Archivo de April de 2005

Adiciones y sustracciones

Saturday, 30 de April de 2005

Llamada a domicilios de Pizza Hut, 019003311000.

―Buenas noches, para un domicilio.
—Sí señor. Su dirección, por favor.
—***** **A **A-**.
—¿Casa o apartamento?
—Casa.
—Su teléfono, por favor.
—*** ** **.
—¿A nombre de quién?
—Miguel Olaya.
—¿Qué desea ordenar?
—Una pizza extragigante mitad pepperoni mitad napolitana con champiñones, para usar con uno de los cupones del directorio.
—Tengo que cobrarle la adición de champiñones.
—¿Cómo así?
—Sí señor, porque la napolitana no lleva champiñones.
—¿Cómo así? Si lo que le estoy pidiendo es una vegetariana pero sólo con champiñones.
—Si señor, pero usted me dijo napolitana.
—Entonces quiero que la mitad sea vegetariana pero sustráigale todo hasta que sólo queden champiñones. Así no me cobra nada más, ¿no?
—No señor, porque está pidiendo un solo sabor sin adiciones.
—Entonces que sea así.
—Muy bien, señor. Perdone nuestro error.
—No, no, no. ¡Si el error es mío!
—No, señor.
—¿Podrá ponerle un poco de orégano a la pizza?
—Claro señor. ¿Quiere que le lleve el orégano aparte?
—No, no. Yo sé que ustedes saben poner bien el orégano.
—En treinta minutos llegará su pizza, señor.

Premisa y conclusión

Thursday, 28 de April de 2005

«Si está preparado para mentir para llevarnos a la guerra, está preparado para mentir para ganar unas elecciones.»

Excúsalos, señor

Tuesday, 26 de April de 2005

Agosto de 2003. La cuarta vez que vi a Meme fuimos al Teatro Jorge Eliécer Gaitán. Era martes. «Martes del municipal». El auditorio estaba lleno de gente muy diversa. La gente que sólo se ve en la noche de un martes en el centro. Esa fue mi primera vez con el diseño. Allá abajo estaban Zenaida Osorio y Ómar Delgado. Delgado era estudiante de diseño gráfico de la Universidad Nacional. Iba a hablar de su tesis: Ver para creer. Dijo muy poco. Apenas agregó unas palabras a los textos que había en las diapositivas que había hecho. Después sólo habló Zenaida. Zenaida es profesora en la Nacho. Le había dirigido la tesis a Delgado.

Y quedó la pregunta: ¿Y ahora? ¿Y entonces? ¿Y qué? Porque Delgado había recorrido con mucho juicio y tal vez pasión las calles más paila de Bogotá recogiendo volanticos. Después los escaneó. Finalmente hizo más volanticos con pedazos de los originales. Y ahora tomábamos vino viendo el resultado. Le preguntaba a Meme si era normal presentar algo así como tesis de diseño gráfico. Ella se rió y me dijo que me mostraría su tesis.

«El diseño resuelve problemas». Ese dogma me lo había dicho Cabanzo la segunda vez que había visto a Meme. Quedó labrado en piedra. También sus corolarios. «El diseño está siempre en función de algo». «El diseño por diseñar no existe o no es diseño». Tal vez pretende ser arte. Y ni siquiera así puede serlo. Entonces el controvertido trabajo de Delgado no era de un diseñador. Pero seguramente ya había logrado crear lo que buscaba. El público del auditorio se había puesto a discutir sobre todo y sobre nada. Sobre las putas de los volantes: las mujeres son objetos comerciales. Sobre la forma de ser supersticiosa de la gente: se confía la salud y las decisiones a una sarta de estafadores. Delgado no sabía qué había hecho. O no era capaz de decirlo.

Por esos días Populardelujo aparentemente se arrepintió de seguir haciendo del morbo su metodología. Entonces amplió el término «gráfica popular». Originalmente era un eufemismo para hablar de «gráfica de los pobres» o «gráfica paila». Ahora ese término supuestamente define la gráfica que se hace en la calle. Entonces en Populardelujo salió pronto la reseña de Zenaida sobre Ver para creer. Pasó más o menos un año. Populinda escribió una reseña sobre Excusado para Populardelujo. Al mismo tiempo ese mismo Excusado escribió una reseña sobre el esténcil en Bogotá. Supuestamente había una «creciente movida estencilera».

Porque: ¿Excusado? Ah sí. Excusado Printsystem. Los mismos que firmaban las tantas pintadas con esténcil que comenzaban a verse en la Séptima. Entonces resultaba curioso que se estuvieran reseñando a ellos mismos. Resultaba curioso que los invitaran a reseñarse a ellos mismos. O no tanto. Al fin y al cabo sus muchas pintadas rezaban «I love Excusado». They really love themselves.

Ante estas pintadas el espectador volvía a preguntar. ¿Y bien? ¿Y ahora? ¿Y entonces? ¿Qué es el cavernícola? ¿Qué es el niño cabeza de lata? Es Excusado. Sin más. Hay que sentirse persuadido y curioso. A lo barroco original. En ese entonces eran dos pintadas. Hoy son veinte. Ahora es inevitable sentirse agredido por su permanente presencia. Es barroco a lo vulgar. Algo elemental: entre los de Excusado está Ómar Delgado. El mismo sujeto que se quedó sin palabras en el Gaitán.

Dicen en su página que Excusado tiene un noble propósito pues fue creado «para la investigación y diagnóstico de las enfermedades que afectan la gráfica de Colombia y para la preparación de los productos requeridos en su control y tratamiento». Bien. Si existe diseñar por diseñar esto equivaldría a medicar por medicar. Me imagino un apasionado de la medicina que va por la calle degollando y abriendo gente. Cuando le preguntan por qué lo hace dice: «a mí me gusta la anatomía y la disección». O pone inyecciones: «me gusta curar».

Esta metodología los hizo ganadores del premio Gali a toda una vida. Un conocido mío se ganó un Gali y no es feliz. El premio Gali lo dan los estudiantes de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional como premio a la mediocridad y a la falta de creatividad. Los estudiantes mismos postulan sus propios trabajos que son juzgados por el pueblo. La voz del pueblo es la voz de dios. El premio a toda una vida se da directamente. No hay votaciones para ese premio. Es el premio a toda una vida. Toda una vida dedicada a la mediocridad y la falta de creatividad. Son el non plus ultra. No hay rival que les dé la talla. Felicidades. We all love Excusado.

Más adelante el Museo de Bogotá se inventó la exposición «Ciudad In-visible». Se la inventó el museógrafo Edmon Castell. A Castell le gusta hacer museografía por hacerla. Le gusta meter cosas en guacales. Populardelujo fue gran colaborador de la exposición en la que debía presentarse lo que la gente se ha negado a ver pero que está ahí. Supuestamente no ha querido ver que hay todo un sistema de graficadores que no son profesionales y eventualmente terminan haciendo cosas chambonas o mal acabadas o feas. Pero son «auténticas». Sin embargo ahora Populardelujo no se burla de esas cosas. «Popular» ahora significa «comunitario» o «público». A manera de tributo y autopauta puso cantidades de pintadas de Excusado por toda la sala del Planetario. No sabía que nadie había querido ver esas pintadas. Pero si nos estaban obligando a verlas. Están en todas partes. Y al lado del Divino Niño en sus mil y un versiones estaban las pintadas del cavernícola. La exposición tuvo eventos paralelos. Entre ellos hubo una caminata con estos señores benefactores y médicos de lo gráfico. Los paseantes fueron como turistas a tomar fotos de sobanderos y otros embaucadores.

Anoche en La silla eléctrica estuvieron hablando dos de los integrantes de Excusado. Entre ellos estuvo Ómar Delgado. La gente en el chat estuvo exigiéndoles una explicación para sus discutidas «intervenciones». Sólo pudieron responder con evasivas y sutiles agresiones. Sus pintadas no tenían más objetivo que pintar. Pintan por pintar. Se les olvidó aquel noble propósito de sacar «la gráfica» del lugar donde está. ¿Dónde está «la gráfica» según ellos? Sugirieron que a la gente le disgustaban las prácticas de Excusado porque no tenían ningún fin comercial. La gente no es tan idiota.

A la gente le molesta lo que hace Excusado porque es una práctica invasiva sin sentido. Cualquier actividad invasiva es jarta. Peor si no tiene ninguna razón de ser. Entonces Excusado podría seguir sin tener sentido. Pero debería dejar de ser invasiva. Dejaría de verse tan pedante. Dejaría de verse tan narcisista. Dejaría de verse tan idiota. Dejarían de verse como niños que rayan paredes y comen tierra y tiran la mierda que acabaron de cagar en la cara del papá que los regaña.

Ahora por decir esto tal vez las paredes de mi casa terminen «intervenidas» por la mano genial de los chicos de Excusado y sus esténciles. Así son ellos. Cuando dicen que «intervienen» en realidad se apropian.

Película de Wes Anderson

Monday, 25 de April de 2005

The Life Aquatic with Steve Zissou es la cuarta o quinta película de Wes Anderson y es claramente una película de Wes Anderson: planos estáticos, secuencias larguísimas, letreros espacio-temporales, situaciones absurdas, música cortada, Bill Murray, Owen Wilson.

Para quien hubiera quedado curado con The Royal Tenenbaums, esta película de ambiente vintage e italiano seguramente resultará mucho más divertida y fácil de entender. Sencillamente es un absurdo fantástico… pero así también era los Tenenbaum. Entonces es mejor porque además es película de acción.

Vuelve el burro al trigo

Saturday, 23 de April de 2005

Ir a la Feria del libro es como ver los nuevos capítulos del Los Simpson. Definitivamente uno sabe que son malísimos, que de ninguna manera son como los de antes, pero de todos modos uno los sigue viendo en espera de que vuelvan a ser así.

Tal vez la Feria del libro siempre ha sido mala, es decir, siempre ha sido como las de hoy. Pero cuando uno es niño, las cosas parecen más grandes, más imponentes. Lo mejor sería hablar de un índice de captación de atención representado en productos adquiridos. Entonces la calidad de una Feria del libro se mediría en la cantidad de libros que habría llevado a mi casa después de la canónica visita de los sábados junto con mis papás —lo que antes era maravilloso y hoy es terrible, en ambos casos porque la feria en sábado es un mierdero.

No puedo decir realmente cuántos libros eran antes, pero sí que eran más que los que hoy suelo terminar comprando. Claro, hoy uno va solo y no hay plata o la plata que hay se cuida más y no anda uno comprando cuanto lo provoca. Pero ahí está la gran diferencia: ya no hay tanto que provoque. Los libros y revistas son los mismos que hay en la Lerner y los tales «precios de feria» son los mismos que se obtienen pagando con carné de socio de la librería o de estudiante. Y siempre está la compra de libros sin impuestos o directamente del distribuidor en el Pasaje Cultural del Libro en la calle 14 con carrera novena. Conclusión: en la feria el único extraordinario objeto de diferenciación respecto al comercio de libros del diario serían las impulsadoras de Planeta, que además son antipáticas y nunca atienden.

Otro aspecto que llamaba mucho la atención del Juglar del Zipa en sus años de infancia era la sección de diseño gráfico y el pabellón de la Fundación Rafael Pombo (aunque tal vez es mejor ver aquí). El pabellón de diseño hoy en día es, principalmente, una serie de mostradores con gente que imita manga, que escribe el nombre de uno en japonés y vende cómics viejos. O sea que ese pabellón ayuda a reproducir el mito de que el diseñador gráfico es siempre solamente un dibujante. Y bueno, ¿acaso antes era diferente? Para juzgar el pabellón del Rafael Pombo tendría que volver a ser niño y ver las cosas con ojos de niño. Y lo intento. Y es imposible. Así que sin ninguna herramienta de juicio voy a decir que eso tampoco era como antes. Antes había una cantidad increíble de libros. ¿Será que también antes los libros eran mejores?

Por último está el invitado internacional. No sé desde cuándo ese asunto dejó de tomarse en serio, si fue por parte de los organizadores de la feria o por parte del país invitado. Antes, cuando todo era aparentemente mejor, había libros en el pabellón del invitado. Eso ya es una diferencia radical con los pabellones de hoy. En el de este año sencillamente no hay libros chinos. Al menos no diferentes de los que podrían encontrase antes en la esquinita del segundo piso del pabellón internacional de la feria, entre las que solía haber un par de copias viejas o en español del Libro rojo de Mao publicado por Ediciones en Lenguas Extranjeras. El gran pabellón chino nos entretiene con una serie de fotos —impresionantes, es verdad— de aquel gran país y dos mostradores de gente que hace viajes «turísticos y/o de negocios» a China. La otra mitad está ocupada por la «Sección de lengua inglesa» que por alguna razón es cada vez más grandes y en la que quieren a uno embutirle la Encyclopedia Britannica y los cursos del Ipler.

La Feria del libro cada vez más revela que es un evento organizado por un gremio para vender. Eso mismo que uno no sabía de niño, cuando la feria era «tan buena», ahora es clarísimo y el engaño queda en evidencia. No quieren hacernos más cultos ni entretenernos. Entre más se reproducen y más grandes son las secciones de la Panamericana, peor parece la feria. Ese podría ser otro índice.

Una más… ¿para acabar?

Wednesday, 20 de April de 2005

Otro caricaturista genial de El País, Peridis, nos patea el trasero con esta afirmación tan sencilla pero pragáticamente contundente gracias a la multitud de borregos y por cortesía de Pío IX:

Estrategias contra el mal

Wednesday, 20 de April de 2005

Ya el señor Benito quedó de papa. No debería importarme porque yo no le debo obediencia. Como dije, sufriré por quienes sí deban obedecerlo bien porque quieren, porque los obligan o porque están presos por su ignorancia. Pero habrá que reírse un poco, que después de todo la burla es un arma, una de tantas armas de los débiles .

Entonces comenzaré por recomendar la importante reseña histórica y análisis de acontecimientos papales del señor Tío Rojo, colombiano radicado allá en la península itálica, en Turín, en región otrora dominada por teutones. No pude dejar de reírme leyendo tal cantidad de geniales pendejadas que se le ocurren a este sujeto.

En segundo lugar, dos buenos apodos que podría recibir el señor papa de ahora en adelante: The rat singer y Ratzinger Z.

Por último esta ilustración detallada de las virtudes del nuevo «jerarca». El anónimo autor de esta ilustración hace énfasis en el posible exceso de bilis en el cuerpo del señor Ratzinger.

Un poco bobos, pero no importa, así son las armas de los débiles. No doy crédito a nadie porque las manifestaciones subalternas nunca llevan firma; además, representan la voz del Espíritu Santo, que se revela así sutil y libremente y no cuando pretenden encerrarlo en un paisito por quince días.

Tut mir Leid

Tuesday, 19 de April de 2005

Habemus papam. Proh dolor, qualem papam! Papa de transición, dicen. Pero se ve sanísimo. Serán quince o veinte años de papado pronunciando un nombre enredadísimo: «benedictodieciséis».

Benedicto. Homenaje a uno de los dictadores chéveres del siglo XX —un tal Benito—, me imagino. Aumentará el número de Benedictos en el mundo. Benedicto Ángel, delantero del Aston Villa. Benedicto Montoya, corredor de Fórmula 1. Benedicto Manigua, compañero de curso de algún descendiente mío o de cualquiera de sus descendientes, amigo lector.

El Roto lo dice todo.

Negro, negro panorama. Este era el «papa negro» del que hablaban, al fin y al cabo. Yo no creo que las propuestas del cardenal anteriormente conocido como Ratzinger difieran mucho de las que irónicamente propuso el «Popular» Sergio Méndez (ahora elogiado blogger). Así que realmente debe esperarse a un papa hablando de que la mujer debe quedarse en la casa, de que la misa debe ser en latín y de las virtudes de la guerra contra los judíos —es bávaro, al fin y al cabo, y perteneció a las juventudes nazis— y los musulmanes.

En mi caso de miembro de una familia de herejes —compuesta por dos personas— es difícil pesar la desgracia a la que se enfrenta la Iglesia católica. Pero se la merece. En cambio la iglesia con minúscula no, como nunca se ha merecido todas las desgracias que ha vivido.

Por una parte, da risa que la razón por la que uno es hereje se haya visto institucionalizada hoy de la manera más radical. Por fortuna va a dar más risa cuando Benedicto XVI comience a hacer grandes discursos sacados de baúles de siglos pasados y la gente se le ría en la cara y le dé la espalda.

Por otra, da lástima, porque desde la herejía no se desconoce la pertenencia o la empatía, todo lo contrario. Entonces se sufrirá con la desgracia del rebaño ciego que seguirá las enseñanzas de Benedicto XVI, se seguirá odiando a la gente que lo puso donde está —gente que al fin y al cabo siempre ha estado ahí, como él— y se llorará la clausura de un ciclo que comenzó cuando nació la esperanza en el Concilio Vaticano II.

Sólo me queda concluir algo haciendo honor a mi deformación profesional de historiador: el hecho de hoy y la reelección de Bush en Estados Unidos son signos de los tiempos. Y no es chiste. A mi pesar, pronto aparecerán más signos.