Archivo de Febrero de 2005

Perdí mi dignidad

Lunes, 7 de Febrero de 2005

Ayer me afeité la barba y perdí mi dignidad. Perdí la edad que aparentaba tener. Perdí la apariencia de malo que hacía que no se metieran conmigo. Perdí el marco que encerraba mi rostro. Perdí algo que algunas consideraban sex-appeal y otras turn-off. Perdí… no sé. Perdí mi dignidad.

Bueno… eso crece.

La SoHo de este mes

Viernes, 4 de Febrero de 2005

Desde que Daniel Samper Ospina dirige Soho, el propósito de esta revista es hacer de la gente bien gente de bien. Con crónicas de inmersión sobre temas que tocan el corazón de sus lectores como María Jimena Duzán de empleada del servicio y el man este de Portafolio haciendo de pollo Frisby.

En la SoHo del mes pasado salió el artículo a propósito del incidente del, para mí evidente, plagio de Gómez Buendía. Bastante chimbo y condecendiente, como que a no pisarse las mangueras. En fin. Hablemos de la SoHo de este mes que «¡está espectacular!» por dos sencillos motivos:

1. La columna de Eduardo Arias. Últimamente, al parecer, él vive muy amargado y por eso escribe justo contra el público que uno supone que lee SoHo —si se parte de que, como en efecto sucede, es la versión impresa de «la W»—. Esta vez pone en voz pública algo que hace rato quería que se proclamara y es el esnobismo tan pendejo que demuestra este bum (¡ping pang!) de los apartamentos «tipo loft». En efecto, no son lofts. Si lo fueran, no habrían sido construidos en un valdío —es decir, en el peladero que quedó después de tumbar alguna casa de El Chicó—, sino, como él dice, en el Galán, en la zona industrial o en algún lugar donde originalmente hubiera habido una bodega. Pero no. Ahora a cualquier apartamento o apartaestudio con más del 2,20m canónico de altura se le llama loft. Un buen e insólito lugar para hacer un loft se encuentra en el sector de Bosque Izquierdo. Es un gigantesco edificio de una antigua litografía. Naturalmente allá sí se irían a vivir los queridos bohemios con plata de la zona. Pero de malas porque el dueño sólo lo arrienda.

2. Las fotos de Carolina Acevedo. Uno era niño y la veía igual de niña que uno en «De pies a cabeza» y decía «¡qué linda es!». Y algunos, como un servidor, incluso se hacían videos de conocerla y cuadrársela, que al fin y al cabo era una niña de la misma edad de uno, ¿no? Pues esos videos regresan al ver estas fotos pero esta vez con material adicional. En realidad el material apareció para las épocas de «Pobre Pablo». Lo importante es que con esta niña uno no deja de decir «¡qué linda es!» y esta vez, particularmente, «¡qué lindas son!». Que cercano esté el día en que se le conozca pa cuadrársela, que al fin y al cabo es una niña de la misma edad de uno, ¿no?