Nadie sabe para quién trabaja

Uno que tanto y tan mal ha hablado de la revista más importante del país. Uno que se muere de risa cada vez que lee sus análisis a profundidad de la realidad nacional. Uno que ya los putió en una publicación de carácter clandestino bajo seudónimo. Uno que igual no deja de leerlos semana tras semana. Uno, pobre mortal. Uno no puede estar más agradecido porque sus propios vicios periodísticos se han traducido en beneficios gratuitos… para uno, claro.

Publicó la dicha revista (se llama Semana, por cierto) un novedosísimo artículo en la sección «Nación» llamado «Buseta.com». Eso basta y sobra. Con mis socios estábamos devanándonos los sesos para ver si nos dejaban un cachito de publicidad en un periódico de restringida y javeriana circulación y la revista Semana, en toda su generosidad, nos sorprende con un titular en rojo con la dirección de Internet de nuestro negocio. Pero a diferencia de lo que podría pensarse —y acaso esperarse— dicho artículo en absoluto se relaciona con la dignificante actividad de vender alucinantes camisetas.

El lector distraído —que ojea pero no lee, a pesar de lo que diga la publicidad de la radio de la inmensa minoría— apenas verá la dirección. Tal vez le llame la atención. Se dirigirá entonces a su computador para entrar a tan interesante página. Y ¡pam! Un nuevo hit en www.buseta.com.

El lector que «escanea» —como dicen que es el término técnico— verá la dirección y, no contento, leerá el sumario de la noticia: «En Internet es posible seguirle la pista a la historia y el presente del transporte público en Colombia y su impacto cultural y social.» Sin mayor información, que para el redactor fue sin embargo suficiente, el lector tal vez crea que con entrar a esa dirección del título encontrará tan interesantes estudios. Y ¡zaz! Un nuevo hit en nuestra página.

Sólo el lector juicioso se pondrá a leer la totalidad de la nota. Pero deberá esperar hasta el tercer párrafo para saber que la verdadera dirección a la que se refiere el artículo es www.busesdecolombia.com —por cierto, notablemente parecida a otro sitio del que soy copropietario: Perros de Colombia—. Antes de haber llegado ahí habrá tenido que mamarse una inteligentísima introducción de dos párrafos en la que le hablan de 9 de abril, las mil y un maneras de viajar sobre ruedas en Bogotá y sus particulares estéticas. Muchos muertos para saltar.

Todos esos sencillos gazapos profesionales terminan beneficiando graciosamente a un servidor en su faceta empresarial y a sus socios: se duplicó el número de hits de la página.

Lo curioso es que la página a la que aludía la nota de Semana, en cinco o seis días de funcionamiento, ya tiene más visitantes que la del accidentado título en lo que va del mes. Pero igual se agradece, que a caballo regalao no se le mira el diente.

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