Agosto de 2003. La cuarta vez que vi a Meme fuimos al Teatro Jorge Eliécer Gaitán. Era martes. «Martes del municipal». El auditorio estaba lleno de gente muy diversa. La gente que sólo se ve en la noche de un martes en el centro. Esa fue mi primera vez con el diseño. Allá abajo estaban Zenaida Osorio y Ómar Delgado. Delgado era estudiante de diseño gráfico de la Universidad Nacional. Iba a hablar de su tesis: Ver para creer. Dijo muy poco. Apenas agregó unas palabras a los textos que había en las diapositivas que había hecho. Después sólo habló Zenaida. Zenaida es profesora en la Nacho. Le había dirigido la tesis a Delgado.
Y quedó la pregunta: ¿Y ahora? ¿Y entonces? ¿Y qué? Porque Delgado había recorrido con mucho juicio y tal vez pasión las calles más paila de Bogotá recogiendo volanticos. Después los escaneó. Finalmente hizo más volanticos con pedazos de los originales. Y ahora tomábamos vino viendo el resultado. Le preguntaba a Meme si era normal presentar algo así como tesis de diseño gráfico. Ella se rió y me dijo que me mostraría su tesis.
«El diseño resuelve problemas». Ese dogma me lo había dicho Cabanzo la segunda vez que había visto a Meme. Quedó labrado en piedra. También sus corolarios. «El diseño está siempre en función de algo». «El diseño por diseñar no existe o no es diseño». Tal vez pretende ser arte. Y ni siquiera así puede serlo. Entonces el controvertido trabajo de Delgado no era de un diseñador. Pero seguramente ya había logrado crear lo que buscaba. El público del auditorio se había puesto a discutir sobre todo y sobre nada. Sobre las putas de los volantes: las mujeres son objetos comerciales. Sobre la forma de ser supersticiosa de la gente: se confía la salud y las decisiones a una sarta de estafadores. Delgado no sabía qué había hecho. O no era capaz de decirlo.
Por esos días Populardelujo aparentemente se arrepintió de seguir haciendo del morbo su metodología. Entonces amplió el término «gráfica popular». Originalmente era un eufemismo para hablar de «gráfica de los pobres» o «gráfica paila». Ahora ese término supuestamente define la gráfica que se hace en la calle. Entonces en Populardelujo salió pronto la reseña de Zenaida sobre Ver para creer. Pasó más o menos un año. Populinda escribió una reseña sobre Excusado para Populardelujo. Al mismo tiempo ese mismo Excusado escribió una reseña sobre el esténcil en Bogotá. Supuestamente había una «creciente movida estencilera».
Porque: ¿Excusado? Ah sí. Excusado Printsystem. Los mismos que firmaban las tantas pintadas con esténcil que comenzaban a verse en la Séptima. Entonces resultaba curioso que se estuvieran reseñando a ellos mismos. Resultaba curioso que los invitaran a reseñarse a ellos mismos. O no tanto. Al fin y al cabo sus muchas pintadas rezaban «I love Excusado». They really love themselves.
Ante estas pintadas el espectador volvía a preguntar. ¿Y bien? ¿Y ahora? ¿Y entonces? ¿Qué es el cavernícola? ¿Qué es el niño cabeza de lata? Es Excusado. Sin más. Hay que sentirse persuadido y curioso. A lo barroco original. En ese entonces eran dos pintadas. Hoy son veinte. Ahora es inevitable sentirse agredido por su permanente presencia. Es barroco a lo vulgar. Algo elemental: entre los de Excusado está Ómar Delgado. El mismo sujeto que se quedó sin palabras en el Gaitán.
Dicen en su página que Excusado tiene un noble propósito pues fue creado «para la investigación y diagnóstico de las enfermedades que afectan la gráfica de Colombia y para la preparación de los productos requeridos en su control y tratamiento». Bien. Si existe diseñar por diseñar esto equivaldría a medicar por medicar. Me imagino un apasionado de la medicina que va por la calle degollando y abriendo gente. Cuando le preguntan por qué lo hace dice: «a mí me gusta la anatomía y la disección». O pone inyecciones: «me gusta curar».
Esta metodología los hizo ganadores del premio Gali a toda una vida. Un conocido mío se ganó un Gali y no es feliz. El premio Gali lo dan los estudiantes de la Facultad de Artes de la Universidad Nacional como premio a la mediocridad y a la falta de creatividad. Los estudiantes mismos postulan sus propios trabajos que son juzgados por el pueblo. La voz del pueblo es la voz de dios. El premio a toda una vida se da directamente. No hay votaciones para ese premio. Es el premio a toda una vida. Toda una vida dedicada a la mediocridad y la falta de creatividad. Son el non plus ultra. No hay rival que les dé la talla. Felicidades. We all love Excusado.
Más adelante el Museo de Bogotá se inventó la exposición «Ciudad In-visible». Se la inventó el museógrafo Edmon Castell. A Castell le gusta hacer museografía por hacerla. Le gusta meter cosas en guacales. Populardelujo fue gran colaborador de la exposición en la que debía presentarse lo que la gente se ha negado a ver pero que está ahí. Supuestamente no ha querido ver que hay todo un sistema de graficadores que no son profesionales y eventualmente terminan haciendo cosas chambonas o mal acabadas o feas. Pero son «auténticas». Sin embargo ahora Populardelujo no se burla de esas cosas. «Popular» ahora significa «comunitario» o «público». A manera de tributo y autopauta puso cantidades de pintadas de Excusado por toda la sala del Planetario. No sabía que nadie había querido ver esas pintadas. Pero si nos estaban obligando a verlas. Están en todas partes. Y al lado del Divino Niño en sus mil y un versiones estaban las pintadas del cavernícola. La exposición tuvo eventos paralelos. Entre ellos hubo una caminata con estos señores benefactores y médicos de lo gráfico. Los paseantes fueron como turistas a tomar fotos de sobanderos y otros embaucadores.
Anoche en La silla eléctrica estuvieron hablando dos de los integrantes de Excusado. Entre ellos estuvo Ómar Delgado. La gente en el chat estuvo exigiéndoles una explicación para sus discutidas «intervenciones». Sólo pudieron responder con evasivas y sutiles agresiones. Sus pintadas no tenían más objetivo que pintar. Pintan por pintar. Se les olvidó aquel noble propósito de sacar «la gráfica» del lugar donde está. ¿Dónde está «la gráfica» según ellos? Sugirieron que a la gente le disgustaban las prácticas de Excusado porque no tenían ningún fin comercial. La gente no es tan idiota.
A la gente le molesta lo que hace Excusado porque es una práctica invasiva sin sentido. Cualquier actividad invasiva es jarta. Peor si no tiene ninguna razón de ser. Entonces Excusado podría seguir sin tener sentido. Pero debería dejar de ser invasiva. Dejaría de verse tan pedante. Dejaría de verse tan narcisista. Dejaría de verse tan idiota. Dejarían de verse como niños que rayan paredes y comen tierra y tiran la mierda que acabaron de cagar en la cara del papá que los regaña.
Ahora por decir esto tal vez las paredes de mi casa terminen «intervenidas» por la mano genial de los chicos de Excusado y sus esténciles. Así son ellos. Cuando dicen que «intervienen» en realidad se apropian.