María de mis amores

Mi querida María Isabel Rueda, en la temporada de cambio de año, siempre nos deleita con sus columnas de lo mejor y peor del año pasado y lo que espera del año que comienza. Puesto que busca mostrar lo que es bueno y lo que es malo, lo que le gustó y lo que le disgustó, lo que le gustaría y lo que le molestaría, estas apasionantes columnas son muy buenas para darse cuenta de los intereses de la profunda columnista, sin lugar a dudas, la joya más brillante de esa preciosa corona que es la revista Semana.

null

Ella sabe cómo son las cosas

Esta vez espera: que la esposa del presidente sea más pública, que no tolera tanta discreción; que su amada Carolina Barco —recuérdese que es más elegante, y por tanto mejor, que cualquier canciller negrito y gordito de Centroamérica, como dijo alguna vez— siga igual que siempre; que Carlos Gaviria deje de ser antipático —¿a qué se refiere?—. Agrega también un comentario un tanto clasista —aunque naturalmente debe tratarse de tendenciosas interpretaciones mías— sobre el Partido Liberal: «Que encuentre un norte. Cualquier norte. Aunque sea el sur.» ¡Ay sí! Necesitamos al Partido Liberal.

Por supuesto, no puede dejar de lado su saludable manía de poner candidatos en puestos importantes. Es, me imagino, lo que hace en los cocteles. Hace poco, entonces, habrá cogido al señor vicepresidente en una esquina —o qué va, al lado de todo el mundo, pa que la oigan— para decirle «Pachito: tú eres el candidato que Bogotá necesita, ¿cuándo te vas a lanzar?». Y al final las cosas son muy parecida a lo que piensa esta mujer y todo termina haciéndose realidad.

Entretanto: esta vez no pueso entretanto. ¡Qué alivio!

Deje un comentario