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juglar del zipa » 2005 » November

Archivo de November de 2005

Manejo de identidad

Wednesday, 30 de November de 2005

Intro: Busqué en Google «el partido de la U» pero me salen cosas de fútbol peruano.

Al ver las vallas del partidito, con su simpático tricolor, se pregunta uno si tienen tendencias panafricanas o si dentro de su plan de gobierno estará legalizar la bareta o venerar a su majestad Haile Selassie.

Pero no. El partidito ya tiene su propia encarnación de dios —su propio rey de reyes, señor de señores, león de Aburrá— para venerar. Pronto veremos a Juan Manuel con rasticas y a José Obdulio cantando sabrosos regués que inviten a levantarse, siempre protegidos por el poderoso emperador.

Hail Ailvire Uribassi. Chop ‘em down, lion of Aburraion.

Quiero una chica chonqueta

Saturday, 19 de November de 2005

Sencilla composición que debe ser emotivamente declamada en La Modelo, Magnolia, ¡¡¡Socorro!!!, Sub Royal —si aún existe— o cualquier alegre jolgorio tipo Fan Fatal, Breakbitch o por el estilo.

Fondo musical:


Por cortesía de Castpost y Meme.

Fotos:
Por cortesía de Hi5.

Quiero una chica chonqueta
de esas que bailan new wave
de esas que no tienen tetas

Quiero una chica chonqueta
que se perfore los labios
que use tatuajes y cresta

Dime ya dónde te encuentro,
hermosa chica chonqueta
Te he buscado en la Tadeo
cruzada está tu maleta

¿Por qué no estás en la calle,
mi esquiva chica chonqueta?
¿Por qué solo en Chapinero,
mi amada chica chonqueta?

¿Por qué no llenas mi vida
con medias de malla y taches?
Yo quiero llegarte al alma
como un live act, como un flyer

Quiero una chica chonqueta
con camiseta rasgada
de las que se meten pepas

Quiero una chica chonqueta
que busque ser ochentera
que me ustedee coqueta

¿Qué quieres tú que yo haga,
mi terca chica chonqueta?
Por ti me quito la barba
por ti me vuelvo famélico
por ti yo estudio diseño
o artes plásticas o cine

Pero no me digas «¡ábrase!»
tú no, mi chica chonqueta

La mirada del viajero

Thursday, 17 de November de 2005

Me acabo de encontrar con Colombia Guide, una antiquísima guía de viajes por Colombia hecha principalmente por extranjeros. Desde mi punto de vista es sencillamente una mina de oro, como las mil y un crónicas de viajeros del siglo XIX que tan bien explotan mis colegas historiadores.

Con tanta vaina acerca de esa utopía que es «nuestra verdadera identidad» y los chorros de chauvinismo con aquello de «la cara positiva que Colombia le da al mundo», qué mejor que esta colección de impresiones para darnos cuenta de lo que normalmente pasa inadvertido aunque resulte sumamente curioso y verdaderamente único. Uno dificilmente sabe qué o quién es hasta que le dicen.

Por ejemplo, ¿por qué no podemos reconocer nunca que estamos borrachos? También hay un pequeño tratado sobre la papaya y, cómo no, el diccionario actualizado de colombianismos —ojo a la definición de vaina.

Unas por otras

Wednesday, 16 de November de 2005

En octubre de 1923, con la fundación de la República de Turquía, Mustafa Kemal decidió que Ankara, su base de operaciones en medio de la península de Anatolia, fuera la capital del naciente país para olvidar a Estambul, ciudad bella y gloriosa, pero manchada por el tiránico pasado de los sultanes otomanos y los emperadores romeos.

Hoy, ocho décadas después, el comentarista deportivo Luis A. Hernández del noticiero Telepaís, siguiendo los pasos de su colega Álvaro Gómez Zafra, es protagonista de un cambio radical en la geopolítica mundial al declarar, desafiante y sin necesidad de jenízaros, que la capital de Turquía es ni más ni menos que Estocolmo. La patria turca no conocía gloria más grande desde que en el siglo XVII los ejércitos del visir Kara Mustafa perdieron la Batalla de Viena, con la que comenzó el vergonzoso repliegue del otrora extenso imperio otomano.

«Ahora no es que se pongan a hacer referendos en su club cristiano a ver si la proeza de Hernández Atatürk vale o no. Ya saben que si no nos dejan entrar, nosotros entramos. ¡Y vean hasta dónde llegamos! ¡Que se cojan allá en Francia!», dijo Ahmed Köprülü, vecino del pintoresco puerto egeo de Esmirna.

Ahora en serio, la parte triste y dolorosa: eliminaron a Turquía, maldita sea —en Estambul, por supuesto, jamás en Estocolmo—, en un partido emocionante. Qué dolor ver el infierno tan callado y triste. Igual hicieron bien los suizos al irse directamente a los camerinos. Y claro, el mismo glorioso conquistador reseñado párrafos atrás no dudó en decir que Suiza —que de milagro no confundió con Suecia, otro gazapo frecuente entre estos genios de la geoestrategia, aunque igual Suecia ahí— era el equipo de «el colombiano Johan Vonlanthen». Ya saben, pues, por qué no fui a echarme Maizena en la cara con mis amigos a pesar de que el mundial tendrá «identidad colombiana».

Mi candidato para Alemania 2006 es la República Checa. Esta vez no hay ninguna asquerosa y tacaña Grecia que se le aparezca.

Adenda: ¿Hasta cuándo van a decir que el gol de visitante en Europa «vale doble»? Nunca vale doble, es ítem de desempate (la regla 5). Una serie nunca se va a penaltis si un equipo pierde 2-1 de visitante y en el de local queda 0-0. Incluso una vez en El pulso del fútbol Peláez le estuvo explicando la regla que se comenzó a usar este año en la Copa Libertadores: «ahora si quedan empatados el ítem de desempate es el gol de visitante. Pero no es como en Europa, que vale doble.» Agh…

La cultura no se vende

Monday, 14 de November de 2005

La marcha que hubo hoy entre el Planetario y la Plaza de Bolívar en Bogotá tuvo un poco de Caminata por la solidaridad. Al fin y al cabo es la única oportunidad que uno tiene para ver a «la gente del arte» ahí por la calle, marchando —es decir, siendo gente «de a pie»— y gritando alevosas consignas. Y de paso unos cuantos sapos —entre los que me incluyo, por razones puramente jodenciales— que quién sabe si estaban ahí por la lluvia, por la ciclovía o por apoyar la causa.

¡Ah! ¡La causa! ¡La cultura! «La cultura no se vende», fue la frasecita que más boliaron. Yo pensaba que a los artistas no les pagaban porque el arte siempre se considerada como una vaina de segunda, prescindible, accesoria, etc. Pero resulta que es por convicción, porque ellos no quieren venderse, cosa que sin duda es sinónimo de prostituirse. Los que piden plata en la calle «por amor al arte» no son artistas sino que se creen artistas. Si fueran artistas no se venderían.

César Mora —el único de los presentes que salía en la propaganda de TV— y el loco de los poemas de la 19. El hijo de A. Obregón, que ha sido la identidad colombiana de algunas películas de serie B. Gustavo Angarita

Luigi Aycardi. ¿O no? Es que yo no veo TV nacional

Víctor Mallarino y este man que es cada vez más extra. Nótese la calidad de la pancarta de los extras con respecto a las pancartas figurantes

El tipo este que salía en Perro amor —¡esa novela se vio en todo el mundo!— y nos hacía reír así muchísimo con su amigazo el Sanint

«¡Huy! ¡Los de la televisora!»

¡Este man salía en Betty la fea! ¡Él es identidad nacional!

Más Víctor Mallarino

«Por el derecho constitucional al trabajo». Amigo artista, no debes preocuparte: tu derecho está garantizado porque a nadie le disgusta el no pagar por el trabajo

No entiendo por qué dejan participar franceses en esta marcha. ¿No se estaban movilizando para defender nuestra cultura, nuestros valores, nuestras tradiciones?

Glorias del ayer

Amigos artistas: a pesar de lo que todo el mundo cree, la mayoría de los diseñadores gráficos si venden su trabajo porque no lo consideran arte. Ah, la vaina es que tú no tienes plata porque no vendes tu trabajo

¿Y diciendo no al TLC ellas tendrán su cuota de pantalla?

Amada Rosa Pérez es una obra de arte que dios nos regaló porque él tampoco vende su trabajo: sería simonía en primerísimo grado

¡Esto es otra cosa!

Lamentablemente no vi a Dago. Yo quería tomarme una foto con él.

Ya lo ven. La vaina es que los artistas se están movilizando porque los quieren comprar. Yo estaba convencido de que la gente soñaba con participar en TV para hacerse rica y famosa. Pero va uno a ver y no.

Banda sonora: «La cultura no la vendo yo porque no me da la gana» con la música de La gota fría cuando dice «Me lleva él o me lo llevo yo». Menos mal no somos indios churrecas —¿chumecas?— como Lorenzo Morales y sí tenemos cultura.

Señal que cabalgamos*

Saturday, 12 de November de 2005

La palabra «horror» fue usada por el lector de nombre Libardo, de Manizales, y después por Soledad Moliner hoy en Lecturas fin de semana para referirse a la dequefobia. Y horror fue lo que me causó leer que, según esta señora, decir «estar seguro que» no es ningún crimen —aunque igual le moleste— porque Cervantes y otros clásicos lo usaron alguna vez.

¡Y qué importa! ¡Esa dequefobia no tiene ningún sentido lógico ni gramatical! Es un mero error chimbo que se legitimó a manera de modismo por algún tipo de absurda jurisprudencia.

Ese es el peligro de sustentar las cosas en la autoridad en vez de enfrentarla cuando se equivoca. Resulta pecado decir que cuando Cervantes prescindía de esa importante y necesaria preposición la estaba embarrando. No, no, no, es que era Cervantes, era Dios. «¿Usted sabe quién es ese tipo? ¿Sabe con quién se está metiendo? Mejor coma callado, hermano, que le va mal.» ¿Y más adelante cuando la autoridad no sea Cervantes sino Carlos Antonio Vélez o Alejandra Azcárate o Alberto Carrasquilla o Andrés Pastrana o el que le haga las letras a Juanes? ¡Qué va! Ellos ya son la autoridad, los que le ponen de ejemplo a uno cuando corrige.

*Señal que cabalgamos es el título de una serie de folletos que publica la Faultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de Colombia. El título se basa en el famoso supuesto pasaje de El Quijote en el que el ingenioso hidalgo le dice a Sancho Panza «Ladran, luego cabalgamos». A algún ingenioso hidalgo de la dicha facultad le dio por parafraser acudiendo a la dequefobia. Por eso parece que están cabalgando un semáforo. Lo correcto habría sido decir «señal de que cabalgamos», pero parece ser fácilmentemercadotecnificable.

Pluriétnico multicultural

Friday, 11 de November de 2005

Me llegó esto al correo:

GRAN MARCHA POR LA DIVERSIDAD CULTURAL

LOS CREADORES Y ARTISTAS, DEFIENDEN LA RESERVA CULTURAL

La Coalición Colombiana para la Diversidad Cultural, está organizando para el próximo lunes 14 de noviembre, a partir de las 2 de la tarde, una gran marcha del sector cultural.

Músicos, teatreros, actores de cine y televisión, guionistas, directores, escritores y en general, la gente del mundo de la cultura, caminarán desde el Planetario Distrital y la Plaza de Bolívar, para llamar la atención del Gobierno Nacional y de la ciudadanía sobre la necesidad de defender la cultura colombiana en el Tratado de Libre Comercio que se está negociando con Estados Unidos.

“Una reserva cultural amplia es la garantía para que los principios constitucionales de promoción y protección de la identidad cultural y el acceso a la diversidad cultural, cobren plena vigencia. Y esto sólo se hace posible en la medida en que dentro del TLC se preserve la soberanía para establecer políticas de promoción y desarrollo de las industrias y actividades culturales colombianas”, expresó un vocero de la Coalición, conformada por personajes como Robinson Díaz, Vicky Hernández, Marcela Carvajal, Miguel Varoni, Dago García y Fernando Gaitán, sólo por mencionar algunos.

El creciente movimiento del sector cultural, es reflejo de la tendencia mundial que busca que los asuntos de la cultura no se negocien en los tratados de libre comercio. En octubre pasado, 148 países del mundo dieron un primer paso en ese sentido al adoptar la Convención de Unesco para la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales.

La cultura se constituye, junto con los asuntos de agricultura y medicamentos, en los temas críticos de la última etapa de negociación del TLC, que se inicia la próxima semana en Washington.

Habrá que ir para exigirles a ellos también. Que si van a joder tanto con el cuento de la cultura y la diversidad, que entonces ellos mismos se encarguen de que efectivamente cobren vigencia; de que los diversos valores y costumbres de este extenso país aparezcan de la manera más correcta políticamente en cada rincón de la parrilla; de que los socialmente excluidos no sean objeto de caricatura; de que los medios se usen como espacios de difusión de la cultura nacional y universal; de que los medios sean espacios de participación de todos los colombianos. En fin, todo eso tan bonito que ellos a todas luces están defendiendo vehementemente con sus marchitas, sus cuñitas, sus columnitas y sus entrevisticas.

Diálogos con el paladín

Wednesday, 9 de November de 2005

Hace poco comenzó a verse en televisión la propaganda —o comercial o anuncio o cuña, no sé la diferencia entre todo eso— bastante pachuca en la que salen connotados representantes de la pantalla chica y empujan entre todos el TLC para sacarlo de nuestro margen de visión. Al menos ya no son solo Dago y Navas los que hablan, pero pues están diciendo lo mismo, o sea el cuentico de la identidad cultural.

Ayer en El Tiempo salió una entrevista con Dago —simpática la foto en la que sale con pinta interesante— en la que dice que la televisión es importante porque es «…parte de la cultura … no hay un medio que genere tantos íconos de identificación como la televisión por una razón muy simple: en cada hogar hay un aparato de televisión. Por eso consideramos que se debería manejar como reserva cultural.» La afirmación es bastante exagerada: ¿un televisor en cada hogar? Tal vez Dago se estaba dando una licencia poética. Pero lo dudo mucho, porque todos los argumentos que este sujeto mostró en la entrevista son igual de absurdos:

¿A qué identidad se refiere? La programación no muestra la identidad nacional.

Por el lado de Caracol, la única telenovela extranjera es La tormenta. De resto todo es nuestro.

Al sujeto le interesa Caracol, no la televisión, porque Dago y Caracol son lo mismo. Y Caracol y telenovelas —telenovelas gringas— son lo mismo, cosa muy interesante, porque lo que se entiende de esto es que cuando a Dago le dicen televisión piensa inmediatamente en telenovelas y nada más. Otro punto, que más adelante queda más claro, es que a Dago le basta que la producción sea colombiana para que esto sea sinónimo de identidad. Bastante fácil.

Usted habla del horario estelar. Pero en el resto…

En la tarde está pasando algo históricamente importante: se están emitiendo telenovelas con ingredientes colombianos como La mujer en el espejo o Anita no te rajes en las que hay participación de actores colombianos.

Volvemos a que todo es telenovelas. Pero con esta afirmación queda más claro que no es tanto culpa de Dago como de quienes hagan la parrilla de Caracol. En fin. Es histórico que haya «participación de actores colombianos». Así que ya saben, películas como Proof of Life o las mil y un películas en que ha estado Sofía Vergara son colombianas y representan «nuestra identidad» porque han participado actores colombianos. Y pues ingredientes colombianos hay en Dos bribones tras la esmeralda perdida y Peligro inminente, etc. Eso es lo mismo que estaba pasando por la cabeza del entrevistador cuando preguntó esto:

¿Que haya nacionales las convierte en colombianas?

Quién los entiende. Si hay participación de actores extranjeros en telenovelas colombianas decimos que nos están invadiendo y que vamos a perder nuestra identidad. Pero si hay actores colombianos en las extranjeras entonces no creemos que nosotros estemos poniendo una buena cuota. Tampoco podemos ser tan chovinistas y cerrarnos al mundo y no permitir nada extranjero.

Eso es lo que se percibe que ustedes pretenden…

Eso es lo que quieren hacer creer los enemigos del tema.

¿Quiénes son los enemigos del tema? ¿A quién le conviene que se negocie, por ejemplo, la cuota de pantalla?

Esto no favorece a nadie. Pero uno percibe resentimientos e incomprensiones que parte de cierta clase intelectual ‘artistoide’, que todavía entiende el concepto de cultura como la ilustración o la llamada alta cultura. Para ellos obviamente la TV no es cultura, como no lo son los vallenatos o el ‘chucuchucu’. Pero el hecho de que esto no esté avalado por los intelectuales mediocres, como lo son el 80 por ciento de ellos y de los intelectuales que escriben columnas, no significa que la TV no lo sea.

Esto es lo mismo que dijo Navas precisamente en una columna que ya había mencionado hace muy poco, aunque este no parece que esté diciendo, como sí decía el otro, que nuestra identidad es ser mediocres o pachucos o algo así. Igual hizo bien el entrevistador al decirle esto a Dago:

Pero gente del común también dice que lo que está en la pantalla nada tiene que ver con nosotros…

Estoy convencido de que el éxito mundial de Pasión de gavilanes no se está dando porque tenga a tres tipos extranjeros. Ahí está el sello de Julio Jiménez. El éxito es por la historia que cuenta, independientemente de los actores o la producción.

Pero se debe reconocer que no se trata de las telenovelas que le abrieron las puertas a Colombia afuera.

Los últimos grandes éxitos en América Latina, si bien no son las colombianas, sí son inspiradas en nuestro estilo. Mi gorda bella, claramente está basada en Betty la fea; los creadores de Los Roldán (aquí son Los Reyes) reconocen que se inspiraron en nuestra manera de hacer telenovelas.

El tipo es muy bueno saliéndose por la tangente. Pero finalmente el entrevistador hizo que Dago se ahogara en su propio chorro de babas:

¿Cuál es el temor de que se modifique la cuota de pantalla, si actualmente ni siquiera hay un uno por ciento de producción extranjera en el ‘prime’?

Es que simplemente no podemos dar papaya. Hoy en día tenemos condiciones de mercado muy favorables para hacer telenovelas y recibir beneficios. Si mañana a algún canal que no hace telenovelas (que cuestan cerca de 30 mil dólares por capítulo) le da por meter películas (de 8 mil dólares) no necesita tener altos puntos de rating para recuperar su inversión. Y si viene un tiempo de crisis y los canales privados les da por incluir sólo películas o las telenovelas de Telemundo o Univisión no habrá legislación que se los prohíba. Hoy los canales están en posición de hacer producción nacional, pero en este tipo de escenarios, como el TLC, debemos ponernos en el peor de los casos.

Bien dicho. La papaya que se da es que les dejen de dar trabajo a guionistas como él y a los actores que salen en la propaganda o comercial o cuña o pauta o lo que sea que sale en televisión. Hace mucho dejó de mencionarse la palabra «cultura» y nunca pudo demostrar cuál es la tal identidad cultural de la que tanto habla.

Pero para seguir con esta caricatura, tal vez los que defienden el campo deberían dejar de hablar de que se van a quebrar los campesinos sino de que vamos a perder patrimonios materiales como la papa sabanera, la gallina campesina radioactiva, el peto y el postre de natas de leche de vacas colombianas. Y de paso el patrimonio inmaterial que implica consumirlos. Sonaría igual de ridículo.

Mientras tanto podrán seguirse escudando en argumentos tan pendejos como que lo nuestro tiene que ser de mala calidad porque así es como somos. Seguramente también piensan que cualquier cosa diferente al formato telenovela está por fuera del campo del entendimiento del colombiano y cualquier otra cosa es ajena a nuestra identidad. ¿Cuál? Ni idea. Entonces no hay que pensar en hacer series, miniseries, películas para televisión, magazines o tantas otras cosas —que curiosamente se hacían antes de los canales privados— porque lo nuestro es la telenovela y no existe vida fuera de ella.

Reinas

Wednesday, 9 de November de 2005

Me llamaba la atención que este año no jodieran tanto con el reinado. Pero me advirtieron que era una sensación provocada por mi alejamiento de la televisión. Claro, es que hasta ahora lo que había visto de impresos no decía nada al respecto. O sea, ya no había fotos de reinas en Carrusel desde agosto. Tal vez es porque le quitan protagonismo a Isabella Santodomingo.

Pero hoy por fortuna salió un interesante suplemento en El Tiempo y ahora me siento informado, completo, listo para emitir una opinión seria y relevante: con nuestra señorita Bogotá convertida en desinhibida y sensual Chica Águila, la candidata de Cundinamarca parece que aguanta. Pero le falta algo muy importante para ganar: ser alegre, descomplicada y tener todo ese sabor que identifica a nuestro litoral caribe; o tener la candencia y altivez de esa raza pujante y madrugadora de los paisas. Eso le pasa por ser una rola solapada y desabrida.

«El auténtico Gustavo Gómez» y algo sobre la blogocosa

Tuesday, 8 de November de 2005

Tras un edificante puente —como hace tanto tiempo no había— regreso a este lugar —que es mi casa y donde también se lava ropa sucia para que cuando llamen a hacerme pegas no me digan «cochino»— y encuentro que la estúpida porquería que puse el viernes ha crecido como bola de nieve y nos revela que Gustavo Gómez podría ser o no ser él, o ser todos. ¡Y hasta ninguno! Es decir, lo que sea que es eso que dice llamarse Gustavo Gómez —un gremlin, tal vez— podría estar actuando como el Espíritu Santo: es síntesis de una multitud, o un parecer común, una revolución latente, el calor de una multitud alevosa, o un poderosísimo Zeitgeist. Además hay que contar que como el Espíritu Santo es Dios mismo, no se puede demostrar ni su existencia ni su inexistencia y que es cuestión de fe ver qué cosa cree.

Pero a lo largo de la historia a la voz del Espíritu Santo solo le han hecho caso los locos o, más bien, han terminado por enloquecerse quienes la oyen. O los enloquecen los demás. Así que en un hecho sin precedentes —porque ya ven cómo soy yo de huevón— haré buen uso del poderoso mantra que recitaba la Chilindrina: «no oigo nada, soy de palo, tengo orejas de pescado».

Bueno, no tanto. En verdad me he reído mucho, como cuando leo las animadas «discusiones» que se forman en el blog del Dr. Barbarie. Ha resultado muy divertido todo lo que han hecho a partir de algo que yo ingenuamente, como siempre, pensé que era en serio. No sabe uno, como dice Cermeño entre sus comentarios, cuándo la insignificante propia vida resulta convertida en una mediocre imitación de una novela de Auster —e. g. Ricardo Silva— o de Palahniuk o un guión de Charlie Kaufman dirigido por Jairo Pinilla. Lo único que me parece relevante, por ser la base documental de este episodio, es que la primera de esas manifestaciones —apócrifa o real— de Gómez, el comienzo de este profano Pentecostés, llegó aquí por medio del servidor de Semana. Esto necesita análisis.

Sin embargo, en vista de las quejas serias que me han hecho llegar algunos lectores recurrentes y el divertido tratamiento que ha dado el súbito caudal de lectores que llegaron de la nada, el asunto no se tratará públicamente.

Pude haberlo pensado en primer lugar. Pero yo estoy convencido, como lo he manifestado aquí y en Semana, de que uno hace con su blog lo que quiera, incluso con la posibilidad de arriesgarse, así sea valiente, irresponsable, ingenua o pendejamente. Más bien, todo blog es un riesgo: desde hacer públicas cosas que seguramente a nadie le gusten o interesen hasta denunciar hechos graves que por una u otra razón no divulgan los medios tradicionales —los medios como medios: prensa, televisión— y hegemónicos —los medios con nombre propio. El Tiempo, Semana… ¿alguno más?—. En fin, la cosa implica un regreso a la pregunta primaria de todo bloguero cuando abre su casita: «¿Para qué hago un blog?» En mi caso una respuesta es «pues no para autocensurarme».

En los blogs lo más importante es que casi siempre —porque hay blogs que restringen los comentarios o tienen unas políticas de censura que parecen susceptibilidad disfrazada de fascismo— hay un diálogo público entre quien escribe y quienes leen —idea de la difunta (?) Jazz, aunque la desarrollan más en este artículo—. Y siento que este blog —o sea yo— está aparentemente en riesgo de perder su prestigio —que lo tiene— por esa puerta que uno le abre a ese diálogo, por las libertades infinitas que he querido dar en este lugar tanto a quienes lo visitan como a mí. Aquí el que quiera dice lo que se le dé la gana como se le dé la gana, con los riesgos que impliquen.

Me resulta interesante que lo que hice en el post anterior haya producido un comentario como el de Sentido Común, cuyo precursor fue Velvet hace como tres meses. Palabras más o menos, el agregado en Chisinau me decía que los blogs debían acudir a la cortesía y al buen lenguaje para que los tomaran en serio, para que no perdieran su «status profesional». Este blog no tiene hasta ahora pretensiones profesionales —lo que también es sinónimo de que no es periodístico, ni académico—. O sea, este blog pertenece a la categoría a la que la inmensa mayoría de los que están registrado en BlogsColombia pertenece: es de opinión y es personal. Eso implica que haya tanto desaciertos como genialidades, cosas bien hechas y pésimamente desarrolladas, cosas sin importancia o que den mucho de qué hablar, cosas necesarias y otras perfectamente prescindibles y, como en todo, cosas que gustan o no gustan. El público también se arriesga a encontrarse con eso, pero no pagan tan caro.

El comentario de Sentido Común me hace pensar que a la larga uno se gana responsabilidades con sus lectores: que publicar cada tanto, que no ser grosero, que no meterse con no-sé-qué. Pero sigue siendo cuestión de cada uno —como todo en un blog— ver si eso es importante o no, si uno lo aplica o no, si influye a la hora de definir lo que uno publique. Y a mí eso sí me importa, porque está directamente relacionado con mi prestigio.

Antes de publicar el post anterior yo ya estaba avergonzado con algunos de mis lectores, es decir, me sentí responsable por ellos, aunque en realidad estaba temiendo por mi propio prestigio. Sabía que el asunto les iba a incomodar, a parecer innecesario e inútil, como supongo que pasa cuando cada vez que hablo de mi vida. Pero esta vez la vergüenza era más grande porque sabía que lo que después dijo STiRER terminaría convirtiéndose en realidad: «…no entendí nada. Pero teniendo en cuenta que en Colombia se “compra” una pelea, pues por ahí sí entiendo la cosa.»

Evidentemente, «vendí» una pelea —claro, yo también la había «comprado»— o sea, la publiqué. Bien barata ha salido. Qué feria. Como decía, qué cantidad de lectores que han salido de quién sabe dónde. Qué cantidad de detractores que se han revelado, aunque sin dar la cara. Es sencillamente sorprendente que hayan hecho tantos comentarios, y tan largos, en cuestión de días. Y todo por esta pendejada. La pendejada mía y del santo espíritu de Gustavo Gómez. ¿No querría ver uno eso mismo cuando escribe las cosas que uno cree que están llenas de seriedad, argumentos, cortesía y «profesionalismo»? Claro, porque no hay otra forma de saber que a uno lo están leyendo, no hay otra forma de hacerse una idea concreta del prestigio propio.

Las peleas parece la evidencia de la falta de «profesionalismo» del público de los blogs, a la que finalmente también se refería Sentido Común. Todo implica una paradoja respecto a su universo: sí, los blogs son puertas abiertas a escritores y lectores de todo el mundo, puertas abiertas que poco tienen los demás medios. Pero fácilmente entramos a decir o buscar pendejadas. El resultado, desde luego, es que la gente con licencia para opinar comenta que en la blogosfera solo se dicen pendejadas. Y va uno a ver, y en la mayoría de los casos esas acaloradas olas de participación se resumen muy bien en lo que Tío Rojo dijo una vez en el blog de Eduardo Arias: «las discusiones de internet son como los Paralímpicos: ganemos o perdamos, todos seguimos siendo mongólicos».

Por eso me gusta la contundencia de los blogs de humor.

Admiren los asombrosos cojones de Gustavo Gómez

Friday, 4 de November de 2005

Qué pereza hacer esto pero vamos a hacer de cuenta que este es un «blog periodístico». Igual esto es un blog, es internet, entonces los únicos que le ponen cuidado son los desocupados. Como Gustavo Gómez, el editor de SoHo, que ahora se revela como «asiduo lector de esta interesante página».

Comencemos por reproducir las interesantes palabras de Gustavo en su visita de honor a este humilde lugar, hecha desde el servidor de la casa editoria, con algunos comentarios puestos a manera de análisis noticioso:

Mira qué bien, ahora me vengo a enterar que tengo por oficio, además de ser asiduo lector de esta interesante página, el de amenazador profesional.

Hombre, Gustavo, no exagere. Primero, yo sé que usted tiene mejores cosas que hacer como mandar cadenas de mails a toda la gente de Publicaciones Semana acerca de sus berrinches con Sistemas porque hacen mantenimiento cuando su revista tiene cierre o porque la impresora del cuarto piso sacó la mano. Me da mucha risa cada vez que los leo. De hecho debería aprovechar y ganarse una platica adicional con un show de stand-up comedy, que todos sabemos que cualquier cosa es mejor que lo que hace Andrés López. Segundo, aunque usted no lo crea, aunque con su narcisismo se pueda empapelar la Tierra, usted no es la única persona en Semana que lee esta página. Pero si lo considera un oficio, lo más justo es que me pida que le pague.

Sigue:

Espero que las personas que tal cosa dicen tengan los cojones de denunciarme penalmente.

No, hombre, si los cojones sólo sirven para… mejor sigamos:

Y me hubiera gustado que todos los que navegan en esta página oído la conversación telefónica que sostuve con el señor Olaya, a quien, con palabras muy duras increpé por cobardón, por jugar con la honrra de la gente escudándose en su bloguismo.

Hombre, yo tengo un blog. Si los demás no se pueden «escudar» en nada para decir lo que dicen en el ascensor, en la cafetería o mientras almuerzan, allá ellos. Como si no fuera divertidísimo decir vainas de los demás:

Adivinen qué: casi se caga del susto en los pantalones el valiente Miguel… lo hubieran oído. Parecía un pollito austado y no el férreo editor de esta página. Los cojones solo le funcionan en el mundo virtual. [énfasis mío] Saludo, compae Migué, y a ver si te crecen los cojones. Riégalos con un tris de agua fría. Me cuentas, mijo. Y pásale el dato a Cacique, quien también tiene todo el derecho de molestarse únicamente porque lo traté con decencia y educación, pero no le presté mayor atención. Abrazo acojonante para los dos… digo, los dos cojones.

A mí también me hubiera encantado que todos oyeran la conversación para que se dieran cuenta del carácter de Gustavo. Por fortuna él no solo usa este vilipendiado medio y nos lo revela impreso en lo que escribió en la última SoHo, donde cuenta lo bien que se siente con su uniforme de chupa, de autoridad. Claro, tal vez entre los episodios no registrados en la crónica, Gustavo gozó de lo lindo «increpando con palabras muy duras» a cuanto infractor se le apareció para hacerlo cagar del susto; y también cuando lo putiaban. Me lo imagino feliz de la pelota —o en sus pelotas— porque seguramente así pudo demostrarse a él mismo, y demostrarles a los demás, que tiene un par de balas de cañón entre el escroto, como tan bien nos hacen saber todos los policías del mundo.

Felicidades, Gustavo. Logró su cometido porque sí me asustó haciéndome creer que había cometido quién sabe qué crimen. Igual no se lo escondí ni a usted ni a nadie y hasta lo hice público aquí. Machito, machito, digno de usted, si lo hubiera putiado o sencillamente preguntado «¿entonces qué va a hacer?». Lamento informarle, eso sí, que no me cagué.

Pero también usted quedó en ridículo, como acaba de hacerlo de nuevo con lo que puso en su enriquecedor comentario: al editor de una de las revistas más leídas —aunque todos sepamos cómo es esa revista— le gusta pasar las tardes de los viernes llamando a amenazar gente —porque eso fue lo que hizo, no tiene que mandar a alguien a partirme las piernas aunque se le triplicaría el tamaño de sus gónadas— o «jugando con la honra» de autores de blogs.

Además, de una manera muy valiente y digna de macho. Primero, él sí lo hace de frente y dice «yo, Gustavo Gómez, voy a ser grosero y voy a increpar con palabras fuertes». Segundo, estaba cabalgando hacia mí en su caballo blanco para salvar la dizque mancillada honra de una dama. La próxima vez mejor no ande meneando sus hipertrofiadas huevas y mande de una a sus abogados para que comiencen el «engorroso proceso» en que con tanto dolor no se quería meter, seguramente porque no tenía ningún fundamento.

Aquí yo tengo seudónimo pero lo primero que sale es mi nombre real y a lo largo de la página hay abundantes datos sobre mí, por lo que es muy fácil que cualquier persona me ubique. Valiente trabajo el de «sus fuentes», cuya identidad usted protege para demostrar su seriedad como periodista —porque ni hablar del sermón que me dio sobre lo que es hacer periodismo serio, sobre «crecer» y no sé qué más pendejadas—. Es que, claro, después a lo mejor me vengo de ellos «escudado en mi mundo virtual». No, hermano. Ese honor ya se lo ganó usted, que hasta sugirió, orinando a kilómetros del tiesto, que yo estaba mordiendo la mano que me daba de comer —¿de cuándo acá uno tiene que agradecer que le publiquen algo?— cuando, al final del ameno monólogo, supo con quién estaba hablando.

Recibo con gusto su caluroso y acojonante abrazo en mis diminutos cojones. Pero ojo, que por hacerlo lo podrían tomar por sodomita y realmente no creo que eso le guste, ni que le convenga. Y sobre todo gracias por darme una razón para volver a escribir, aunque sea por tamañas huevonadas.

Maldita sea, se me guayigolizó este chuzo. Mejor lean el buen trabajo de este blog serio y periodístico.