Tres visiones, una sola Medellín verdadera

La dulce y elegante voz del señor alcalde de Medellín, Sergio Fajardo, se ha elevado para exigir la justicia que su vilipendiada ciudad se merece. Que por qué en National Geographic se la van a montar a Medallo por ser nido de sicarios, de paracos —o ambas cosas en uno—, de exclusión social, de narcocultura y qué sé yo tantas cosas. ¿Cómo? Pero si Medellín es tierra de bellas montañas, del metro, del metrocable, de echaos p’alante y de las mujeres más bellas; nada de eso se puede negar. Pero mucho menos lo otro, porque es más grave. «Si alguien viene a Medellín sí se puede encontrar con eso, pero esa no es la Medellín de verdad», dice Fajardo. ¿Cuál es entonces?

Recientemente, Óscar Molina y Ana María Marín ganaron el premio de periodismo Simón Bolívar con un simpático documental llamado El reino encantado. Es una ingeniosa y sarcástica crítica a tanta huevonada que pasa en Medellín. Y no habla de comunas ni de sicarios ni de muertos. No. Habla de la simpática obsesión de los paisas con el abolengo, la procedencia, el linaje, los ancestros; de los reinados, de las chicas bellas que son premiadas, de las princesas; de los reyes de los barrios, de los capos que aún quedan; de la cantidad de «palacios» y negocios que se llaman de apellido «real», «el rey», «royal», etc.

Y ahora, en la última SoHo, Alberto Aguirre —que no sé quién carajos es— critica algo de lo que nadie habla pero que es muy evidente y a mí me dejó muy tiste: Medellín es una ciudad puta, una ciudad vendida. El espectacular centro de Medellín —sin lugar a dudas el más bonito arquitectónicamente del país— es un mierdero horrible y los más bellos edificios que se construyeron a comienzos del siglo XX —cuando había mucha plata por el café— son hoy en día inmundos y gigantescos sanandresitos. Lo peor es que si no los hubieran convertido en eso, los edificios sencillamente no estarían.

Por último mi versión: sólo una vez en mi vida he sido atracado. ¿Y dónde fue?

Lo peor de Medellín —o mejor, lo peor de este escandalito— es que es reflejo de lo que pasa en todo el país. Taparse un ojito y ver sólo los dos océanos, las tres cordilleras, el mejor café del mundo, la diversidad de climas y qué más sé yo. Y de paso ir a donde el papá de todos los colombianos, que pa colmo es paisa, y darle quejas. Pronto José Obdulio o Pachito dirán que National Geographic es caja de resonancia del terrorismo.

P.S.: Buenísimo y muy chistoso lo que escribió Mauricio Silva contra Bogotá, porque todo es verdad. Especial atención a los puntos 3, 4, 7, 8, 17, 26, 27, 28, 29, 32, 36 y muchísima atención a los puntos 12 y 34. Y por si acaso, porque no lo puso Silva, aquí también hay mucho mierdero pero cerramos los ojitos.

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