública y, de nuevo, no lo expulsaron porque no es lo que se usa, aunque a muchos les hubiera gustado.

Y sin embargo, hasta la fecha, Lombroso —qué digo, Lombana— sigue con la cantaleta, patente en las actas y en una entrevista de radio, de que todo es un montaje para perjudicar la figura de quien ahora resulta que es, en sus palabras, apenas un niño que abre los ojos a la luz de la vida adulta y cuya única culpa es ser el hijo del presidente —quien no supo de esto hasta hace muy poco.

Por supuesto, eso es lo mismo que uno dice cuando la revista Caras, Jet-Set o Semana hace un reportaje sobre cómo yo soy el delfín y voy a estar irremediablemente en la política quién sabe si mañana o en unos años. (Sobre eso salió una columna en El Tiempo el 4 de diciembre del año pasado pero se perdió el enlace.) Ahí sí no nos vamos a negar porque es lo más natural. Entonces cuando me pregunten también diré que nadie nunca me dio nada en la vida y que todo me lo he ganado a pulso, incluso el riesgo de que una sanción disciplinaria cualquiera se volviera, para propios y extraños, una novela de conspiraciones.

Agradezca, joven, que no lo han acusado de violar muchachas o de usar favores paternos para comprar empresas.

El camino al infierno III: Pausa

Thursday, 9 de February de 2006

Desde hace casi dos meses Conexión dejó las instalaciones principales de la Casa Editorial Semana para establecerse en un edificio en Teusaquillo, en uno de los extremos de la hermosa avenida llamada Parkway: un separador con prado, caminitos y altos árboles. Este es un parque de verdad, muy diferente al agitado y sobre todo pretencioso parque en el que estábamos antes y que ni siquiera llaman por su apellido: 93.

En uno de los costados de la avenida, en lo que antes era una casa, se encuentra el Café Pausa. Que un lugar se llame «café» —como las otras dos paradas de este camino— ya debería levantar sospechas entre el distinguido público pues en estos lugares se le suelta tanto la rienda a la creatividad que la calidad termina sacrificada. Y los precios por las nubes, claro. En el Pausa eso no termina ahí: se hace llamar «restaurante pintoresco».

Según el diccionario, «pintoresco» es algo que «se dice de cuanto puede presentar una imagen peculiar y con cualidades plásticas» o «estilo con que se pintan viva y animadamente las cosas» o, sencillamente, «estrafalario, chocante». El Café Pausa es especialmente pintoresco en este último sentido.

Todo comienza por su diminuto tamaño: en todo el sitio caben ocho personas acomodadas entre pufs, cojines, butacas y sillas. Unos entenderán que esta situación lo convierte en un lugar acogedor, pero el intenso color rojo de sus paredes hace sentir que es mejor huir antes de salir asfixiado. Mientras tanto, un único mesero se vuelve un ocho intentando atender cuatro mesas y la carta se demora una eternidad —pausada eternidad— en llegar.

Aprovechamos el paréntesis para ver qué hay en las paredes, qué compone la decoración, y nos damos cuenta de que nunca supieron qué diablos querían hacer con ese lugar. O sí, ¡algo súper loco! Por un lado una máscara africana; de otro, alguna deidad hindú; faroles chinos -o japoneses-, cortinas hippies; y, como no, también se asoman algunos representantes de las tendencias catolikitsch, siempre tan en boga: el Sagrado Corazón y compañía.

Llega por fin el mesero y ofrece la carta. Típico de cualquier «café»: sánduches, pastas, cocteles y algún café creativo. Un experimento: un mojito y un capuchino. Pausa. Pausa larga con una selección de música tan ecléctica como la decoración del restaurante: de drum and bass a downbeat en un segundo. Detrás de nosotros un mostrador con artículos para la venta. Todo muy a la moda, como parte de la decoración: carteras de tubos de succión odontológica, escapularios, tela satinada vintage, «cultura popular» y gráfica paila por todas partes. Y bien caro, como debe ser.

Finalmente llega lo que se pidió. Pero no es lo que uno espera, claro. El capuchino perdió la espuma en el pausado viaje desde la cocina. O tal vez nunca tuvo. La canela está flotando sobre el café con leche. ¿Es canela? Sabe a aserrín. La copa del mojito es de margarita. No importa. Importa que la hierbabuena hubiera sido licuada con el limón, el ron y el azúcar y hay algo que parece grasa en toda la copa. Y está caliente, tibio. Probémoslo con la mentalidad de que es algo completamente diferente a un mojito, una nueva creación de un espontáneo pero talentoso barman. Pausa para pensar. No. Mejor huir y no volver jamás a tan pintoresco lugar.